jueves, 28 de marzo de 2019

San Juan de Capistrano, Confesor




SAN JUAN DE CAPISTRANO,
CONFESOR


EL HONOR DEBIDO A LOS SANTOS

Cuanto más la Iglesia parece acercarse a su término tanto más desea enriquecerse con nuevas fiestas que la traigan a la memoria su glorioso pasado. Tened en la mente los días antiguos, recordad la historia de las generaciones pretéritas, decía ya Dios en la alianza del Sinaí, y en Israel los padres consideraban como una ley el dar a conocer a sus descendientes los relatos del pasado. También la Iglesia tiene sus anales llenos de recuerdos de las manifestaciones obradas por el poder del Esposo; mejor que los descendientes de Judá los hijos de la nueva Sión pueden exclamar mientras contemplan la serie de los siglos pasados: Tú eres mi Rey, Tú eres mi Dios. Tú que siempre has salvado a Jacob


EL PELIGRO MUSULMÁN

Mientras que en Oriente tenía lugar la caída definitiva de los iconoclastas, en Occidente comenzaba una guerra más terrible en la que éste debía luchar por la misma civilización cristiana. Como un torrente, el Islán había arrojado desde Asia hasta el centro de las Galias sus huestes feroces; durante más de mil años iba a disputar palmo a palmo el suelo ocupado por las razas latinas a Cristo y su Iglesia. Las expediciones enviadas en los siglos XII y XIII para atacarla en el centro mismo de su poder sólo consiguieron inmovilizarle por algún tiempo. Con excepción de España donde el combate debía acabar con el triunfo absoluto de la Cruz, viose a los príncipes, olvidados de las tradiciones de Carlomagno y de San Luis, abandonar, en provecho de sus ambiciones privadas, la guerra santa hasta que la media luna, desafiando de nuevo a la cristiandad, concibió una vez más el proyecto de conquista universal.

En 1453, Bizancio, la capital del imperio de Oriente, caía en un asalto de los jenízaros turcos; tres años más tarde Mahomet II, su vencedor, ponía sitio a Belgrado, baluarte del imperio de Occidente. Parecía que Europa entera no dejaría de acudir en socorro de la plaza sitiada ya que la destrucción de este último dique significaría la devastación inmediata de Hungría, Austria e Italia; para todos los países del Oeste sobrevendría en breve una servidumbre mortal y una irremediable esterilidad del suelo y de las inteligencias.


LLAMAMIENTO DEL PAPADO

La inminencia del peligro no había tenido otro resultado que acentuar la lamentable división que hacía del mundo cristiano juguete de algunos millares de infieles. Se diría que la derrota de uno hubiera sido para muchos la compensasión de la suya propia, tanto más cuanto que de esta derrota más de uno esperaría obtener alguna indemnización como precio de la deserción de su puesto en el combate. Sólo contra todos estos egoísmos, en medio de las perfidias que se tramaban a la sombra o que se hacían públicas, el papado se mantuvo firme. Verdaderamente católico en su pensamiento y en su acción, en sus horas tristes o en sus momentos de alegría y de triunfo, tomó bajo su protección la causa común traicionada por los reyes. Desoído su llamamiento a los poderosos, se volvió a los humildes y más confiada en sus plegarias al Dios de los ejércitos que en la destreza bélica, reclutó entre ellos los soldados que hablan de llevar a cabo la liberación.


UN CRUZADO

Entonces el héroe de este día, S. Juan Capistrano, temible ya desde hacía tiempo para el infierno, consumó a la vez su gloria y su santidad. A la cabeza de otros pobres y desvalidos como él, pero de buena voluntad, paisanos y gente humilde reunida por él y sus hermanos de la Observancia, el pobre de Cristo no desesperó de triunfar del ejército más fuerte y mejor dirigido, que se había visto en la tierra desde hacía mucho tiempo. En una primera tentativa, el 14 de julio de 1456, rompiendo las líneas otomanas en compañía de Juan Hunyade, el único noble húngaro que quiso compartir su suerte, se lanzó a Belgrado con el fin de poder avituallarla. Ocho días más tarde, el 22 de julio, no satisfecho con mantenerse en actitud defensiva, ante los ojos Hunyade estupefacto de esta nueva estrategia, arrojaba entre las trincheras enemigas su tropa armada de palos y horcas con la consigna de gritar el nombre de Jesús a los cuatro vientos. Era la palabra de victoria que Juan de Capistrano había heredado de su maestro Bernardino de Sena. "Que el adversario ponga la confianza en sus caballos y en sus carros de combate; por nuestra parte invocaremos el nombre del Señor'". Y en efecto, el nombre perennemente santo y terrible salvaba una vez más a su pueblo. En la tarde de esta memorable jornada veinticuatro mil turcos cubrían el suelo con sus cadáveres; trescientos cañones, todas las armas y riquezas de los infieles estaban en manos de los cristianos; Mahomet II herido huía precipitadamente tratando de ocultar su vergüenza y poner a salvo los restos de su ejército.

El 6 de agosto llegaba a Roma la noticia de una victoria que necesariamente traía a la memoria la de Gedeón sobre los madianitas. El Soberano Pontífice Calisto III ordenó entonces que todos los años la Iglesia festejaría la Transfiguración del Señor. "Porque no era ni su espada la que había libertado la tierra ni su brazo el que los había salvado sino tu diestra y poder de tu brazo, oh Dios, y el resplandor de tu rostro porque te complaciste en ellos como en el Tabor en vuestro muy amado.


Vida

Juan nació en Capistrano, en los Abruzos, en 1386. Después de haber gobernado muchas ciudades abrazó la Regla de San Francisco de Asís y se esforzó en continuar la obra de San Bernardino propagando el culto de los santos nombres de Jesús y de María. Inquisidor y después Nuncio en Alemania, convirtió a muchos sarracenos y herejes. Promotor de la cruzada, se le debe la victoria de Belgrado en 1456. Murió poco después en Illok y Alejandro VIII le colocó en el catálogo de los santos en 1620.


PLEGARIA

¡El Señor está contigo, oh el más fuerte de los hombres! Ve con esa tu fuerza, que es tu fuerza, y libra a Israel y triunfa de Madián; sabe que soy yo quien te ha enviado. Así saludaba el ángel del Señor a Gedeón a quien escogía entre los menores de su pueblo para altos destinos Así podemos saludarte también nosotros, hijo de Francisco de Asís, mientras te pedimos que continúes protegiéndonos siempre. El enemigo que venciste en los campos de batalla no es ya temible para nuestro Occidente; el peligro está más bien donde Moisés lo señalaba a su pueblo: Guardaos bien de olvidar al Señor vuestro Dios... no vaya a ser que después de haberos satisfecho, después de haber levantado hermosas casas, multiplicado vuestros rebaños, vuestro dinero y vuestro oro; después de haber gustado, la abundancia de todas las cosas, vuestro corazón no se eleve y no vuelva a acordarse de quien os ha libertado de la servidumbre. Si el turco hubiera triunfado en la lucha cuyo héroe fuiste, ¿dónde estaría esta civilización de la que estamos tan orgullosos? Después de ti, la Iglesia debió tomar sobre sí la obra de la defensa social que los jefes de las naciones no quisieron asumir. ¡Que el reconocimiento que la es debida preserve a los hijos de la Madre común de este mal del olvido que es el azote de la generación presente! Así mismo agradecemos al cielo el gran recuerdo que por ti hoy nos trae al calendario litúrgico, memorial de las bondades del Señor y de los hechos heroicos de los Santos. Haz que en la lucha, cuyo campo de batalla somos nosotros mismos, el nombre de Jesús ponga siempre en retirada al demonio, al mundo y a la carne; que su Cruz sea nuestro estandarte y que por ella y la muerte a nosotros mismos logremos llegar al triunfo de la resurrección.



Sea todo a la mayor gloria de Dios.


miércoles, 27 de marzo de 2019

San Juan Damasceno, Confesor y Doctor de la Iglesia





SAN JUAN DAMASCENO,
CONFESOR Y DOCTOR DE LA IGLESIA


EL CULTO DE LAS SAGRADAS IMÁGENES

Los griegos celebran el primer Domingo de Cuaresma la fiesta de la Ortodoxia. La nueva Roma, mostrando bien a las claras que no participaba de la indefectibilidad de la antigua, había recorrido todo el ciclo de las herejías concernientes al dogma del Dios hecho Hombre. Después de haber rechazado la consubstancialidad del Verbo, la unidad de personas en el Hombre-Dios, la integridad de su doble naturaleza, parecía que no se había escapado a la sagacidad de sus emperadores ninguna negación más. Sin embargo faltaba al ¡tesoro doctrinal de Bizancio un complemento de los errores pasados.

Faltaba por proscribir en la tierra las imágenes de Cristo que no podían atacar sobre el trono del cielo.


LA HEREJÍA ICONOCLASTA 

La herejía de los iconoclastas o rompedores de imágenes, al indicar, en el terreno de la fe debida al Hijo de Dios, la última evolución de los errores orientales, era justo que la fiesta destinada a recordar el restablecimiento de estas santas imágenes, se honrase con el nombre de la fiesta de la Ortodoxia; pues celebrando el último de los golpes conferidos al dogmatismo bizantino, recuerda, al mismo tiempo, todos los que recibió en los Concilios que siguieron al primero de Nicea hasta el séptimo ecuménico, último del mismo nombre. Una particularidad de esta solemnidad consistía en que, el emperador de pie en su trono y en presencia de la cruz y de algunas imágenes, se renovasen en Santa Sofía todos los anatemas formulados en diversos tiempos contra los adversarios de la verdad revelada.


LA PERSECUCIÓN 

Por lo demás Satanás, el enemigo del Verbo, había demostrado que, a pesar de todas sus anteriores derrotas, consideraba a la doctrina iconoclasta como su último refugio. No hay otra herejía que tanto haya multiplicado en Oriente los mártires y las ruinas. Para defenderla pareció que Nerón y Diocleciano habían vuelto a nacer en los emperadores bautizados León el Isáurico, Constantino Coprónimo, León el Armenio, Miguel Tartamudo y su hijo Teófilo. Los edictos de persecución publicados anteriormente para proteger a los ídolos reaparecieron para acabar con la idolatría de la que, según ellos, estaba manchada la Iglesia.

En vano San Germán de Constantinopla recordó que los cristianos no adoraban a las imágenes sino que las honraban con culto relativo refiriéndole a las personas de los santos que representaban. La respuesta del César Pontífice fué el destierro del Patriarca. Los soldados encargados de cumplir la voluntad del príncipe se dieron al pillaje de las iglesias y casas particulares; por todas partes cayeron estatuas venerables, bajo el martillo de los demoledores. Se recubrió con cal los frescos murales, se hicieron trizas las vestiduras sagradas, los brocados con imágenes, los vasos del altar para hacer desaparecer los esmaltes con escenas históricas.


EL MARTIRIO

Mientras que las hogueras de las plazas públicas consumían las obras maestras en cuya contemplación se había alimentado la piedad de los pueblos, el artista que osaba continuar reproduciendo los rasgos del Señor, de María y de los Santos, pasaba él mismo por el fuego y otras torturas en compañía de aquellos fieles cuyos crímenes consistían en no poder contener la expresión de su sentimiento a la vista de tales destrucciones. Mas pronto ¡ay! reinó el terror en el rebaño desolado; inclinando la cabeza bajo el huracán, los jefes se accedieron a lamentables compromisos.

Entonces se vió a la noble descendencia de San Basilio, monjes y vírgenes consagradas, levantarse a una y hacer frente a los tiranos. Ella fué la que salvó la tradición del arte antiguo y la fe de sus abuelos con el precio del destierro, con el horror de" los calabozos, de las muertes por hambre, bajo el golpe del látigo, bajo las olas, con el exterminio por la espada. En esta hora de la historia se manifestó realmente personificada esa fe en Lázaro pintor y monje santo, que tentado primero con adulaciones y amenazas, después torturado, encadenado, y por fin reincidente heroico, quemadas sus manos con láminas al rojo, continuó con todo eso, por amor de los santos, de sus hermanos y por Dios, ejerciendo su arte y llegando a morir después de sus perseguidores.

La independencia temporal de los Romanos Pontífices se afirmó definitivamente,, cuando habiendo amenazado León el Isáurico ir hasta Roma para hacer también pedazos la estatua de San Pedro, Italia entera se armó para defender los tesoros de su basílica y sustraer al Vicario del Hombre-Dios a la soberanía que todavía se atribuía Bizancio.

Glorioso período de ciento veinte años que abarca la línea de los grandes papas comprendidos entre S. Gregorio I y Pascual I, y, cuyos límites extremos, están ilustrados en Oriente por los nombres de Teodoro Estilita, que preparó con indomable firmeza el triunfo final y después Juan Damasceno que en sus principios señaló con el dedo la futura tormenta. Es de lamentar que, hasta nuestros días, una época cuyos recuerdos llenan los fastos litúrgicos de los griegos, no estuviese representada por alguna festividad en el calendario de las Iglesias latinas. En el reinado de León XIII esta laguna ha desaparecido; desde el año 1890 Juan Damasceno, el protegido de María, el monje a quien su doctrina eminente valió el sobrenombre de torrente de oro, recuerda a Occidente la heroica lucha en la que Oriente se hizo acreedor a la estima de la Iglesia y del mundo.


LA ENSEÑANZA DE LA IGLESIA 

Concluyamos señalando aquí los puntos principales de las definiciones por las cuales la Iglesia vindicó en el siglo octavo y más tarde en el dieciséis a las sagradas imágenes de la proscripción a la que el infierno la había condenado. "Es absolutamente legítimo, declara el segundo concilio de Nicea, que se coloque en las iglesias, tanto en frescos, en tablas y sobre ornamentos y vasos sagrados, como en las casas y en las calles, cualesquiera imágenes, sea de color, en mosaico o en cualquier otra materia conveniente que representen a Nuestro Señor y Salvador Jesucristo, nuestra purísima Señora la Santa Madre de Dios, los ángeles y todos los santos, de tal suerte que sea permitido hacer que el incienso se eleve ante ellas y que los cirios encendidos las rodeen (1). Esto no significa, contestan a los protestantes los Padres del Tridentino, que se deba creer que estas imágenes contienen una divinidad o una virtud propia y que se deba poner la confianza en la imagen misma como en otro tiempo hacían los paganos con sus ídolos. Por el contrario, el honor que se les tributa termina en el prototipo (2), en Cristo, a quien van por ellos dirigidas nuestras oraciones, a los Santos a quienes veneramos en los rasgos peculiares que nos presentan"(3).


VIDA

San Juan nació el año 676 de rica familia de Damasco. Ejerció como su padre, un cargo importante en la corte del califa hasta que abandonó el mundo y se retiró a la soledad de S. Sabas. En una de sus célebres cartas dogmáticas se hizo defensor intrépido del culto de las imágenes contra el emperador iconoclasta León Isáurico. Enseñar, predicar, escribir fueron sus principales ocupaciones, las virtudes de obediencia y humildad brillaron en él con vivo resplandor; su afecto hacia la Madre de Dios era particularmente filial y ardiente su celo por la salvación de las almas; amigo intransigente de la verdad, no lo era menos de concordia fraterna. En 749 moría y era enterrado en S. Sabas. Su culto tuvo muy pronto comienzo; el séptimo concilio ecuménico le presentó como el defensor incansable de la tradición católica y de la unidad de la Iglesia. León XIII, por decreto del 19 de agosto de 1890 le proclamó Doctor de la Iglesia y fijó su fiesta el 27 de marzo.


EL ARTE Y LA ORACIÓN 

Vindicador de las sagradas imágenes, obténnos como lo demanda la Iglesia, imitar las virtudes y experimentar el apoyo de aquellos a quienes representan. La imagen atrae nuestra veneración y hace brotar la plegaria a Cristo Rey y a los Santos. Son el libro de los que no saben leer y con frecuencia los mismos letrados sacan más provecho con la vista de una representación elocuente que con la lectura prolongada de numerosos volúmenes. El artista cristiano hace al mismo tiempo con sus trabajos un acto de religión y de apostolado y por lo mismo no tenemos porqué extrañarnos si en todas las épocas agitadas el odio del infierno ha suscitado tantas maquinaciones para destruir sus obras.

Así pues, diremos contigo: "Atrás Satanás con tu envidia, tú que no puedes soportar que miremos la imagen del Nuestro Señor y a su vista nos santifiquemos; no quieres que contemplemos sus sufrimientos, que admiremos su benignidad, que nos detengamos en el espectáculo de sus milagros para conocerle y alabar el poder de su divinidad. Envidioso de los Santos y de los honores que Dios les depara, no quisieras que tuviésemos ante los ojos su gloria para que esta vista no nos excite a imitar su valor y su fe; no puedes sufrir que ofrezcan su ayuda a nuestros cuerpos y a nuestras almas por la confianza que ponemos en ellos" (4).


ELOGIO

Sé nuestro guía tú, a quien la ciencia sagrada saluda como a uno de sus primeros escritores. Conocer, decías, es el más precioso de todos los bienes (5), y por eso ambicionabas llevar a las inteligencias al único maestro exento de error, a Cristo, fuerza y sabiduría de Dios.

Cierta vez la misma Virgen María predijo el éxito de tu doctrina y de tus obras. Apareciéndose al que fué guía de tus primeros pasos en la vida monástica, le dijo: "Deja que brote de la fuente el agua clara y suave. Su abundancia hará que atraviese el universo para saciar a los espíritus ávidos de ciencia y de pureza; su empuje detendrá las olas de la herejía y las transformará dándoles maravillosa suavidad": Y la Señora añadía que habías recibido la cítara profética y el salterio para entonar nuevos cánticos al Señor nuestro Dios, cánticos que emulen a los himnos de los Querubines (6).

De las fiestas del destierro, de la Pascua del tiempo, condúcenos a través del mar Rojo y del desierto a la fiesta eterna donde las imágenes de aquí abajo desaparecen ante las realidades del cielo, donde toda ciencia se desvanezca ante la clara visión, donde reina María tu inspiradora, tu reina y la nuestra.



Notas

1. Con, de Nicea, II, ses. VII.
2. Esta íórraula donde se encuentra expresada la verdadera base teológica del culto de las imágenes fué tomada por el Conc. de Trento del segundo de Nicea quien a su vez la recoge de San Juan Damasceno; De fide orthodoxa, IV, XVI.
3. Conc. de Trento, Sess. XXV.
4. De las imágenes, III, 3.
5. Dialéctica, I.
6. Jean de Jésus, Vie de Jesus. Damascéne, XXXI




Sea todo a la mayor gloria de Dios.


martes, 26 de marzo de 2019

San Braulio, Obispo y Confesor





SAN BRAULIO, OBISPO Y CONFESOR

Hay en Zaragoza un santuario donde no se puede entrar sin sentir la más profunda emoción: es la cripta de Santa Engracia. Allí había en el siglo vn un monasterio, en el cual se formaron San Eugenio de Toledo y San Braulio de Zaragoza.

Oriundo éste de acomodada estirpe, se formó en la escuela de sus hermanos Juan Obispo de Zaragoza, y de Frunimiano, sacerdote, pero sobre todo al lado del Gran San Isidoro de Sevilla con quien estuvo varios años: Fué el discípulo más querido y más ilustre del gran Doctor de las Españas.

Al morir San Isidoro San Braulio nombrado Obispo de su ciudad natal, es saludado como el más alto prestigio del pueblo Español. Aconseja a los reyes, interviene activamente en los concilios nacionales de Toledo, gobierna su diócesis con sabiduría, escribe la vida de San Millán, enriquece la Liturgia mozárabe con bellas composiciones poéticas y mantiene una correspondencia, según él mismo dice, abrumadora, que es una de las más interesantes que hoy tenemos de aquel siglo. El Papa Honorio había dirigido al episcopado español una carta en la que se lamentaba de la poca diligencia que ponía en la cuestión judía. A pesar de que en la asamblea había cinco metropolitanos, los Padres del concilio comisionan a nuestro santo para que responda a su Santidad y lo hace magistralmente saliendo por la honra del episcopado español. Murió ciego el 26 de marzo de 651 según opinión más segura.



Sea todo a la mayor gloria de Dios.


lunes, 25 de marzo de 2019

La Anunciación de la Virgen María






LA ANUNCIACIÓN DE LA VIRGEN MARIA


LA IMPORTANCIA DE ESTE DÍA

Este día es grande en los anales de la humanidad, aún en los ojos de Dios: pues es el aniversario del acontecimiento más solemne que se haya cumplido en el tiempo. El Verbo divino, por el cual el Padre creó al mundo, se hizo carne en el seno de una virgen y habitó entre nosotros (1). Adoremos la grandeza del Hijo de Dios que se humilló; demos gracias al Padre "que amó al mundo hasta darle su Hijo único (2) y al Espíritu Santo cuya virtud todopoderosa obró tan profundo misterio." En este tiempo tenemos aquí un preludio de las alegrías de Navidad; dentro de nueve meses el Emmanuel concebido en este día, nacerá en Belén y los conciertos de los ángeles nos convidarán a celebrar este nacimiento.


LA PROMESA DEL REDENTOR

Durante la semana de Septuagésima contemplamos la caída de nuestros primeros padres y oímos la voz de Dios pronunciando la triple sentencia contra la serpiente, contra la mujer y en último lugar contra el hombre. Sin embargo de eso una esperanza se ha cobijado en nuestra alma; entre los anatemas ha brillado unspromesa divina, como aurora de la salvación. ¡El Señor irritado dijo a la serpiente infernal que un dia su cabeza orgullosa será aplastada por el pie de una mujer.


SU CUMPLIMIENTO

Llegó por ñn el momento en que el Señor va a cumplir su antigua promesa. Durante miles de años el mundo estuvo esperando y a pesar de sus crímenes y maldades, esta esperanza no se apagó nunca. En el curso de los siglos la misericordia divina multiplicó los milagros, las profecías y las figuras para recordar el contrato que se dignó hacer con el hombre. La sangre del Mesías pasó de Adán a Noé; de Sem a Abrahán, Isaac y Jacob; de David y Salomón a Joaquín; ahora corre por las venas de María, hija de Joaquín.

María es la mujer por la cual debe ser levantada la maldición que pesa sobre nuestra raza. Al crearla el Señor inmaculada, constituyó con esto una enemistad irreconciliable entre ella y la serpiente y, en este día, esta hija de Eva va a reparar la caída de su madre; a levantar a su sexo de la humillación en que se ha visto hundido, y cooperar directa y eficazmente a la victoria que el Hijo de Dios ha obtenido en persona sobre el enemigo de su gloria y de todo el género humano.


LA ANUNCIACIÓN 

La tradición y luego la Iglesia, señaló el 25 de Marzo como el día en que se va a cumplir el misterio María, sola, en el recogimiento de la oración, ve aparecer delante de ella al Arcángel bajado del cielo, que viene a recibir su consentimiento, en nombre de la Santísima Trinidad. Asistamos a la entrevista del Angel con María y retrasemos al mismo tiempo nuestro pensamiento a los primeros días del mundo. San Ireneo, obispo mártir del siglo II, fiel eco de la doctrina de los Apóstoles, nos enseñó a comparar esta tan sublime escena con la que tuvo lugar en el paraíso terrenal (4).


EN EL PARAÍSO TERRENAL 

En el jardín de las delicias hay una virgen que se encuentra en presencia de un ángel y un coloquio se establece entre ellos. En Nazaret una virgen es igualmente interpelada por un ángel y se entabla entre ellos un diálogo; mas el ángel del paraíso terrenal es un ángel de las tinieblas y el de Nazaret un espíritu celestial. En los dos encuentros es el ángel el que toma la palabra. "¿Por qué, dice el espíritu maldito a la primera mujer, Dios os ha mandado no comáis de todos los árboles de este jardín?" En esta pregunta repentina se siente ya la provocación al mal, el desprecio, el odio contra la débil criatura en la cual Satanás va persiguiendo a Dios.


EN NAZARET

Ved al contrario al ángel de la luz. ¡Con qué dulzura, con qué paz se acerca a la nueva Eva! ¡Con qué respeto se inclina ante esta hija de los hombres! "Salve, oh llena de gracia, el Señor es contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres." ¡Quién no reconoce el acento celestial en estas palabras donde todo respira dignidad y paz! Mas continuemos el paralelismo.


EVA

La mujer del Edén, imprudente, escucha la palabra del seductor y se apresura a responder. La curiosidad la mete en una conversación con aquel que la invita a escudriñar los decretos de Dios. Ella no tiene desconfianza delante de la serpiente que la está hablando; más tarde desconfiará del mismo Dios.


MARÍA

María ha oído la palabra de Gabriel; mas esta virgen, muy prudente, como la llama la Escritura, permanece silenciosa. Se pregunta de donde pueden venir estos elogios hechos a su persona. La más pura, la más humilde de las vírgenes, tiene miedo de la alabanza; y el enviado celestial no obtendrá de ella una palabra hasta que él no haya aclarado su misión. "No temas, oh María, dice el ángel a la nueva Eva, pues has encontrado gracia delante del señor. He aquí que concebirás y darás a luz un hijo a quien llamarás Jesús. Será grande y será llamado el Hijo del Altísimo y el Señor le dará el trono de David su Padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reinado no tendrá
fin."

¡Qué magníficas promesas bajadas del cielo por parte de Dios! ¡Qué objeto más digno de la ambición de una hija de Judá, que conoce la gloria de que debe estar rodeada la madre del Mesías! Sin embargo, María no es tentada por tanto honor. Consagró su virginidad para siempre a Dios, a fin de estarle más unida con el amor. El destino, que ella no podría alcanzar más que violando este pacto sagrado, no puede conmover su alma. ¿Cómo puede suceder esto, responde ella, ya que he prometido guardar virginidad?


EVA

La primera mujer no manifiesta por el contrario esa calma, ese desinterés; apenas el ángel perverso la aseguró que puede violar el mandato de su divino bienhechor, sin llegar con todo a morir, y que el premio de su desobediencia será entrar en posesión de la ciencia divina, cuando ella queda subyugada. El amor propio la ha hecho olvidar en un momento el deber y el reconocimiento; se siente feliz de verse libre lo más pronto posible de ese lazo que la tiene aprisionada.


MARÍA

Tal fué el modo de obrar de la mujer que nos perdió; mas ¡cuán diferente aparece esta otra mujer que debía salvarnos! La primera, cruel para con su posteridad, no se preocupa más que de sí misma; la segunda, por el contrario, se olvida de sí misma, para no pensar más que en los derechos que Dios tiene sobre ella. El ángel, admirado de tanta fidelidad, termina por revelarla por completo el,plan divino. "El espíritu Santo, la dice, descenderá sobre ti y la virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra y por eso el que de ti va a nacer será llamado Hijo de Dios. Isabel tu prima ha concebido ya un hijo a pesar de su vejez; y este es el sexto mes para ella la llamada estéril, pues para Dios no hay nada imposible." El ángel interrumpe aquí su discurso y espera, en el silencio, la resolución de la Virgen de Nazaret.


LA DESOBEDIENCIA DE EVA

Volvamos ahora nuestras miradas a la virgen del Edén. Apenas ha dejado de hablar el espíritu infernal, cuando ella ya ha echado una mirada codiciosa sobre el fruto prohibido; aspira a la independencia cuya posesión le va a conceder este fruto tan deleitable. Su mano desobediente se va alargando para atraparlo; lo coge, lo lleva ávidamente a su boca, y, en el mismo momento, la muerte toma posesión de ella; muerte del alma por el pecado, que apaga la luz del alma; muerte del cuerpo que, privado del don de la inmortalidad, se convierte ahora en un objeto de vergüenza y de confusión, mientras espera el momento en que se convertirá en polvo.


LA OBEDIENCIA DE MARÍA

Retiremos los ojos de este triste espectáculo y volvamos a Nazaret. María ha recogido las últimas palabras del ángel; la voluntad del cielo es ahora bien clara para ella. Esta le asegura que le está reservada la dicha de sentirse Madre de Dios, mientras su virginidad permanece intacta. Entonces María se somete con obediencia perfecta y dice al enviado celestial: "He aquí la esclava del Señor, hágase en mi según tu palabra."

De este modo la obediencia de la segunda Eva repara la desobediencia de la primera, pues tan pronto como la virgen de Nazaret dijo: que se haga en mí, FIAT, el Hijo eterno de Dios, que, según el decreto divino, esperaba esta palabra, se hace presente por obra del Espíritu Santo, en el seno de María y comienza allí una vida humana. Una virgen llega a ser madre y Madre de Dios. El consentimiento de esta virgen a la voluntad soberana la hace fecunda por la virtud del Espíritu Santo. ¡Misterio sublime que establece las relaciones de hijo y de madre entre el Verbo Eterno y una criatura, y proporciona al Todopoderoso un medio digno de asegurarla el triunfo contra el espíritu maligno cuya audacia y perfidia parecían haber prevalecido hasta entonces contra el plan divino!


LA DERROTA DE SATANÁS

Jamás ha habido derrota tan humillante y completa como la que sufrió Satanás en este día. El pie de la mujer, de quien se creía una victoria tan fácil, pesa ahora con toda su fuerza sobre su cabeza orgullosa ya aplastada. Eva se levanta en su hija para aplastar a la serpiente. Dios no ha querido escoger a hombre para esta venganza; la humillación de Satanás no hubiera sido tan vergonzosa. Es la primera presa del infierno, su víctima más débil, la más desarmada, la que el Señor dirige contra este enemigo.

Por el precio de un triunfo tan alto la mujer dominará desde ahora no solamente los ángeles rebeldes sino también sobre toda la raza humana; aún más sobre todas las jerarquías de espíritus celestiales, desde lo alto de su trono, María Madre de Dios domina sobre toda la creación. En el fondo de los infiernos Satanás rugirá con eterna desesperación, pensando en la desdicha de haber dirigido sus primeros ataques contra un ser frágil y crédulo a quien Dios vengó tan magníficamente; y en lo alto de los cielos los Serafines y Querubines levantarán sus miradas hacia María, ambicionarán una sonrisa y se sentirán felices de cumplir los menores deseos de la Madre de Dios y de los hombres.


SALVACIÓN DE LA HUMANIDAD 

Por esto nosotros, hijos de la raza humana, arrancados de los dientes de la serpiente por la obediencia de María, saludamos hoy la aurora de nuestra libertad.

Tomando las palabras del cántico de Débora, donde ésta, tipo de María victoriosa, canta sus triunfos sobre los enemigos del pueblo santo, nosotros decimos: "La raza de los fuertes había desaparecido de Israel hasta el día en que se levantó Débora, hasta el día en que apareció ella, la madre de Israel. El señor inauguró un nuevo género de combate, fuerza las puertas de sus enemigos" (5). Prestemos oído y escuchemos también a través de los siglos a Judit, esta otra mujer victoriosa: "Alabad al Señor, nuestro Dios que no abandona a los que esperan en El; antes por la mano de su sierva ha cumplido la misericordia prometida a Israel; por mi mano inmoló esta noche al enemigo de su pueblo. El Señor omnipotente los aniquiló por la mano de una mujer" (6).


MISA

La Santa Iglesia toma la mayor parte de los cantos del santo Sacriñcio del Salmo LIV que celebra la unión del Esposo con la Esposa.

En el Introito saluda a María como a reina del género humano, delante de la cual debe inclinarse toda criatura. La virginidad ha preparado en María a la Madre de un Dios; esta virtud será imitada en la Iglesia y todos los siglos verán a numerosas vírgenes seguir los pasos de la que es su madre y modelo.


INTROITO
Implorarán tu favor todos los ricos del pueblo: serán presentadas al Rey las vírgenes después de ella: sus compañeras serán presentadas^ con alegría y con júbilo. (T. P. Aleluya, aleluya.) —Salmo: Brota de mi corazón una palabra buena: dedico mis obras al Rey y Gloria al Padre.

En la Colecta la Iglesia se gloría de su fe en la maternidad divina y reclama, por este título, la intercesión todopoderosa de María cerca de Dios. Este dogma es la base de nuestras creencias, el fundamento del misterio de la Encarnación.


COLECTA
Oh Dios, que, al anuncio del Angel, quisiste que tu Verbo tomase carne en el seno de la Bienaventurada Virgen María: concédenos, a los que te suplicamos, la gracia de que, ya que la creemos a ella verdadera Madre de Dios seamos 'ayudados ante ti por su intercesión. Por el mismo Señor.


EPÍSTOLA

Lección del Profeta Isaías.
En aquellos días habló el Señor a Ácaz, diciendo: Pide para ti una señal del Señor, tu Dios, yá del profundo del infierno, ya de lo más alto de los cielos. Y respondió Acaz: No la pediré, y ño tentaré al Señor. Dijo entonces (Isaías): Oíd, pues, ahora, casa de David: ¿Os parece poco el ser molestos a los hombres, que también queréis serlo a mi Dios? Por eso, el mismo Señor os dará una señal: He aquí que una virgen concebirá, y parirá un hijo, y ( será su nombre Emmanuel. Comerá manteca y miel, para que sepa desechar lo malo y escoger lo bueno.

La plenitud de lps tiempos ha llegado; una antigua tradición ha dado la vuelta al mundo: que una, virgen llegaría a ser madre. En este día en que se cumplió este misterio, reverenciemos el poder del Señor y su fidelidad a sus promesas. El autor, de las leyes de la naturaleza las suspende para obrar por sí mismo; la virginidad y la maternidad se unen en una , misma criatura. Una virgen no podría dar a luz más que a un Dios: y el hijo de María se llamará Emmanuel, Dios con nosotros.

DIOS CON NOSOTROS 

Adoremos, en su debilidad ¿voluntiaria, al creador del mundo visible e invisible; quiere en adelante que toda criatura confiese, no solamente su grandeza infinita sino también la verdad de esta naturaleza humana que se dignó tornar para salvarnos. A partir de este momento se le puede llamar con propiedad el Hijo del Hombre; nueve meses permanece en el seno materno como las demás criaturas; como ellas después de su nacimiento tomará leche y miel y santificará todos los estados, de la humanidad; pues es el hombre nuevo que se, dignó bajar del cielo para suplantar al antiguo. Sin perder nada de su dignidad viene a soportar todas las condiciones de núestra naturaleza enferma y limita con el fin de hacernos a su vez participantes de la naturaleza divina (7).

En el gradual la Iglesia canta la hermosura del Emmanuel, su reino y el poder de su brazo; pues viene humilde para levantarse en la gloria: desciende para combatir y triunfar.


GRADUAL
La gracia está pintada en tus labios: por eso te bendijo Dios para siempre. V. Reina con verdad, y con mansedumbre, y con justicia: y tu diestra obrará maravillas.

La Iglesia continúa empleando el mismo cántico en el Tracto para cantar las grandezas de María Virgen y Madre. El Espíritu Santo la amó por su belleza incomparable, la cubre con su sombra y ella concibe de un modo divino. ¿Qué gloria es comparable a la de María en quien se complace la Trinidad entera? En el orden de la creación el poder de Dios no producirá nada más elevado que una Madre de Dios. David nos muestra su lejana descendencia recibiendo los homenajes de los grandes de la tierra y rodeada de una corte compuesta por entero de vírgenes, cuyo modelo y reina es ella. Este día es también el triunfo de la virginidad que se ve elevada hasta la maternidad divina; en este día María libra a su sexo de la esclavitud y le abre el camino hacia todas las grandezas.


TRACTO
Oye, hija, y mira, e inclina tu oído: porque el Rey se ha prendado de tu belleza. V. Implorarán tu favor todos los ricos del pueblo: las hijas de los reyes serán tu cortejo. V. Serán presentadas al Rey las vírgenes después de ella: sus compañeras serán presentadas a ti V. Serán presentadas con alegría y con júbilo: serán llevadas al palacio del Rey.


EVANGELIO

Continuación del santo Evangelio según S. Lucas.
En aquel tiempo el Angel Gabriel fué enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una Virgen desposada con un varón, llamado José, de la casa de David: y el nombre de la Virgen era María. Y, entrando a ella el Angel, dijo: Salve, llena de gracia: el Señor es contigo: bendita tú entre las mujeres. Mas ella, cuando le oyó, se turbó de sus palabras, y pensaba qué saludo fuese aquél. Entonces le dijo el Angel: No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios: he aquí que concebirás en tu seno, y darás a luz un Hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo, y le dará el Señor Dios el trono de David, su padre, y reinará eternamente en la casa de Jacob, y su reinado no tendrá ñn. Dijo entonces María al Angel: ¿Cómo sucederá eso? Porque no conozco varón. Y, respondiendo el Angel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra y, por eso, lo Santo, que nacerá de ti, se llamará Hijo de Dios. Y he aquí que Isabel, tu parienta, ha concebido también en su vejez un hijo, y, la que se llamaba estéril, está ya en el sexto mes. Porque para Diqs no hay nada .imposible. Dijo entonces María: He aquí la esclava del Señor: hágase en mí según tu palabra.


ACCIÓN DE GRACIAS 

Con estas últimas palabras, oh María, nuestra suerte está determinada. Tú consentistes al deseo del cielo; y tu consen- timiento asegura nuestra salvación. ¡Oh Virgen! ¡Oh Madre! Bendita entre las mujeres,.recibe con los homenajes de los ángeles las acciones de gracias del género humano. Has reparado nuestra ruina, has levantado nuestra naturaleza pues eres el trofeo de la victoria del hombre sotare su enemigo.

"Alégrate, padre Adán; y tú, madre Eva, salta de júbilo, porque así como fuisteis padres de todos, así fuisteis de todos homicidas, y, lo que es peor, primero homicidas que padres; consolaos con esta hija, y tal hija; pero alégrese Eva sobre todo, pues de ella primero nació el mal, pasando su oprobio a todas las mujeres. Porque ya se acerca el tiempo en que se quitará el oprobio y no podrá ya quejarse el hombre de la mujer. Aquél pretendiendo excusarse imprudentemente a sí mismo, no dudó acusarla con dureza diciendo: La mujer que me diste dióme del fruto del árbol y comí. Por tanto, corre Eva a María; corre a tu Hija. Ella responderá por ti, levantará tu oprobio, satisfará al Padre por su ma;dre; pues ha dispuesto Dios que, ya que el hombre no cayó sino por la mujer, tampoco sea levantado sino por la mujer. ¿Qué es lo que decías, Adán? La mujer que me diste dióme del fruto del árbol y comí. Palabras maliciosas son éstas, que acrecientan tu culpa en vez de borrarla. Mas la Sabiduría ha vencido a la malicia, pues, aunque malograste la ocasión que Dios quería darte para el perdón de tu pecado cuando te preguntó, ha hallado en el tesoro de su inagotable piedad medios para borrar tu culpa. Te da otra mujer por ésa mujer, una prudente por esa fatua, una humilde por esa soberbia; la cual, en vez del árbol de la muerte, te dará el alimento de la vida; en vez de aquel venenoso y amargo bocado, te traerá la dulzura del fruto eterno. Por tanto, muda las palabras de la injusta acusación en alabanzas y acción de gracias a Dios y dile: "Señor, la mujer que me diste, dióme del fruto del árbol de la vida y comí; y ha sido más dulce que la miel para mi paladar, porque en él me has dado la vida" (8).

En el Ofertorio saludamos a María con las palabras del ángel unidas a las de Isabel cuando esta se inclina delante de la Madre de Dios.


OFERTORIO
Salve, María, llena de gracia: el Señor es contigo: bendita tu entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre.

La Iglesia rinde nuevo homenaje en la Secreta al dogma de la Encarnación, confesando la realidad de las dos naturalezas, divina y humana, en Jesucristo Hijo de Dios e Hijo de María.


SECRETA
Suplicárnoste, Señor, confirmes en nuestras almas los Sacramentos de la verdadera fe: para que, los que confesamos verdadero Dios y hombre al concebido de la Virgen, por el poder de su salvadora resurrección, merezcamos conseguir la eterna alegría. Por el mismo Señor.

La solemnidad de la fiesta obliga hoy a la Iglesia a suspender el Prefacio de Cuaresma, substituyéndole por el que se emplea en las Misas de la Santísima Virgen.


PREFACIO
Es verdaderamente digno y justo, equitativo y saludable que, siempre y en todas partes, te demos gracias a ti, Señor santo, Padre omnipotente, eterno Dios. Y que te alabemos, bendigamos y prediquemos en la (Anunciación) de la Bienaventurada siempre Virgen María. La cual concibió a tu Unigénito por virtud del Espíritu Santo: y, permaneciendo (en ella) la gloria de la virginidad, dió al mundo la Luz eterna, a Jesucristo, nuestro Señor. Por quien a tu majestad alaban los Angeles, la adoran las Dominaciones, la temen las Potestades. Los cielos, y las Virtudes de los cielos, y los santos Serafines la celebran con igual exultación. Con los cuales, te suplicamos, admitas también nuestras voces, diciendo con humilde confesión: Santo, Santo, Santo, etc.

La antífona de la Comunión reproduce las palabras del oráculo diving, ya leídas en. la Epístola. Una virgen ha concebido y dado a luz al Pan vivo descendido del cielo por el cual Dios está con nosotros y en nosotros.


COMUNIÖN
He aquí que una virgen concebirá y parirá un hijo: y se llamará su nombre Emmanuel.


En la Poscomunión la Iglesia recuerda en acción de gracias todos los misterios que por nuestra salvación son la derivación del gran suceso de este día. Después de la Encarnación, donde tuvo lugar la unión del Hijo de Dios con la naturaleza humana, hemos celebrado la Pasión de este divino Redentor seguida a sú vez de su Resurrección, por medio de la cual triunfó de la muerte, nuestra enemiga.


POSCOMUNIÓN
Suplicárnoste, Señor, infundas tu gracia en nuestras almas: para que, los que, por el anuncio del Angel, conocimos la encarnación de tu Hijo, lleguemos, por su pasión y cruz, a la gloria de la resurrección. Por el mismo Señor.


EL ANGELUS 

No podemos terminar esta jornada sin recordar y recomendar la piadosa y saludable institución que la cristiandad solemniza cada día en todo el mundo católico, en honor del misterio de la Encarnación y de la divina Maternidad de María. Tres veces al día, por la mañana, por el mediodía y por la tarde, se oye la campana para que los ñeles se unan al ángel Gabriel que saluda a María, y celebra el momento en que el propio Hijo de Dios se dignó encarnarse en ella.

Desde la Encarnación del Señor, su nombre ha resonado en el mundo entero; es grande desde el Oriente hasta el Occidente; grande es también el de su Madre. De aquí se ha originado la necesidad de formar una oración que sirviera de acción de gracias ordinaria para con el misterio de la Encarnación que ha dado al Hijo de Dios a los hombres. Encontramos las huellas de esta costumbre en el siglo xrv cuando Juan XXII abre el tesoro de las .indulgencias en favor de los fieles que reciten el Ave María, por la tarde, al oír el sonido de la campana destinada a dirigir sus pensamientos hacia la Madre de Dios.

En el siglo xv vemos en la SUMA de San Antonino que este toque de campana tenía ya lugar en Toscana, Hay que esperar hasta principio del siglo xvi para encontrar en un documento francés, citado por Mabillón, que el sonido de mediodía venía a unirse al que ya se hacía a la salida y puerta del sol. En esta forma aprobó León X esta devoción en 1513 para la abadía de San Germán de los Prados en París. Desde entonces la cristiandad entera la aceptó con todas sus adiciones; los papas multiplicaron las indulgencias; además de las que dieron Juan XXII y León X, el siglo XVIII vió publicar las de Benedicto XIII; y tan grande pareció la importancia de esta práctica que Roma determinó que durante el año del jubileo, en el que cesaban todas las indulgencias, excepto aquellas que se ganaban por la peregrinación a Roma, las tres salutaciones recitadas en honor de la Virgen continuasen exortando a los fieles a seguir unidos en la glorificación del Verbo hecho carne. En cuanto a María parece como que el Espíritu Santo había ya indicado de antemano los tres términos de esta práctica invitándonos a celebrarla dulce "como la aurora", al levantarse, resplandeciente "como el sol" por el mediodía, y bella "como la luna" al anochecer.


PLEGARIA AL EMMANUEL 

¡Oh Emmanuel, Dios con nosotros "Te propusiste el rescate del hombre; con este fin descendiste al seno de una virgen para tomar en él nuestra naturaleza." El género humano saluda hoy tu advenimiento. Verbo eterno del Padre, no ha sido bastante para Ti el haber sacado al hombre de la nada por tu poder; tu inagotable bondad viene siguiéndole hasta en el abismo de la degradación donde se sumergió. Por el pecado el hombre había caído por debajo de sí mismo; y con el fin de hacerle remontar a los destinos divinos, para los cuales le habías creado, has venido en persona a revestirte de su substancia y a volver a elevar hasta Ti.

En Ti, hoy y por siempre, Dios se hace hombre y el hombre Dios. Cumpliendo las promesas del cántico, te uniste a la naturaleza humana, y fué en el seno virginal de la hija de David donde celebraste tus desposorios. ¡Oh abajamiento incomprensible, oh gloria inenarrable!; el anonadamiento (9) está reservado para el Hijo de Dios; la gloria para el hijo del hombre. De este modo es como nos amas, oh Verbo Divino y como tu amor triunfó de nuestra miseria.

Dejaste a los ángeles rebeldes en el abismo abierto por su orgullo; mientras tu piedad se posó sobre nosotros. Mas no es por una de tus miradas como nos has salvado; ha sido viniendo a esta tierra manchada a tomar la naturaleza de esclavo (10) y comenzar una vida de humillación y de dolores. Verbo hecho carne, que descendistes del cielo para salvar y no para juzgar (11) Te adoramos, Te damos gracias, Te amamos, haznos dignos de todo aquello que tu amor Te ha hecho emprender por nosotros.


PLEGARIA A MARÍA

Te saludamos, oh María, llena de gracia en este día en que gozas del honor que te estaba destinado. Por tu incomparable pureza has atraído las miradas del soberano Creador de todas las cosas, y por tu humildad le has atraído a tu seno; su presencia en ti acrecienta más todavía la santidad de tu alma y la pureza de tu cuerpo. ¡Con qué delicias sentiste a este Hijo de Dios vivir de tu vida, sacar de tu substancia ese nuevo ser que El viene a tomar por nuestro amor! Ya se ha formado entre ti y El ese lazo que tú sola has conocido; El es tu Hijo y tú eres su Madre.

Que toda rodilla se incline delante de ti ¡oh Madre!, pues El es el Dios del cielo y de la tierra; aún más, que toda criatura se posterne delante de ti; pues tú le llevaste en tu seno, tú le amamantaste. Sola tú entre todos los seres puedes decirle como el Padre celestial: "¡Hijo mío!" Oh mujer incomparable, eres el supremo esfuerzo del poder divino; recibe la humilde sumisión de la raza humana. Ella se glorifica aún en presencia de los ángeles: su sangre es la tuya, y tu naturaleza la suya.

¡Nueva Eva, hija de la antigua, más inmaculada! Por tu obediencia para con los decretos divinos, has salvado a tu madre y a toda su raza; has establecido en la inocencia primitiva a nuestro padre y a toda su familia. El Salvador que llevaste nos asegura todos estos bienes; por ti El viene a nosotros; sin El permaneceríamos en la muerte, sin ti El no podía rescatarnos; El saca de ti esa sangre preciosa que será nuestra Redención. ( Su poder protegió su pureza en el momento de tu Concepción inmaculada y llega a ser la sangre de un Dios por la unión que se lleva a cabo en ti de la naturaleza divina con la humana.

Hoy se cumple, ¡Oh María! el oráculo del Señor que emitió con ocasión de la caída: "Estableceré enemistad entre la mujer y la serpiente." Hasta aquí el género humano temblaba ante el demonio; en su extravío le erigía altares por doquier; pero tu brazo temible viene hoy a derribar a nuestro enemigo. Por la humildad, por la caridad, por la obediencia, le abatiste para siempre; ya no seducirá más a las naciones. Por medio de ti, libertadora de los hombres, fuimos arrancados de su poder; solamente nuestra perversidad y nuestra ingratitud podrían atarnos de nuevo a su yugo. No lo permitas, oh María, ven en nuestra ayuda; y si, en este día de reparación, prosternados a tus pies reconocemos que hemos abusado de la gracia celestial, cuyo canal fuiste, en esta fiesta de tu Anunciación, oh Madre de los vivientes, devuélvenos la vida por tu todopoderosa intercesión ante aquel que hoy se hace tu hijo para siempre.

Hija de los hombres, oh hermana nuestra amada, por el saludo de Gabriel, por tu turbación virginal, por tu fidelidad al Señor, por tu prudente humildad, por tu consentimiento salvador te suplicamos que conviertas nuestros corazones, vuélvenos penitentes sinceros, y prepáranos a los grandes misterios que vamos a celebrar. ¡Qué dolorosos serán para ti! ¡Oh María! ¡Qué rápido va a ser el tránsito entre las alegrías de la Anunciación y las tristezas de la Pasión! Mas tú quieres que nuestra alma se regocije pensando en la dicha que embargó tu corazón en el momento en que el Espíritu divino te cubrió con su sombra y el Hijo de Dios llegó a ser el tuyo; nosotros permanecemos pues todo este día cerca de ti en tu humilde morada de Nazaret. Nueve meses más tarde Belén nos verá postrados con los pastores y los Magos delante del Niño Dios que nacerá para tu alegría y nuestra salud y entonces diremos con los ángeles: "Gloria a Dios en las alturas del cielo y sobre la tierra paz a los hombres de buena voluntad."


Notas

1. Juan, I, 14.
2. Ibíd., III, 16.
3. S. Agustín 1 , La Trinidad, I. IV, c. V.
4. "Contra las herejías" I. V, c. XIX.
5. Jueces, V, 7. 8.
6. Judit, XIII, 17, 18; XVI, 7,
7. S. Pedro, I, 4.
8. San Bernardo, 2.» Homilía sobre Missus est.
9. Filipenses, II, 7.
10. 2 Ibíd.
11. S. Juan, XII, 47.




Sea todo a la mayor gloria de Dios.