viernes, 18 de marzo de 2022

San Cirilo de Jerusalén, Obispo y Doctor

  







SAN CIRILO DE JERUSALEN, OBISPO
Y DOCTOR DE LA IGLESIA



DOCTOR DEL SANTO BAUTISMO

Parecía bien que estos días consagrados a la instrucción de los catecúmenos, la Iglesia tributase sus homenajes al Pontífice cuyo nombre evoca mejor que ningún otro, el celo y prudencia que deben desplegar los pastores para preparación al Santo Bautismo. Durante mucho tiempo el pueblo cristiano se limitó a tributar los honores debidos a tan gran doctor con sólo mencionarle anualmente en el martirologio. Mas a la antigua expresión de reconocimiento por los servicios prestados en tiempos pasados, se junta hoy, con relación a San Cirilo, la necesidad de una institución no menos necesaria que en los primeros años del cristianismo. Es cierto que se confiere ahora el bautismo en la infancia; antes de que el hombre pierda la inocencia, la verdad se ha posesionado de él por medio de la fe infusa. Pero con frecuencia, el niño no encuentra a su alrededor la defensa que le es necesaria por su debilidad; la sociedad moderna ha renegado de Jesucristo y su apostasía, sofoca bajo la hipócrita neutralidad de pretendidas leyes, el germen divino en el bautizado jantes de que haya arraigado y fructificado. Ante la sociedad como ante el individuo el bautismo tiene sus derechos y no podemos honrar mejor a San Cirilo que haciéndonos eco, en el día de su fiesta, de estos derechos del primero de los sacramentos respecto de la educación que él exige de los bautizados.


DEBERES DE LOS GOBIERNOS PARA CON LOS BAUTIZADOS


Durante quince siglos el pueblo occidental, cuyo edificio social tenía por base la fe romana, mantuvo a sus miembros en la ignorancia de la dificultad en que se encuentra un alma al pasar de las regiones del error a la luz pura. Bautizados como nosotros al pasar los umbrales de la vida y establecidos en la verdad, nu estros padres nos llevaban la ventaja de palpar como el poder civil, de acuerdo con la Iglesia, defendía en ellos este gran tesoro de la plenitud de la verdad, al mismo tiempo que aquella salvaguardaba al mundo entero. Es deber del rey o de cualquiera—no importa el título—que vaya al frente de un pueblo, la protección de los particulares; y la gravedad de porvenir cuanto que se endereza a los pobres e imposibilitados de la sociedad? Nunca se ha manifestado mejor la majestad de la ley humana que en las cunas donde guarda al recién nacido, y al niño huérfano sin defensa, su vida, su nombre y su patrimonio.



DIGNIDAD DE LOS BAUTIZADOS

Así pues, el niño que ha salido de la sagrada pila cuenta con prerrogativas que superan a las que les pudieran dar la riqueza y la fortuna de sus antepasados y la fecundidad de su misma naturaleza. La vida divina reside en él; su nombre de cristiano le hace al igual de los ángeles; su herencia consiste en esta plenitud de verdad de la que hablamos poco ha, que no es otra cosa que Dios mismo poseído en la tierra por la fe, en la espera que se descubra a su amor en la felicidad de la visión eterna.

¡Qué grandeza, pues, en estas cunas donde llora la débil infancia!, pero también ¡qué responsabilidad para el mundo! Si para distribuir estos bienes Dios no espera a que aquellos a quienes deben ser conferidos hayan llegado a una edad suficiente para estimarlos; es sin duda porque este apresuramiento manifiesta la impaciencia de su amor, pero es así mismo porque cuenta con ese mundo para a su debido tiempo hacer la revelación de su dignidad a los hijos del cielo, para formarlos en los deberes que son consecuencia de su nombre, para elevarlos como conviene a la dignidad de hijos de Dios. La educación del hijo de un rey responde a su estirpe; aquellos a quienes se concede el honor de instruir les tienen naturalmente en cuenta su título de príncipe y por tanto los mismos conocimientos comunes a todos le son presentados y armonizados en lo posible con su alto destino. Todo, en efecto, concurre para el mismo ñn, que no es otro que disponerle a llevar gloriosamente su corona. ¿La educación de un hijo de Dios merécenos consideraciones? ¿Sería lícito olvidar su destino y origen en la atención que se le prodigan?


DERECHOS DE LA IGLESIA A LA EDUCACIÓN

Nada más cierto que sólo la Iglesia aquí abajo es capaz de explicar el origen de los hijos de Dios; sólo ella conoce los medios más convenientes de aunar todos los elementos del conocimiento humano con vistas al fin supremo que domina la vida del cristiano. ¿Qué debemos, pues, concluir sino que la Iglesia es por derecho la primera educadora de las naciones? Cuando crea escuelas, es porque todos los grados de las ciencias la interesan igualmente y entonces la misión recibida de ella para enseñar vale más que todos los diplomas y títulos. Por otra parte, cuando tales diplomas no han sido entregados por ella misma, el uso de estos documentos oficiales requiere su primera y principal legitimidad ante los cristianos por el reconocimiento de aquella estando en su pleno derecho al mantenerlos siempre bajo su vigilancia. Porque ella es madre de los bautizados y es derecho de las madres atender a la educación de los hijos cuando no es ella la que de esta educación por sí misma.


DEBERES DE LA IGLESIA 

Al derecho maternal de la Iglesia se añade sus deberes de Esposa del Hijo de Dios y custodia de los Sacramentos. La sangre divina no puede, sin pecado, derramarse inútilmente sobre la tierra; de las siete fuentes por las cuales el Hombre-Dios ha querido que tuviera lugar la fusión de esta sangre en virtud de la palabra de los ministros de la Iglesia, ni una sola se debería abrir si no fuese con la esperanza fundada de un efecto verdaderamente saludable y que responda al fin del Sacramento del que se hace uso. El bautismo sobre todo, que eleva al hombre de las profundidades de su nada a una nobleza sobrenatural, debería estar sometido en su administración a las reglas de una prudencia tanto más exigente cuanto que el título divino que confiere es eterno.

El bautizado que ignora voluntaria o forzosamente sus deberes y sus derechos se asemeja a aquellos hijos de familia que, sin culpa o con ella, serían la afrenta de sus descendientes al desconocer las tradiciones de la raza de donde proceden y arrastran inútilmente por el mundo una vida degenerada. Por tanto, lo mismo ahora que en tiempo de S. Cirilo de Jerusalén, la Iglesia no puede admitir ni ha admitido nunca a la fuente sagrada sin exigir del candidato al bautismo la garantía de una instrucción suficiente. Si es adulto debe dar por sí mismo la garantía de sus conocimientos; si todavía no tiene edad, y, sin embargo, la Iglesia los admite en la familia cristiana, es, porque debido al cristianismo de los mismos que los presentan y al estado social que los rodea, abriga para él la esperanza de una educación en conformidad con la vida sobrenatural hecha ya suya por el sacramento.


LA IGLESIA EDUCADORA 

Ha sido necesaria la consolidación indiscutible del imperio del Hombre-Dios sobre el mundo, para que la práctica del bautismo de los niños haya llegado a ser general, como lo es hoy, y no debemos extrañarnos si, la Iglesia, a medida que avanzaba la conversión de los pueblos, se haya encontrado envestida ella sola del deber de educar a las nuevas generaciones. Los cursos estériles de gramáticos, filósofos y retóricos a quienes solamente faltaba el único conocimiento necesario, el del fin de la vida, fueran pronto suplidos por las escuelas episcopales y monásticas, donde la ciencia de la salvación, a la vez que tenía el primer lugar, iluminaba a todas las otras con la verdadera luz. Regenerada ya la ciencia por el bautismo dió origen a las uníversidades que reunieron en fecunda armonía todo el conjunto de conocimientos humanos hasta entonces sin vínculo común y con frecuencia opuestos los unos a los otros. Desconocidas para el mundo antes del cristianismo, único portador de la solución de gran problema del tin de las ciencias, las universidades, cuyo objeto primero fué esta misma unión, permanecen por esta razón bajo el dominio inalienable de la Iglesia.


VANA PRETENSIÓN DE UN ESTADO NEUTRAL

En vano el Estado de nuestros días, paganizado de nuevo, pretende negar a la madre de los pueblos y atribuirse a sí mismo el derecho de calificar con este nombre de Universidad sus escuelas superiores. Las naciones descristianizadas se encuentran, lo quieran o no, sin derecho para fundar, sin fuerza para mantener en ellas estas instituciones gloriosas, en el verdadero sentido del nombre que han llevado y realizado en la historia. El Estado sin fe no mantendrá jamás en la ciencia otra unidad que la unidad de Babel. ¿Es que no podemos constatarlo ya con toda evidencia? El monumento de orgullo que quiere levantar frente a Dios y su Iglesia no tendrá otro efecto que renovar la espantosa confusión de que la Iglesia había arrancado a las naciones paganas cuyos errores vuelven a ser su patrimonio. El espoliador y el ladrón podrán revestirse de los títulos, de la víctima que ha despojado, mas la impotencia en que se encuentra de hacer gala de las cualidades que estos títulos, suponen no tienen otro resultado que evidenciar el robo cometido a su legítimo propietario.


LA NEUTRALIDAD 

Pero ¿es que negamos al Estado pagano o neutral, como hoy se dice, el derecho de educar a su manera a esos fieles que él ha creado a su imagen? En modo alguno. La protección que la Iglesia invoca como un derecho y un deber sólo se extiende a los bautizados. Y no lo dudemos; si la Iglesia constatase un día, que la sociedad no ofrece ya ninguna garantía al bautizado, volverá a la disciplina de aquella primera edad, en que la gracia del Sacramento que nos hace cristianos, no era concedida a todos indistintamente como sucede hoy sino tan sólo a los adultos que se mostraban dignos de ella o a los hijos de las familias que ofrecían las garantías necesarias a su responsabilidad de Madre y Esposa.

Las naciones entonces se dividirán en dos bandos: de una parte los hijos de Dios que vivirán de su vida y serán herederos de su trono; de otra los hombres invitados como todos los hijos de Adán a formar parte de esta nobleza sobrenatural, habrán preferido permanecer los esclavos de quien los quería por hijos en este mundo convertido por la Encarnación en su palacio. La educación común y neutral se presentará entonces más irrealizable que nunca; por muy neutral que se la suponga las escuelas de los servidores del palacio no serán apropiadas a los principes herederos.


PROTECCIÓN DE LOS SANTOS DOCTORES 

¿Están ya cerca los tiempos en que los hombres excluídos por su nacimiento del bautismo, deberán conquistar por sí mismos el privilegio de admisión en la familia cristiana? Solamente Dios lo sabe; pero no dejan de existir indicios que nos lo hacen creer. La institución de la fiesta de hoy significa, tal vez, en los designios de la providencia, un vínculo con las exigencias de la nueva situación que se crea a la Iglesia en relación con esto. Apenas hace una semana que presentábamos nuestros homenajes a S. Gregorio Magno, el doctor del pueblo cristiano; cinco días antes era el Doctor de las escuelas, Sto. Tomás de Aquino, cuya fiesta era solemnizada por la juventud cristiana estudiantil; ¿por qué hoy, después de quince siglos, este nuevo Doctor, doctor de una porción ya desaparecida, los Catecúmenos, sino porque la Iglesia ha visto los nuevos servicios que Cirilo de Jerusalén está llamado a prestar con los ejemplos ya las enseñanzas contenidas en las Catequesis? (1) Cuántos cristianos cuyo único gran obstáculo en su retorno a Dios, es una ignorancia desesperante, más profunda todavía que aquella de la que el celo de San Cirilo procuraba sacar a paganos y judíos.

VIDA

San Cirilo nació hacia el año 315. Entregado al estudio de la Sagrada Escritura, llegó a ser un valiente defensor de la fe ortodoxa. Ordenado sacerdote en 345, fué encargado de predicar la palabra de Dios y con esta ocasión compuso sus Catcquesis, donde sentó sólidamente todos los dogmas contra los enemigos de la fe. Hecho Obispo de Jerusalén, tuvo mucho que sufrir de parte de los arríanos, que le expulsaron en 357. A la muerte del emperador Constancio pudo volver, pero sufrió un nuevo destierro bajo Valente hasta que, por fin, fué restablecido en su silla por Teodosio. Murió en Jerusalén, en 386, después de 35 años de episcopado. León XIII le declaró Doctor de la Iglesia.


PLEGARIA AL DOCTOR

¡Oh Cirilo, tú fuiste un verdadero hijo de la luz! La sabiduría de Dios había conquistado desde la infancia tu amor; te levantó como faro que brilla junto al puerto y salva, atrayéndole a la orilla, al desgraciado que se encuentra sumergido en la noche del error. En el lugar mismo donde se habían realizado los misterios de la Redención del mundo, y en aquel siglo iv, tan fecundo en doctores, la Iglesia te confió la misión de preparar al bautismo las almas que la victoria reciente de cristianismo conducía a ella desde todas las condiciones sociales. Alimentada con la Escritura y las enseñanzas de la Madre común, la palabra brotaba de tus labios abundante y pura. La historia nos enseña que, impedido por otros cargos de tu sagrado ministerio de poder consagrar tus atenciones exclusivamente a los catecúmenos, debiste improvisar tus catequesis, donde la ciencia de la salvación se desprende con seguridad y llaneza hasta entonces desconocidas y nunca después superadas.

Para ti, Santo Pontífice, la ciencia de la salvación consistía en el conocimiento de Dios y de su Hijo Jesucristo, contenido en el símbolo de la Iglesia; la preparación al bautismo, a la vida de amor, significaba para ti la adquisición de esta ciencia, la única necesaria, a la vez profunda y directora de todo el hombre, no por la impresión de un vano sentimentalismo, sino bajo el imperio de la palabra de Dios, recibida como tiene derecho a serlo, meditada día y noche y que penetra hasta el fondo del alma para establecer en ella la plenitud de la verdad, la rectitud moral y el desprecio del error.


SÚPLICA AL PASTOR

Confiado en tus oyentes, no temías descubrirles los argumentos y las abominaciones de las sectas enemigas. Hay tiempos y circunstancias cuya apreciación pertenece a los jefes del rebaño, en que deben menospreciar la repugnancia que inspiran tales exposiciones para denunciar el peligro y poner en guardia a sus ovejas contra los escándalos del espíritu o de las costumbres. Con razón, oh Cirilo, tus airadas invectivas perseguían al maniqueísmo hasta el fondo mismo de sus antros impuros. En él adivinabas al agente principal de ese misterio de iniquidad (2), que prosigue su marcha tenebrosa a través de los siglos hasta que consiga hacer sucumbir al mundo con su ponzoña y su orgullo.

Manes reina en nuestros días en plena libertad; las sociedades secretas creadas por él, han llegado a ser soberanas. Las sombras de las logias continúan, es cierto, ocultando a los profanos sus símbolos sacrilegos tomados de los persas; mas la habilidad del principe de este mundo ha concentrado ya, en las manos de este fiel aliado suyo, todas las fuerzas sociales. Hoy el poder le pertenece y el primer y único uso que hace de él, es para perseguir a la Iglesia por odio a Cristo. La niega el derecho de enseñanza, recibido de su Cabeza; a los mismos hijos engendrados por ella, que la pertenecen por el derecho del bautismo, se pretende arrancárselos a viva fuerza e impedir que presida su educación.

Oh Cirilo, a quien ella acude en demanda de socorro en estos tiempos desafortunados, no defraudes su confianza. Conoces las exigencias del Sacramento que engendra a los cristianos. Protege el bautismo en tantas almas inocentes, en quienes se quiere hacerlo desaparecer. Sostén despierta, si fuere necesario, la fe de los padres cristianos; que comprendan que su deber es proteger a sus hijos con su propia sangre, antes que entregar a las bestias el alma de estos hijos, que es más preciosa todavía.

Muchos, y éste es uno de los grandes consuelos de la Iglesia al mismo tiempo que la esperanza de una sociedad atacada por todas partes, han comprendido el deber que se imponía en estas circunstancias. Siguiendo la ley de su conciencia y amparándose en su derecho de padres de familia, prefirieron sufrir la violencia de la fuerza bruta de nuestros gobiernos, antes que hacer una sola concesión a los caprichos de una legislación del Estado pagano, tan absurda como odiosa. Bendícelos y aumenta su número. Bendice igualmente, sostén e ilumina a los fieles que se entregan a la tarea de instruir y salvar a esos niños, a quienes venden los poderes públicos. ¿Hay misión más urgente en nuestros días que la del catequista? ¿Hay alguna que pueda y deba llegar más al corazón?


Notas

1. Las 24 instrucciones atribuidas a S. Cirilo se encuentran en el tomo XXXIII de la Patrología griega. Están divididas:

1.°, una catequesis preliminar que tiene por objeto preparar a los oyentes a seguir con fruto los ejercicios que preceden a la recepción del bautismo. 2.°, diezciocho pronunciadas durante Cuaresma, que tratan de los artículos del Símbolo bautismal de Jerusalén. 3.°, un grupo de cinco catequesis designadas con el nombre de "catequesis mistagógicas", que explican las ceremonias observadas en la administración del bautismo, y los Sacramentos de la Confirmación y de la Eucaristía. Fueron pronunciadas ante los neófitos en el curso de semana, que siguió a la fiesta de Pascua, para acabar con ellas la formación de los recién bautizados.

Estudios recientes demuestran que, en adelante, será imprudente colocar estos últimos entre las obras de San Cirilo, y que es necesario atribuirlas a su sucesor en el episcopado, Juan de Jerusalén. íMuseon, t. LV, p. 43, art. de W. J. Svaans, M. O,),

2. II Tesal., II, 7.




Sea todo a la mayor gloria de Dios.

jueves, 17 de marzo de 2022

San Patricio, Obispo y Confesor


SAN PATRICIO, OBISPO Y CONFESOR


EL APÓSTOL DE IRLANDA

La Iglesia presenta a nuestra consideración al apóstol de todo un pueblo: Patricio, luz de Irlanda, padre de esta raza ñel de mártires que tardará en extinguirse. En él resplandece el don del apostolado: Cristo le plantó en su Iglesia y debe perpetuarse en ella eternamente. Los evangelizadores se dividen en dos grupos: unos recibieron el encargo de roturar una parte pequeña del pueblo gentil y depositar en ella la semilla: germina ésta según sea mayor o menor la perversidad o docilidad de los hombres. Otros desarrollan su misión en rápida conquista que somete al Evangelio a naciones enteras. Entre estos se encuentra Patricio; y en él debemos reverenciar a uno de los monumentos más insignes de la misericordia divina con los hombres. Admiremos también la solidez de su obra. En el siglo v se encontraba casi toda la Gran Bretaña sumida en las sombras del paganismo; Alemania no tenía noticia de la venida de Cristo a este mundo; todo el norte europeo dormía el letargo de la infidelidad. Antes que otra nación despertara de este sopor Irlanda poseía ya la nueva de la salvación. La palabra divina traída por su apóstol prospera en esta isla más fértil espiritual que materialmente. Abundan los santos que se extienden por toda Europa; los irlandeses devuelven el servicio prestado por el santo iniciador a otras naciones. Y cuando llega la apostasía del siglo xvi, cuando a la herejía de Alemania se añade la deserción de Inglaterra, de Escocia, del Norte entero, sólo Irlanda permanece fiel; ninguna persecución por cruel y encarnizada que fuese pudo arrancar la fe en que la inició San Patricio.


Vida

Patricio, llamado apóstol de Irlanda, nació en Gran Bretaña. Libertado del cautiverio en que había sido puesto en su infancia, llegó a ordenarse de sacerdote, viajó por ‘todas partes, abrazó la vida monástica en Lérins y en Tours y, finalmente, partió a evangelizar Irlanda. San Celestino le consagró obispo en 413 para la realización de esta empresa. Sus trabajos y fatigas quedaron recompensados con la conversión de la isla, llamada posteriormente Isla de los Santos. Austero y piadoso a la vez, estaba en continua oración. Fué adornado con el don de profecía y de milagros, murió hacia el año 461 y fué sepultado en Downe.


LA FE

Tu vida, oh Patricio, transcurrió toda entre los trabajos del Apostolado. ¡Qué hermosa ha sido la recolección del fruto sembrado por tus manos y regado con tus sudores! Pero no hiciste caso de las fatigas porque se trataba de procurar a los hombres el don de la fe; y el pueblo a quien la confiaste la ha custodiado con una fidelidad que te honrará eternamente. Ruega por nosotros para que esta fe sin la cual es imposible agradar a Dios 1 tome posesión de nuestro espíritu y de nuestros corazones. El justo vive de la fe 2 nos dice el profeta; y estos días ella nos manifiesta la justicia y la misericordia del Señor para llamarnos a penitencia y a ofrecer a Dios el homenaje del arrepentimiento. La Iglesia nos impone estos deberes que aterran a nuestra debilidad porque la fe se ha debilitado. Porque si la fe estuviese arraigada en nuestros pensamientos seríamos amantes del sacrificio. Tu vida tan pura y tan llena de virtudes no se olvidó de la mortificación; ayúdanos pues a seguir tus pasos.


SÚPLICA

Ruega por la Isla Santa, oh Patricio, tú que eres su padre y a ella honra con ferviente culto. Santo Pontífice, intercede también por aquella que te sirvió de cuna; adelanta con tu mediación el día de su retorno a la unidad católica. Acuérdate, en fin, de toda la Iglesia; tus súplicas son las de un apóstol; por eso serán bien recibidas ante el trono de quien te envió.




Sea todo a la mayor gloria de Dios.

domingo, 13 de marzo de 2022

Segundo Domingo de Cuaresma

 


SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA


LA TRANSFIGURACIÓN

Propone hoy la Santa Madre Iglesia a nuestra consideración un asunto de capital importancia para el tiempo en que estamos. La lección que el Salvador dió un día a tres de sus Apóstoles, nos la aplica a nosotros en este segundo Domingo de la Santa Cuaresma. Esforcémonos por estar más atentos a lo que estuvieron los tres discípulos del Evangelio de hoy cuando su maestro se dignó preferirles a los demás para honrarlos con favor tan señalado.


LA CONDESCENDENCIA DE JESÚS

Preparábase Jesús a pasar de Galilea a Judea para ir a Jerusalén donde debía hallarse en la fiesta de la Pascua. Era esta la última Pascua que iba a comenzar con la inmolación del cordero figurativo y acabarse con el sacrificio del Cordero de Dios que borra los pecados del mundo. Jesús no debía ser ya desconocido a sus discípulos. Sus obras habían dado testimonio de él a los ojos de los mismos extraños; su palabra de tan calificada autoridad, su bondad tan atractiva, su paciencia en sufrir la grosería de los hombres que se había escogido por compañeros; todo debió contribuir a unírseles a él hasta la muerte. Habían oído a Pedro, uno de ellos, declarar por inspiración divina que era Jesús el Cristo, el Hijo de Dios vivo; la prueba, sin embargo, que se les venía encima iba a ser tan espantosa, dada su flaqueza, que Jesús quiso antes de someterles a ella procurarles un último socorro para armarles contra la tentación.


EL ESCÁNDALO DE LA CRUZ

No sólo para la Sinagoga, desgraciadamente, iba a ser la Cruz motivo de escándalo; Jesús en la última Cena decía delante de sus apóstoles reunidos en torno suyo: “Todos os escandalizaréis esta noche por mi causa”. ¡Qué prueba cruel para hombres carnales como ellos el verle arrastrado y cargado de cadenas por mano de soldados, conducido de un tribunal a otro, sin pensar en defenderse; el ver salir adelante aquella conspiración de pontífices y fariseos tan frecuentemente confundidos por la cordura de Jesús y el brillo de sus milagros; ver al pueblo que poco antes gritaba Hosanna, reclamar apasionadamente su muerte; verle finalmente expirar en patíbulo infame entre dos ladrones y servir de trofeo a los odios reconcentrados de sus enemigos! ¿No se desalentarán a la vista de tantas humillaciones y sufrimientos esos hombres que desde hace tres años siguen sus pasos? ¿Se acordarán de cuanto han visto y oído? ¿El pavor y cobardía no paralizarán sus almas el día en que se cumplan las profecías que les hizo sobre su persona? Jesús, no obstante quiere ensayar un último esfuérzo en tres de ellos que le son especialmente queridos: Pedro, a quien ha hecho fundamento de su futura Iglesia, Santiago, el hijo del trueno, que será el primer mártir en el colegio apostólico, y Juan su hermano, que es llamado el discípulo amado. Jesús quiere tomarlos aparte y mostrarles por unos instantes el esplendor de la gloria que oculta a los ojos de los mortales hasta el día de la manifestación.


LA TRANSFIGURACIÓN

Deja, pues, a los otros discípulos en la llanura cerca de Nazareth, y se dirige con los tres escogidos hacia una alta montaña llamada Tabor, que se encadena a las estribaciones del Líbano de que el salmista nos dice que debía exultar al nombre del Señor. Apenas llega Jesús a la cima de esta montaña, de repente desaparece su mortal aspecto a los ojos maravillados de los tres Apóstoles; su cara resplandece como el sol, sus vestidos brillan con la blancura deslumbrante de la nieve. Dos personajes inesperados están allí ante los Apóstoles y platican con su Maestro sobre los sufrimientos que le esperan en Jerusalén. Son Moisés, el legislador, coronado de rayos y Elias el profeta arrebatado en un carro de fuego, sin pasar por la muerte. Estos dos grandes potentados de la religión mosaica—la Ley y la Profecía—se inclinan humildemente delante de Jesús de Nazareth. Y no sólo los ojos de los tres apóstoles son iluminados del resplandor que rodea a su Maestro y sale de El, sino que sus corazones se ven sobrecogidos de vivo sentimiento de felicidad que les encadena a la tierra. Pedro no quiere ya bajar de la montaña; con Jesús, con Moisés y Elias quiere sentar allí sus reales. Y para que nada faltara a esta escena en que las grandezas de la humanidad de Jesús se manifiestan a los apóstoles, el testimonio del Padre celestial sale de una nube luminosa que acaba de cubrir la cima del Tabor, y oyen proclamar a Dios que Jesús es su hijo eterno.

Este instante de gloria para el Hijo del hombre duró poco; su misión de sufrimientos y humillaciones le llamaba a Jerusalén. Retiró, pues, dentro de sí ese resplandor sobrenatural; y cuando volvió en sí a los apóstoles a quienes la voz del Padre había dejado como anonadados, ya no vieron más que a su Maestro. La nube luminosa desde la que había resonado la palabra de Dios se había desvanecido. Moisés y Elias habían desaparecido. ¿Recordarán siquiera lo que vieron y oyeron esos hombres honrados con tan insigne favor? ¿Quedará en adelante impresa en su memoria la divinidad de Jesús? Cuando llegue la hora de la prueba, ¿no desconfiarán, por ventura, de su divina misión? ¿No se escandalizarán de su humillación voluntaria? Los relatos evangélicos que siguen nos contestarán.


LA AGONÍA DE GETSEMANÍ

Poco tiempo después, habiendo celebrado con ellos su última Cena, guía Jesús a sus discípulos a otra montaña, la de los Olivos al este de Jerusalén; deja a la entrada de un jardín a la mayoría de ellos, y tomando consigo a Pedro, Santiago y Juan se adentra en aquel lugar solitario; “triste está mi alma hasta la muerte, les dice, quedaos aquí, velad conmigo un poco'”. Y se aleja a cierta distancia para rogar a su Padre. Sabemos qué inmenso dolor oprimía entonces el corazón del Redentor. Cuando vuelve hacia sus tres discípulos la agonía ha pasado por él; un sudor de sangre ha empapado sus vestiduras. En medio de crisis tan atroz ¿velan al menos entonces ardorosos en espera del instante en que han de sacrificarse por él? No; se han dormido; sus ojos se han vuelto abrumados de sueño. Dentro de poco todos huirán, y Pedro el más animoso jurará que no le conoce.


LECCIÓN DE FE

Más tarde los tres apóstoles testigos de la Resurrección de su Maestro retractaron su conducta con sincero arrepentimiento y reconocieron la previsora bondad con que el Salvador quiso armarles contra la tentación, haciéndose ver de ellos en su gloria tan poco tiempo antes de su Pasión. Por lo que a nosotros cristianos atañe, no aguardemos a abandonarle y traicionarle para reconocer su grandeza y divinidad. Estamos en puertas del aniversario de su sacrificio; nosotros también le vamos a ver humillado por sus enemigos y aplastado bajo el brazo de Dios. No desfallezca nuestra fe ante ese espectáculo; el oráculo de David que nos le representa semejante a un gusano al que se pisotea; la profecía de Isaías que nos le describe como un leproso, como el último de los hombres, el varón de dolores, todo esto se va a cumplir a la letra. Acordémonos entonces de los resplandores del Tabor, de los homenajes de Moisés y Elias, de la nube luminosa, de la voz del Padre. Cuanto más Jesús va a anonadarse a nuestra vista más debemos ensalzarle con nuestras aclamaciones, diciendo con las milicias angélicas, con los veinte y cuatro ancianos que San Juan, uno de los testigos del Tabor, oyó en el cielo: “Digno es el Cordero que ha sido inmolado, de recibir el poder y la divinidad, la sabiduría y la fortaleza, el honor, la gloria y la bendición”.

El segundo domingo de Cuaresma se apellida Reminiscere, primera palabra del Introito de la Misa, y también se le llama domingo de la Transfiguración con ocasión del Evangelio que acabamos de explanar.

La Estación en Roma se celebra en la Iglesia de Santa María in Dominica en el monte Celio. Una leyenda nos cuenta que esta basílica es la antigua Diaconía habitada por San. Ciríaco donde San Lorenzo distribuía las limosnas de la Iglesia.


MISA

La Iglesia nos espolea en el Introito a la confianza en la misericordia de Dios que nos librará de nuestros enemigos, si le invocamos de corazón. Ansiamos alcanzar dos beneficios de él en la Cuaresma: El perdón de nuestros pecados y su protección para no volver a caer en ellos.


INTROITO

Acuérdate, Señor, de tus piedades y de tu misericordia, que son eternas: para que nunca nos dominen nuestros enemigos: líbranos, oh Dios de Israel, de todas nuestras angustias. — Salmo: A ti, Señor, elevo mi alma: en ti confío, Dios mío; no sea yo avergonzado. V. Gloria al Padre.


En la Colecta pedimos por nuestras necesidades interiores y exteriores; Dios nos dará el correspondiente remedio si nuestra plegaria es humilde y sincera; estará al tanto de nuestros menesteres corporales y defenderá nuestras almas contra las sugestiones del enemigo que pretende profanar hasta nuestros pensamientos.


COLECTA

Oh Dios, que nos ves destituidos de toda fuerza: guárdanos interior y exteriormente; para que seamos protegidos contra toda adversidad en el cuerpo, y seamos purificados de los malos pensamientos en la mente. Por el Señor.


EPÏSTOLA

Lección de la Epístola del Apóstol S. Pablo a los Tesalonicenses.


Hermanos: Os rogamos y exhortamos en el Señor Jesús a que, habiendo aprendido de nosotros la manera cómo debéis caminar y agradar a Dios, caminéis de modo que siempre progreséis más y más. Porque ya sabéis qué mandamientos os dimos de parte del Señor Jesús. Porque la voluntad de Dios es vuestra santificación: que os abstengáis de la fornicación: que cada uno de vosotros sepa conservar su vaso con santificación y honor, y no con afecto de concupiscencia, como los gentiles que ignoran a Dios: que ninguno oprima, ni engañe a su hermano porque el Señor es vengador de todo esto, como ya os lo hemos dicho y atestiguado. Porque no nos ha llamado Dios a la inmundicia, sino a la santificación, en Jesucristo, Nuestro Señor.


LA SANTIDAD DEL CRISTIANO

Insiste el Apóstol en este paso sobre la santidad de costumbres que debe brillar en el cristiano; y la Iglesia que nos propone estas palabras exhorta a los fieles a aprovechar el tiempo en que estamos para restaurar en ellos la imagen de Dios en la que fueron renovados por la gracia bautismal. El cristiano es un vaso de honor, preparado y embellecido por la mano de Dios; guárdese, pues, de la ignominia que le degradaría y haría digno de ser quebrado y arrojado al muladar con las inmundicias. Gloria es del cristianismo el haber hecho partícipe al cuerpo de la santidad del alma; no obstante nos advierte su doctrina celestial, que esta santidad del alma se empaña y pierde por la sordidez del cuerpo. Restauremos, pues, en nosotros al hombre entero con la ayuda de la práctica de esta santa Cuaresma. Purifiquemos nuestras almas por la confesión de los pecados, por la compunción del corazón, el amor al Señor misericordioso, y rehabilitemos nuestro cuerpo haciéndole llevar el yugo de la expiación a fin de que en adelante sea servidor del alma y su dócil instrumento, hasta que, posesionándose esta de la felicidad sin fin y sin medida, vierta sobre aquel la sobreabundancia de delicias en que se verá felizmente anegada.

En el Gradual, el hombre, a la vista de los peligros que le asedian, clama al Señor su sólo amparo, que puede hacerle triunfar del enemigo casero cuyos insultos frecuentemente soporta. El Tracto es un cántico inspirado por la confianza en la divina misericordia, y al propio tiempo una petición que dirige la Iglesia a su Esposo en favor del pueblo fiel a quien se dignará visitar y salvar con la gran festividad todavía lejana pero a la que nos acercamos, sin embargo, cada día.


GRADUAL

Se han multiplicado las tribulaciones de mi corazón: líbrame, Señor, de mis necesidades. J. Mira mi humildad y mi trabajo: y perdona todos mis pecados.


TRACTO

Alabad al Señor, porque es bueno: porque su misericordia es eterna. Y. ¿Quién expresará las maravillas del Señor, y quién contará sus alabanzas? V. Bienaventurados los que guardan la ley, y practican la justicia en todo tiempo. V. Acuérdate de nosotros, Señor, según tu benevolencia para con tu pueblo: visítanos con tu salud.


EVANGELIO

Continuación del santo Evangelio según S. Mateo.


En aquel tiempo tomó Jesús a Pedro, y a Santiago, y a Juan, su hermano, y los llevó aparte, a un elevado monte: y se transfiguró ante ellos. Y resplandeció su cara como el sol: y sus vestidos se tornaron blancos como la nieve. Y he aquí que se les aparecieron Moisés y Elias, hablando con El. Y, respondiendo Pedro, dijo a Jesús: Señor, es bueno estarnos aquí: si quieres, hagamos aquí tres tiendas, una para ti, una para Moisés, y una para Elias. Aun hablaba él, cuando una nube lúcida les envolvió. Y he aquí una voz de la nube, diciendo: Este es mi amado Hijo, en el que me he complacido bien: oídle a El. Y, al oírlo los discípulos, cayeron sobre sus rostros, y temieron mucho. Y se acercó Jesús, y les tocó, y les dijo: Levantaos, y no temáis. Y, alzando sus ojos, no vieron a nadie, sino sólo a Jesús. Y, al descender ellos del monte, les ordenó Jesús, diciendo: A nadie diréis esta visión, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos. — Credo.


BONDAD DE JESÚS Y FLAQUEZA DE LOS APÓSTOLES

De este modo acudía Jesús en ayuda de sus Apóstoles en vísperas de la prueba, y quería estampar profundamente su imagen gloriosa en sus almas, previendo el día en que el ojo carnal no vería en él más que flaqueza e ignominia. ¡Oh previsión de la gracia divina, que jamás falta al hombre y que justifica siempre la bondad y justicia de Dios! Hemos pecado como los Apóstoles, y como ellos hemos desaprovechado la ayuda que el cielo nos deparaba, hemos cerrado voluntariamente los ojos a la luz y olvidado el resplandor que nos había antes extasiado, y hemos caído de bruces. No hemos, pues, sido tentados por encima de nuestras fuerzas y nuestros pecados nos son en verdad cosa propia. Los tres apóstoles se vieron expuestos a tentación violenta el día en que su Maestro pareció haber perdido toda su grandeza, les era, no obstante, fácil fortalecerse con un recuerdo glorioso y reciente. Olvidados de esto se entregaron al desaliento, y no pensaron en reanimar su fortaleza con la oración; y los testigos afortunados del Tabor se mostraron cobardes y desleales en el Huerto de los Olivos. No les quedó más remedio que echar mano a la clemencia cuando triunfó de sus despreciables enemigos; y lograron el perdón del corazón generoso de su Maestro.


CONFIANZA EN LA MISERICORDIA DIVINA

Nosotros también acudimos a implorar esa misericordia sin tasa. Hemos abusado de la divina gracia; la hicimos estéril por nuestra deslealtad. La fuente de esa gracia, fruto de la sangre y de la muerte del Redentor, no se ha agotado para nosotros, mientras vivimos en este suelo; estemos dispuestos cada día a acudir a su refrigerio. Nos solicita a la enmienda de nuestra vida, y desciende abundosa a nuestras almas en el tiempo en que nos hallamos; mana abundantemente de los santos ejercicios de Cuaresma. Subamos al monte con Jesús; en esas alturas no se oye ya la baraúnda de la tierra. Fijemos allí nuestra tienda durante cuarenta días en compañía de Moisés y Elias, quienes como nosotros y antes que nosotros santificaron ese número con sus ayunos; y cuando el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos, publicaremos los favores con que se dignó agraciarnos en el Tabor. Exhórtanos la Iglesia en el ofertorio a meditar los divinos mandamientos. ¡Ojalá nos sea dado amarlos como los amó el profeta rey cuyas palabras relatamos! e.


OFERTORIO

Meditaré en tus mandamientos que mucho amo: y elevaré mis manos a tus preceptos, que mucho estimo.


Saquemos de la asistencia a la Misa, al soberano Sacrificio, la entrañable devoción cuya fuente inagotable es, conforme lo pide a favor nuestro la Iglesia en la Secreta. Esta hostia que pronto va a ofrecerse es la prenda y pago de nuestra salvación; merced a ella nuestros corazones fielmente preparados alcanzarán lo que puede aún faltarles para reconciliarse con el Señor.


SECRETA

Suplicárnoste, Señor, mires aplacado los presentes sacrificios: para que aprovechen a nuestra devoción y salud. Por el Señor.


A la vista de aquel que es su Salvador y su Juez, presente en este inefable misterio, el alma penitente exclama quejumbrosa con ardor y confianza. Eso intentan las palabras del salmista que constituyen la antífona de la Comunión.


COMUNIÖN

Escucha mi clamor: atiende a la voz de mi oración, oh Rey mío y Dios mío: porque a ti oraré, Señor.


Recomienda especialmente a Dios la Iglesia en la Poscomunión a sus hijos que acaban de participar de la víctima que se ha inmolado. Jesús les ha sustentado con su propia carne; justo es le honre con la renovación de su vida.


POSCOMUNIÓN

Suplicárnoste humildemente, oh Dios omnipotente, hagas que, los que tú alimentas con tus sacramentos, te sirvan también con buenas costumbres. Por el Señor.

sábado, 12 de marzo de 2022

San Gregorio Magno, Papa y Doctor de la Iglesia











SAN GREGORIO MAGNO, 
PAPA Y DOCTOR DE LA IGLESIA



SU NOMBRE

Entre todos los pastores que Cristo ha dado a la Iglesia Católica para representarle en la tierra, ninguno ha sobrepujado en méritos y renombre al santo Papa que hoy celebramos. Su nombre, Gregorio, significa vigilancia; su sobrenombre es Magno, que ya poseía cuando Gregorio VII ocupó la sede de Pedro. Estos dos Papas son hermanos y todo el mundo católico los confunde en un mismo amor y una admiración común.

EL ORGANIZADOR DE LA LITURGIA

Este, cuya memoria celebramos, es ya conocido por los fieles que se interesan en seguir a la Iglesia en la Liturgia. Pero sus trabajos sobre el servicio de Dios, en todo el curso del año, no se han limitado a enriquecer nuestros oficios con algunos cánticos, sino que además, todo el conjunto de la liturgia romana le reconoce por su principal organizador. Fué quien recogiendo y poniendo en orden las oraciones y ritos instituidos por sus predecesores les dió la forma que conservan aún hoy día. El canto eclesiástico recibió igualmente de él su último perfeccionamiento; el celo del santo pontífice por recoger las antiguas melodías de la Iglesia, por sujetarlas a reglas y disponerlas según requería el servicio divino, han hecho que su nombre vaya siempre unido a esta obra musical tan grandiosa que proporciona tanta majestad a las funciones sagradas y que contribuye tan poderosamente a preparar el alma del cristiano al respeto de los misterios y al recogimiento y piedad.

EL DOCTOR

Pero la influencia de Gregorio no se reduce a estos trabajos que bastarían para inmortalizar a otro pontífice. Cuando él fué dado a la cristiandad, la Iglesia latina contaba sólo con tres grandes doctores: Ambrosio, Agustín y Jerónimo; la ciencia de Gregorio le concedió el honor de añadir su nombre al de aquellos. El conocímiento de las sagradas Escrituras, la penetración de los divinos misterios, la unción y la autoridad, indicios de la asistencia del Espíritu Santo, dominaban por entero en sus escritos; y la Iglesia se alegra de haber recibido en él un nuevo maestro en la doctrina sagrada. El respeto que se ha tenido a todo lo que salió de la pluma de tan gran doctor, ha preservado de la destrucción su inmensa correspondencia; y en ella se puede ver que no hay tema en el mundo cristiano que su infatigable mirada no haya tratado; no hay cuestión religiosa, lo mismo personal que local, en Oriente como en Occidente, que no hayan alcanzado los esfuerzos de su celo y en la que no haya intervenido como pastor universal. Elocuente lección dada por los actos de un Papa del siglo VI a estos innovadores actuales que han pretendido tan osadamente sostener que la prerrogativa del Pontífice Romano no tenía por base más que documentos fabricados más de dos siglos después de la muerte de S. Gregorio.

EL APÓSTOL

En la Sede apostólica apareció el heredero de los apóstoles no sólo como depositario de su autoridad, sino también como asociado a su misión de llamar a la fe a todos los pueblos. Ahí está Inglaterra para atestiguar que si conoce a Jesucristo, si ha merecido ser llamada durante tantos siglos la Isla de los Santos, lo debe a San Gregorio Magno. Movido a compasión hacia los ingleses de quienes, según decia quería hacer ángeles, envió en 596 a la isla al monje Agustín con cuarenta compañeros, todos hijos de San Benito como él. El Papa vivió el tiempo suficiente para poder recoger en ese campo la cosecha evangélica. Es de ver el entusiasmo del santo anciano cuando nos muestra el “Alleluia y los himnos romanos repetidos en una lengua acostumbrada a los cantos bárbaros, el océano allanado bajo los pies de los santos, las olas de pueblos indómitos calmadas a la voz de los sacerdotes'”.

EL SANTO

Pero ¿quién podrá pintar las virtudes que hieieron de Gregorio un prodigio de santidad? Ese desprecio del mundo que le hizo buscar un asilo en la santidad del claustro, esa humildad que le llevó hasta a huir de los honores del pontificado, de tal modo que se necesitó un prodigio de Dios para revelar el escondrijo donde se hallaba él, cuyas manos eran tanto más dignas de tener las llaves del cielo, cuanto más pesadas fuesen; ese celo por toda su grey considerándose él como su esclavo y no como su jefe, honrándose del título de servidor de los servidores de Dios; esa caridad para con los pobres que no tuvo límites; esa solicitud infatigable de la que nadie dejó de beneficiarse y que de todo se ocupó, de las calamidades públicas, de los daños de la patria y de las desgracias particulares; esa constancia y amable serenidad en medio de los mayores sufrimientos que cayeron sobre su cuerpo durante todo el tiempo de su pontificado, esa firmeza en conservar la fe y en perseguir el error en todas partes; en fin, esa vigilancia por la disciplina que fué renovada y sostenida por él durante varios siglos en toda la Iglesia; tantos servicios, tantos insignes ejemplos han impreso la memoria de Gregorio en todos los cristianos con rasgos que jamás se borrarán.

Vida

S. Gregorio nació en Roma hacia 540. Primero se dió a la política; más tarde, en 571 llegó a ser sacerdote en Roma; fundó seis monasterios con su rico patrimonio y se hizo monje. Después de nombrado cardenal-diácono en 577, fué enviado como legado a Constantinopla para representar a la Iglesia Romana cerca de Tiberio. Vuelto a Roma en 584, volvió a entrar en su monasterio donde fué elegido Abad. En 590 tuvo que aceptar el Papado y fué consagrado en San Pedro el 3 de septiembre. Fué ejemplo para todo el episcopado por su celo y sus virtudes; donde la fe católica no estaba muy segura, él la restableció; reprimió a los herejes, envió misioneros a Inglaterra, defendió los derechos de la Iglesia, organizó el culto y el canto litúrgico, fijó las iglesias estacionales, escribió varios comentarios de las Sagradas Escrituras. Obró muchos milagros y murió en 604 el año 13 de su pontificado.

SÚPLICA POR LA JERARQUÍA

Padre del pueblo cristiano, vicario tanto de la caridad como de la autoridad de Cristo, Pastor vigilante, el pueblo cristiano a quien con tanta fidelidad has amado y servido se dirige a ti con toda confianza. Ya que nunca has olvidado a tu querida grey escucha hoy su oración. Protege y dirige al Sumo Pontífice que hace las veces de Pedro y las tuyas; dale luces en sus consejos y fortifica su voluntad. Bendice a toda la jerarquía que te debe tan buenos preceptos y tan admirables ejemplos. Ayúdales para que mantengan inviolable el depósito de la fe; ayúdales en sus esfuerzos por restablecer la disciplina eclesiástica, sin la que todo es desorden y trastorno. Dios te escogió para ordenar el culto, la sagrada liturgia, en el pueblo cristiano; intercede para que de nuevo se vuelva a esta manera de oración que se ha olvidado casi por completo. Estrecha cada vez más el lazo vital de las Iglesias en la obediencia a la cátedra de Roma, fundamento de toda fe y fuente de toda autoridad espiritual.

SÚPLICA POR LA UNIDAD DE LA IGLESIA

Viste el comienzo del cisma que desgarró el oriente de la comunidad católica. Poco después, por desgracia, Bizancio consumó la ruptura; como castigo de su crimen quedó reducida a la esclavitud y todavía esta infiel Jerusalén no ha reconocido la causa de sus desventuras. Pontífice santo, te suplicamos que ya que la justicia tuvo su cumplimiento, la misericordia también tenga el suyo; formen el único aprisco las ovejas que el cisma alejó de él.

SÚPLICA POR INGLATERRA

¡Acuérdate, apóstol de todo un pueblo!, acuérdate de Inglaterra que recibió de ti la fe cristiana. Esta isla tan querida de ti, en la que con tanta abundancia fructificó la semilla que tu arrojaste se ha hecho infiel a la Sede de Roma y ha acogido en su seno toda clase de errores. Hace ya siglos que se apartó de la fe verdadera; pero sin embargo, parece que la misericordia divina se inclina hacia ella en nuestros días. Ayuda, pues, a la nación que tú engendraste para Jesucristo; ayúdala a descorrer el velo que la oculta la verdad. A ti te corresponde reanimar la llama que ella ha dejado extinguirse. Haz que vea de nuevo brillar sobre sí la luz y su pueblo forjará como en otro tiempo, héroes propagadores de la religión y santificadores del cristianismo.

SÚPLICA POR TODOS LOS FIELES

Ruega también por toda la grey de los fieles que se entrega a las obras de penitencia en estos días de Cuaresma; alcanza para ella la compunción de corazón, el amor a la oración y el sentido de los misterios divinos. Aún leemos las homilías que tú predicaste al pueblo romano en este tiempo de Cuaresma; la justicia y la misericordia de Dios permanecen inmutables; haz que nuestros corazones se conmuevan con el temor y se consuelen por medio de la esperanza. Y puesto que la aspereza de las leyes eclesiásticas que prescriben el ayuno y la abstinencia nos espantan con frecuencia, danos ánimos y reaviva en nuestros corazones el espíritu de sacriñcio; que tu intercesión ante Dios nos alcance la gracia de ser verdaderos penitentes así como nos ilustran tus ejemplos y nos sirven de guía tus enseñanzas; para que oigamos de nuevo, con la alegría de una conciencia limpia, el Alleluia que nos enseñaste a cantar en la tierra y que esperamos repetir contigo en la eternidad.




Sea todo a la mayor gloria de Dios.

lunes, 7 de marzo de 2022

Santo Tomás de Aquino, Doctor de la Iglesia

 




SANTO TOMÁS DE AQUINO, 
DOCTOR DE LA IGLESIA


GLORIA DE SANTO TOMÁS 

Saludemos hoy a uno de los mayores intérpretes de la verdad divina. La Iglesia le ha dado a luz muchos siglos después del tiempo de los Apóstoles, mucho después Tjue la voz de Ambrosio, de Agustín, de Jerónimo, y Gregorio se hubiese esfumado en el tiempo; pero Santo Tomás ha probado que el seno de la Madre común es siempre fecundo y ésta, rebosando de gozo por haberlo dado a luz, le ha llamado el doctor Angélico. Así, pues, dirijamos nuestros ojos a los coros de los ángeles, que es donde le debemos buscar, porque su noble y pura inteligencia le asocia a los querubines del cielo; así como la ternura de Buenaventura, su émulo y amigo, introduce al discípulo de San Francisco en los coros de los Serafines.

La gloria de Tomás de Aquino es gloria de toda la humanidad, por la mera razón de que es uno de sus más grandes genios; es gloria de la Iglesia, pues sus escritos han expuesto la doctrina con tal clarividencia y precisión nunca alcanzadas por doctor alguno; es en fin, gloria del mismo Cristo, que le felicitó por haber explicado tan dignamente sus misterios. En estos días que deben llevarnos a Dios, la mayor necesidad de nuestra alma es conocerle, así como nuestra mayor desdicha fué no haberle conocido bastante. Pidamos a Santo Tomás esta "luz clara que convierte las almas, esa doctrina que proporciona la sabiduría a los mismos niños, que hace rebosar de alegría los corazones e ilumina los ojos" (Sal., XVIII.). Así podremos ver la vanidad de todo lo que no es Dios, la justicia de sus preceptos, la maldad de nuestros pecados, la bondad infinita que acogerá nuestro arrepentimiento.


Vida

Santo Tomás nació hacia el año 1225 de una familia de la más alta nobleza. En 1243 entró en la orden de Predicadores, fué a París a estudiar bajo la dirección de San Alberto Magno y no tardó en llegar a ser él mismo un buen maestro. Su doctrina y su piedad le valieron una reputación inmensa. Urbano IV le rogó fuese a Roma donde compuso el oficio del Santísimo Sacramento. Cuando se dirigía al concilio de Lyon, en 1274, cayó enfermo en la abadía cisterciense de Fosanova, donde murió el 7 de marzo. Fué canonizado por el Papa Juan XXII en 1323. Pío V le declaró doctor de la Iglesia en 1567, y en 1880 León XIII le proclamó patrón de las escuelas católicas.


EL DOCTOR ANGÉLICO

Gloria a ti lumbrera del mundo; tú has recibido los rayos del sol de justicia y los has esparcido por toda la tierra. Esos tus ojos límpidos han contemplado la verdad y en ti se ha cumplido la palabra que dice: Bienaventurados los puros de corazón, porque ellos verán a Dios (Mt. V, 8.). Vencedor en la lucha contra la carne, ha sido digno de obtener las delicias del espíritu; y el Salvador, admirado por los encantos que encerraba tu alma angelical, ha tenido a gala escogerte para celebrar en la Iglesia el Sacramento de su amor; la ciencia no ha podido absorber en ti el manantial de tu humildad; para buscar la verdad usaste siempre, como arma segura, la oración; y después de tanto trabajo, la única recompensa que anhelabas era poseer a Dios, a quien tanto amaba tu corazón. 

Tu vida mortal fué interrumpida a medio camino, y así, dejaste sin acabar tu mejor obra de doctrina; pero, no obstante eso, brillas todavía como nadie en la Iglesia de Dios. Asístela en los combates contra el error. Ella se alegra de poder apoyarse en tus enseñanzas, pues está convencida de que nadie conoció los secretos de su Esposo tan íntimamente como tú. Fortalece, ilumina la fe de los creyentes en estos tiempos en que las verdades se hallan como obscurecidas entre los hijos de los hombres (Sal., XI.832). Confunde la audacia de esos espíritus vanos que creen saber algo, y que se aprovechan del embotamiento general de las inteligencias para usurpar, en la nulidad de su saber, el papel de doctores. Todo es tinieblas en derredor nuestro; en todas partes reina la confusión; haz que volvamos a esa tu doctrina que por su sencillez es la vida del espíritu y la alegría del corazón.


SÚPLICA

Proteje a la orden de Santo Domingo que se extienda más y más pues es uno de los auxiliares de la Iglesia. La Cuaresma debe ver a los hijos de la Iglesia disponerse a hacer las paces con el Señor su Dios; haznos ver claramente esa soberana santidad ofendida por nuestros pecados; que comprendamos lo deplorable del estado de un alma que ha roto las relaciones con la justicia eterna. Horrorizados a la vista de las manchas que nos cubren, aspiraremos a purificar nuestros corazones en la sangre del Cordero inmaculado, y a reparar nuestras faltas con obras dignas de penitencia.





Sea todo a la mayor gloria de Dios.

domingo, 6 de marzo de 2022

Primer Domingo de Cuaresma

 




PRIMER DOMINGO DE CUARESMA


SOLEMNIDAD DE ESTE DÍA

Este domingo primero de la Santa Cuaresma, es así mismo, uno de los más solemnes del año. Su privilegio aplicado, por las últimas decisiones romanas, a los demás domingos de Cuaresma (Constitución "Divino afflatu."), pero que durante muchísimo tiempo fué exclusivo de Pasión y Ramos, consiste en no ceder el puesto a ninguna fiesta cualquiera, ni la del Patrono, titular de la iglesia o Predicación de la misma. En los antiguos calendarios es llamado el primer domingo de Cuaresma: Invocabit, Primera palabra del introito de la Misa. En la Edad Media se le llamaba: "Domingo de los Hachones" del uso de llevar hachones en la Misa del día, por motivos diversos no idénticos ni en tiempo ni en lugar. En algunos lugares, los jóvenes que se habían propasado en diversiones carnavalescas, debían presentarse hoy en la Iglesia, con un blandón en las manos para dar pública satisfacción de sus excesos.

Aparece hoy la Cuaresma con todo su solemne atuendo. Los cuatro días precedentes se añadieron bastante tarde para completar los cuarenta días de ayuno, y, el miércoles de Ceniza no tienen obligación los fieles de oír misa. Viendo la Santa Madre Iglesia reunidos a sus hijos les dirige las palabras del oficio de maitines, sirviéndose del elocuente estilo de San León Magno. "Carísimos hijos, les dice, debiendo anunciaros el ayuno sacrosanto y solemne de Cuaresma, ¿por ventura podré empezar más oportunamente mi plática que usando las palabras del Apóstol a quien Jesucristo habla y repitiendo lo que acaban de leeros: He aquí el tiempo favorable, he aquí los días de salvación? Por que, aún cuando no haya tiempo alguno durante el año, que no sea rico en dones celestiales y en que, por la gracia de Dios, no hallemos siempre abiertas las puertas de la misericordia divina, debemos, sin embargo, trabajar en este santo tiempo con mayor celo y excitarnos al progreso espiritual y animarnos de grande confianza. La Cuaresma en efecto, al ponernos a la vista el día sacro en que fuimos redimidos, nos invita a practicar todos los deberes de piedad cristiana a fin de disponernos para la purificación del cuerpo y alma a celebrar los misterios de la Pasión del Señor.


TIEMPO FAVORABLE

Tan gran misterio merecería de parte nuestra, respeto y devoción sin tasa y debiéramos estar siempre delante de Dios tales cuales quisiéramos el día de Pascua. Pero esta constancia no es caudal de muchos; la flaqueza de la carne nos fuerza a mitigar la austeridad del ayuno y los varios quehaceres de esta vida dividen y reclaman nuestras preocupaciones. Y sucede en consecuencia que los corazones religiosos están dispuestos a contaminarse en algo con el polvillo de este mundo. Con aventajado provecho nuestro se ha introducido esta divina institución que nos da cuarenta días para recobrar las fuerzas de nuestras almas expiando por la santidad de nuestras obras y el merecimiento de nuestros ayunos los deslices de todo el año.


CONSEJOS APOSTÓLICOS

"Al comenzar queridos hijos, estos misteriosos días santamente establecidos para purificar nuestras almas y cuerpos, tengamos a gala obedecer la prescripción del Apóstol, despidiéndonos de todo cuanto pueda enlodar la carne y el espíritu con el fin de refrenando el ayuno la enemiga existente entre las dos partes de nuestro ser recobre el alma la dignidad de su imperio, sometida ella misma a Dios y dejándose guiar por El.

A nadie demos ocasión de querellarse de nosotros; no nos expongamos al justificado vituperio de los que buscan contrariarnos. Los infieles, pues, tendrían motivo de condenarnos, y azuzaríamos nosotros mismos, por nuestra culpa, sus impías lenguas contra la religión, si la pureza de nuestra vida no corre pareja con la santidad, del ayuno que hemos abrazado. No nos figuremos que la perfección toda de nuestro ayuno estriba en sola la abstinencia de viandas; porque en balde negaríamos al cuerpo parte del alimento si, a la vez no alejásemos del alma la maldad."


EL EJEMPLO DE JESUCRISTO TENTADO POR SATANÁS

Cada domingo de Cuaresma ofrece como objeto principal una lectura de los santos Evangelios, destinada a iniciar a los fieles en los sentimientos que la Iglesia quiere inspirarnos durante el día. Hoy nos da a meditar la tentación de Cristo en el desierto. No hay asunto más adecuado para esclarecernos y fortalecernos que ese capital relato.

Somos pecadores, nos reconocemos y deseamos expiar nuestros pecados. Pero ¿Cómo caímos en el mal? Nos tentó el Demonio, y no rechazamos la tentación. Pronto cedimos a la sugestión del adversario y se perpetró el mal. Tal es nuestra historia en el pasado y tal sería en el porvenir si no aprovechamos el ejemplo con que nos brinda hoy el Redentor.

Declarándonos el Apóstol la misericordia del consolador divino de los hombres, insiste sobre las tentaciones que se dignó tolerar nuestro Señor (1 Hebr., IV, 15) Esa muestra de abnegación sin límites no se nos ha negado y así contemplamos hoy la paciencia adorable del Santo de los Santos; no tiene recelo ni asco en dejarse se le acerque ese repulsivo enemigo de todo bien, para enseñarnos como debemos triunfar de él.

Satanás ha vislumbrado con sobresalto la santidad incomparable de Jesús. Las maravillas de su nacimiento, los pastores convocados por los Ángeles ante el pesebre, los Magos llegados de Oriente, al señuelo de una estrella; la protección que ha sustraído al Niño del furor de Herodes; el testimonio de Juan Bautista dado a favor del nuevo Profeta; todo este conjunto de hechos contrasta y choca de modo tan extraño con la humildad, la oscuridad de los treinta primeros años del Nazareno, que despierta los recelos de la serpiente infernal. El misterio de la Encarnación se llevó a cabo lejos de sus miradas sacrílegas; ignora que María es la Virgen anunciada por Isaías como madre del Emmanuel (2 Isaías, VII, 14.) Pero se han cumplido los tiempos y la última semana de Daniel ha iniciado su carrera, el mismo mundo pagano aguarda de la Judea un libertador y sabe todo esto el demonio. En su perplejidad osa acercarse a Jesús, esperando poder en el curso de la conversación sacar de él alguna nueva. ¿Es o no es el Hijo de Dios? Ahí está el problema. Acaso, acaso, podrá hacerle caer en alguna flaqueza; el hecho de saber si es un hombre como los demás, le tranquiliza.


PROCEDER DE CRISTO

El enemigo de Dios o de los hombres había de quedar burlado de sus esperanzas. Se allega al Redentor, pero todos sus astutos esfuerzos se truecan en propia confusión con la sencillez candorosa y la majestad del justo, Jesús rechaza todas las embestidas de Satanás pero nos da a conocer su origen celestial. Alejase el Ángel perverso sin haber sacando en limpio de Jesús, que era un Profeta fiel al Señor. Bien pronto cuando sea testigo de los desprecios, calumnias y persecuciones que lleven sobre la cabeza del Hijo del Hombre, cuando sus esfuerzos para perderle parezcan salirle sorprendentemente bien, se cegará más y más en su orgullo. Cuando Jesús saturado de oprobios y tormentos expire en la Cruz, sentirá, por fin, que su víctima no es mero hombre, sino Dios, y que todos los furores que ha conjurado contra el Justo sólo ha servido para manifestar el último esfuerzo de la misericordia que salva al humano linaje y la justicia que para siempre quebranta y desbarata los poderes del Averno.

Este es el plan de la divina Providencia al permitir que el espíritu del mal empañe con el vaho de su inmunda presencia el retiro del Hombre-Dios, le dirija la palabra y eche en El sus sacrílegas manos, examinaremos, pues las circunstancias de esta triple tentación soportada por Jesús con el fin de aleccionarnos y esforzarnos.


NUESTROS TRES ENEMIGOS

Tenemos tres géneros de enemigos con quienes hemos de pelear y nuestra alma ofrece tres puntos flacos, porque: "cuanto hay en este mundo es concupiscencia de la carne, concupiscencia de los ojos y orgullo de la vida" (I Joa., II, 16). Por concupiscencia de la carne, hemos de entender el amor de los sentidos, codiciosos de los goces de la carne, arrastra el alma, si no se tiene a raya a deleites ilícitos. La concupiscencia de los ojos significa el amor de los bienes de este mundo, de sus riquezas, de la fortuna, que brillan a nuestra vista antes de seducir nuestro corazón. Por fin, el orgullo de la vida es la confianza en nosotros mismos; nos hace vanos y presuntuosos, nos hace olvidar que de Dios nos viene la vida y demás dones que se dignó derramar sobre nosotros. 

Todos nuestros pecados manan de una de estas tres fuentes, y las tres tentaciones que nos asaltan se proponen hacernos aceptar la concupiscencia de la carne o la concupiscencia de los ojos o el orgullo de la vida. El Salvador modelo nuestro en todas las cosas, había, pues, de sujetarse a tres pruebas.


LAS TRES TENTACIONES

Tienta Satanás a Cristo primeramente en la carne, sugeríendole el pensamiento de emplear su poder sobrenatural en remediar el hambre que le acucia. Di que estas piedras se conviertan en pan: Este consejo dá el Demonio al Hijo de Dios. Quiere ver si el apresuramiento de Jesús a dar satisfacción a su cuerpo denota por ventura ser un hombre flaco y sujeto a la concupiscencia. Cuando se dirige a nosotros, tristes herederos de la concupiscencia de Adán, lanza más atrevidamente adelante sus sugestiones; aspira a contaminar el alma por el cuerpo, pero la santidad soberana del Verbo no consentía osara Satanás hacer tal ensayo de su poder tentando al hombre en sus sentidos. Es por tanto una lección de templanza la que nos da el Hijo de Dios; y sabemos que para nosotros la templanza es madre de la pureza, y que la intemperancia atiza la rebelión de los sentidos.

La segunda tentación es de orgullo. Échate abajo; los Ángeles te recibirán en sus manos. Quiere saber el enemigo si los favores del cielo han ocasionado en el alma de Jesús esa hinchazón, esa confianza ingrata que hace que la criatura se atribuya a sí misma los dones de Dios, olvide a su bienhechor para dominar en lugar suyo. Queda burlado otra vez y la humildad del Redentor espanta el orgullo del ángel rebelde.

Ensaya entonces el último esfuerzo. Acaso, se dice, la ambición de la riqueza seduzca al que se muestra tan templado y humilde. He aquí todos los reinos del mundo en su esplendor y gloria; puedo entregártelos a condición de que me adores. Jesús rechaza con desdén esa despreciable oferta y lanza de su presencia al seductor maldito, príncipe del mundo, enseñándonos con este ejemplo a desdeñar las riquezas de la tierra, cuando para conservarlas o adquirirlas sería necesario quebrantar la ley de Dios y honrar a Satanás.


VICTORIA Y EJEMPLO DE CRISTO

Ahora bien, ¿cómo el Redentor, nuestro divino adalid, rechaza la tentación? ¿Escucha los razonamientos de su enemigo? ¿Le deja tiempo para descorrer ante sus ojos todas las fantasías diabólicas? Así hemos procedido a menudo nosotros y fuimos derrotados. Conténtase Jesús con oponer al enemigo el escudo de la inflexible ley de Dios. Escrito está, le dice: No de sólo pan vive el hombre. Escrito está: No tentarás al Señor tu Dios. Escrito está: Adorarás al Señor tu Dios y a El sólo servirás. Sigamos en adelante esta gran lección. Perdióse Eva y con ella el linaje humano, por haber trabado conversación con la sierpe infernal. Quien coquetea con la tentación sucumbirá. En estos días santos está el corazón más atento, las ocasiones alejadas, los hábitos viciosos interrumpidos; y depuradas nuestras almas con los ayunos, la oración y la limosna, resucitarán con Jesucristo; ¿conservarán empero esta nueva vida? Todo depende de nuestra actitud en las tentaciones. Desde el principio de Cuaresma la Iglesia asocia al precepto el ejemplo abriendo nuestros ojos el relato del santo Evangelio. Si vivimos atentos y fieles; fructificará en nosotros la lección; y llegados a la solemnidad pascual, la vigilancia, la desconfianza en nosotros mismos, la oración, con el auxilio divino que jamás falta, asegurarán nuestra perseverancia.

Celebra hoy la Iglesia Griega una de sus más grandes solemnidades. Esta fiesta es la llamada Ortodoxia, y tiene por objeto honrar el restablecimiento de las Imágenes sagradas en Constantinopla e imperio de Oriente en 842, cuando la emperatriz Teodora, con la ayuda del santo Patriarca Metodio, puso fin a la persecución de las iconoclastas, e hizo figurar en todas las Iglesias las Imágenes santas, que el furor de los herejes había hecho desaparecer.


MISA

La estación en Roma se celebra en la Basílica de San Juan de Letrán. Puesto en razón parece que un domingo tan solemne se celebre en la Iglesia Madre y Maestra de todas las Iglesias, no ya tan sólo de la ciudad eterna, sino del mundo entero. En ella eran reconciliados el Jueves Santo los pecadores públicos, allí, en el Bautisterio de Constantino, recibían el Bautismo la noche de Pascua los Catecúmenos; ninguna otra Basílica cuadraba mejor para reunir a los fieles en el día en el que el ayuno cuaresmal fué proclamado tantas veces por la voz de los Papas.

El Introito está sacado del Salmo XC, que da él sólo el texto de todos los cantos de esta Misa. Ya hablamos de cómo ha apropiado la Iglesia este hermoso cántico a la situación del cristiano durante la Cuaresma. Todo él trata de la esperanza que el alma cristiana ha de concebir en el auxilio divino en estos días en que se ha decidido a darse por completo a la oración y a la lucha contra los enemigos de Dios y de sí misma. Prométele el Señor en el Introito que no será vana su confianza,


INTROITO

Me invocará, y yo le oiré: le libraré, y le glorificaré: le saciaré de una larga vida. — Salmo: El que habita al abrigo del Altísimo: morará en la protección del Dios del cielo. V. Gloria al Padre.


Recomienda la Iglesia a Dios en la Colecta a todos sus hijos y pide que su ayuno no sólo los purifique, si no que les alcance de lo alto la potente ayuda para hacerles fecundos en buenas obras que les salven.


COLECTA

Oh Dios, que purificas tu Iglesia todos los años con la observancia cuaresmal: haz que tu familia manifieste con buenas obras lo que se esfuerza en alcanzar de ti por la abstinencia. Por el Señor.


EPÍSTOLA


Lección de la Epístola del Ap. S. Pablo a los Corintios.

Hermanos: Os exhortamos a que no recibáis en vano la gracia de Dios. Porque dice: En el tiempo propicio te escuché, y te ayudé en el día de la salud. He aquí el tiempo propicio, he aquí el día de la salud. No ofendamos a nadie, para que no sea vituperado nuestro ministerio; antes portémonos en todo como ministros de Dios: en mucha paciencia, en las tribulaciones, en las necesidades, en las angustias, en los azotes, en las cárceles, en las sediciones, en los trabajos, en las vigilias, en los ayunos, en la castidad, en la ciencia, en la longanimidad, en la suavidad, en el Espíritu Santo, en la caridad no fingida, en la palabra de verdad, en la virtud de Dios, con las armas de la justicia en la diestra y en la siniestra, en la gloria y en la ignominia, en la fama y en la infamia; como seductores, pero (siendo) veraces; como ignorados, pero conocidos; como muriendo, pero he aquí que vivimos; como castigados, pero no muertos; como tristes, pero siempre alegres; como necesitados, pero enriqueciendo a muchos; como no teniendo nada, pero poseyéndolo todo.


LA VIDA DEL HOMBRE ES UNA MILICIA

Este paso del Apóstol nos muestra la vida cristiana en otro aspecto muy diverso del que de ordinario se figura nuestra molicie. Para esquivar su alcance, fácilmente juzgaríamos que semejantes consejos apostólicos cuadrarían bien en los primeros tiempos de la Iglesia en que los fieles enfrentados sin cesar con las persecuciones y con la muerte, necesitaban algunos grados más de abnegación y de heroísmo. Ilusión grande sería sin embargo creer que todas las luchas del cristianismo han terminado. Queda siempre en pie la lucha con los demonios, con el mundo, con la carne y sangre, y por eso nos remite la Iglesia al desierto con Jesucristo para que aprendamos a pelear; allí comprenderemos ser la vida del hombre en la tierra una milicia (Job., VII, 1.) y que si no luchamos siempre y con denuedo, esta vida que quisiéramos pasar en el sosiego acabará con nuestra derrota. Para ahorrarnos precisamente esta catástrofe, nos dice la Iglesia por boca del Apóstol: "He aquí llegado el tiempo aceptable; he aquí los días de salud." Obremos en todo "como servidores de Dios"; y mantengámonos firmes hasta el fin de esta santa temporada. Dios vigila sobre nosotros como vigiló sobre su Hijo en el desierto. 

El Gradual nos asegura la protección de los santos Ángeles, cuya solicitud no nos pierde de vista ni de día ni de noche. Durante la Cuaresma redoblan sus esfuerzos contra nuestros enemigos y se alegran al ver que el pecador acepta por fin la penitencia que le ha de acarrear la salvación. 

El Tracto está formado del Salmo XC y del mismo están sacados el Gradual, el Introito, y demás cánticos de esta Misa. Cobre, pues, aliento nuestro corazón; todo nos habla de la bondad de Dios y de su vigilancia paternal sobre hijos ingratos que quiere trocar en amigos fieles y cohorederos de su reino.


GRADUAL

Mandará Dios sus Ángeles a ti, para que te custodien en todos tus caminos. T. Te llevarán en las manos, para que tu pie no choque con piedra alguna.


TRACTO

V. El que habita al abrigo del Altísimo, morará en la protección del Dios del cielo. V. Dirá al Señor: Esperanza mía y refugio mío eres tú: Dios mío, confiaré en ti. V. Porque El me libró del lazo de los cazadores, y de la peste destructora. V. Te cubrirá con sus espaldas, y te cobijará bajo sus alas. V. Te rodeará con el escudo de su verdad: y no temerás los sobresaltos nocturnos, V. Desafiarás las flechas que vuelven de día, las emboscadas de la noche, las incursiones y razias del mediodía. V. Caerán mil a tu siniestra, y a tu derecha diez mil: mas a ti no te tocarán. V. Porque mandará Dios sus Ángeles a ti, para que te custodien en todos tus caminos, V. Te llevarán en las manos, para que tu pie no choque con piedra alguna. V. Caminarás sobre el áspid y el basilisco, pisarás al león y al dragón. V. Puesto que confió en mí, yo le libraré: le protegeré, por haber invocado mi nombre. V. Me llamará, y yo le oiré: le acompañaré en la tribulación, V. Le libraré, y le glorificaré: le saciaré de larga vida, y le mostraré mi salud. 


EVANGELIO


Continuación del santo Evangelio según S. Mateo.

En aquel tiempo Jesús fué llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo. Y, habiendo ayunado cuarenta días y cuarenta noches, después tuvo hambre. Y, acercándose el tentador, le dijo: Si eres el Hijo de Dios, di que estas piedras se tornen panes. Y El, respondiendo, dijo: Escrito está: No de solo pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Entonces le llevó el diablo a la ciudad santa, y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres el Hijo de Dios, échate abajo. Porque escrito está: Mandará sus Ángeles a ti, y te tomarán en las manos, para que tu pie no tropiece en piedra alguna. Dijóle Jesús: También está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios. El diablo le transportó de nuevo a un monte muy elevado: y le mostró todos los reinos del mundo, y su gloria, y le dijo: Te daré todo esto, si, postrándote, me adorares. Entonces le dijo Jesús: Vete, Satanás. Porque escrito está: Adorarás al Señor, tu Dios, y a El solo servirás. Entonces le dejó el diablo: y he aquí que se acercaron los Ángeles, y le sirvieron.


COMPASIÓN A JESÚS

Admiremos la bondad inefable del Hijo de Dios, que no contentándose con expiar por la Cruz todos nuestros pecados, se dignó, para alentarnos a hacer penitencia, imponerse un ayuno de cuarenta días y cuarenta noches. No consintió que la justicia de su Padre pudiera exigir de nosotros un sacrificio sin haberle ofrecido El antes en persona en circunstancias mil veces más austeras que cuantas puedan darse en nosotros. ¿Qué son nuestras obras de penitencia, tan a menudo regateadas a la justicia de Dios por nuestra supina cobardía, si las careamos con el rigor de este ayuno del Señor en la montaña? ¿Tendríamos cara todavía, para pretender dispensarnos esas leves satisfacciones con que el Señor se dá por satisfecho, y que tan lejos están del castigo que merecen nuestras culpas? En lugar de lamentarnos de una ligera incomodidad, un trabajillo de algunos días, compadezcamos mas bien la cruel hambre que padece nuestro inocente Redentor durante esos interminables días y noches del desierto.


CONFIANZA EN LA TENTACIÓN

La oración, la abnegación en favor nuestro, el pensamiento de las justicias de su Padre sostenían a Jesús en sus desalientos; pero al finalizar la expiación de la cuarentena, la naturaleza humana estaba agotada. Entonces vino la tentación a darle el asalto, pero triunfa con tal sosiego y firmeza que nos deben servir de ejemplo. ¡Qué desvergonzada audacia de Satanás en el atrevimiento aquel de llegarse al Justo por excelencia! Y ¡qué paciencia la de Jesús! Se digna tolerar que el monstruo del abismo eche mano en él y le transporte por los aires de un lugar a otro. El alma cristiana está a menudo expuesta a crueles insultos de su enemigo, y hasta algunas veces estará tentada de quejarse a Dios de la humillación que sufre. Piense entonces en Jesús, el Santo de los Santos, entregado, si es lícito decirlo, a merced del espíritu del mal. No deja de ser por eso el Hijo de Dios, vencedor del infierno; y Satanás no ha sacado en limpio sino una vergonzosa derrota. De igual modo el alma cristiana, en ruda tentación, si aguanta con enérgico coraje, será objeto de las más tiernas complacencias de Dios, para vergüenza y castigo eterno de Satanás. Unámonos a los Ángeles leales que tras la retirada del príncipe de las tinieblas, se apresuraron a reparar las agotadas fuerzas del Redentor, ofreciéndole comida. ¡Qué tierna y finamente se conduelen de sus divinos trabajos! ¡Cómo reparan en sus adoraciones el ultraje horrible de que Satanás se hace reo contra el soberano Señor de todo lo creado! ¡Cómo se quedan pasmados de admiración de tamaña caridad de un Dios que en su amor al Hombre parece olvidarse de su augusta dignidad, para no pensar más que en las desgracias y necesidades de los hijos de Adán! 

Usurpando la Iglesia de nuevo las palabras de David, nos muestra al Señor amparando con delicada protección al leal rebaño y armándole contra toda embestida con el invencible escudo que nos brinda la fe ((Eph., VI, 16)).



OFERTORIO

El Señor te cubrirá con sus espaldas, y te cobijará bajo sus alas: te rodeará con el escudo de su verdad. No estriba la Cuaresma solamente en el ayuno, y no será eficaz para lograr la reforma de nuestra alma si no esquivamos las ocasiones peligrosas que en un instante destruirán la obra de la gracia divina. Por eso pide la Iglesia en la Secreta un especial auxilio a nuestro favor.


SECRETA

Te inmolamos, Señor, solemnemente el sacrificio del comienzo cuaresmal, suplicándote hagas que, con la restricción de carnes, nos moderemos también en los placeres malsanos. Por el Señor.


Para más sólidamente afianzar la confianza en nuestras almas, repite la Iglesia en la antífona de la Comunión las palabras de esperanza ya propuestas en el ofertorio. El sacrificio que acaba de ser ofrecido es para nosotros nueva prenda de la bondad divina.


COMUNIÓN

El Señor te cubrirá con sus espaldas, y te cobijará bajo sus alas: te rodeará con el escudo de su verdad.


Enséñanos la Iglesia en la Poscomunión a considerar la Sagrada Eucaristía como medio más eficaz de acrecentar nuestras fuerzas, purificando nuestras lacras. Apresúrese, pues el pecador a sellar la paz con Dios, y no aguarde al festín pascual para probar la eficacia del divino manjar que nos salva de la divina justicia, incorporándonos al autor mismo de la salvación.


POSCOMUNIÓN

Restáurenos, Señor la santa libación de tu Sacramento: y, purificándonos de nuestra vejez, háganos partícipes de tu salvador Misterio. Por el Señor.




Sea todo a la mayor gloria de Dios.