sábado, 20 de agosto de 2022

San Bernardo, Confesor y Doctor de la Iglesia

 





SAN BERNADO, 
CONFESOR Y DOCTOR DE LA IGLESIA


Glorias de San Bernardo

"He aquí que la Reina se ha sentado después de su único; Hijo en el festín eterno. Entonces, como el nardo; que difunde su perfume, Bernardo entregó su, alma a Dios" (1). Sin duda fué para recompensarle de haber sido su caballero tan fiel y el cantor tan amante y elocuente de todas sus las grandezas, por lo que María vino a buscar a Bernardo durante la Octava de su gloriosa Asunción.

El Menologio cisterciense recuerda a sus hijos todos los años la figura gloriosa y los méritos del primer Abad de Claraval: "En el claustro se ejercita maravillosamente en los ayunos, en las oraciones, en las vigilias, llevando en la tierra una vida del todo celestial. Sin descuidar el trabajo de su perfección, se ocupa con celo y éxito en la santificación de los suyos; vese además obligado a presentarse ante el mundo. Aconseja a los Papas, pacifica a los reyes, convierte a los pueblos; extermina la herejía, abate el cisma, predica la cruzada, rehusa obispados, obra milagros sin número, escribe obras admirables y un millar de cartas. A los 63 años, cuando muere, ha fundado ya 150 monasterios, y 700 religiosos le lloran en Claraval. El Papa Alejandro III le inscribió en el catálogo de los Santos y Pío VIII, en 1830, le confirió el título de Doctor de la Iglesia universal". Grande es el elogio, pero no exagerado.

Innumerables son los títulos que se le han dado al que vino a Claraval a buscar en la humildad de la vida monástica, el silencio, la facilidad de hacer penitencia y de rezar mientras llegaba la muerte que le uniría con su Dios. El que buscaba ser olvidado de todos, llegó a ser, a pesar suyo, el hombre de quien no podía prescindir su siglo, el que iba a tener sobre sus compatriotas una influencia sin igual y que en la historia quedaría como una de las figuras más nobles y más atractivas de la Iglesia y de su patria. Bossuet, en un panegírico célebre, nos le ha representado en la celda estudiando la cruz de Jesús, después en la cátedra sagrada y a través de los caminos de Europa, predicando esa misma cruz. Pero, antes que él, Alejandro III le había llamado "luz de toda la Iglesia de Dios por la antorcha de su fe y de su doctrina"; Santo Tomás de Aquino: "el elegido de Dios, la perla, el espejo y el modelo de la fe; la columna de la Iglesia, el vaso precioso, la boca de oro que embriagó a todo el mundo con el vino de su dulzura"; y San Buenaventura le llamó: "el gran contemplativo, de máxima elocuencia, lleno del espíritu de sabiduría y de una santidad eminente"; y nos extenderíamos demasiado si fuésemos a citar el nombre y los elogios de los Santos que le han venerado y saborearon su doctrina "meliflua", desde Santa Gertrudis y Santa Mectildis hasta San. Luis Gonzaga y San Alfonso de Ligorio.


El Caballero de Nuestra Señora 

Pero lo que de modo especial nos debe impresionar en; estos días, lo que debería bastar para dar gloria; a San Bernardo es que fué el cantor y el caballero de Nuestra Señora. "Fué, dice Bossuet, el más fiel y el más casto de sus hijos; el que más honró entre todos los hombres su maternidad, gloriosa, el que creyó que debía a sus cuidados y a su caridad maternal la influencia continua de gracias que recibía de su divino Hijo." Nos cuenta la leyenda que un día los Angeles le enseñaron en la Iglesia de San Benigno de Dijon, la salve Regina, y que una vez la Virgen dejó correr hasta sus labios algunas gotas de la leche con que se había alimentado Jesús. Pero sea de esto lo que fuere, Bernardo nunca se mostraba más elocuente ni más persuasivo que al hablar de María. Sus discursos nos la presentan en todos los misterios de nuestra salvación ocupando junto al Señor el puesto que Eva había tenido cerca de nuestro primer padre; habló de ella en términos tan tiernos y conmovedores, que hizo vibrar el corazón de los monjes y de las multitudes que le escuchaban, del gran amor que sentía a esta divina Madre, y contribuyó poderosamente a hacerla amar en su nación. Sus sermones sobre la Anunciación se han hecho famosos y los del misterio de la Asunción se dirían que son posteriores a la definición del dogma que tanta alegría ha traído al mundo. Tal vez sea esto lo que le ha acarreado tanta popularidad. Porque San Bernardo no es sólo admirado por los que estudian la historia del siglo XII y se encuentran con él en todo lo grande y grave que entonces sucede, o también por los monjes y los teólogos que estudian su doctrina; San Bernardo es amado, y "el secreto de su popularidad y del amor que se le tiene, está en el amor que él tuvo a Jesús y en la ternura con que amó a María, ternura profunda, amor ardiente que nos enfervoriza aun después de ocho siglos" (2). "jesús y María: dos nombres, dos amores que se funden en uno solo y hacen de su corazón un horno. El amor de María da el movimiento y el amor de Jesús se abre en él como un lirio en su tallo. Este amor le persigue por las sendas de la Escritura, por las ásperas montañas de la vida monástica, por la práctica asidua de las virtudes más varoniles, pero siempre por medio de María; se esfuerza en cantar al Verbo acompañándose de María como de una lira" (3).

Después de ocho siglos, las oraciones que San Bernardo redactó o bosquejó sirven a las almas para rezar a María, para expresarla su confianza y su amor. Las repetimos todos los días, avaloradas con el fervor de todos los que las pronunciaron antes que nosotros: la Salve Reginael Acordaos. No conocemos modo mejor para honrar a este gran Santo, serle grato y darle gracias, que repetir, siguiendo su ejemplo, las oraciones que brotaron de su corazón y sobre todo alabar a Nuestra Señora con sus propias palabras.


Vida 

Bernardo nació en Fontaine-lez-Dijon en 1090. A los 16 años se quedó sin madre. Poco después pensó ingresar en el Cister, donde el Abad Esteban Harding estaba descorazonado por no tener vocaciones. Pero no llegó solo. En Pascua de 1112 se presentaba con treinta parientes o amigos, a los que él había, animado a abrazar la vida perfecta. Permaneció durante tres años en este monasterio, entregado a la oración y a la más ruda penitencia. En 1115 llegaba a ser Abad de Clairvaux. La fama de su doctrina y de su santidad pronto le trajeron postulantes en crecido número; pronto tuvo que fundar monasterios y aceptar la reforma de los que solicitaban su ayuda. Todo para todos, tuvo muchas veces que dejar su monasterio para combatir el cisma de Anacleto II en Italia, la herejía en el mediodía de Francia, o para predicar la cruzada a petición de Eugenio III. Para este hijo, que llegó a ser Papa, escribió el tratado de la Consideración y para sus monjes su Apología del ideal cisterciense, el Tratado del amor de Dios y el Comentario del Cantar de los Cantares. Agotado por los trabajos y fatigas, consumido por excesiva penitencia, acabó por ñn sus días en su monasterio, el 20 de agosto de 1153. Fué canonizado veinte años después y declarado por Pío VIII Doctor de la Iglesia universal el 23 de julio de 1830.


Plegaria a San Bernardo 

Era conveniente que viésemos al heraldo de la Madre de Dios seguir de cerca su carroza triunfal; y, al entrar en el cielo en esta Octava radiante, te pierdes con deleite en la gloria de aquella cuyas grandezas ensalzaste en este mundo. Ampáranos en su corte; dirige hacia el Cister sus ojos maternales; en su nombre, salva una vez más a la Iglesia y defiende al Vicario del Esposo.

Pero en este día, nos convidas a cantarla, a rogarla contigo, más bien que a rezarla contigo; el homenaje que más te agrada, oh Bernardo, es ver que nos aprovechamos de tus escritos sublimes para admirar "a la que hoy sube gloriosa y colma de felicidad a los habitantes del cielo."

Aunque rutilante, el cielo resplandece con nuevo fulgor a la luz de la antorcha virginal. En las alturas resuenan también la acción de gracias y la alabanza. Estas alegrías de la patria ¿no debemos hacerlas nuestras en medio de nuestro destierro? Sin morada permanente, buscamos la ciudad a la que la Virgen bendita arriba en este momento. Ciudadanos de Jerusalén, muy justo es que desde la orilla de los ríos de Babilonia nos acordemos de ello y dilatemos nuestros corazones ante el desbordamiento del río de felicidad cuyas gotitas saltan hoy hasta la tierra. Nuestra Reina tomó hoy la delantera; la acogida espléndida que se la ha hecho, nos da confianza a nosotros, que somos su séquito y sus servidores. Nuestra caravana, precedida de la Madre de misericordia, a título de abogada cerca del Juez, Hijo suyo, tendrá buen recibimiento en el negocio de la salvación (4).

"Deje de ensalzar tu misericordia, oh Virgen bienaventurada, el que recuerde haberte invocado inútilmente en sus necesidades. Nosotros, siervecillos tuyos, te felicitamos, sí, por todas las demás virtudes; pero en tu misericordia más bien nos felicitamos a nosotros mismos. Alabamos en ti la virginidad y admiramos tu humildad; Pero la misericordia sabe más dulce a los miserables; por eso abrazamos con más amor la misericordia, nos acordamos de ella más veces y ia invocamos sin cesar. ¿Quién podrá investigar, oh Virgen bendita, la largura y anchura, la altura y profundidad de tu misericordia? Porque su largura alcanza hasta su última hora (a los que la invocan); su anchura llena la tierra; Su altura y su profundidad llenó el cielo y dejó vacío el infierno. Ahora que has recuperado a tu Hijo y eres tan poderosa como misericordiosa, manifiesta al mundo la gracia que hallaste en El: alcanza perdón al pecador, salud al enfermo, fortaleza a los débiles, consuelo a los afligidos, amparo y protección a los amenazados por algún peligro, ¡oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María" (5)!


Notas

1. Himno de Vísperas.
2. Dom Dominique Nogues: La  Mariología de San Bernardo, p. XIV.
3. Ibíd., p. XV.
4. S. Bernardo, primer Sermón sobre la Asunción.
5. San Bernardo, cuarto Sermón sobre la Asunción.




lunes, 15 de agosto de 2022

La Asunción de la Santísima Virgen María

  






LA ASUNCIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA


La Asunción de Nuestra Señora es una de nuestras solemnidades litúrgicas más alegres.

"Gaudent Angelí! Gaudete, quia cum Christo regnat". La Iglesia del Cielo y la de la tierra se unen a la dicha infinita de Dios que acoge y corona a su Madre. Ambas a dos celebran con amor la alegría virginal de la que entra, ya para siempre, en el mismo gozo de su propio Hijo. Ángeles y santos se apresuran a aclamar a su Reina, mientras la tierra se regocija también de haber dado al Cielo la joya más brillante.


Glorificación del Alma de Nuestra Señora

Hoy es el "día natal" de Nuestra Señora, en el cual celebramos al mismo tiempo el triunfo de su alma y el de su cuerpo. Detengámonos un instante ante esta glorificación del espíritu, tal vez menos advertida por ser común a todos los Santos. La entrada del alma de María en la visión beatífica es un hecho de un esplendor y de una riqueza que arroja una luz incomparable sobre nuestras más altas esperanzas. Cierto que no nos podemos figurar la belleza de esta suprema "revelación", donde la mirada tan pura ya y tan penetrante de la más perfecta de las criaturas se ha dilatado repentinamente ante un abismo de Belleza infinita. Intentemos al menos, con la ayuda de la gracia divina, levantar nuestros pensamientos hacia la cumbre, misteriosa todavía para nuestra vista, en la cual se realiza este prodigio.

Y, efectivamente, bien se la puede llamar cumbre, ya que es el término de un constante y largo subir. Llena de gracia en el instante mismo de su Concepción, la Inmaculada no cesó nunca de crecer en este mundo ante el Altísimo.

La Anunciación, Navidad, el Calvario y Pentecostés han jalonado ese crecimiento extraordinario. El amor virginal y maternal se han enriquecido y elevado en cada una de esas etapas, tendiendo hacia una cima a la que ninguna otra pura criatura podrá llegar nunca. La luz de gloria que de repente invade al alma de María y la hace ver en toda su magnificencia las grandezas de su Hijo y su propia dignidad maternal, sobrepuja también, y con mucho, a la gloria de todos los Ángeles y de todos los Santos. Después de la santa Humanidad de Cristo, sentado a la diestra del Padre en el Santuario de la Divinidad, no hay nada en el mundo tan perfecto como esta alma maternal, radiante de pureza, de beldad, de ternura y de alegría: Beata Mater!

Esta entrada triunfal en la eterna Bienaventuranza ¿hará posible en el alma de María un nuevo crecimiento? En cuanto a ella misma, no: todo se ha cumplido de manera perfecta; no es posible crecer en la Eternidad. Totalmente abierta a los esplendores del Verbo, Hijo suyo, en el alma de María se realizan por fin de modo acabado todas las exigencias de su vocación sublime. Su alma es el alma de una Madre de Dios perfecta.

Pero María sólo tuvo por Hijo a Jesús. Madre de Dios Salvador, lo es también de todos los que vayan a beber en las fuentes de la salvación. Su maternidad de gracia irá amplificándose hasta el fin del mundo. El alma de María ve en la luz beatífica a todos sus hijos y todos los designios de Dios sobre cada uno de ellos: pronunciando un fiat a impulsos del amor, da su consentimiento a esta universal Providencia, en la que, por disposición divina, su propia intervención no tiene límites. De esta manera se une al Sumo Sacerdote que no cesa un instante de implorar en nuestro favor la Misericordia del Padre. Su oración consigue para la Iglesia de la que es figura y dechado, una Asunción permanente hasta que se logre de un modo definitivo la "plenitud" del Cuerpo Místico. Mientras llega esa apoteosis, el alma bienaventurada de María, "emplea su cielo en hacer bien en la tierra", mejor que cualquier otro santo. Demos, pues, libre curso al entusiasmo de nuestra alegría. A nuestra confianza filial añadamos la gratitud. Celebremos dignamente a nuestra Abogada, Mediadora y Madre, que ocupa el puesto de Reina junto al trono del Cordero.


Fe de la Iglesia en la Asunción de María

Hace ya muchos siglos, sin que nadie haya podido puntualizar de un modo exacto cuándo empezó esta creencia, afirma la Iglesia católica que el cuerpo de María está en el Cielo, unido a su alma gloriosa. Este privilegio del Cuerpo de Nuestra Señora es lo que distingue al misterio de la Asunción. El primero de noviembre del Año Santo de 1950, el Papa Pío XII, atendiendo a los votos unánimes de los obispos y de los fieles, proclamó solemnemente como "dogma revelado, que María, la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen, al fln de su vida terrestre fué elevada en alma y cuerpo a la gloria del Cielo". (Constitución Apostólica "Munificenttissimus Deus.")

La definición no puntualiza si María pasó sin morir de la Tierra al Cielo, o si tuvo que morirá como su Hijo, y resucitar antes de entrar en la gloria. El privilegio insigne de la Concepción Inmaculada, la virginidad y la perfecta santidad de María, ciertamente la podían haber hecho inmortal. Pero la Madre del Salvador, que imitó siempre a su Hijo fidelísimamente, quiso sin duda seguirle hasta la tumba. ¿Acaso no debía ella, como El y todos nosotros, triunfar principalmente y de modo completo del pecado y de la muerte mediante una gloriosa resurrección?


Las Leyendas

 Algunas leyendas apócrifas que se propagaron al fin del siglo cuarto, han vulgarizado diversos relatos espectaculares, maravillosos y a veces incoherentes sobre la muerte de María y el traslado de su cuerpo al Paraíso. Los apóstoles, según esas leyendas, se reunieron de modo milagroso junto a la Madre del Salvador, y estuvieron presentes a su muerte y a sus funerales. Santo Tomás, que llegó bastante más tarde, motivó la apertura del sepulcro y entonces se pudieron cerciorar de que el cuerpo de la Santísima Virgen había sido trasladado a un sitio solamente conocido de Dios. Es del todo necesario distinguir entre nuestra fe y nuestras verdades teológicas, por una parte, y esos documentos de ningún valor, que tal vez nacieron en el seno de comunidades heréticas, por otra. La predicación y la enseñanza pastoral nada tiene que aprender de las adiciones desacertadamente hechas al relato evangélico de la resurrección del Señor. En vez de servir de fundamento a la fe de la Iglesia en la Asunción, esas leyendas retrasaron por muchos siglos la unanimidad perfecta de la creencia católica. El pensamiento cristiano tuvo primero que desprenderse de su desafortunada influencia, para llegar a distinguir claramente los verdaderos motivos que inducen a considerar la Asunción corporal de María como una verdad, de fe.

domingo, 14 de agosto de 2022

Décimo Domingo después de Pentecostés

 




DÉCIMO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS



RUINA DEL CULTO ANTIGUO

La ruina de Jerusalén ha clausurado el ciclo profético en su parte consagrada a las instituciones y a la historia del tiempo de los símbolos. El altar del verdadero Dios, fijado por Salomón en el monte Moria, era para el mundo antiguo el título auténtico de la verdadera religión. Aún después de la promulgación del nuevo Testamento, la existencia permanente de este altar, reconocido antes por el Altísimo como el sólo legítimo, podía, hasta cierto punto, disculpar a los partidarios retrasados del antiguo orden de cosas. Después de su destrucción definitiva, no hay excusa alguna; hasta los más ciegos se ven obligados a reconocer la abrogación completa de una religión, reducida por el Señor a la imposibilidad de ofrecer nunca jamás los sacrificios que constituían su esencia. 

Las atenciones que la delicadeza de la Iglesia guardaba hasta ahora con la sinagoga que expiraba, ya no tienen razón de ser. Con plena libertad irá a las naciones para someter con el poder del Espíritu Santo, sus indómitos instintos, para unificarlas en Jesucristo, y ponerlas por medio de la fe en la posesión sustancial, aunque no visible todavía, de las eternas realidades que anunciaba la ley de las figuras.


EL NUEVO CULTO

El Sacrificio nuevo, que no es sino el de la Cruz y el de la eternidad, aparece cada vez más como el centro único en donde su vida se afirma en Dios con Cristo su Esposo, y de donde surge la actividad que desarrolla para convertir y santificar a los hombres de las sucesivas generaciones. La Iglesia, cada vez más fecunda, permanece estabilizada más que nunca en la vida de unión, de donde la viene esta admirable fecundidad.


LAS ENSEÑANZAS DE LA LITURGIA

No hemos, pues, de admirarnos si la Liturgia, que es la expresión de la vida íntima de la Iglesia, refleja ahora mejor que nunca esta estabilidad de la unión divina. En la serie de semanas que se van a seguir, desaparece toda gradación en las fórmulas preparatorias del Sacrificio. Entre las mismas lecturas del Oficio de la noche, a partir del mes de Agosto, los libros históricos han cedido o van a ceder su lugar a las enseñanzas de la divina Sabiduría, que pronto irán seguidas de los libros de Job, Tobías, Judit, Ester, sin otra unión entre ellos que la santidad en precepto o en obra. Ni se advierte, como hasta aquí, la conexión entre las lecturas y la composición de las Misas del Tiempo después de Pentecostés. 

Por tanto, nos limitaremos en adelante a comentar la Epístola y el Evangelio de cada Domingo, confiando como la Iglesia, al Espíritu divino el cuidado de hacer nacer y desarrollarse en cada uno como le plazca la doctrina de formas tan variadas que ella sembrará de acuerdo con él. Este comentario resalta en la Epístola del día. 

El gran suceso que debía señalar el cumplimiento de las profecías derribando las fronteras judías, acaba de afirmar de una manera admirable la universalidad del reino del Espíritu santificador; en efecto, desde el glorioso día de Pentecostés ha conquistado la tierra; y la Iglesia, sin inquietarse en adelante por seguir un orden lógico en las enseñanzas de su Liturgia, se propone confiar menos en un método cualquiera para reformar las almas, que en la virtud conjunta del Sacrificio y de la palabra santa, puesta divinamente en movimiento por la espontaneidad del Espíritu de amor. 

Este Domingo puede ser el segundo de la serie dominical que en otros tiempos tenía su punto de partida en la fiesta de San Lorenzo, y llevaba su nombre (Post Sancti Laurentii), de la solemnidad del gran diácono mártir. Llámasele por otro nombre el Domingo de la humildad o del Fariseo y del Publicarlo, por el Evangelio del día. Los griegos lo cuentan por el décimo de San Mateo; leen en él el episodio del Lunático, sacado del Capítulo XVII de este Evangelista.



MISA

La confianza humilde y suplicante que la Iglesia pone en el socorro de su Esposo, la preservará siempre de las bajezas a que ha descendido la envidia perseguidora y el orgullo de la sinagoga. Exhorta a sus hijos a imitarla en sus solicitudes, y no cesa de hacer subir hacia el cielo los suspiros de su oración.


INTROITO

Cuando clamé al Señor, escuchó mi voz, y me libró de los que me perseguían: y los humilló el que es antes de los siglos, y permanece para siempre: deposita tu pensamiento en el Señor, V. El te sustentará. — Salmo: Escucha, oh Dios, mi oración, y no despreciéis mi súplica: atiéndeme, y oyéme. V. Gloria al Padre. 


Siempre con la emoción de la justicia admirable ejercida contra el pueblo judío, la Madre común recuerda a Dios que las maravillas de la misericordia y de la gracia muestran aun más su omnipotencia; en la Colecta pide una efusión abundante de esta gracia sobre el pueblo cristiano. Mas ¡qué grandeza la suya! ¡de qué sublimidad dió muestras la actitud de la Iglesia, antiguamente sobre todo, por estar más cerca de los acontecimientos, cuando, en respuesta al relato que le hizo su Esposo de la venganza tan terrible que, como nunca, ejerció la justa cólera de su Padre, ella, verdadera Esposa y Madre, se atreve a comenzar por estas palabras: Deus qui omnipotentíam tuarn PARCENDO MÁXIME ET MISERANDO manif estas!


COLECTA

Oh Dios, que manifiestas tu omnipotencia, sobre todo perdonando y teniendo piedad: multiplica sobre nosotros tu misericordia; para que, corriendo hacia tus promesas, nos hagas participes de los bienes celestiales. Por nuestro Señor.


EPÍSTOLA

Lección de la Epístola del Ap. S. Pablo a los Corintios. (1.* XII, 2-11). 

Hermanos: Sabéis que, cuando erais gentiles, ibais, como erais llevados, a los ídolos. Por tanto, os hago saber que nadie, que habla inspirado de Dios, maldice de Jesús. Y nadie puede decir: Señor, Jesús, si no es en el Espíritu Santo. Hay ciertamente diversidad de gracias, pero el Espíritu es uno mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero un solo Señor. Y hay diversidad de operaciones, pero uno mismo es el Dios que obra todo en todos. Y a cada uno se le da la manifestación del Espíritu para utilidad (de los demás). A uno se le da por el Espíritu la palabra de la sabiduría: y a otro, la palabra de la ciencia, según el mismo Espíritu: a otro, la fe en el mismo Espíritu: a otro, la gracia de sanar en un solo Espíritu: a otro, la realización de milagros; a otro, la profecía; a otro, la discreción de espíritus; a otro, el don de lenguas; a otro, la interpretación de palabras. Pero todas estas cosas las obra un solo e idéntico Espíritu, repartiéndolas en cada cual según quiere.


VIRTUDES Y CARISMAS

“Los Capítulos XII, XIII y XIV de la primera Epístola a los Corintios, tratan del uso de los dones del Espíritu Santo. La Iglesia y las almas que la componen, son animadas por el Espíritu de Dios; mas la influencia del Espíritu de Dios se ejerce a la vez con miras a nuestra santificación personal y a la edificación del prójimo. Por esto existen los dones del Espíritu Santo, que son el coronamiento de las virtudes, los cuales constituyen en el alma un tesoro de flexibilidad, de docilidad interior al impulso del Espíritu de Dios, en vista de la oración, del pensamiento y de la obra, cuando oración, pensamiento y obra se elevan por encima de la capacidad humana. Mas también existen dones espirituales, que son en nosotros los frutos de una actividad superior a la nuestra, y que directamente se ordenan a la edificación del prójimo. La efusión de estos últimos, los dones carismáticos, fué abundante en los comienzos de la Iglesia, porque la Iglesia no tenía historia; actualmente es menos frecuente, porque la historia y la actividad de la Iglesia la aventajan con mucho. Estos dones espirituales constituían así la dote exterior de la Iglesia hasta el día que no la necesitase; y servían de señal a los más distraídos, de que el Espíritu del Señor estaba en ella y guiaba sus miembros. 

“En la Secunda Secundae, cuestión CLXXI, el Doctor Angélico habla de estas gracias gratis datae, y distingue: las que esclarecen la inteligencia, a las que da el nombre genérico de profecía; las que tienen por objeto la palabra y comunicación de la verdad, como el don de lenguas; y, por fin, las que se refieren a la obra, las cuales designa con término común: de don de milagros. Estos carismas son diversos, mas todos proceden de una misma fuente y de un mismo Espíritu; los ministerios son distintos, pero, con todo eso, no existe más que un solo Señor; las funciones son diferentes, mas, sin embargo de eso, no hay sino un solo Dios, que lo hace todo en cada uno de nosotros; y cada uno recibe de un mismo centro, su energía sobrenatural especial para la edificación común. 

“Sigúese a continuación la enumeración de los dones espirituales: a uno da el Espíritu de Dios, mirando la utilidad interna y externa de la Iglesia, el poder de hablar sabiamente y de exponer los misterios más ocultos de Dios y de sus obras; a otro el poder o la facultad de demostrar la ciencia y de enseñar la doctrina, pero según el mismo Espíritu. Un tercero recibirá, más siempre del mismo Espíritu, esa fe vigorosa que produce los milagros y traslada las montañas; y consistirá para algunos, siempre en el mismo Espíritu, en curaciones milagrosas, prodigios, profecías, discernimiento de espíritus, don de lenguas y su interpretación, en una palabra, todos los dones carismáticos. Cualquiera que sea el número, proceden de un solo y mismo Espíritu, que reparte a cada cual lo que le place”. 

Como conclusión práctica, citaremos estas palabras que resumen la doctrina del Apóstol: Estimad en sí mismos todos estos dones como obra del Espíritu Santo, que con ellos enriquece el cuerpo social de modo tan diverso; no despreciéis ninguno; mas, cuando os encontréis con ellos, estimad como mejores¿ aquellos que más sirven para la edificación de la Iglesia y de las almas.

En fin, y sobre todo, prestemos atención a lo que a continuación nos dice San Pablo: “¡Os mostraré un camino aún más excelente!’ Aunque hablase todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, aunque tuviese el don de profecía y conociese todos los misterios y todas las ciencias, aunque tuviese tal fe que trasladase los montes; si no tuviera caridad, no serla ni me serviría de nada. La profecía desaparecerá, cesarán las lenguas, la ciencia se desvanecerá ante la luz; la caridad en cambio no desaparecerá, pues es la más excelente de ellas”. 

En el Gradual, la Iglesia menciona de nuevo la confianza de Esposa que tiene en la ayuda de su Dios; fortalecida con el amor que la profesa y que la dirige a través de los caminos de la equidad, no tiene miedo alguno a sus juicios. El Versículo exalta la gloria del Esposo en Sión; mas aquí, y desde ahora para siempre, no se trata sino de la verdadera Sión, de la nueva Jerusalén.


GRADUAL

Guárdame, Señor, como la pupila del ojo: protégeme bajo la sombra de tus alas. J. Salga de tu boca mi juicio: vean tus ojos la equidad. 
Aleluya, aleluya. X’. A Ti, oh Dios, conviene el himno en Sión: y a Ti se harán votos en Jerusalén. Aleluya.


EVANGELIO

Continuación del santo Evangelio según S. Lucas. (XVIII, 9-14). 

En aquel tiempo, dijo Jesús a unos que se creían justos, y despreciaban a los demás, esta parábola: Dos hombres subieron al templo, a orar: uno fariseo, y el otro publicano. El fariseo, de pie, oraba para sí de este modo: Oh Dios, te doy gracias, porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros: ni tampoco como este publicano. Ayuno dos veces a la semana; doy los diezmos de todo lo que poseo. Y el publicano, estando lejos, no quería ni levantar los ojos al cielo: sino que golpeaba su pecho, diciendo: Oh Dios, ten misericordia de mí, que soy un pecador. Yo os digo: Este es el que volvió a su casa justificado, en vez del otro: porque, todo el que se ensalza, será humillado: y, todo el que se humilla, será ensalzado.


JUDÍOS Y GENTILES

El Venerable Beda, en su comentario sobre este pasaje de San Lucas, explica el misterio de este modo: “El Fariseo, representa al pueblo judío, que, ufano de la ley, ensalza sus méritos; el publicano representa al pueblo gentil, que, alejado de Dios, confiesa sus pecados. El orgullo del primero hace que sea humillado; el otro, levantado por sus gemidos, merece ser alabado. Por esto se halla escrito en otro lugar de estos dos pueblos, como de todo humilde y de todo soberbio: “La exaltación del corazón precede a la ruina, y la humillación del hombre a su gloriosa exaltación“. 

No podría, pues, elegirse en el sagrado Evangelio una enseñanza que conviniere mejor que ésta después del relato de la ruina de Jerusalén. Los fieles de la Iglesia que la vieron, en sus primeros días, humillada en Sión ante la arrogancia de la sinagoga, comprenden ahora estas palabras del Sabio: Más vale ser humillado con los humildes, que tomar parte en el reparto de los despojos con los soberbios. Según otra expresión de la lengua del judío, aquella lengua que difamaba al publicano y condenaba al gentil, se convirtió en su boca como en una vara de orgullo que le ha castigado a su vez atrayendo sobre él la ruina. Mas la gentilidad, adorando la justicia vengadora del Señor y ensalzando sus bondades, debe evitar tomar el camino por el que se ha extraviado el pueblo infortunado, cuyo puesto ocupa ella. La culpa de Israel ha originado la salvación de las naciones, dice San Pablo, pero su orgullo sería causa de su perdición; y, mientras a Israel le aseguran sus profecías un retorno a la gracia, al fin de los tiempos, nada promete a las naciones vueltas a los crímenes después de su bautismo, una nueva llamada de la misericordia. Si ahora el poder de la eterna Sabiduría hace que los gentiles produzcan frutos de gloria y honor no por eso se olviden de su anterior esterilidad; entonces la humildad, que sólo puede conservarlos, como poco ha, atrajo sobre ellos las miradas del Altísimo, les será cosa fácil, y a la vez comprenderán la benevolencia de que, a pesar de sus pecados, debe ser rodeado el pueblo antiguo.


LA HUMILDAD

La humildad, que produce en nosotros saludable temor, es una virtud que coloca al hombre en su verdadero lugar, en su propia estima, ya con relación a Dios, ya con relación a sus semejantes. Se basa en el conocimiento íntimo, causado por la gracia en nuestro corazón, de que Dios lo es todo en el hombre, y de la vacuidad de nuestra naturaleza, puesta por el pecado por debajo de la nada. La sola razón basta para dar a quien reflexione un instante, la convicción de la nada de toda criatura; mas en forma de conclusión puramente teórica, esta convicción no constituye la humildad, pues se impone al demonio en el infierno, y el despecho que le inspira, es el elemento más activo que excita la rabia de este príncipe de los orgullosos. No menos que la fe, que nos revela lo que es Dios en el orden del fin sobrenatural, la humildad, que nos enseña lo que somos en presencia de Dios, tampoco procede de la pura razón ni reside en sola la inteligencia; para que sea una virtud verdadera, debe recibir su luz de lo alto y mover nuestras voluntades en el Espíritu Santo. A la vez que hace penetrar en nuestras almas la noción de su pequeñez, el Espíritu divino las inclina suavemente a aceptarla, al amor de esta verdad, que la sola razón estaría tentada de considerar como algo importuno. 

Meditemos estos pensamientos; de este modo comprenderemos mejor cómo los mayores santos han sido aquí abajo los más humildes de los hombres, puesto que sucede lo mismo en el cielo, ya que la luz en los elegidos crece en proporción a su gloria. Junto al trono de su divino Hijo, como en Nazaret, Nuestra Señora es la más humilde de las criaturas, puesto que es la más iluminada y comprende mejor que los querubines y serafines, la grandeza de Dios y la nada de la criatura. 

La humildad es la que da a la Iglesia la confianza de que da pruebas en el Ofertorio. Esta virtud, en efecto, hace sentir al hombre su debilidad, a la vez que le muestra el poder de Dios, que tan presto está siempre a salvar a los que le invocan.


OFERTORIO

A Ti, Señor, elevo mi alma: en Ti confío, Dios mío, no sea yo avergonzado: ni se burlen de mi mis enemigos: porque, todos los que esperan en Ti, no serán confundidos. 

 

La Misa es a la vez el sumo honor que puede rendirse a la divina Majestad, y el remedio supremo de nuestras miserias. Esto es lo que expresa la Secreta.


SECRETA

Acepta, Señor, estos sacrificios a Ti dedicados, los cuales hiciste que fueran ofrecidos de tal modo en honor de tu nombre, que sirviesen al mismo tiempo de remedio nuestro. Por nuestro Señor. 

 

La Antífona de la Comunión canta la oblación pura, justa, que ha reemplazado a las víctimas de la ley mosaica en el altar del Señor.


COMUNIÓN

Aceptarás, Señor, sobre tu altar el sacrificio de justicia, las oblaciones, y los holocaustos. 


La incesante reparación que hallamos para nuestras miserias en el augusto Sacramento, seria de poco provecho si la divina bondad no nos prestase continuamente su ayuda con las gracias actuales, que conservan y acrecientan sin fin los tesoros del alma. Pidamos en la poscomunión este socorro que nos es tan necesario.


POSCOMUNIÓN

Suplicárnoste, Señor, Dios nuestro, no prives benigno de tus auxilios a los que no cesas de reparar con tus divinos sacramentos. Por nuestro Señor.

martes, 9 de agosto de 2022

San Juan María Vianney

 



SAN JUAN MARÍA VIANNEY, 
CONFESOR



LA POPULARIDAD DE LOS SANTOS

"Es un hecho que la Iglesia, después que ha pronunciado con previo, largo y minucioso conocimiento de causa, que tal o cual de sus hijos practicó en grado heroico las virtudes del Evangelio y que Dios le ha recompensado con el privilegio auténtico de hacer milagros, cuando inmediatamente es invocado, amado, aclamado, por desconocido que haya sido antes a las naciones extranjeras, y a pesar de sus esfuerzos por ocultarse a los demás e ignorarse así mismo.

"Aunque no haya sido más que un humilde cura de una parroquia de 200 almas, como fué la de Ars, a pesar de eso, los católicos del universo saben su nombre y quieren saber los detalles de su biografía. Si juzgamos a los santos con miras humanas, sería necesario declararles como los más astutos de todos los demás hombres, ya que ellos se dirigen, como por instinto, hacia esa celebridad mundial que muchos envidian sin poder nunca obtener.

"Nada, fuera de este aspecto, es atractivo en el espectáculo de su vida. Porque, ¡qué variedad en sus caminos y en sus métodos! ¡Qué diversidad, por no decir que contraste de caracteres y de obras! Unos permanecen extraños al mundo y solitarios; éstos, desbordantes de iniciativa, dejan sobre una sociedad, sobre un país o sobre su época la impronta de su acción; aquellos caminan en medio de tinieblas y a través de continuos matorrales de espinas que les hacen sangrar, mientras que otros muchos saltan por encima de los obstáculos y se ciernen en medio de la luz más brillante.

"Se ha creído mucho tiempo en la monotonía de los Santos. Mas en nuestros días van adquiriendo fama por todas partes. Escritores de valía han notado que la interesante ascensión de un genio es inferior a la emoción más fuerte de ver a un cristiano ascender hacia la perfección'".


UN CURA DE ALDEA

¿Qué encontramos hoy en el Calendario Litúrgico? Un cura de aldea: un pobre cura tan poco dotado intelectualmente que aún sus superiores dudaron permitirle ascender a las Ordenes. Le negaron por mucho tiempo el oficio de confesar y después le enviaron a una parroquia de las más, pequeñas y de las más pobres de la Diócesis de Lyon: de aspecto tan enclenque y de aire tan campesino que sus feligreses, que no eran exigentes, no se mostraron muy contentos; de memoria tan rebelde, que le eran necesarias siete u ocho horas de esfuerzos para aprenderse sus sermones; de una pobreza tan extrema que no tenia más que una sotana raída, un sombrero viejo, zapatos burdos claveteados, y que por toda herencia no pudo dejar a su parroquia más que su cuerpo extenuado por los ayunos, las disciplinas y el Cilicio.


LA CONVERSIÓN DE UNA PARROQUIA

sin embargo de eso, este pobre sacerdote haría que pronto se hablara de él. Al enviarle a Ars, el Vicario General le dijo: "No hay mucho amor de Dios en esa parroquia. Implántale tú, si puedes." Nunca fué observada mejor una consigna. Mas esto no sucedió sin sufrimientos, y más tarde el santo cura dirá: "Si yo hubiese sabido lo que debía sufrir aquí, hubiera muerto repentinamente." No perdonó nada para alcanzar de Dios la conversión de su parroquia. Se levantaba a la una o a las dos de la mañana, y pasaba una gran parte del día ante el Santísimo Sacramento; todas las tardes se daba disciplina hasta derramar sangre; jamás usaba de calefacción; su caridad le llevaba hacia todas las miserias de las almas a él confiadas, hacia los enfermos a quien el reconfortaba y salvaba.

Sus feligreses debieron pronto reconocer los méritos del cura que la Providencia les había enviado. Cuando le vieron transfigurado en el altar en que celebraba el Santo Sacrificio, cuando oyeron sus sermones muy sencillos, pero ardientes de amor de Dios y más todavía sus catequesis que ilustraba tanto a los grandes como a los más pequeños, cuando se dieron cuenta de las mortificaciones, que se imponía por ellos, cuando oyeron al demonio perseguirle, su estima aumentó y no tardaron en proclamar su santidad.


CONVERSIÓN DE LAS MULTITUDES

Su fama se extendió pronto por doquier y pronto las muchedumbres se agolpaban para ver a aquel cura que leía en las almas, predecía el futuro, curaba a los enfermos y tranquilizaba a las conciencias dándolas la luz y el perdón de parte de Dios. Mientras que en la otra extremidad de la diócesis de Belley, en otra aldea llamada Ferney, se veía a algunos admiradores esforzarse por sostener el prestigio de Voltaire, las muchedumbres cansadas ya de tanta duda, corrían hacia un humilde sacerdote, hacia una pobre aldea, hasta entonces desconocida, y allí comenzaban de nuevo a creer, esperar y amar. Dios realizaba una vez más la palabra del Apóstol San Pablo: "confundía con la necedad de la cruz la sabiduría de los sabios" 1 . Durante muchos años hubo un afluir de gente hacia Ars, comparable al que, en la Edad Media, conducía a las muchedumbres hacia los santuarios más renombrados.

Fácilmente se puede imaginar uno la fatiga, el martirio que causaría al santo sacerdote una
tal afluencia, las 17 horas pasadas cada día en el confesonario, el ayuno y las maceraciones. Hasta la tarde del 29 de Julio de 1859 continuó su ministerio sobrehumano. Por fin se vió obligado a quedarse en cama para no levantarse más. Los peregrinos forzaron la entrada de su habitación, y él, con valor heroico, prodigó sus bendiciones, sus consejos y sus absoluciones. Finalmente, en la mañana del 4 de Agosto se durmió en dulce paz, obedeciendo alegre al Señor que le llamaba para la recompensa.


VIDA

S. Juan María-Vianney nació en Dardilly, cerca de Lyon, el 8 de Mayo de 1786. Muy joven todavía aprovechaba del trabajo de los campos o de la guarda de las ovejas para pasar largas horas en el recogimiento y la oración. Gustaba reunir junto a sí a los niños de su edad y les enseñaba a amar a Dios y a rezar el rosario. Deseando ser sacerdote, fué conducido al cura de Ecully para que le enseñara el latín. Mas como encontraba grandes dificultades en el estudio, marchó en peregrinación a pedir a S. Francisco Regis, en Louvesc, la gracia de aprender lo suficiente para ser sacerdote. En efecto, se ordenó presbítero en 1815 y fué nombrado vicario de Ecully. Permaneció allí unos tres años viviendo en medio de una gran austeridad. Luego fué nombrado párroco de Ars donde encontró a unos vecinos poco cristianos a los que pronto convirtió, tanto por su caridad y penitencias heroicas, como por su predicación. El demonio envidioso de un tal resultado, le persiguió de mil maneras. Pronto acudieron de todas partes a su confesonario muchedumbres de gentes que venían a buscar junto a él la luz de la gracia de la conversión. Acabado por las fatigas murió el 4 de Agosto de 1859 a la edad de 73 años. San Pío X le beatificó en 1905 y le nombró patrono de todos los sacerdotes de Francia que tienen el cuidado de las almas y Pío X I le canonizó el 31 de Mayo de 1925.


LA CRUZ

Pasaron ya los primeros años de tu ministerio de los que decías: "Esperaba de un momento a otro ser suspendido y condenado a terminar mis días en las prisiones. En aquel tiempo se olvidaban de comentar el Evangelio en los púlpitos y se predicaba sobre el pobre cura de Ars. ¡Oh, cuánta cruz debía yo sobrellevar!... ¡Me abrumaba tanto que casi no lo podía soportar! Comencé a pedir el amor de las cruces; entonces fui feliz."

Para ti ha terminado ya el trabajo; mas desde el seno de tu reposo escucha a los obreros de la salvación implorar tu patrocinio; sosténles en tu misión cada día más ingrata, más llena de amarguras. A aquellos a quienes la paciencia amenaza doblegarse ante la persecución y las calumnias, repíteles las palabras que tu decías a uno de tus predecesores: "Amigo mío, haz como yo. Me enfadaría si Dios fuese ofendido; más por otra parte, me alegro en el Señor de todo aquello que él permite se diga contra mí, porque las condenaciones del mundo son bendiciones de Dios. Las contradiciones nos colocan al pie de las cruces y las cruces a la puerta del cielo. ¿Acaso el que huye de la cruz, no huye de Aquel que quiso ser clavado en ella y morir por nosotros? ¡Qué la cruz haga perder la paz! Es ella la que ha dado la paz al mundo, y la que debe llevarla a nuestros corazones."


LA SANTIDAD

Elevado a la Silla apóstolica en el día aniversario de tu entrada en la gloria, San Pío X que te insertó en el código de los Bienaventurados, escogió precisamente ese mismo día 4 de Agosto para dirigir al clero católico la exhortación solemne (1) que inspiraban a su corazón de Pontífice nuestros tiempos malvados y repletos de peligros. Ayuda con tus súplicas ante el pie del trono del Señor las recomendaciones que el sucesor de Pedro sacaba de vuestro ejemplo, cuando decía a los sacerdotes: "Sola la santidad puede hacer de nosotros lo que exige nuestra divina vocación, a saber, hombres crucificados al mundo y en los cuales esté crucificado el mismo mundo', que no miran hacia el cielo más que en lo que Ies concierne, y no perdonan esfuerzos para llevar a los demás." Hombres de Dios (2) ¿es necesario que se muestren únicamente aquellos que son la luz del mundo (3) la sal de la tierra (4) los embajadores (5) de Aquel que se digna llamarles sus amigos (6) que les hace dispensadores de sus dones? 7 No serán ellos fuente de santidad como tienen que serlo para los demás, si en primer lugar no son ellos mismos santos en el secreto de la faz del Señor; en la medida en que ellos se den a Dios, Dios se dará por su medio al pueblo.

¡Oh Juan María! Ojalá puedan decirse a sí mismos y decir a los demás contigo: "Fuera de Dios, no hay nada que sea sólido. La vida pasa; la fortuna se derrumba; la salud se destruye, la reputación es atacada. Nosotros caminamos como el viento. El paraíso, el infierno y el purgatorio tienen un gusto anticipado desde esta vida. El paraíso reside en el corazón de los perfectos que están muy unidos con nuestro Señor; el infierno está en el de los impíos; y el purgatorio en las almas que no están muertas a ellas mismas. El hombre ha sido creado para el amor: por eso está tan dispuesto para amar; por otra parte es tan grande que nada puede contenerle sobre la tierra. No está contento más que cuando se dirige hacia el cielo."




Sea todo a la mayor gloria de Dios.