domingo, 10 de julio de 2022

Quinto Domingo después de Pentecostés




QUINTO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS


EL OFICIO

La Iglesia ha comenzado esta noche la lectura del segundo libro de los Reyes, que principia por la narración de la muerte desgraciada de Saúl y el advenimiento de David al trono de Israel. La exaltación del hijo de Jesé marca el punto culminante de la vida profética del pueblo antiguo; en él encontró Dios su siervo fiel, e iba a mostrarle al mundo como la figura más completa del Mesías que había de venir. Un juramento divino garantizaba al nuevo Rey el porvenir de su descendencia; su trono debía ser eterno; porque debía un día llegar a ser el trono del que sería llamado Hijo del Altísimo, sin dejar de tener por Padre a David. 

Pero en el momento en que la tribu de Judá aclamaba en Hebrón al elegido del Señor, no era todo, ni mucho menos, alegría y esperanza. La Iglesia, ayer en Vísperas, tomaba una de las más bellas Antífonas de su Liturgia del canto fúnebre que inspiró a David la vista de la diadema recogida del polvo ensangrentado en el’ campo de batalla, donde acababan de sucumbir los príncipes de Israel: “Montes de Gelboé, ni lluvia ni rocío caiga sobre vosotros; porque allí fué abatido el escudo de los héroes, el escudo de Saúl, como si no hubiese recibido la unción. ¿Cómo han caído los héroes en la batalla? Jonatás ha sido muerto en las alturas; ¡Saúl y Jonatás, tan amables y tan hermosos en su vida, no se han separado ni en la muerte!” 

Inspirada por la proximidad de la fiesta de los Santos Apóstoles del 29 de Junio, y de este día en que el Oficio del Tiempo trae cada año esta Antífona, la Iglesia aplica estas últimas palabras a San Pedro y San Pablo durante la Octava de su fiesta: “¡Gloriosos príncipes de la tierra, se amaron en vida—exclama—y no se han separado ni en la muerte!” Como el pueblo Hebreo en esta época de su historia, más de una vez el ejército cristiano no saludó el advenimiento de sus jefes, sino en una tierra tinta en la sangre de sus predecesores.

sábado, 2 de julio de 2022

La Visitación de la Santísima Virgen

  






LA VISITACIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN


HISTORIA DE LA FIESTA

En los días que precedieron al nacimiento del Salvador, la visita de María a su prima Isabel fué ya objeto de nuestras meditaciones. Pero convenía volver sobre una circunstancia tan importante de la vida de Nuestra Señora, para hacer resaltar lo que este misterio contiene de enseñanza profunda y de alegría santa. La sagrada Liturgia completándose con los años, explotará esta mina preciosa en honor de la Virgen-Madre. La Orden de San Francisco y algunas iglesias particulares, como la de Reims y París, ya se habían adelantado, cuando Urbano VI, en el año 1389 instituyó la solemnidad de este día. El Papa aconsejaba el ayuno en la vigilia de la fiesta, y que además tuviese Octava; concedió en su celebración las mismas indulgencias que había otorgado Urbano VI, en el siglo anterior a la ñesta del Corpus Christi. La bula de promulgación, retrasada por la muerte del Pontífice, fué publicada por Bonifacio IX que le sucedió en la Silla de S. Pedro.

Por las lecciones del Oficio primitivamente compuesto para esta fiesta, sabemos que el fin de su institución fué, según el pensamiento de Urbano, obtener que cesase el cisma que dividía a la Iglesia. Nunca se había visto la Esposa del Hijo de Dios en situación tan dolorosa. Pero Nuestra Señora, a quien se había dirigido el verdadero Pontífice al comienzo de la tormenta, no dejó fallida la esperanza de la Iglesia. Durante los años que la insondable justicia del Altísimo dejó obrar a los poderes del infierno, vino en su defensa, sujetando tan fuertemente bajo su pie vencedor la cabeza de la serpiente antigua, que a pesar de la espantosa confusion que había levantado, su baba ponzoñosa no pudo manchar la fe de los pueblos, que permaneció firmemente adherida a la unidad de la Cátedra romana, cualquiera que en esta incertidumbre fuese su ocupante verdadero. Así, el Occidente separado de hecho, pero unido en sus principios, se volvía a unir en el tiempo escogido por Dios para devolver la luz.


MARÍA, ARCA DE ALIANZA

Si se pregunta por qué quiso Dios que el Misterio de la Visitación y no otro, fuese al establecerse esta solemnidad, el trofeo de la paz reconquistada, es fácil hallar la razón en la naturaleza misma de este misterio y en las circunstancias en que se realizó.

En él especialmente aparece María como verdadera arca de Alianza: llevando al Emmanuel, testimonio vivo de una reconciliación definitive entre la tierra y el cielo. Por ella, mejor que en Adán, todos los hombres han de ser hermanos; porque el que lleva escondido en su seno, será el primogénito de la gran familia de los hijos de Dios. Apenas concebido, comienza para El la obra de la propiciación universal.

¡Dichosa la casa del sacerdote Zacarías, que durante tres meses acogió a la Sabiduría eterna, bajada recientemente al seno purísimo en que se acaba de consumar la unión que ambicionaba su amor! Por el pecado original, el enemigo de Dios y de los hombres tenía cautivo, en esta bendita casa, a aquel que sería el hornato en los siglos infinitos; la embajada del ángel que anunció el nacimiento de Juan, su concepción milagrosa, no habían eximido al hijo de la es térll del tributo vergonzoso que todos los hijos de Adán tienen que pagar al príncipe de la muerte, a su entrada en la vida. Pero apareció María, y Satanás vencido sufrió en el alma de Juan su más completa derrota, que no será la última; porque el arca de alianza no detendrá sus triunfos hasta reconciliar al último de los elegidos.


ALEGRÍA DE LA IGLESIA

Celebremos este día con cantos de alegría; porque en este misterio están, como en germen, todas las victorias que alcanzarán la Iglesia y sus hijos; desde hoy el Arca santa preside los combates del nuevo Israel. Basta ya de división entre el hombre y Dios, el cristiano y sus hermanos; si la antigua arca no logró impedir la escisión de las tribus, el cisma y la herejía conseguirán hacer frente a María unos cuantos años o algunos siglos, pero al fin resplandecerá más su gloria. De ella, como en este día glorioso y a la vista del enemigo humillado, brotarán siempre la alegría de los pequeños, la perfección de los pontífices, y la bendición de todos. Unamos el tributo de nuestras voces a los saltos gozosos de Juan, a la repentina exclamación de Isabel, al cántico de Zacarías; todo el mundo lo repita. Así se saludaba antiguamente la llegada del arca al campamento de los Hebreos; los Filisteos, al oírlo, por ahí comprendían que había bajado el auxilio del Señor; y sobrecogidos de espanto, gemían, diciendo: “¡Desgraciados de nosotros! no reinaba aquí ayer una alegría tan grande; ¡desgraciados de nosotros.” Por cierto que hoy el género humano salta de gozo y canta con Juan; y hoy también, y con razón, se lamenta el enemigo; hoy la mujer descarga el primer golpe del calcañal en su cabeza altanera, y Juan, ya librado, es en esto precursor de todos nosotros. El nuevo Israel, más afortunado que el viejo, tiene seguridad de que no le arrebatarán ya su gloria nunca jamás; nunca le quitarán el Arca santa que le permite pasar las aguas, y derrumba ante él las fortalezas.


EL CANTO DE MARÍA

¿No es, pues, muy justo que este día, en que termina la serie de las derrotas que comenzaron en el Paraíso, sea también el día de los cánticos nuevos del nuevo pueblo? Pero ¿a quién toca entonar el himno del triunfo, sino al que gana la victoria? Por eso canta María en este día de triunfo, recordando todos los cantos de victoria que, a lo largo de los siglos de espera, fueron como preludios, a su divino Cántico. Pero las victorias pasadas del pueblo elegido no eran más que la figura de la que consigue ella, en esta fiesta de su manifestación, como soberana gloriosa, que, mejor que Débora, Judit o Ester, ha comenzado a libertar a su pueblo; en su boca los acentos de sus ilustres predecesoras han evolucionado de la aspiración inflamada de los tiempos de la profecía, al éxtasis sereno, que denota la posesión del Dios que por tanto tiempo esperado. Una era nueva comienza parar los cantos sagrados: la alabanza divina toma de María el carácter que no perderá en este mundo y que subsistirá aún en la eternidad. Y en este día también, inagurando su ministerio de Corredentora y de Mediadora, recibió María por vez primera en la tierra, de boca de Santa Isabel, la alabanza que sin ñn merece la Madre de Dios y de los hombres.

El motivo especial que tuvo la Iglesia, en el siglo xiv, para instituir esta fiesta, nos ha inspirado las anteriores consideraciones. María ha demostrado otra vez, al devolver a Roma al desterrado Pío IX, el 2 de Julio de 1849, que consideraba esta fecha como un día de victoria.


MISA

El Introito es el mismo de las Misas votivas de Nuestra Señora en este tiempo del año. Está tomado de Sedulio el poeta cristiano del siglo v, del cual hizo la Sagrada Liturgia otros extractos muy bien apropiados, los días de Navidad y Epifanía. La palabra excelente (Verbum bonum) que se ensalza en el Versículo, la obra que dedica al Rey la Virgen-madre, todos declaran hoy que es el Magníficat, riqueza y gloria de este día.


INTROITO
Salve, Madre Santa, que diste a luz al Rey que rige cielos y tierra por los siglos de los siglos. Ps. Mi corazón ha proferido una excelente palabra; digo: Mis obras son para el Rey. Gloria al Padre. Salve.

La paz es el don precioso que imploraba la tierra incesantemente desde el pecado original. Congratulémonos, pues; en este día se revela, por medio de María, el Príncipe de la Paz. La solemne conmemoración del ministerio que celebramos, va a desarrollar en nosotros la obra de salvación, que comenzó en el de Navidad. Esta gracia la pedimos con la Santa Madre Iglesia en la Colecta.


ORACIÓN
Rogárnoste Señor, que concedas a tus siervos el don de la gracia celestial, para que los que hemos recibido las primicias de la salvación en el parto de la Virgen, alcancemos aumento de paz en la Solemnidad de su Visitación. Por Jesucristo nuestro Señor.


EPÍSTOLA

Lección del Libro de la Sabiduría (Cantar de los Cantares, II, 8, 15).
Vedle cómo viene saltando por los montes y brincando por los collados. Mi amado semeja al gamo ligero y al cervatillo. Vedle, está detrás de nuestra pared, mirando por las ventanas, atisbando por las celosías. Me habla mi amado y dice: Levántate y apresúrate, amiga mía, paloma mía, hermosa mía, y ven; pues ya pasó el invierno, disipáronse y cesaron las lluvias; han aparecido las flores en nuestra tierra; llegó el tiempo de la poda; el arrullo de la tórtola se ha oído ya en nuestro campo; la higuera dió sus brevas; esparcen su olor las florecientes viñas. ¡Levántate pues, amiga mía, hermosa mía, y ven paloma mía que anidas en las quiebras de las peñas, en las concavidades del muro, muéstrame tu rostro, suene tu voz en mis oídos; porque tu voz es dulce, y tu cara hermosa!

LA VISITA DEL AMADO. — La Iglesia nos introduce en la profundidad del misterio. La lectura que antecede, se reduce a la explicación de esta palabra de Isabel, en que se resume la fiesta: “Al oír tu voz, mi niño saltó de gozo en mi seno.” Voz de María, voz de la tórtola, que expulsa al invierno y anuncia la primavera, los perfumes y las flores. A esta invitación tan dulce, el alma de Juan, cautiva en la noche del pecado, se Despoja de las libreas del esclavo y, desarrollando rápidamente los gérmenes de las más altas virtudes, se nos presenta bella como la esposa, con todos los aderezos del día de la boda. Y también ¡qué ansias tiene Jesús de llegarse a esta alma amada! ¡Qué efusiones inefables entre Juan y el Esposo! ¡Qué diálogo sublime desde el seno de Isabel al de María! ¡Madres admirables, pero más admirables todavía los hijos! En aquel encuentro feliz, el oído, los ojos, la voz de las madres las pertenecen menos a ellas que a los frutos benditos de sus entrañas; sus sentidos son la celosía por la que el Esposo y el amigo del Esposo se ven, se entienden y se hablan.

El alma de Juan prevenida por el Amigo Divino que la buscó, se despierta en pleno éxtasis. Por otra parte, para Jesús es la primera conquista; dirigidos a Juan, es cuando por vez primera, excepción hecha de María, se formulan en el alma del Verbo hecho carne, los acentos del epitalamio divino y hacen palpitar su corazón. En este día pues, y nos lo enseña la Epístola, a la vez que el Magníficat, se inaugura también el divino Cantar de los Cantares con el verdadero y completo sentido que el Espíritu Santo quiso darle. Nunca habrá motivos tan justificados como en este día feliz, para el alborozo del Esposo; ni tampoco será jamás tan fielmente correspondido. Unamos nuestro entusiasmo al de la eterna Sabiduría, que hoy da el primer paso en favor de toda la humanidad.

En el Gradual ensalcemos con Isabel a la Santísima Virgen, que nos gana todas estas alegrías, y en quien el amor tiene encerrado al que no podía contener el mundo. El dístico que se canta en el versículo, hacía las delicias de la piedad medieval; se encuentra en varias liturgias, ya como principio de himno, ya en forma de Antífona en la composición de Misas u Oficios.


GRADUAL
Bendita y venerable eres, Virgen María; pues sin el más leve menoscabo de tu integridad virginal, te allaste Madre del Salvador. T. Virgen, Madre de Dios, El que no cabe en los cielos, hecho hombre se encarnó en tu seno.
Aleluya, aleluya. V. Feliz y digna de toda alabanza, eres, sagrada Virgen María, porque de ti nació el Sol de justicia, Cristo nuestro Dios. Aleluya.


EVANGELIO

Continuación del santo Evangelio según San Lucas (I, 39-46).
En aquel tiempo: Partió María presurosa por las serranías, a una ciudad de Judá; y, entrando en casa de Zacarías, saludó a Isabel. Al oír Isabel el saludo de María, el niño (Juan) saltó de gozo en su vientre, e Isabel se sintió llena del Espíritu Santo, y, exclamando en alta voz, dijo: ¡Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! Y ¿de dónde a mí tanto bien, que venga la Madre de mi Señor a mí? Pues lo mismo fué llegar la voz de tu saludo a mis oídos, que dar saltos de júbilo la criatura en mi seno. ¡Bienaventurada tú que has creído! porque se cumplirán las cosas que se te han dicho de parte del Señor. Y dijo María: Mi alma engrandece al Señor y mi espíritu salta de gozo al pensar en Dios, mi Salvador.


CARIDAD FRATERNA...

María supo por el Arcángel que Isabel iba a ser pronto madre. Sólo pensar los servicios que necesitan la anciana prima y el niño que va a nacer, la pone inmediatamente en camino hacia las montañas en donde esta situada la casa de Zacarías. Así camina, así corre, si es verdadera, la caridad de Cristo. No hay situación de alma en la que pueda el cristiano olvidar a sus hermanos, con el pretexto de una perfección más encumbrada.

Acaba María de contraer con Dios la unión más alta que podemos pensar; y con gusto se la figuraría nuestra imaginación incapaz de hacer nada, abismada en el éxtasis, precisamente en estos días en que el Verbo, al tomar carne de su carne, en pago la inunda en mares de su divinidad. Pero el Evangelio lo dice expresamente: en estos mismos días la Virgen sencilla, pendiente hasta ahora del secreto de la presencia del Señor, se levanta para dedicarse a todas las necesidades del prójimo en su cuerpo y en su alma.


... Y CONTEMPLACIÓN

¿Quiere significarse con esto que las obras están por encima de la oración y que la contemplación ha dejado de ser la mejor parte? De ninguna manera; y Nuestra Señora nunca estuvo con todo su ser tan directa y tan plenamente unida con Dios como en estos días. Pero la criatura que ha llegado a las cumbres de la vida unitiva, se siente tan apta para las obras exteriores, que no existe de por sí ocupación alguna que la pueda distraer del centro inmutable en que ya se ha fijado.


LA PERFECCIÓN

Privilegio insigne, resultado de esta división del espíritu y del alma, a la que no todos llegan y que es uno de los pasos más decisivos en las vías del espíritu; pues supone una purificación tan perfecta del ser humano, que en realidad forma un solo espíritu con el Señor; lleva consigo una sumisión tan total de las potencias, que sin chocar entre sí, obedecen simultáneamente, en sus diversas esferas, al soplo divino.

Mientras el cristiano no conquiste esta santa libertad de los hijos de Dios2, no puede en efecto, ir al hombre, sin abandonar a Dios en algo. Y no decimos con eso que tenga que descuidar sus obligaciones con el prójimo, en quien Dios ha querido que le veamos a El mismo; ¡dichoso, sin embargo, el que no pierde nada de la mejor parte, como María, cuando se dedica a los quehaceres de esta vida! Pero ¡qué pocos son estos privilegiados, y cuán grande ilusión sería persuadirnos de lo contrario!


MARÍA, NUESTRO MODELO

Nuestra Señora, es Virgen y Madre. En ella se realiza el ideal de la vida contemplativa y de la vida activa: la Liturgia nos lo recuerda a menudo. En esta fiesta de la Visitación, la Iglesia la invoca de modo más especial como modelo de todos los que se dedicand a las obras de misericordia; si no a todos les es dado tener, como ella, al mismo tiempo, abismado más que nunca en Dios su espíritu, no obstante eso, todos tienen que esforzarse de continuo por irse acercando, mediante la práctica del recogimiento y de la alabanza divina, a las alturas luminosas donde hoy se muestra su Reina en la plenitud de sus inefables perfecciones.

El Ofertorio, canta el glorioso privilegio de María, Madre y Virgen, dando a luz al que la hizo.


OFERTORIO
Bienaventurada eres, Virgen María, que engendraste a quien te creó y llevaste en tu seno al Creador de todas las cosas, permaneciendo siempre Virgen.

El Hijo de Dios, al nacer de María, consagró su integridad virginal. Pedimos en la Secreta de este día, que, en recuerdo de su Madre, nos conceda el purificarnos de nuestras manchas y hacer de esa manera nuestra ofrenda acepta al Dios altísimo.


SECRETA
Socórranos, Señor, la humanidad de tu Unigénito, y así como, al nacer de la Virgen Madre, no mermó su integridad, sino que la hizo más santa, así, purificándonos de nuestras culpas en la solemnidad de su Visitación, te haga aceptable nuestra oblación Cristo Nuestro Señor, que contigo vive y reina…

La Iglesia tiene consigo, en los Misterios, al mismo Hijo del Padre eterno que María llevó en su vientre nueve meses. En ese santo seno tomó un cuerpo para llegarse a todos nosotros. En la antífona de la comunión cantemos al Hijo y a la Madre.


COMUNIÓN
Bienaventuradas las entrañas de la Virgen María, que llevaron al Hijo del eterno Padre.

La celebración de cada uno de los misterioso de la salvación mediante la participación del Sacramento que los contiene todos, es un medio para obtener el alejamiento del mal en este mundo y para la eternidad. Es lo que expresa la Poscomunión, por lo que se refiere al misterio de este día.


POSCOMUNIÓN
Habiendo recibido los sacramentos en la celebración de esta fiesta anual, suplicárnoste, Señor, que nos sirvan de remedio para la vida presente y la futura. Por Jesucristo nuestro Señor.


ELOGIO

¿Quién es ésta que avanza hermosa como la aurora cuando sale, terrible como un ejército puesto en orden de batalla?’. Hoy es, oh María, la primera vez que alegra a la tierra tu dulce claridad. Llevas contigo al Sol de justicia; y su luz naciente, al tocar en la cumbre de los montes—el llano sigue aún en la oscuridad—, al primero que alcanza, es al Precursor, de quien se ha dicho que no hay otro mayor entre los nacidos de mujer. El astro divino, subiendo, siempre subiendo, inundará pronto con sus luces los valles más hondos. Pero ¡cuánta gracia en es tos primeros rayos que se desprenden de la nube en que todavía se oculta! Porque tú eres, María, la nube tenue, esperanza del mundo, terror del infierno.


PLEGARIA POR TODOS

Date prisa, por tanto, ¡oh María! Llégate hasta todos nosotros; baja hasta las regiones sin gloria, donde la mayor parte del género humano vegeta, incapaz de subir a las alturas; tu visita consiga introducer la luz de la salvación aun en los abismos de perversidad que más se aproximan a la sima infernal. ¡Oh! ¡quiera Dios que desde las prisiones del pecado, desde el llano en que el vulgo se agita, seamos arrastrados a seguir tus pasos! ¡Son tan hermosas tus huellas en nuestros pobres caminos, y tan suaves los perfumes con que hoy embriagas la tierra!


... POR LA ORDEN DE LA VISITACIÓN

Bendice, oh María, a los que atrae y seduce la mejor parte. Protege a la Orden venerable que se gloría de honrar de modo especial el misterio de tu Visitación; fiel al espíritu de sus ilustres fundadores, no cesa un momento de hacer justicia a su título, embalsamando a la Iglesia de la tierra con aquellos mismos perfumes de humildad, de dulzura, de oración escondida que hace diecinueve siglos, fueron el principal atractivo de los ángeles en este gran día.


... POR LOS QUE AYUDAN A LOS DESGRACIADOS

Finalmente, oh Señora nuestra, no olvides las filas compactas de los que suscita la gracia para seguirte en la búsqueda misericordiosa de todas las miserias, y que hoy son más numerosos que nunca; enséñalos cómo se pueden dedicar al prójimo, sin dejar a Dios; para la mayor gloria de ese Dios altísimo, y felicidad del hombre, multiplica en la tierra tus fieles modelos. Y por fin, todos, después de seguirte en la medida y a la manera que quiere Aquel que divide sus dones a cada cual según su beneplácito, nos volvamos a encontrar en la patria para cantar contigo a una voz el eterno Magníficat.




Sea todo a la mayor gloria de Dios.

viernes, 1 de julio de 2022

Fiesta de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo

  








FIESTA DE LA PRECIOSÍSIMA
SANGRE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO


OBJETO DE LA FIESTA

La Iglesia ha revelado ya a los hijos de la nueva Alianza, el precio de la Sangre con que fueron rescatados, su virtud fortificante, y la honra y adoración que merece. El Viernes Santo, la tierra y los cielos contemplaron todos los crímenes anegados en la ola de salvación, cuyos diques eternos habíanse roto, por fin, con el esfuerzo unido de la violencia de los hombres y del amor del Corazón divino. La fiesta del Santísimo Sacramento nos ha visto postrados ante los altares en los que se perpetúa la inmolación del Calvario y el derramamiento de la Sangre preciosa, convertida en bebida de humildes y en objeto de los honores de los poderosos de este mundo.

Con todo eso, he aquí que la Iglesia nos invita de nuevo a los cristianos a celebrar los torrentes que fluyen de la fuente sagrada. Quiere decir con esto que las solemnidades precedentes no han agotado el misterio. La paz traída por esta Sangre, la corriente de sus ondas que saca de los abismos a los hijos de Adán purificados, la sagrada mesa dispuesta para ellos, y este cáliz de donde procede el licor embriagador, todos estos preparativos quedarían sin objeto, todas estas magnificencias serían incomprendidas si el hombre no viese en ellas los efectos de un amor cuyas pretensiones no pueden ser sobrepujadas por ningún otro amor. La Sangre de Jesús debe ser ahora para nosotros la Sangre del Testamento, la prenda de la alianza que Dios nos propone la dote ofrecida por la eterna Sabiduría al llamar a los hombres a la unión divina, cuya consumación en nuestras almas prosigue sin cesar el Espíritu santíficador.


VIRTUD DE LA SANGRE DE JESÚS

"Confiemos, hermanos míos, nos dice el Apóstol; y por la Sangre de Cristo entremos en el Santo de los Santos; sigamos el camino nuevo cuyo secreto conocemos, el camino vivo que nos ha trazado a través del velo, es decir, de su carne. Acerquémonos con corazón sincero, con fe plena, enteramente limpios, con esperanza inquebrantable; porque el que está comprometido con nosotros, es fiel. Exhortémonos cada uno con el ejemplo al acrecentamiento del amor'. Y el Dios de paz, que resucitó de entre los muertos en virtud de la Sangre de la Alianza eterna, al gran Pastor de las ovejas, nuestro Señor Jesucristo, os dé perfección cabal en todo bien, a fin de que cumpláis su voluntad, haciendo El en vosotros lo que es agradable a sus ojos, por Jesucristo, a quien sea dada gloria por los siglos de los siglos".


HISTORIA DE LA FIESTA

No debemos dejar de recordar aquí que esta ñesta es el memorial de una de las más brillantes victorias de la Iglesia. Pío IX fué expulsado de Roma en 1848 por la revolución triunfante; por estos mismos días, al año siguiente, volvió al poder. El 28, 29 y 30, con la protección de los Apóstoles, la hija primogénita de la Iglesia, fiel a su pasado glorioso, arrojó a sus enemigos de las murallas de la Ciudad Eterna; el 2 de Julio, fiesta de María, terminaba la conquista. En seguida un doble decreto notificaba a la Ciudad y al mundo el agradecimiento del Pontífice y la manera con que quería perpetuar por la sagrada Liturgia el recuerdo de estos sucesos. El 10 de Agosto, desde Gaeta, lugar de su refugio durante la lucha, Pío IX, antes de volver a tomar el mando de sus Estados, se dirigió al Jefe invisible de la Iglesia y se la confiaba por la institución de la fiesta de este día, recordándole que, por esta Iglesia, había derramado toda su Sangre.

Poco después, de nuevo en su capital, se dirigía a María, como lo hicieron en otras circunstancias S. Pío V y Pío VII; el Vicario de Jesucristo devolvía a la que es Socorro de ios cristianos, el honor de la victoria ganada el día de su gloriosa Visitación, y disponía que la fiesta del 2 de Julio se elevase del rito de doble mayor al de segunda clase para todas las Iglesias: preludio de la definición del dogma de la Inmaculada Concepción, que el inmortal Pontífice proyectaba desde entonces, y que acabaría de aplastar la cabeza de la serpiente.

Durante el Jubileo que instituyó en 1933 para celebrar el 19 centenario de la Redención, Pío XI elevó la fiesta de la Preciosa Sangre al rito doble de primera clase, con el fin de inculcar más en el alma de los fieles el recuerdo y la estima de la Sangre del Cordero de Dios, y de alcanzar frutos más copiosos para nuestras almas.


MISA

La Iglesia, que los Apóstoles han formado con todas las naciones que hay bajo el cielo, se dirige al altar del Esposo que la ha rescatado con su Sangre, y canta en el Introito su amor misericordioso. Ella es en adelante el reino de Dios, la depositaria de la verdad.


INTROITO

Nos redimiste, Señor, con tu Sangre de toda tribu y lengua y nación: y nos hiciste un reino para nuestro Dios. — Salmo: Cantaré eternamente las misericordias del Señor: anunciaré con mi boca tu verdad de generación en generación. V. Gloria al Padre.

Prenda de paz entre el cielo y la tierra, objeto de los más solemnes honores y centro de toda la Liturgia, protección segura contra los males de esta vida, la Sangre de Jesucristo derrama desde ahora en las almas y cuerpos de los que ha rescatado, el germen de las alegrías eternas. La Iglesia en la Colecta, pide, al Padre que nos dió a su único Hijo, que este germen divino no sea estéril en nosotros, y que alcance su máximo desarrollo en los cielos.


COLECTA

Omnipotente y sempiterno Dios, que constituíste a tu unigénito Hijo Redentor del mundo, y quisiste aplacarte con su Sangre: haz, te suplicamos, que veneremos con solemne culto el precio de nuestra salud, y que, por su virtud, seamos preservados en la tierra de los males de la presente vida, para que gocemos de su perpetuo fruto en los cielos. Por el mismo Señor.


EPISTOLA

Lección de la Epístola del Ap. S. Pablo a los Hebreos. (IX, 11-15).

Hermanos: Cristo, el Pontífice de los futuros bienes, penetró una vez en el Santuario por un tabernáculo más amplio y perfecto, no hecho a mano, es decir, no de creación humana: ni tampoco por medio de la sangre de cabritos y becerros, sino por medio de su propia Sangre, efectuada la redención eterna. Porque, si la sangre de cabritos y toros, y la aspersión con ceniza de becerra santificaba con la purificación de la carne a los manchados: ¿cuánto más la Sangre de Cristo, que se ofreció a sí mismo inmaculado a Dios por el Espíritu Santo, purificará nuestra conciencia de las obras muertas, para servir al Dios vivo? Y, por eso, es el Mediador del Nuevo Testamento: para que, mediando su muerte, en redención de aquellas prevaricaciones que había bajo el primer Testamento, reciban, los que han sido llamados, la promesa de la eterna herencia: en Jesucristo, nuestro Señor.


LA SANGRE DEL PONTÍFICE

Es ley establecida por Dios desde el principio, que no puede haber perdón de los pecados ni redención completa, sin sacrificio que expie y repare; y que este sacrificio exija derramamiento de sangre. En la antigua alianza la sangre exigida era la de animales inmolados ante el Tabernáculo del Templo. Pero solamente valía para limpiar el exterior y no podía ni santificar a las almas, ni darles derecho para entrar en el tabernáculo celestial.

Pero, el día fijado por la Sabiduría eterna, vino Cristo, nuestro verdadero y único Pontífice. Derramó en sacrificio su preciosísima Sangre. Nos purificó, y, en virtud de esta sangre derramada, entra y nos hace entrar en el santuario del cielo. Desde entonces "su expiación y nuestra redención son cosas adquiridas definitivamente para la eternidad". Su sangre, transmisora de su vida, purifica no sólo nuestro cuerpo sino nuestra alma, centro de nuestra vida; borra en nosotros las huellas del pecado, expía, reconcilia, sella y consagra la alianza nueva, y una vez purificados y reconciliados, nos hace adorar y servir a Dios con culto digno de él.

SERVICIO DE DIOS VIVO

"Porque el fin de la vida es adorar a Dios. La pureza de conciencia y la santidad tienen por fin último y por término el culto que debemos a Dios. No es uno bueno por ser bueno y contentarse con eso. No es uno puro por ser puro y no ir más lejos. Toda bondad sobrenatural tiene por fin la adoración. Esto es lo que quiere el Padre celestial: adoradores en espíritu y en verdad; y nuestra adoración crece ante Dios con nuestra santidad y nuestra dignidad sobrenatural. Por eso el fin de nuestra vida sobrenatural no somos nosotros, sino Dios. Dios es el que, en último término, recoge el beneficio de lo que hacemos nosotros con su gracia y con su ayuda. Dios, en nosotros, trabaja para él. Toda nuestra vida, temporal y eterna, es litúrgica y ordenada hacia Dios'".

El Gradual nos recuerda el gran testimonio del amor del Hijo de Dios, confiado al Espíritu Santo con la Sangre y agua de los Misterios; testestimonio que se une desde aquí abajo al que da en los cielos la Santísima Trinidad. Si nosotros recibimos el testimonio de los hombres, dice el verso, mayor es el de Dios. ¿No es esto decir una vez más que debemos ceder a las repetidas invitaciones del amor? Nadie puede excusarse pretextando ignorancia, o falta de vocación para cosas más altas que aquellas por las que se arrastra nuestra tibieza.

GRADUAL

Este es Jesucristo, el cual vino por el agua y la sangre: no sólo por el agua, sino por el agua y la sangre. Y. Tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son una sola cosa. Y tres son los que dan testimonio en la tierra: el Espíritu, el agua y la sangre; y estos tres son una sola cosa. 
Aleluya, aleluya. Y. Si aceptamos el testimonio de los hombres, el testimonio de Dios es mayor. Aleluya.

EVANGELIO

Continuación del santo Evangelio según S. Juan. (XIX, 30-35).

En aquel tiempo, habiendo tomado Jesús el vinagre, dijo: Se ha terminado. E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu. Los judíos, pues (porque era la Parasceve), para que no permanecieran los cuerpos en la cruz el sábado (porque era un gran día aquel sábado), rogaron a Pilatos que fueran quebradas sus piernas y se quitaran. Fueron, pues, los soldados: y quebraron ciertamente las piernas del primero, y las del otro que había sido crucificado con El. Mas, cuando llegaron a Jesús, como le vieron ya muerto, no quebraron sus piernas, sino que uno de los soldados abrió con la lanza su costado, y al punto salió sangre y agua. Y, el que lo vió, da testimonio de ello: y su testimonio es verdadero.

LA SANGRE DEL CORAZÓN DE JESÚS

El Viernes Santo escuchamos ya por vez primera este pasaje del discípulo amado. La Iglesia dolorida al pie de la Cruz, donde acababa de expirar su Señor, no tenía entonces lágrimas y lamentaciones suficientes. Hoy se conmueve con otros sentimientos, y el mismo pasaje que causaba sus lágrimas, la hace desbordarse ahora en antífonas de alegría y en cantos triunfales. Si queremos saber su causa, preguntémosla a los autorizados intérpretes a quienes ella misma quiso encargar nos diesen a conocer su pensamiento en este día. Nos dirán que la nueva Eva celebra hoy su nacimiento del costado del Esposo dormido; que, a partir del momento solemne en que el nuevo Adán permitió que la lanza del soldado abriese su Corazón, somos verdaderamente hueso de sus huesos y carne de su carne. No nos admiremos de que la Iglesia no vea en esta Sangre que se derrama, sino amor y vida. Y tú, oh alma, rebelde tanto tiempo a los llamamientos secretos de las gracias de elección, no te desconsueles; no digas: "¡El amor no es para mí!" Por muy lejos que haya podido llevarte el antiguo enemigo con sus funestas astucias, ¿no es verdad que no hay ningún lugar oculto, ni abismo siquiera, a donde no te hayan seguido los arroyos nacidos de la fuente sagrada? ¿Crees acaso que el largo trayecto que has querido imponer a su perseguimiento misericordioso, haya agotado su virtud? Haz la prueba; lo primero y báñate en estas ondas purificadoras; después haz beber a grandes tragos en el río de la vida a esa tu pobre alma fatigada; en fin, armándote de fe remonta el curso del río divino. Porque, si es verdad que, para llegar hasta ti, no se ha separado de su punto de partida, también es verdad que, haciendo esto, hallarás la fuente misma.

La Iglesia, al presentar los dones para el Sacrificio, recuerda en sus cantos que el cáliz presentado por ella a la bendición de los sacerdotes, se convierte, por virtud de las palabras sagradas, en el inagotable depósito del cual se derrama sobre el mundo la Sangre del Señor.

OFERTORIO

El cáliz de bendición, que bendecimos, ¿no es la comunión de la Sangre de Cristo? Y el pan, que partimos, ¿no es la participación del Cuerpo del Señor?

La Secreta pide el pleno efecto de la divina Alianza, de la que es medio y prenda la Sangre de Jesús, desde que su derramamiento hizo cesar el grito de venganza, que, como el de Abel, subía de la tierra al cielo.

SECRETA

Suplicárnoste, Señor, hagas que, por estos divinos Misterios, nos acerquemos a Jesús, Mediador del Nuevo Testamento, y que renovemos sobre tus altares la aspersión de una Sangre más elocuente que la de Abel. Por el mismo Señor nuestro.

La Antífona de la Comunión canta el amor misericordioso que el Señor nos demostró con su venida, sin dejarse apartar de sus proyectos divinos por el cúmulo de crímenes que habría de borrar con su propia Sangre para purificar a la Iglesia. Gracias al adorable Misterio de la fe, que obra en el secreto de los corazones, cuando venga visiblemente, no quedará de este pasado doloroso sino un recuerdo de triunfo.

COMUNION

Cristo se ofreció una vez para redimir los pecados de muchos: aparecerá segunda vez sin pecado para salud de los que le esperan.

Saciados de alegría en las fuentes del Señor, que son sus sagradas llagas, pidamos que la Sangre preciosa que enrojece nuestros labios, sea, hasta en la eternidad, la fuente viva en que poseamos la felicidad y la vida.

POSCOMUNION

Admitidos, Señor, a esta sagrada Mesa, hemos bebido con gozo las aguas en las fuentes del Salvador: haz, te suplicamos, que su Sangre sea para nosotros una fuente de agua que salte hasta la vida eterna. Por El, que vive contigo.






Sea todo a la mayor gloria de Dios.

miércoles, 29 de junio de 2022

San Pedro y San Pablo

  






SAN PEDRO Y SAN PABLO, 
APÓSTOLES

La Respuesta de Amor

"¿Simón, hijo de Juan; me amas?" He aquí el momento en que se escucha la respuesta que el Hijo del Hombre exigía del pescador de Galilea. Pedro no teme la triple interrogación del Señor. Desde aquella noche en que el gallo fué menos solícito para cantar que el primero de los Apóstoles para renegar de su Maestro, continuas lágrimas cavaron dos surcos en sus mejillas; ha luido el dia en que cesen estas lágrimas. Desde el patíbulo en que el humilde discípulo ha pedido le claven cabeza abajo, su corazón generoso repite, por fin sin miedo, la protesta que, desde la escena de las orillas del lago de Tiberíades, ha consumido silenciosamente su vida: "¡Sí, Señor, tú sabes que te amo!"(1)


El Amor, características del Sacerdocio Nuevo

El amor es la característica que distingue el sacerdocio de los tiempos nuevos del ministerio de la ley de servidumbre. El sacerdote judío, impotente, temeroso, no sabía sino derramar sangre de victimas simbólicas sobre un altar simbólico también. Jesús, Sacerdote y Víctima a la vez, exige más de aquellos a quienes llama a participar de la prerrogativa que le hace Pontífice eterno según el orden de Melquisedec (2) "No os llamaré en adelante siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su Señor; sino que os he llamado mis amigos porque os he comunicado todo lo que he recibido del Padre.(3) Como mi Padre me ha amado, así os amo yo; permaneced en mi amor".(4)

Ahora bien, para el sacerdote admitido de esta manera a la unión con el Pontífice eterno, el amor no es completo, si no se extiende a la humanidad rescatada en el gran Sacrificio. Y nótese que para él es más estricta la obligación, común a los cristianos, de amarse como miembros de una misma Cabeza; pues por su sacerdocio se hace partícipe de la Cabeza, y con esta participación, la caridad debe tener en él algo del carácter y grandeza del amor que esa Cabeza tiene a sus miembros. Y ¿cuánto mayor será, si, al poder que tiene de inmolar a Cristo mismo, y al deber que le obliga a ofrecerse con él en el secreto de los' Misterios, la plenitud del Pontificado le añade la misión pública de dar a la Iglesia el apoyo que necesita y la fecundidad que el Esposo celestial espera de ella? Entonces es cuando, según la doctrina sostenida siempre por los Papas, por los Concilios y por los Padres, el Espíritu Santo le adapta a su misión sublime, identificando enteramente su amor con el del Esposo cuyas obligaciones asume y cuyos derechos ejerce.


El Amor de San Pedro

Al confiar a Simón hijo de Juan la humanidad redimida, el primer cuidado del Hombre-Dios fué asegurarse de que sería fiel vicario de su amor(5); de que, habiendo recibido más que los otros, le amaría más que todos(6); de que, siendo heredero del amor de Jesús para los suyos que estaban en el mundo, los debía amar, como El, hasta el fin(7). Por esto, la exaltación de Pedro a las cumbres de la Jerarquía sagrada, concuerda en el Evangelio con el anuncio de su martirio (8) siendo Sumo Pontífice, tenía que seguir hasta la cruz al Jerarca supremo.(9)

Ahora bien, la santidad de la criatura y, a la vez, la gloria de Dios Creador y Salvador, tienen su completa realización en el Sacrificio, que junta al pastor y al rebaño en un mismo holocausto.

Por este fin último de todo pontificado y de toda jerarquía, Pedro recorrió toda la tierra, después de la Ascensión de Jesús. En Joppe, cuando estaba aún al principio de sus correrlas apostólicas, se apoderó de él un hambre misteriosa: "Levántate, Pedro; mata y come", le dijo el Espíritu; y al mismo tiempo una visión simbólica ponía ante sus ojos los animales de la tierra y las aves del cielo (10). Eran los gentiles que debía reunir, en la mesa del banquete divino, con los fieles de Israel. Vicario del Verbo, se haría participante de su inmensa hambre; su caridad, como fuego devorador, se asimilaría los pueblos; y, ejerciendo su título de jefe, llegaría un día en que, verdadera cabeza del mundo, haría de esta humanidad, ofrecida como presa a su avidez, el cuerpo de Cristo en su propia persona. Entonces, nuevo Isaac, o más bien verdadero Cristo, verá levantarse delante de él la montaña en donde Dios mira, esperando el sacrificio (11).


El Martirio de San Pedro

Miremos también nosotros, pues ha llegado a ser presente ese futuro, y, como en el Viernes Santo, participamos en el desenlace que se anuncia. Participación dichosa, toda triunfal: aquí, el deicida no mezcla su nota lúgubre al homenaje del mundo, y el perfume de inmolación que ahora sube de la tierra, no llena los cielos sino de suave alegría. Se diría que la tierra, divinizada por la virtud de la hostia adorable del Calvario, se basta a sí misma. Pedro, simple hijo de Adán, y, con todo eso, verdadero Sumo Pontífice, avanza llevando el mundo: su sacrificio va a completar el de Jesucristo, que le invistió con su grandeza (12); la Iglesia, inseparable de su Cabeza visible, le reviste también con su gloria.(13) Por la virtud de esta nueva cruz que se levanta, Roma se hace hoy la ciudad santa. Mientras Sión queda maldita por haber crucificado un día a su Salvador, Roma podrá rechazar al Hombre-Dios, derramar su sangre en sus mártires: ningún crimen de Roma prevalecerá sobre el gran hecho que ahora se realiza; la cruz de Pedro le ha traspasado todos los derechos de la de Jesús, dejando a los judíos la maldición; ahora Roma es la verdadera Jerusalén.


El Martirio de San Pablo

Siendo tal la significación de este día, no es de maravillar que el Señor la haya querido aumentar aun más, añadiendo el martirio del Apóstol Pablo al sacrificio de Simón Pedro. Pablo, más que nadie, habla prometido con sus predicaciones la edificación del cuerpo de Cristo (14); si hoy la Iglesia ha llegado a este completo desenvolvimiento que la permite ofrecerse en su Cabeza como hostia de suavísimo olor, ¿quién mejor que él merecía completar la oblación?(15) Habiendo llegado la edad perfecta de la Esposa (16), ha acabado también su obra (17). Inseparable de Pedro en los trabajos por la fe y el amor, le acompaña del mismo modo en la muerte (18); los dos dejan a la tierra alegrarse en las bodas divinas selladas con su sangre, y suben juntos a la mansión eterna, donde se completa la unión (19).


Vida Divina

San Pedro después de Pentecostés organizó con los otros apóstoles la Iglesia de Jerusalén, luego las de Samaria y Judea, y recibió en la Iglesia al centurión Cornelio, el primer pagano convertido. Habiendo escapado milagrosamente de la muerte que le tenía preparada el Rey Herodes Agripa, dejó Jerusalén y se dirigió a Roma donde fundó, alrededor del año 42, la Iglesia que sería más tarde el centro de la Catolicidad. Desde Roma emprendió varias excursiones apostólicas. Hacia el año 50 se encuentra en Jerusalén para el concilio que decidió la admisión de los gentiles en la Iglesia, sin obligarlos a las observancias de la ley mosaica. Partió luego a Antioquía, al Ponto, Galacla, Capadocia, Bitinia, y a la provincia de Asia. Un incendio destruyó Roma hacia el año 64, y acusando Nerón a los cristianos de tal catástrofe, los hizo encarcelar en masa. Muchos cientos, quizá millares, fueron condenados a muerte con diversos tormentos: unos crucificados, otros quemados vivos, otros fueron entregados a las bestias en el anfiteatro, otros decapitados. San Pedro, encarcelado, según antigua tradición, en la cárcel Mamertina, fué crucificado con la cabeza abajo en los jardines de Nerón, sobre la colina del Vaticano, y allí mismo fué enterrado. No se conoce la fecha exacta de su martirio: se debe colocar entre el año 64 y el 67.


La Fiesta del 29 de junio

Después de las grandes solemnidades del año Litúrgico y de la fiesta de San Juan Bautista, no hay otra más antigua y universal en la Iglesia que la de los dos príncipes de los Apóstoles. Muy pronto Roma celebró su triunfo en la fecha misma del 29 de Junio, que los viera subir al cielo. Este uso prevaleció luego sobre el de algunos lugares, que habían puesto la fiesta de los Apóstoles en los últimos días de Diciembre. Fué ciertamente un hermoso pensamiento el hacer así de los padres del pueblo cristiano el cortejo del Emmanuel, a su venida al mundo. Pero, como ya hemos visto, las enseñanzas de este día tienen ellas solas, una importancia preponderante en la economía del dogma cristiano; son el complemento de toda la obra del Hijo de Dios; la cruz de Pedro da estabilidad a la Iglesia, y señala al espíritu de Dios el centro inmovible de sus operaciones. Roma estuvo inspirada cuando, reservando al discípulo amado el honor de velar por sus hermanos cerca del pesebre del Niño Jesús, guardaba el solemne recuerdo de los príncipes del apostolado en el día escogido por Dios para consumar sus trabajos y coronar juntamente con su vida el ciclo de los misterios.


El Recuerdo de los Doce Apóstoles

Pero no debemos olvidar en tan gran día a los otros operarios del padre de familia, que también regaron con sus sudores y su sangre todos los caminos del mundo, para acelerar el triunfo y reunir a los convidados al festín de las bodas.(20) Gracias a ellos se predicó entonces definitivamente la ley de gracia por todas las naciones, y la buena nueva resonó en todos los idiomas y en todos los confines de la tierra.(21) Por eso, la fiesta de San Pedro, completada de un modo especial por el recuerdo de su compañero de martirio, Pablo, fué considerada desde muy antiguo como la del colegio entero de los Apóstoles. Se creyó antiguamente que no se podía separar de su glorioso jefe a aquellos a quienes el Señor habla unido tan estrechamente en la solidaridad de su obra común. Sin embargo de eso, con el tiempo se fueron consagrando sucesivamente fiestas a cada uno de ellos, y la del 29 de Junio quedó dedicada exclusivamente a los dos príncipes cuyo martirio ilustró este día. Y muy pronto la Iglesia romana, creyendo que no podía celebrarlos convenientemente a los dos en un mismo día, dejó para el día siguiente el honrar más explícitamente al Doctor de las naciones.


Notas

1. S. Juan, XXI , 17.
2. Ps., CIX, 4.
3. S. Juan, XV, 15.
4. Ibid., 9.
5. S. Ambrosio. Com. sobre 8. Lucas, X.
6. S. Luc., VII, 47; S. Juan, XXI, 15.
7. S. Juan, XIII, 1.
8. Ib id., XXI, 18.
9. Ibtd., 19-22.
10. Actos, X, 9-16.
11. Génesis, X X I I , 14.
12. Col., I, 24.
13. I Cor., XI, 7.
14. Eph., IV, 12.
15. Col., I, 24; II Cor., XII, 15.
16. Eph., IV, 13.
17. II Cor., XI, 2.
18. Antífona del Oficio.
19. II Cor., V.
20. Mat., XXII, 8-1.0.
21. Ps., XVIII, 4-5.

domingo, 26 de junio de 2022

Domingo Tercero después de Pentecostés


DOMINGO TERCERO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS


La Misa de este día es la del tercer Domingo después de Pentecostés que se halla íntimamente relacionada con las fiestas que hemos celebrado. Los últimos decretos romanos la han asignado al Domingo infraoctava del Sagrado Corazón; como segunda colecta se dice la de la fiesta.

Será fácil demostrar la adaptación fiel y natural de los textos de esta Misa del III Domingo después de Pentecostés a la Octava de la fiesta, del Corazón sacratísimo de Jesús, de suerte que parecen estar compuestos para ella.


MISA

El alma fiel ha visto el desarrollo sucesivo de los Misterios del Salvador en la Liturgia. El Espíritu Santo ha descendido para sostenerla en esta otra etapa de la carrera, donde sólo se desarrollará la fecunda simplicidad de la vida cristiana. La instruye y la forma en las prescripciones del Maestro divino que ascendió a los cielos. Y lo primero la enseña a orar, porque la oración, decía el Señor, es obra de todos los días y de todos los instantes ‘, y con todo eso, no sabemos qué es lo que hemos de pedir, ni cómo debemos hacerlo. Pero lo sabe quien nos ayuda en nuestra indigencia, y el mismo Espíritu pide por nosotros con gemidos inenarrables.

En el Introito y en toda la Misa del Domingo infraoctava del Sagrado Corazón, se respira, pues, este aroma de oración, apoyada sobre el humilde arrepentimiento de las faltas pasadas, y de confianza en la misericordia infinita.



INTROITO
Mírame, y ten piedad de mí, Señor: porque estoy solo, y soy pobre: mira mi humillación, y mi trabajo: y perdona todos mis pecados, oh Dios mío.— Salmo: A ti, Señor, elevo mi alma: en ti confío, Dios mío, no quede yo avergonzado. V. Gloria al Padre.

sábado, 25 de junio de 2022

La Natividad de San Juan Bautista

  





I. LA NATIVIDAD DE SAN JUAN BAUTISTA



GLORIA DE SAN JUAN BAUTISTA EL MESÍAS OCULTO 

¡"Voz del que clama en el desierto: preparad los caminos del Señor; he aquí a vuestro Dios"! ¡Oh! ¿Quién comprenderá, en este siglo resfriado, los transportes de la tierra ante anuncio tan largo tiempo esperado? El Dios prometido no se ha manifestado todavía; pero ya los cielos se han humillado para darle libre paso. ¿Quién descubrirá al Emmanuel bajo los velos de la humildad, en que antes como después de su nacimiento, se ocultará a los hombres su divinidad? ¿Quién, sobre todo, habiéndole reconocido en su misericordioso abatimiento, será capaz de hacer que le acepte un mundo perdido por el orgullo, y quién podrá decir, al mostrar a las turbas al hijo del carpintero: He aquí al que esperaron nuestros padres?

Pues éste es el orden establecido por el Altísimo para la manifestación del Mesías: el Dios Hombre no se lanzará por sí mismo a las obras de la vida pública; sino que para la inauguración de su divino ministerio, esperará a que un miembro de la raza que ha llegado a ser suya, a que un hombre, nacido antes que él y dotado para ello de crédito suficiente, le presente a su pueblo.


CONVENIENCIA DE UN PRECURSOR 

¡Oficio sublime, que hará de una criatura el fiador de Dios, el testigo del Verbo! La grandeza del que había de llenar esta misión, estaba señalada, como la del Mesías, mucho tiempo antes de su nacimiento. Cristo, ciertamente, no tuvo necesidad de ayuda ajena para alumbrar sus pasos; pero durante la noche de espera, habían engañado a la humanidad tantos falsos resplandores, que la luz verdadera no habría sido comprendida si hubiese surgido de súbito, o habría cegado los ojos, incapaces de resistir su fulgor, a causa de las tinieblas precedentes. La Sabiduría eterna había, pues, decretado que, así como el astro del día se anuncia por la estrella matutina, del mismo modo Cristo-luz fuese precedido por un astro precursor y señalado por el brillo de que El mismo revestiría a este fiel mensajero de su venida. Cuando en otro tiempo el Altísimo se dignaba iluminar el porvenir por medio de sus profetas, la luz que a intervalos rasgaba el cielo del Antiguo Testamento, se extinguía sin lograr traer el día; pero el astro cantado por el Salmo, no tendrá ocaso: no siendo por sí mismo, como toda criatura, más que nada y tinieblas, reflejará, sin embargo, tan de cerca la claridad del Mesías, que muchos le tomarán por el mismo Cristo


EL ANUNCIO PROFÉTICO 

La misteriosa conformidad de Cristo y su Precursor, la incomparable proximidad que los unió, está bien indicada en múltiples lugares de los Libros Santos. Si Cristo es el Verbo, la Palabra Eterna del Padre, Juan será la voz portadora de esta Palabra hasta donde deba llegar. Cristo es el Angel de la alianza; pero en el texto en que el Espíritu Santo le da este título tan alentador de nuestra esperanza, aparece que también lleva este nombre de ángel el fiel embajador por quien el mundo conocerá al Esposo: "He aquí que yo envío a mi ángel que preparará el camino ante mí, y luego vendrá a su templo el dominador a quien vosotros buscáis y el Angel del Testamento a quien vosotros deseáis. He aquí que viene, dice el Señor de los ejércitos". Y para dar fin al ministerio profético, de que es el último representante, Malaquías termina sus oráculos por las palabras que hemos oído a Gabriel dirigir a Zacarías al hacerle saber el próximo nacimiento del Precursor.


EL ANUNCIO ANGÉLICO

La presencia de Gabriel en tal ocasión, mostraba como el niño prometido había de ser el íntimo del Hijo de Dios; pues el mismo principe de los ejércitos celestiales había de ir en breve a anunciar al Emmanuel. Muchos son los fieles mensajeros que asisten al trono de la Santísima Trinidad, y en la elección de estos augustos enviados se toma en cuenta ordinariamente la grandeza de las instrucciones que por ellos va a transmitir al mundo el Altísimo. Pero convenía que el Arcángel encargado de consumar las sagradas nupcias del Verbo con la humanidad, diese comienzo a esta gran misión preparando la venida de aquel a quien los decretos eternos habían designado como el Amigo del Esposo Seis meses más tarde, enviado a María, apoyaba su mensaje revelando a la Virgen purísima el prodigio que desde entonces hacía madre a la estéril Isabel: primer paso del Todopoderoso hacia una maravilla mayor. Juan no ha nacido todavía; pero sin más tardar inagurará su oficio, confirmando las promesas del ángel. ¡Inefable garantía la de este niño, oculto aún en el seno materno y testigo de Dios en la negociación sublime que tiene en suspenso el cielo y la tierra! Iluminada por el cielo, María recibe el testimonio y no duda: "He aquí la esclava del Señor, dice al ángel; hágase en mi según tu palabra".


LA SANTIFICACIÓN DEL PRECURSOR 

Gabriel se retiró llevando consigo el secreto divino, que no tenía orden de comunicar al resto del mundo. La Virgen prudentísima tampoco hablará de ello; el mismo José, su virginal esposo, no tendrá noticia del misterio por ella. No importa. Hay uno para quien el Emmanuel no tendrá ni secretos ni retrasos; y sabrá cómo ha de comunicarle la maravilla. Apenas el Verbo tomó posesión del santuario inmaculado en que habitaría los nueve primeros meses entre los hombres. Nuestra Señora, instruida interiormente del deseo de su Hijo, marcha presurosa a la montaña de Judea La primera visita es para el amigo del Esposo, para Juan su primera gracia. Una festividad distinta nos permitirá honrar especialmente el fausto día en que el Niño-Dios, al santificar al Precursor, se revela a Juan por boca de María, y en que la Virgen, revelada por Juan que salta de gozo en el seno materno, proclama las grandezas que el Todopoderoso obró en ella, según la promesa misericordiosa que hizo en otro tiempo a nuestros padres, a Abraham y a su posteridad hasta el fin de los siglos.


NACIMIENTO DEL PRECURSOR

Por fin ha llegado el tiempo en que, de los niños y de las madres la noticia se extenderá en la comarca, hasta que sea hora de esparcirse por todo el mundo. Juan nace, y, como no puede hablar aún, desatará la lengua de su padre. Hará cesar el mutismo con que había castigado el ángel al anciano sacerdote, imagen de la antigua ley; y Zacarías, lleno del Espíritu Santo, publicará con un nuevo cántico la dichosa visita del Señor Dios de Israel.



II. LITURGIA DE LA FIESTA


LA PIEDAD ANTIGUA 

Todo nos muestra en esta fiesta una de las solemnidades más queridas de la Esposa. ¿Qué seria, si, remontándonos a tiempos mejores, nos fuese dado tomar parte en las antiguas manifestaciones del instinto católico en este día? En los tiempos dichosos en que la piedad de los pueblos seguía dócilmente las inspiraciones de la Iglesia, el espectáculo de las demostraciones que a la fe de todos sugería la vuelta de aniversarios amados, mantenían en cada uno la inteligencia de la obra divina y de las grandes armonías que el Ciclo antiguo sabía reproducir. Hoy, que en la mayoría se ha perdido el espíritu litúrgico, el movimiento tan católico que imprimía en las muchedumbres, no se encuentra, y la falta de guías expertos se deja sentir en la devoción de no pocos. Abandonada ésta y sin la luz de los faros luminosos que la Iglesia dispuso en las encrucijadas de su camino, con frecuencia aparece más sensible a los vientos de las novedades que al soplo del Espíritu Santo; se ve privada del espíritu exquisito que tanto los miembros pequeños como los mayores de la familia cristiana, sacaban de la escuela común del Ciclo sagrado; sin una vista de conjunto, con mucha frecuencia carece de proporciones, y la falta de equilibrio la expone a mil falsos movimientos peligrosos o al menos sin más resultado que una inútil fatiga. Con todo eso, los sobresaltos y extravíos producidos por la insuficiencia de algunos, no hacen zozobrar el navio de la verdadera piedad, porque, contra viento y marea, y en medio mismo de las pérdidas en que se ve obligado a consentir, la mano firme del piloto supremo mantiene constante e idéntica la dirección primera. Están lejos los tiempos en que dos ejércitos enemigos, al encontrarse cara a cara el día de la vigilia de S. Juan, dejaban el combate para el día siguiente a la fiesta A pesar de todo, la Natividad de S. Juan Bautista aparece en el Calendario como doble de primera clase con Octava, y sigue presentándose al fiel instruido, revestida de caracteres que la designan como uno de los más importantes días del año.


LA FIESTA DEL 29 DE AGOSTO 

Otra nueva fiesta reclamará, a fines de agosto, nuestros homenajes al hijo de Zacarías e Isabel: la festividad de su glorioso martirio y nacimiento para el cielo. Pero, aunque veneranda para nosotros, según expresión de la misma Iglesia en el día de la degollación de S. Juan Bautista, no gozará del esplendor de ésta. Es porque, en realidad, la solemnidad de este día se dirige menos a Juan que a Jesús, a quien aquél anuncia; mientras que la Degollación, más personal para nuestro Santo, no presenta en el plan divino la importancia que tenia su nacimiento, preludio del del Hijo de Dios.


LA NAVIDAD DE VERANO

Jesús es la luz, la luz sin la que este mundo permanecería en la muerte; y Juan no es otra cosa que el hombre enviado por Dios, sin el que la luz quedaría desconocida. Mas, siendo Jesús inseparable de Juan como el día de su aurora, no hay que extrañarse de que la alegría del mundo en el nacimiento de Juan participe de la que excitará a su tiempo la venida del Salvador. Es la Navidad de verano. Desde el principio Dios y la Iglesia tuvieron cuidado, como lo veremos, de señalar por mil concomitancias la dependencia y parecido de ambas solemnidades.


PRECURSOR DE LOS MÁRTIRES 

Dios, cuya providencia procura siempre la glorificación del Verbo hecho carne, juzga a los hombres y a los siglos en la medida en que éstos dieron testimonio de Cristo. Y he aquí por qué Juan es tan grande. Pues de Aquel de quien los profetas anunciaron que vendría, de quien los apóstoles predicaron como venido ya, solamente él, profeta y apóstol al mismo tiempo, dijo señalándole: ¡Héle aquí! Juan, pues, siendo el testigo por antonomasia, convenía que presidiese al período glorioso en que, durante tres siglos, la Iglesia tributaría al Esposo el testimonio de la sangre, que da el primer lugar en su reconocimiento a los mártires después de los Apóstoles y profetas, sobre cuyos cimientos está edificada '. Diez veces se abrieron en la inmensidad del imperio romano las venas de la Esposa; y la Sabiduría eterna quiso que la décima y última persecución acabara el 25 de Diciembre de 303, en Nicomedia, uniéndose así al nacimiento del Hijo de Dios cuyo triunfo aseguraba. Pero, si la Natividad del Emmanuel señala en los fastos sagrados el fin de las grandes tribulaciones, la de Juan convenía señalase los principios. En el año 64 fué cuando la Roma pagana abrió por vez primera sus arenas a los soldados de Cristo; y el 24 de Junio es cuando la Iglesia hace majestuosa mención de ello en su Martirologio por la memoria que sigue al anuncio de la Natividad del Precursor; "En Roma, la conmemoración de muchísimos santos mártires, los cuales en tiempo del emperador Nerón, acusados falsamente de haber puesto fuego a la ciudad, fueron cruelmente martirizados con diversos suplicios: unos, cubiertos con pieles de fieras, fueron echados a los perros para que los despedazasen; otros crucificados; otros prendidos a modo de antorchas para que sirviesen de luces durante la noche. Todos estos, discípulos de los Apóstoles, fueron las primicias escogidas que la Iglesia Romana, campo fértil en mártires, ofreció al cielo antes de la muerte de los Apóstoles del Señor."


PRECURSOR DE LOS MONJES

La solemnidad del 24 de Junio esclarece, pues, doblemente los orígenes del cristianismo. Por muy turbulentos que fuesen los días de la Iglesia no hubo un solo año en que no se cumpliese la predicción del ángel: Muchos se alegrarán en el nacimiento de Juan con la alegría, su palabra, sus ejemplos, su intercesión daban ánimo a los mártires. Después del triunfo alcanzado por el Hijo de Dios sobre la negación pagana, cuando al testimonio de sangre sucedió el de la confesión en obras y alabanzas, Juan conservó su oficio de Precursor de Cristo en las almas. Guía de monjes, los conduce lejos del mundo y los fortifica en los combates de la soledad; amigo del Esposo, continúa formando a la Esposa, preparando al Señor un pueblo perfecto.


PRECURSOR DE LOS FIELES 

En todos los estados, en todos los grados de la vida cristiana se hace sentir su benéfica y necesaria influencia. "Precursor en su nacimiento, precursor en su muerte, S. Juan, dice S. Ambrosio, continúa yendo delante del Señor. Y acaso más de lo que nosotros pensamos, su acción misteriosa tiene su parte en nuestra vida presente en el día de hoy. Cuando comenzamos a creer en Cristo, hay como cierta virtud de Juan que nos atrae; él dirige hacia la fe los caminos de nuestra alma; endereza los caminos torturosos de esta vida, hace así derecha la vía de nuestra peregrinación para que no caigamos en los abismos del error; hace que todos nuestros valles se llenen de frutos de virtudes, y que todo respeto humano se humille ante el Señor'".


PATRONO DE LOS BAUTISTERIOS

Pero si el Precursor tiene parte en cada progreso de la fe acercando las almas a Cristo, mucho más interviene en todo bautismo que hace crecer a la Iglesia. Los bautisterios le están dedicados. El bautismo que derramaba sobre las turbas a orillas del Jordán, nunca tuvo, es cierto, el poder del bautismo cristiano; pero, al sumergir al Hombre-Dios en las aguas, dotó a éstas de la virtud fecundante que, salida de ese Hombre-Dios, completaría hasta el fin de los tiempos, con la incorporación de nuevos miembros, el cuerpo de la Iglesia unida a Cristo.


PATRONO DE PUEBLOS E IGLESIAS

La fe de nuestros antepasados conocía los grandes bienes de que eran deudores a Juan los pueblos y los particulares. Tantos neófitos recibían su nombre en el bautismo, y tan eficaz era para conducir a la santidad la ayuda que prestaba a sus fieles devotos, que no hay día en el calendario, en que no se pudiese celebrar el nacimiento de algunos de ellos para el cielo. Patrono en otro tiempo de Lombardía, lo es hoy del Canadá francés. Pero así en Oriente como en Occidente ¡quién podrá contar las comarcas, las ciudades, las abadías, las iglesias puestas bajo su poderoso patrocinio! ¡Desde el templo que, reinando Teodosio, reemplazó en Alejandría al antiguo Serapeon, famoso por sus misterios, hasta el santuario erigido sobre las ruinas del altar de Apolo, en el Monte Casino por el Patriarca de los monjes! ¡desde las quince iglesias que Bizancio tenía consagradas dentro de sus muros al Precursor, hasta la majestuosa basílica de Letrán, que en la capital del universo católico es la madre y maestra de todas las iglesias de la Ciudad y del mundo! Dedicada primitivamente al Salvador, muy pronto a este sagrado vocablo asoció, como inseparable, el del Amigo del Esposo.


SOLEMNIDAD DE LA VIGILIA

La Vigilia de San Juan no es ahora de precepto; antes, sin embargo, no sólo era de ayuno obligatorio el día próximo a la Natividad del Precursor, sino que una cuaresma entera evocaba, en su duración y prescripciones, el Adviento del Señor. De este modo, cuanto más severas habían sido las exigencias de la preparación, tanto más estimada y mejor se comprendía la fiesta. Después de haber igualado la penitencia de la cuaresma de Juan a las austeridades de la de Navidad, nadie se admiraba de que la Iglesia asemejase en su Liturgia ambas Natividades.


HOGUERAS DE SAN JUAN

Tres misas solemnizaban la Natividad de Juan, como la de Aquel a quien él dió a conocer a la Esposa: La primera, por la noche, recordaba su titulo de Precursor; la segunda, al alba, honraba su bautismo; la tercera, a la hora de Tercia, exaltaba su santidad '. Así como antiguamente hubo dos Maitines en la noche de Navidad, Durando de Mende dice, siguiendo a Honorio de Autun, que muchos celebraban en la festividad de S. Juan doble Oficio. El primero se iniciaba al caer la tarde; no tenía alleluia, para significar el tiempo de la Ley y de los Profetas, que duró hasta Juan. El segundo comenzaba a media noche y finalizaba a la aurora; se cantaba con Alleluia, para hacer resaltar la llegada del tiempo de la gracia y del Reino de Dios.

La alegría, carácter propio de esta fiesta, se desbordaba fuera de los sagrados lugares y llegaba hasta los mismos infieles musulmanes. Sí en Navidad el rigor de la estación hacía recluirse en sus hogares las tiernas expansiones de la pie dad privada, la nitidez de la noches de estío de S. Juan ofrecía ocasión de desquite a la fe viva de los pueblos. Por eso completaba lo que la parecía insuficiencia en las demostraciones hacia el Niño-Dios, con los honores tributados al Precursor en su cuna. Apenas se habían extinguido los últimos rayos del sol, cuando, desde Oriente hasta Occidente, sobre la haz del mundo entero, inmensas llamaradas surgían de las montañas, e iluminábanse súbitamente las ciudades, las aldeas y aun los más pequeños caseríos. Eran las hogueras de S. Juan, testimonio auténtico, constantemente renovado, de la verdad de las palabras del ángel y de la profecía, que anunciaba la alegría universal que saludaría el nacimiento del hijo de Isabel. Como una lámpara ardiente y luciente, según la expresión del Señor, había aparecido en la noche interminable, y la sinagoga había querido gozarse en sus destellos por algún tiempo; mas, desconcertada por su fidelidad, que le impedía hacerse pasar por Cristo y por la luz verdadera, irritada a la vista del Cordero a quien aquél indicó como salud del mundo y no solamente de Israel, la sinagoga pronto volvió a las tinieblas, y ella misma se tapó los ojos con la venda que la hace permanecer en las tinieblas hasta nuestros días. La gentilidad, agradecida a aquel que no quiso ni rebajar, ni engañar a la Esposa, le exaltó tanto más cuanto más se abatió él; recogió los sentimientos que debía haber conservado la repudiada sinagoga, y manifestó por todos los medios de que era capaz, que, sin confundir el resplandor propio del Sol de justicia con la luz recibida del Precursor, saludaba con no menor entusiasmo aquella luz que fué para la humanidad la aurora de las alegrías nupciales.


ANTIGÜEDAD DE LAS HOGUERAS DE SAN JUAN

Podría decirse de las hogueras de S. Juan que se remontan casi a los orígenes del cristianismo. Al menos aparecen desde los primeros años de la paz, como fruto de la iniciativa popular, y no sin excitar la atención de los Padres y los concilios, cuidadosos de desterrar toda idea supersticiosa en las manifestaciones que reemplazaban, por otra parte felizmente, las fiestas paganas de los solsticios. Pero la necesidad de combatir algunos abusos, tan posibles hoy como entonces, no impidió a la Iglesia fomentar tal género de demostraciones, que también respondía al carácter de la fiesta. Las hogueras de San Juan completaban felizmente la solemnidad litúrgica; mostraban unidas en un mismo pensamiento a la Iglesia y a la ciudad terrena. Pues la organización de estos regocijos estaban a cargo de los ayuntamientos, y los municipios cargaban con todos los gastos. Por eso, el privilegio de encender las hogueras quedó reservado, ordinariamente, a las autoridades civiles. Los mismos reyes, tomando parte en las alegrías comunes, tenían a gala dar esta señal de alegría a sus pueblos.


LA RUEDA ARDIENTE

En ciertos lugares la rueda ardiente, disco inflamado que rodaba sobre sí mismo y recorría las calles de las ciudades o descendía de las cimas de las montañas, representaba el movimiento del sol que se remonta a lo más alto de su curso para pronto volver a descender; evocaba la palabra del Precursor respecto del Mesías: Es necesario que El crezca y yo disminuya El simbolismo se completaba con el uso de quemar los despojos y restos de toda clase en este día, que anunció el final de la antigua ley y el principio de los nuevos tiempos, según las palabras de la Escritura: Rechazaréis lo que sea viejo, cuando alcancéis los nuevos bienes.

¡Dichosos los pueblos que conservan todavía algo de las costumbres, de las que nuestros padres, en su sencillez, sacaban una alegría sin duda más verdadera y más pura que las deseadas por sus descendientes en las fiestas en que el alma no toma parte alguna!



III. LA MISA

La Misa está compuesta de diversos pasajes del Antiguo y Nuevo Testamento. La Iglesia, dicen los liturgistas, quiere con ello indicarnos que Juan es el lazo de unión de ambas alianzas y participa de cada una. Es el broche de oro que une el doble manto de la ley y de la gracia en el pecho del Pontífice eterno.

El Introito es de Isaías; en la Epístola encontraremos entero el texto de donde está tomado. El salmo que antiguamente se cantaba con él, es el XCI, del que solamente queda en uso el primer versículo, aunque la razón por la que primitivamente se le escogió, está en el verso siguiente y en el trece: Es bueno anunciar tu misericordia por la mañana y manifestar tu verdad por la noche... El justo florecerá como la palma; y se multiplicará como el cedro del Líbano.



INTROITO

Desde el vientre de mi madre me llamó el Señor con mi nombre: y puso mi boca como espada aguda: me protegió bajo la sombra de su mano, y me puso como una saeta escogida. — Salmo: Es bueno alabar al Señor: y cantar salmos a tu nombre, oh Altísimo. Gloria al Padre.


La colecta recoge los votos del pueblo cristiano, en este día tan grande a causa del nacimiento del Precursor. Implora la abundancia de las alegrías espirituales, gracia propia de esta festividad como lo anunció Gabriel; y, aludiendo a la misión del hijo de Zacarías, que consiste en enderezar los caminos de salvación, suplica que ningún cristiano se descarríe de los senderos de la vida eterna.



COLECTA

Ob Dios, que nos hiciste venerable este día con la
natividad de San Juan: da a tus pueblos la gracia de
los gozos espirituales; y dirige las almas de todos los
fieles por la senda de la eterna salvación. Por nuestro
Señor.


EPÍSTOLA
Lección del Profeta Isaías. (XLIX, 1-3, 5-7) . 
Oíd, islas, y atended, pueblos, de lejos: el Señor me llamó desde el seno materno, desde el vientre de mi madre se recordó de mi nombre. Y puso mi boca como espada aguda: me protegió bajo la sombra de su mano, y me puso como una saeta escogida: me escondió en su aljaba. Y díjome: T ú eres m i siervo, Israel, porque me gloriaré de ti. Y ahora me dice el Señor, haciéndome siervo suyo desde el vientre materno: Mira, te he dado como luz de las gentes, para que seas mi salud hasta el extremo de la tierra. Los reyes verán, y se levantarán los príncipes, y adorarán por el Señor y por el Santo de Israel, que te eligió.


GRATITUD DE LOS GENTILES

Hijos de la Iglesia, entremos en sus pensamientos; comprendamos qué agradecimiento debe ser el nuestro, de nosotros gentiles, hacia aquel a quien toda carne deberá el haber conocido al Salvador '. Desde el desierto, donde su voz zahería el orgullo de los descendientes de los patriarcas, nos veía suceder a la soberbia sinagoga; sin aminorar en nada las exigencias divinas, su austera predicación tenía, para los futuros privilegiados del Esposo acentos que nunca conocieron los judíos: "Raza de víboras, decía a éstos: ¿quién os enseña a huir de la ira que ha de venir? Haced, pues, frutos dignos de penitencia, y no digáis: Tenemos por Padre a Abraham. Porque os digo que puede Dios de estas piedras hacer nacer hijos de Abraham. Porque ya está puesta la segur a la raíz, y el árbol que no dé buen fruto, será cortado y echado al fuego". Mas a los despreciados publícanos, a los soldados detestados, a todos los corazones estériles de la gentilidad, comparables ciertamente a las rocas del desierto, Juan Bautista anunciaba la gracia, que refrescaría y fecundaría con la justicia sus almas secas. "Publícanos, no exijáis más de lo que os está ordenado; soldados, contentaos con vuestro sueldo. Moisés dió la ley; pero mejor es la gracia, obra de aquel a quien yo anuncio he aquí el que quita los pecados del mundo 2 y nos da a todos de su plenitud".


INGRATITUD DE LOS JUDÍOS

¡Qué nuevos horizontes para estos despreciados, a los que el desdén de Israel había considerado por tanto tiempo como vitandos! Mas, para la sinagoga, semejante golpe al pretendido privilegio de Judá, era un crimen. Había soportado las invectivas lacerantes del hijo de Zacarías; se había mostrado pronta a aclamarle como a Cristo'; mas invitarla a marchar a una con la impura gentilidad, a ella que se decía tan pura, era demasiado: Juan, desde este momento, fué juzgado como lo sería su Señor. Jesús, insistirá más tarde sobre la diferente acogida que dispensaron a su Precursor los distintos oyentes; de ello sacará la base de la sentencia de reprobación contra los judíos. "En verdad os digo que los publícanos y las rameras os precederán en el reino de Dios; pues Juan vino a vosotros en camino de justicia y no le creísteis, y los publícanos y la rameras le creyeron, y vosotros, viéndole, ni aún hicisteis penitencia después".

Después que Isaías ha profetizado la venida de Juan y del Salvador, Jeremías, figura de ambos, aparece en el Gradual; él también fué santificado en el vientre materno y preparado desde entonces para el ministerio que debía cumplir. El Verso deja en suspenso el anuncio de la palabra del Señor; según el rito usado antiguamente, se completaba repitiendo el Gradual. El Verso aleluyático está tomado del Evangelio, del Benedictus.


GRADUAL

Antes que te formara en el seno, te conocí: y,
antes que salieras de vientre, te santifiqué. Extendió
el Señor su mano, y tocó mi boca, y díjome.
Aleluya, aleluya. Tú, niño, serás llamado Profeta
del Altísimo: irás delante del Señor, para preparar
sus caminos. Aleluya.


EVANGELIO 
Continuación del Santo Evangelio según S. Lucas, íl, 56-68).
Cumpliósela a Isabel el tiempo del parto y dió a luz un hijo. Y oyeron sus vecinos y parientes que el Señor había glorificado su misericordia con ella, y la felicitaron. Y sucedió en el octavo día que vinieron a circuncidar al niño, y le llamaban Zacarías, con el nombre de su padre. Y, respondiendo su madre, dijo: De ningún modo, sino que se llamará Juan. Y dijéronle: No hay nadie en tu parentela que se llame con ese nombre. Y le indicaron a su padre cómo quería que se llamase. Y, pidiendo una tablilla, escribió diciendo: Juan es su nombre. Y se extrañaron todos. Y se abrió al punto su boca, y se soltó su lengua, y habló bendiciendo a Dios. Y se apoderó el temor de todos sus vecinos: y se divulgaron todas estas cosas por todas las montañas de Judea: y se preguntaban todos los que las oían, diciendo: ¿Quién crees que será ese niño? Porque la mano del Señor estaba con él. Y Zacarías, su padre, fué lleno del Espíritu Santo, y profetizó, diciendo: Bendito sea el Señor, Dios de Israel, que ha visitado y obrado la redención de su pueblo.


LOS SANTUARIOS DE AIN-KARIM

Después de los lugares santificados por el paso en este mundo del Verbo hecho carne, no hay otro, en Palestina, que pueda interesar tanto al alma cristiana como aquel donde se cumplieron los sucesos que cuenta este Evangelio. La ciudad que ilustró el nacimiento del Precursor, se encuentra dos leguas al Oeste de Jerusalén, así como Belén donde nació el Salvador está dos leguas al Sur de la Ciudad Santa. El peregrino que se dirige a S. Juan-de-la-Montaña, saliendo por la puerta de Jaffa, encuentra primeramente el Monasterio griego de Santa Cruz. Después, continuando su marcha a través del macizo de los montes de Judá, escala una cumbre desde donde se divisa el Mediterráneo. La casa de Obed-Edom, en la que habitó tres meses el arca santa, se elevaba en este lugar, de donde un rápido sendero conduce al lugar en que María, la verdadera arca de la alianza, pasó tres meses de bendición en casa de su prima Isabel. Dos santuarios, distantes uno de otro aproximadamente unos mil pasos, consagran los grandes recuerdos que acaba de relatarnos S. Lucas: En el uno fué concebido y nació Juan Bautista; en el otro tuvo lugar la circuncisión del Precursor, ocho días después de su nacimiento. El primero reemplaza a la casa urbana de Zacarías; en su forma actual se remonta a una época anterior a las cruzadas. Es una hermosa Iglesia con tres naves y cúpula. El altar mayor está dedicado a San Zacarías; el de la derecha a Sta. Isabel. A la izquierda, siete gradas de mármol conducen a una cripta cavada en la roca y que no es sino el aposento más retirado de la casa primitiva: es el santuario de la Natividad de S. Juan. Cuatro lámparas amortiguan la oscuridad de esta cripta veneranda, mientras que otras seis, suspendidas de la mesa del altar, alumbran esta inscripción grabada en el mármol del pavimento: Hic PRAECURSOR DOMINI NATUS EST: Unámonos en este día a los hijos de S. Francisco, guardianes de tan inefables recuerdos.

Las tradiciones locales colocan a alguna distancia de este primer santuario, como ya hemos dicho, el recuerdo de la circuncisión del Precursor. Además de la casa urbana, Zacarías poseía otra más aislada. Isabel se había retirado a ella durante los primeros meses de su embarazo, para gustar en el silencio el don de Dios'. Allí la encontró la Virgen al venir de Nazaret, allí se produjo el sublime salto de gozo de los niños y de las madres, allí el Magníficat probó al cielo que en adelante la tierra le sobrepujaba en la alabanza y el amor. Convenía que el cántico de Zacarías, el cántico de la mañana, resonase por primera vez en el lugar donde el de la tarde se había elevado como columna de incienso de suave olor.

Urbano V, en 1368, ordenó se cantase el Credo el día de la Natividad de San Juan Bautista y durante su Octava, para que el Precursor no pareciese inferior a los Apóstoles. La antigua costumbre de suprimir el Símbolo en esta fiesta ha prevalecido sin embargo: no como señal de inferioridad respecto de aquel que se eleva por encima de todos los que anunciaron el reino de Dios, sino para indicar que acabó su curso antes de la promulgación del Evangelio.

El Ofertorio está sacado del salmo del Introito: es el verso que antiguamente formaba el Introito de la 2.* Misa del Santo, al alba.


OFERTORIO

El justo florecerá como la palmera: se multiplicará
como el cedro del Líbano.


La Secreta pone de relieve el doble carácter de Profeta y Apóstol, constitutivo de la grandeza de San Juan; el sacrificio que se ofrece en su honor, aumentará su gloria al poner de nuevo ante nuestros ojos al cordero de Dios que anunció y que mostró al mundo.



SECRETA

Llenamos, Señor, tus altares de dones, celebrando
con el debido honor la natividad de aquel que predijo
había de venir y que mostró ya presente al Salvador,
a nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive
y reina.


El Esposo toma posesión de la Esposa, y Juan Bautista le preparó el camino, como lo indica la Antífona de la Comunión. El momento de los Misterios es aquel en que, cada día, repite: "El que tiene la Esposa, ése es el Esposo; mas el amigo del Esposo, que está con él y le oye, se llena de gozo con la voz del Esposo. Asi, pues, este mi gozo ha quedado cumplido".



COMUNIÓN

Tú, niño, serás llamado Profeta del Altísimo: porque 
irás delante del Señor, para preparar sus caminos.


Si la alegría se desborda en el amigo del Esposo, ¿cómo la Esposa, en este bendito momento de Misterios, no será toda ella alegría y agradecimiento? Exalte, pues, en la Poscomunión a aquel que la hizo conocer a su Salvador y Señor.



POSCOMUNIÓN

Alégrese, oh Dios, tu Iglesia con la generación de
San Juan Bautista, por quien conoció al autor de su
regeneración, a nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que
contigo vive y reina.



OFICIO PERMANENTE DEL PRECURSOR 

También nosotros, oh'Precursor del Mesías, tomamos parte en la alegría que trae al mundo tu nacimiento. Este anunciaba la propia venida del Hijo de Dios. Ahora bien, cada año el Emmanuel vuelve a nacer de nuevo en la Iglesia y en las almas; y así hoy, como hace veinte siglos, no quiere venir a este mundo sin que tú, como entonces, hayas preparado los caminos de este nacimiento por el que se nos da a cada uno el Salvador. Apenas finalizó la serie de misterios que dieron cumplimiento a la glorificación del Hombre-Dios y fundación de la Iglesia, cuando ya alborea en el horizonte Navidad; ya, en su cuna, Juan salta de gozo y revela la proximidad del Niño-Dios. Amable profeta del Altísimo, que, sin poder hablar aún, ya sobrepasas a todos los grandes profetas: muy pronto parecerá que el desierto te ha arrebatado para siempre del trato de los hombres. Mas en los días de Adviento, la Iglesia te encontrará de nuevo; y ella nos volverá sin cesar a tus sublimes enseñanzas, al testimonio que tú mismo darás de Aquel a quien ella espera. Comienza desde ahora a preparar nuestras almas; vuelto de nuevo a este mundo en este alegre día, venido como mensajero de la cercana llegada del Señor, ¿podrías permanecer inerte por un momento ante la obra inmensa que te incumbe respecto de nosotros?


DIGNOS FRUTOS DE PENITENCIA

Desterrar el pecado, domar las pasiones, enderezar los instintos descarriados de la pobre naturaleza caída: todo esto sin duda se habría ya practicado, todo esto se habría ejecutado hace tiempo, si hubiésemos correspondido a tus pasadas fatigas. Sin embargo de eso, es muy cierto que apenas en muchos se ha comenzado a roturar esas tierras rebeldes, en donde las piedras y las zarzas han desafiado tus cuidados desde hace años. Lo reconocemos, confundidos al confesarnos culpables: te descubrimos a ti y a Dios Todopoderoso nuestras faltas, como nos enseña la Iglesia a hacerlo al principio del Santo Sacrificio; mas al mismo tiempo te pedimos con ella intercedas< por nosotros ante Dios nuestro Señor. Así lo proclamabas en el desierto: de estas mismas piedras Dios puede sacar hijos de Abraham.


PRESENCIA DE SAN JUAN EN LA MISA

Diariamente las solemnes fórmulas oblacionales, preparatorias de la inmolación renovada del Salvador, nos muestran la parte honrosa y poderosa que te corresponde en este augusto Sacrificio; tu nombre, vuelto a pronunciar cuando la víctima sagrada está sobre el altar, ruega entonces por nosotros, pecadores, al Dios misericordioso. ¡Ojalá nos sea propicio, en atención a tus méritos y a nuestra miseria, y a la súplica perseverante de la Iglesia, trocando nuestros corazones y reemplazando sus malas inclinaciones por los atractivos de la virtud, que nos alcanzarán la visita del Emmanuel! En este momento sagrado de los Misterios, invocado tres veces según la fórmula que tú nos enseñaste, el Cordero de Dios, que quita los pecados del mundo, se apiadará de nosotros y nos concederá la paz: esta paz preciosa con el cielo, con la tierra y con nosotros mismos, que nos preparará para el Esposo haciéndonos Hijos de Dios según tú mismo atestiguas cada día por boca del sacerdote al finalizar el Santo Sacrificio. Entonces ¡ oh Precursor! será completa nuestra alegría como la tuya; dará comienzo la unión sagrada, de la que este día de tu nacimiento encierra para nosotros una esperanza tan lisonjera, y, desde este mundo y bajo el velo de la fe, será una realidad sublime, en espera de la clara visión de la eternidad.






Sea todo a la mayor gloria de Dios.