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miércoles, 6 de abril de 2022

Práctica del Tiempo de Pasión y de Semana Santa

 









PRÁCTICA DEL TIEMPO DE PASIÓN Y DE SEMANA SANTA




CAPÍTULO I

HISTORIA DEL TIEMPO DE LA PASIÓN
DE LA SEMANA SANTA


Preparación a la Pascua

Después de haber propuesto a la meditación de los fieles durante las cuatro primeras semanas de Cuaresma, el ayuno de Jesús en la montaña, ahora la Iglesia consagra a la consideración de los dolores del Redentor las dos semanas que nos separan aún de la fiesta de Pascua. No quiere que sus hijos se presenten en el día de la Inmolación del divino Cordero sin haber preparado sus almas con la meditación en los dolores que El sufrió en nuestro lugar. Los más antiguos monumentos de la Liturgia, los Sacramentarlos y los Antifonarios de todas las iglesias nos advierten por el tono de las oraciones, selección de las lecturas, sentido de todas las fórmulas santas que la Pasión de Cristo es, a partir de hoy el único pensamiento que debe embargar a los cristianos. Hasta el domingo de Ramos se podrán aún celebrar fiestas de santos durante la semana, mas ninguna solemnidad, de cualquier rito que sea, se podrá celebrar en el domingo de Pasión.

Como datos históricos no tenemos ninguno en la primera semana de esta quincena; sus observancias son las mismas que las de las cuatro semanas precedentes (No pensamos dar aquí un juicio sobre las discusiones puramente arqueológicas que se han suscitado sobre el nombre Mediana con que se designó el domingo de Pasión en los antiguos monumentos de la Liturgia y del Derecho eclesiástico). Remitimos, pues, al lector al capítulo siguiente, donde tratamos de las particularidades místicas del tiempo de Pasión en general. Pero, por el contrario, la segunda semana tiene muchos detalles históricos; pues ninguna época del año Litúrgico ha preocupado tanto a los cristianos, ni les ha proporcionado tan vivas manifestaciones de piedad.

Nombres dados a la Última Semana

A esta semana se la tenía gran veneración ya en el siglo III, como se desprende de los testimonios contemporáneos de S. Dionisio de Alejandría Desde el siglo siguiente, vemos se la llamaba la Gran Semana, en una homilía de S. Juan Crisóstomo: "De ningún modo, dice el santo Doctor, porque tenga más días que los demás, ni que los días tengan mayor número de horas, sino por la grandeza de los misterios que en ella se celebran" También se la llamaba Semana Penosa, a causa de los sufrimientos de Cristo y de los trabajos que exige su celebración; semana del Perdón, porque en ella se recibía a los pecadores a la penitencia; finalmente Semana Santa, a causa de la santidad de los misterios que se conmemoran en ella. Nosotros la llamamos con este nombre y es tan apropiado a esta Semana que por extensión se llaman también Santos a cada uno de los días que la componen; y así decimos, Lunes Santo, Martes Santo, etc...

Rigor del Ayuno

La severidad del ayuno de Cuaresma se aumentaba antiguamente en estos últimos días, que eran como el supremo esfuerzo de la penitencia cristiana. La Liturgia, considerando la debilidad de las generaciones de nuestro tiempo, ha ido suavizando poco a poco estos rigores y, hoy en Occidente, no se distingue en el rigor esta semana de las precedentes. Mas las Iglesias de Oriente, fieles a las tradiciones de la antigüedad, continúan observando la abstinencia rigurosa, que desde el domingo de Quincuagésima, da el nombre de Xerophagia, a este largo período que solo permite comer alimentos secos.

En cuanto al ayuno antiguamente se extendía a más allá de lo que permitían sus fuerzas humanas. Vemos por S. Epifanio 1 que había cristianos que prolongaban el día de Pascua (En la mitad del siglo tercero se ayunaba en Alejandría toda la Semana, de una vez o a intervalos. Carta de S. Dionisio a Basilido, P. G. X, C. 1277), desde el lunes por la mañana hasta el canto del gallo. Sin duda este esfuerzo sólo le podían hacer un corto grupo de ñeles; los demás se contentaban con pasar sin tomar alimento, dos, tres, cuatro días consecutivos; pero el uso común era no comer desde el Jueves Santo por la tarde hasta la mañana del día de Pascua (Esta costumbre es muy antigua, pues S. Ireneo (hacia el año 200) habla de ella y también Eusebio en su Historia eclesiástica. CV, 24, P. G. XX, C. 501). Los ejemplos de este rigor no son raros aun en nuestros días, entre los cristianos de Oriente y en Rusia; dichoso si estas obras de una penitencia tan intrépida va siempre acompañada de una ñrme adhesión a la fe y a la unidad de la Iglesia.

Prolongación de las Vigilias