martes, 19 de marzo de 2019

San José, Esposo de la SantÍsima Virgen





SAN JOSE, 
ESPOSO DE LA SANTÍSIMA VIRGEN 


PROTECTOR DE LA VIRGINIDAD DE MARÍA

Una alegría nos llega dentro de Cuaresma: José, el Esposo de María, el Padre adoptivo del Hijo de Dios, viene a consolarnos con su querida presencia.

El Hijo de Dios, al descender a la tierra para tomar la humanidad, necesitaba una Madre; esta Madre no podía ser otra que la más pura de las vírgenes; la maternidad divina no debia alterar en nada su incomparable virginidad. Hasta tanto que el Hijo de María fuera reconocido por Hijo de Dios, el honor de su Madre requería un protector: un hombre, pues, debía ser llamado a la gloria de ser el Esposo de María. Este fué José el más casto de todos los hombres.


PADRE ADOPTIVO DE JESÚS

Y no sólo consiste su gloria., en haber sido escogido para proteger a la Madre del Verbo encarnado, sino también fué llamado a ejercer una paternidad adoptiva sobre el Hijo de Dios. Los Judíos llamaban a Jesús hijo de José. En el templo, en presencia de los doctores a quienes el divino Niño acababa de llenar de admiración por la sabiduría de sus preguntas y respuestas, dirigía así María la palabra a su Hijo: "Tu Padre y yo doloridos te buscábamos"; y el Santo Evangelio añade que Jesús estaba sujeto tanto a José como a Maria.


GRANDEZA DE SAN JOSÉ

¿Quién podrá concebir y expresar dignamente los sentimientos que llenaron el corazón de este hombre, que el Evangelio nos pinta con una sola palabra, llamándole hombre justo? Un afecto conyugal, que tenía por objeto la más santa y la más perfecta de las criaturas de Dios; el anuncio celestial, hecho por el ángel, que le reveló que su esposa lleva en su seno el fruto de salvación, y le asocia, como testigo único en la tierra, a la obra divina de la encarnación; las alegrías de Belén, cuando asistió al nacimiento del Niño, cuando custodió a la Virgen Madre y escucho los cantos angélicos, cuando vió llegar ante el recién nacido a los pastores, y poco después a los Magos; las inquietudes que vienen en seguida a interrumpir tanta dicha, cuando, en medio de la noche, tiene que huir a Egipto con el Niño y la Madre; los rigores de este destierro, la pobreza, desnudez a que fueron expuestos el Dios escondido, cuyo protector era, y la Esposa virginal, cuya dignidad comprendía cada vez mejor; la vuelta a Nazaret, la vida humilde y laboriosa que llevó en aquella aldea, donde tantas veces sus tiernos ojos contemplaron al Creador del mundo, llevando con él un trabajo humilde; y, en fin, las delicias de esta existencia sin igual en la casa que embellecía la presencia de la Reina de los ángeles, y santificaba la majestad del Hijo eterno de Dios; ambos a una dieron a José el honor de presidir aquella familia, que agrupaba con lazos más queridos al Verbo encarnado, Sabiduría del Padre y a la Virgen, incomparable obra maestra del poder y santidad de Dios.


EL PRIMER JOSÉ

No, nunca hombre alguno, en este mundo podrá penetrar todas las grandezas de José. Para comprenderlas, se necesita abrazar toda la extensión del misterio con el que su misión en la tierra está unido, como un instrumento necesario. No nos extraña, pues, que este Padre nutricio del Hijo de Dios, haya sido figurado en la Antigua Alianza, bajo las facciones de un Patriarca del pueblo escogido. San Bernardo ha expresado magníficamente esta idea: "El primer José, dice, vendido por sus hermanos, y, en esto, figuraba Cristo, fué llevado a Egipto; el segundo, huyendo de la envidia de Herodes, llevó a Cristo a Egipto. El primer José, guardando la fidelidad a su señor, respetó a su ama; el segundo, no menos casto, fué guardián de su Señora, de la Madre de su Señor, y el testigo de su virginidad. Al primero le fué dado el com872 prender los secretos revelados por los sueños; el segundo recibió la confidencia del mismo cielo. El primero conservó las cosechas de trigo, no para él, sino para el pueblo; al segundo se le confirió el cuidado del Pan vivo que descendió del cielo, para él y para el mundo entero."


MUERTE DE SAN JOSÉ

Una vida tan llena de maravillas, no podía acabar de otro modo que por una muerte digna de ella. El momento llega cuando Jesús debía salir de la oscuridad de Nazaret y manifestarse al mundo. En adelante sus obras darían testimonio de su origen celestial; el ministerio de José estaba, pues, cumplido. Le había llegado la hora de partir de este mundo, par ir a esperar, en el descanso del seno de Abrahán, el día en que la puerta de los cielos se abriese a los justos. Junto a su lecho de muerte velaba el dueño de la vida; su postrer suspiro fué recibido por la más pura de las vírgenes, su Esposa. En medio de los suyos y asistido por ellos, José se durmió en un sueño de paz. Ahora el Esposo de María, el Padre putativo de Jesús, reina en el cielo con una gloria, inferior, sin duda, a la de María, pero adornada de prerrogativas a las cuales nadie puede ser admitido.


PROTECTOR DE LA IGLESIA

Desde allí derrama una protección poderosa sobre los que le invocan. Escuchad la palabra inspirada de la Iglesia en la Liturgia: "Oh, José, honor de los habitantes del cielo, esperanza de nuestra vida terrena y sostén de este mundo'". ¡Qué poder en un hombre! Mas buscad también un hombre que haya tenido tratos tan íntimos con el Hijo de Dios, como José. Jesús se dignó someterse a él en la tierra; en el cielo tiene la dicha de glorificar a aquel del que quiso depender, a quien confió su infancia junto con el honor de su Madre.

Así, pues, no tiene límites el poder de San José; y la santa Iglesia nos invita hoy a recorrer con absoluta confianza a este Protector omnipotente. En medio de las terribles agitaciones de las que el mundo es víctima, invóquenle los fieles con fe y serán socorridos. En todas las necesidades del alma y del cuerpo, en todas las pruebas y en todas las crisis, tanto en el orden temporal como en el espiritual, que el cristiano puede encontrar en el camino, tiene una ayuda en San José, y su confianza no será defraudada. El rey de Egipto decía a sus pueblos hambrientos: "Id a José"; el Rey del cíelo nos hace la misma invitación; y el fiel custodio de María tiene ante El mayores créditos que el hijo de Jacob, intendente de los graneros de Menfis, tuvo ante el Faraón. La revelación de este nuevo refugio, preparado para estos últimos tiempos, fué comunicado hace tiempo según el modo ordinario de proceder de Dios, a las almas privilegiadas a las cuales era confiada como germen precioso; como sucedió con la fiesta del Santísimo Sacramento, con la del Sagrado Corazón y con otras varias. En el siglo xvi, Santa Teresa de Jesús, cuyos escritos estaban llamados a extenderse por el mundo entero, recibió en un grado extraordinario las comunicaciones divinas a este respecto y dejó impresos sus sentimientos y sus deseos en su Autobiografía.


SANTA TERESA Y SAN JOSÉ

He aquí cómo se expresa Santa Teresa: "Tomé por abogado y señor al glorioso San José, y encomendéme mucho a él. Vi claro que así de esta necesidad, como de otras mayores de honra y pérdida de alma, este padre y señor mío me sacó con más bien que yo le sabía pedir. No me acuerdo, hasta ahora, haberle suplicado cosa, que la haya dejado de hacer. Es cosa que espanta las grandes mercedes que me ha hecho Dios por medio de este bienaventurado Santo, de los peligros que me ha librado, así de cuerpo como de alma; que a otros santos parece les dió el Señor gracia para socorrer en una necesidad; a este glorioso Santo tengo experiencia que socorre en todas, y que quiere el Señor darnos a entender que así como le fué sujeto en la tierra, que como tenía nombre de padre siendo ayo le podía mandar, así en el cielo hace cuanto le pide. Esto han visto otras muchas personas, a quien yo decía se encomendasen a él, también por experiencia; y aún hay muchas personas que le son devotas de nuevo experimentando esta verdad'".


FIESTAS DE SAN JOSÉ

Pío IX para responder a los numerosos deseos y a la devoción del pueblo cristiano, el 10 de septiembre de 1847, extendió a toda la Iglesia la fiesta del Patrocinio de San José, que estaba concedida a la Orden del Carmen y a algunas iglesias particulares. Más tarde Pío X la elevó a la categoría de las mayores solemnidades dotándola de una octava. Su Santidad, el Papa Pío XII, deseando dar un patrono especial a todos los obreros del mundo, ha instituido una nueva fiesta, que se celebrará el primero de mayo; y por esto ha suprimido la que estaba fijada para el miércoles de la tercera semana después de Pascua, y ha decretado que la fiesta del 19 de marzo honre a la vez a San José como esposo de la Santísima Virgen y como Patrono de la Iglesia universal.


MISA

José, llamado justo por el Espíritu Santo, es, en efecto, por sus virtudes ocultas, el modelo de los que merecen en este mundo tan bello título. Así, pues, la fiesta de este día no impide a la Iglesia tomar una gran parte de la misa del Común de Santos Confesores.


INTROITO
El justo florecerá como la palmera: se multiplicará como el cedro del Líbano: plantado en la casa del Señor, en los atrios de la casa de nuestro Dios. Salmo: Es bueno alabar al Señor: y salmear a tu nombre, oh Altísimo. V. Gloria al Padre.

El poder del Santísimo Esposo de la Madre de Dios, es uno de los más firmes apoyos de la Iglesia; uniéndonos a ella, pertrechémonos del valor de su intercesión para con el Hijo y la Madre.


COLECTA
Suplicárnoste, Señor, seamos ayudados por los méritos del Esposo de tu santísima Madre: para que, lo que no alcanza nuestra posibilidad, nos sea dado por su intervención. Tú, que vives.


EPÍSTOLA

Lección del libro de la Sabiduría (Eccli., 45, 1-5).
Fué amado de Dios y de los hombres, y su memoria es bendecida. Le hizo semejante a los Santos en la gloria, y le engrandeció con el temor de los enemigos, y con sus palabras aplacó a los monstruos. Le glorificó ante los reyes, y le mandó delante de su pueblo, y le mostró su gloria. Con su fe y su mansedumbre, le hizo santo, y le eligió de entre toda carne. Le oyó a El, y su voz, y le hizo entrar en la nube. Y le dió claramente sus preceptos, y la ley de la vida y de la ciencia.

DIGNIDAD DE MOISÉS

Estas líneas están dedicadas, en el libro del Eclesiástico, al elogio de Moisés. Fué escogido para confidente de Dios; en presencia de los reyes trasmitía al pueblo las órdenes del cielo; su gloria igualó a la de los más ilustres patriarcas y santos personajes de la era de la esperanza. "Si uno de vosotros profetiza, decía el Señor, yo me revelaría a él en visión y le hablaría a él en sueños. No así a mi siervo Moisés, que es en toda mi casa el hombre de confianza. Cara a cara hablo con él y a las claras, no por figuras; y él contempla el semblante de Yavé."


DIGNIDAD DE SAN JOSÉ

No menos amado de Dios y no menos bendito de su pueblo, José, no es solamente el amigo de Dios; el intermediario del cielo y una nación privilegiada. El Padre soberano le comunica los derechos de su paternidad sobre su Hijo; a este Hijo, cabeza de los elegidos, y no sólo al pueblo de las figuras, es a quien trasmite las órdenes de lo alto. La autoridad que ejerce de este modo, sólo es comparada con su amor; y no es como de pasada o a hurtadillas como mira al Señor; el Hijo de Dios le llama su Padre y se porta con él como un verdadero hijo; reconoce por su obediencia y afecto, los tesoros de abnegación que encuentra en este corazón fiel y manso. ¡Qué gloria en el cielo, qué poder sobre todas las cosas, correspondiendo a su poder y santidad en este mundo, no son ahora el patrimonio de aquel que, mejor que Moisés, penetró los secretos de la nube misteriosa y conoció todos los bienes!'.

El Gradual y el Tracto, siguen, como eco de la Epístola, para cantar los privilegios del hombre que, como nadie, ha justificado este verso del salmo: La gloria y las riquezas están en su casa y su justicia permanece por los siglos de los siglos.


GRADUAL
Señor, le previniste con bendiciones de dulzura: pusiste en s'u cabeza una corona de piedras preciosas, y. Te pidió vida, y tú le diste largura de días por siglos de siglos.


TRACTO
Bienaventurado el varón que teme al Señor: en sus mandamientos se deleitará sobremanera. V. Poderosa será en la tierra su semilla: la generación de los rectos será bendecida. V. Gloria y riquezas habrá en su casa: y su justicia permanecerá por siglos de siglos.


EVANGELIO

Continuación del santo Evangelio según San Mateo (Mt„ 1, 18-21).

Estando desposada con José, María, la Madre de Jesús, antes de que se juntasen, se halló haber concebido del Espíritu Santo. Mas José, su marido, como fuese justo y no quisiera difamarla, pensó abandonarla secretamente. Y, pensando él en esto, he aquí que se le apareció en sueños el Angel del Señor, diciéndole: José, hijo de David, no temas recibir a María, tu mujer, porque, lo que ha nacido en ella, del Espíritu Santo es. Y dará a luz un Hijo, y le llamarás Jesús, pues El ha de salvar a su pueblo de sus pecados.


LA PRUEBA DE SAN JOSÉ

Dios sometió al Esposo de María a una prueba durísima. José, tal es la experiencia de las almas más santas había de ser para sus devotos una guía incomparable en la vía espiritual; y esta es la razón por la que él debía conocer también la aflicción, crisol necesario, donde toda santidad se purifica. Mas la Sabiduría no abandona nunca a aquellos que buscan sus veredas. Como lo canta la Iglesia en este mismo día, ella conducía al justo por las vías rectas, sin la cual, él no tiene conocimiento, y le mostraba su divina luz en esta noche donde sus pensamientos buscaban penosamente descubrir el camino de la justicia; le fué dado el conocimiento de los secretos celestiales; en recompensa del sufrimiento del corazón, veía el lugar que le reservaba el inscrustable plan de la Divina Providencia, en este reino de Dios, cuyos resplandores estaban llamados a iluminar por siempre, desde su pobre morada, al mundo entero. Verdaderamente, pues, podía reconocer que la Sabiduría, en efecto, había ennoblecido su trabajo y fecundado sus penas. Siempre del mismo a modo da a los justos el premio de sus trabajos y les conduce por vías admirables.

Cantamos en el Ofertorio esta efusión de grandezas divinas, que elevan al humilde artesano de Nazaret por encima de todos los reyes, sus antepasados.


OFERTORIO
Mi verdad y mi misericordia están con él: y en mi nombre será exaltada su fortaleza.

En la Secreta sepamos con la Iglesia confiar, al bienaventurado custodio del Niño-Dios la protección de los dones de Dios en nuestras almas; él alimentará a Jesús en nosotros y le hará crecer a la estatura de hombre perfecto, como lo hizo hace xx siglos.


SECRETA
Ofrecérnoste, Señor, la deuda de nuestra servidumbre, rogándote humildemente protejas en nosotros tus dones, por los sufragios de San José, Esposo de la Madre de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, en cuya veneranda festividad te inmolamos estas hostias de alabanza. Por el mismo Señor.

La Iglesia reemplaza hoy el Prefacio ordinario de Cuaresma, por una fórmula especial de acción de gracias, donde mezcla a los acentos de su gozo y de su reconocimiento, el recuerdo del santísimo Esposo de la Virgen, Madre de Dios. Este prefacio, que se dice en todas las misas de San José, fué introducido en el Misal romano por el Papa Benedicto XV.


PREFACIO
Es verdaderamente digno y justo, equitativo y saludable que. siempre y en todas partes, te demos gracias a ti, Señor santo, Padre omnipotente, eterno Dios: Y el que te alabemos, bendigamos y ensalcemos con las debidas alabanzas en la fiesta de San José. El cual, por ser Un varón justo, fué dado por ti como Esposo a la Virgen Madre de Dios: y como un servidor fiel y prudente, fué constituido sobre tu Familia: para que guardara con paternal cuidado a tu Unigénito, nuestro Señw Jesucristo, concebido por obra del Espíritu Santo. Por quien alaban a tu Majestad los Angeles, la adoran las Dominaciones, la temen las Potestades; los cielos, y las Virtudes de los Cielos, y los santos Serafines, la celebran con igual exultación. Con los cuales te pedimos admitas también nuestras voces, diciendo con humilde confesión: Santo...

La Comunión recuerda el mensaje del ángel, cuando anuncia a José que Dios mismo ha tomado posesión de María, su Esposa. Es el Banquete sagrado ¿no asemeja la feliz suerte de la Iglesia a la de la Virgen Madre?


COMUNIÓN
José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa porque lo que ha nacido en ella, del Espíritu Santo es.

La Poscomunión vuelve a expresar la idea que insinuó la Secreta: que Dios se digne poner de nuevo sus dones, y el mismo Jesús que acabamos de recibir, bajo la custodia, tan segura, de José.


POSCOMUNIÓN
Asístenos, oh Dios misericordioso, te lo suplicamos: y, por intercesión del santo Confesor José, conserva propicio en nosotros tus dones. Por el Señor.


PLEGARIA DE ALABANZA A SAN JOSÉ

Padre y protector de los fieles, glorioso San José: bendecimos a nuestra santa madre la Iglesia que, en el declinar del mundo, nos ha enseñado a esperar en ti. Largos siglos pasaron sin que tus grandezas fuesen manifiestas; pero tú has sido en el cielo uno de los más poderosos intercesores del género humano. Jefe de la sagrada familia, de la cual un Dios era miembro, sigues ejerciendo tu ministerio paternal para con nosotros. Tu acción oculta se hacía sentir en la salvación de los pueblos y de los particulares; mas la tierra experimentaba tu ayuda, sin haber aún instituido, para reconocerla, los homenajes que hoy te ofrece. Un conocimiento mejor entendido de tus grandezas y de tu poder, la proclamación de tu patrocinio, sobre todas nuestras necesidades, estaba reservado a estos desventurados tiempos, cuando el estado del mundo, en situación desesperada, invoca los socorros que no fueron revelados a los tiempos precedentes. Nosotros venimos, pues, a tus plantas, ¡oh José! para rendir homenaje en tí a un poder de intercesión que no conoce límites, a una bondad que abraza todos los hermanos de Jesús en una misma adopción.

Ninguna de nuestras necesidades es ajena a tu conocimiento y a tu poder; los menores hijos de la Iglesia tienen derecho a recurrir a ti de día y de noche, seguros de encontrar en ti la acogida de un padre tierno y complaciente. Nosotros no lo olvidamos, ¡oh José!, te pedimos que nos ayudes en la adquisición de las virtudes, de las que Dios quiere que esté adornada nuestra alma, en los combates que tenemos que tener con nuestro enemigo, en los sacrificios que estamos obligados a hacer con frecuencia. Haznos dignos de ser llamados hijos tuyos, ¡oh tú, Padre de los fieles! Mas tu soberano poder no se ejerce solamente en los intereses de la vida futura; la experiencia de todos los días, muestra cuán poderoso es tu socorro para obtener la protección celestial en las cosas temporales, mientras nuestros deseos no son contrarios a los designios de Dios. Osamos, pues, depositar en tus manos nuestros intereses de este mundo, nuestras esperanzas, nuestros deseos y nuestros temores. Te fué confiado el cuidado de la casa de Nazaret; sé el consejero y ayuda de todos los que abandonan en tus manos sus quehaceres temporales.

Augusto jefe de la sagrada familia: la familia cristiana está bajo tu cuidado especial; vela sobre ella en estos tiempos calamitosos. Responde favorablemente a aquellos y aquellas que se dirigen a ti en esos momentos solemnes, cuando tienen que escoger la ayuda con la que tienen que pasar esta vida y preparar el camino para otra mejor. Mantén entre los esposos la dignidad y el respeto mutuo que son la salvaguardia del honor conyugal; obténles la fecundidad, muestra de celestiales bendiciones. Tus devotos oh José, aborrezcan esos infames cálculos que socaban lo que hay de más santo, atraen la maldición divina sobre las razas y amenazan a la sociedad con una ruina moral y material a la vez. Disipa los prejuicios tan vergonzosos como culpables; haz que vuelva al honor esta santa conciencia, cuya estima deben conservar siempre los esposos cristianos, y a la cual están obligados a rendir homenaje, so pena de ser como paganos, de los que dijo el Apóstol, "que seguían sus apetitos porque no conocían a Dios".

Finalmente una postrera plegaria, ¡Oh glorioso San José! Existe en nuestra vida un momento supremo, momento decisivo para toda la eternidad: el momento de la muerte. Sin embargo de eso, al examinarnos, nos sentimos con menos inquietudes, sabiendo que la divina bondad lo ha hecho uno de los principales objetos de tu soberano poder. Has sido investido de misericordioso cuidado para facilitar al cristiano que espera de ti, la ayuda para la eternidad. A ti, oh José, nos debemos dirigir para alcanzar una buena muerte. Esta prerrogativa debía reservársete a ti, cuya muerte feliz, entre los brazos de Jesús y de María, fué la admiración del cielo y uno de los más sublimes espectáculos que ha ofrecido la tierra. Sé, pues, nuestro recurso, oh José, en este solemne y último instante de la vida terrena. Confiamos en María, a la que rogamos cada día, que nos sea propicia en la hora de nuestra partida; mas sabemos que María se alegra de la confianza que nosotros tenemos en tiy y que, donde estás tú, ella también se digna estar igualmente. Fortalecidos por la esperanza de tu paternal bondad, oh José, esperamos tranquilos la hora decisiva, porque sabemos que, si somos fieles en pedírtela, tu ayuda nos está asegurada.




Sea todo a la mayor gloria de Dios.

domingo, 10 de marzo de 2019

Los Cuarenta Mártires de Sebaste





LOS CUARENTA MÁRTIRES DE SEBASTE


SOLDADOS DE CRISTO 

Cuarenta nuevos protectores se presentan hoy en este tiempo de penitencia. Sobre el hielo mortífero del estanque que sirvió de campo de sus combates, se acordaban, como nos cuentan sus actas, de los cuarenta días que consagró nuestro Señor al ayuno y se sentían dichosos de que en su número estuviese significado este misterio. Comparemos sus pruebas a las que nos impone la Iglesia. ¿Seremos nosotros, como ellos, fieles hasta el fin? ¿Mereceremos que la corona de la perseverancia ciña nuestras frentes regeneradas en ia solemnidad pascual? Los cuarenta mártires sufrieron, sin volverse atrás, el rigor del frío y las torturas que le siguieron; el temor de ofender a Dios, el sentimiento de la fidelidad que le debían, aseguraron su constancia.

¡Cuántas veces hemos pecado nosotros, sin poder alegar como excusa tentaciones tan rigurosas! Sin embargo, Dios a quién hemos ofendido podría arrebatarnos la vida en el mismo instante en que nos hacemos culpables, como ocurrió con aquel soldado infiel, que después de renunciar a la corona, pidió como premio de su apostasía, la gracia de poder volver a calentar sus miembros helados en un baño de agua tibia. Sólo encontró en él la muerte y la perdición eterna. A nosotros se nos ha dado tiempo y se nos ha perdonado misericordiosamente; recordemos que si la justicia divina no ha ejecutado sus derechos contra nosotros ha sido para confiarlos a nosotros mismos. El ejemplo de los santos nos ayudará a comprender lo que es el mal, con cuánto cuidado hay que evitarlo y cómo nosotros estamos obligados a repararlo.


VIDA

Las actas de los mártires de Sebaste nos cuentan que, en el reinado de Licinio (hacia 320) cuarenta soldados sufrieron por Cristo. Después de arrojados en una cárcel y azotados cruelmente, fueron echados desnudos en un estanque helado en una noche de invierno. El guardián que los vigilaba vió bajar a los ángeles para distribuir coronas a los mártires. En esto, uno de ellos desertó; entonces el carcelero se declaró cristiano, se quitó los vestidos y corrió a unirse con los mártires; viendo esto los verdugos, les rompieron las piernas y todos expiaron en este suplicio excepto uno, el más joven, Melitón, que murió pocos momentos después en los brazos de su madre que le animaba a perseverar en su fe a Cristo. Sus cuerpos fueron quemados y sus reliquias fueron arrojadas en un riachuelo. Pero estas reliquias fueron encontradas milagrosamente en un mismo lugar, donde fueron recogidas con honor.


TODO CRISTIANO ES SOLDADO

Soldados valerosos de Cristo, recibid hoy nuestro homenaje. Toda la Iglesia venera vuestra memoria; pero vuestra gloria es aún mayor en el cielo. Alistados en la milicia terrestre, erais, antes que nada, soldados del Rey de los cielos. Nosotros también somos soldados y marchamos a conquistar un reino que será el premio de nuestro valor. Los enemigos son numerosos y temibles, pero como vosotros, también nosotros podremos vencerlos, si somos fieles en usar las armas que el Señor ha puesto en nuestras manos. La fe en la palabra de Dios, la esperanza en su socorro, la humildad y la prudencia asegurarán nuestra victoria. Guardadnos de todo pacto con el enemigo, porque, si pretendemos servir a dos señores, nuestra derrota será completa.

Durante este tiempo de cuaresma, nos será necesario dar nuevo temple a las armas, curar las heridas, renovar nuestros propósitos; ayudadnos, velad para que no nos apartemos de vuestros ejemplos. También a nosotros nos espera una corona; aunque es más fácil de conseguir que la vuestra, podría escaparse de nuestras manos, si nosotros dejásemos desfallecer el sentimiento de nuestra vocación. Más de una vez, por desgracia, hemos como renunciado a la vida eterna. Hoy queremos hacerlo todo con el fin de asegurárnosla. Sois nuestros hermanos de armas; tanto a vosotros como a nosotros interesa la gloria de nuestro Jefe; apresuraos, santos mártires, venid en nuestra ayuda.





Sea todo a la mayor gloria de Dios.

sábado, 9 de marzo de 2019

Santa Francisca, Viuda Romana





SANTA FRANCISCA,
VIUDA ROMANA 


LA ESPOSA CRISTIANA

La Iglesia nos presenta hoy la admirable figura de la esposa cristiana, en la persona de una dama romana: Santa Francisca.

Después de haber dado durante cuarenta años ejemplo de todas las virtudes en el estado matrimonial, fué a buscar en el retiro el reposo de su corazón probado por largas tribulaciones; pero no esperó a este momento para vivir en el Señor. Durante toda su vida, sus obras dignas de la más alta perfección fueron objeto de las complacencias del cielo, mientras que las óptimas cualidades de su corazón le aseguraban la ternura y admiración de su esposo y sus hijos, de los grandes de quienes era modelo y de los pobres a quienes servía con amor. Para recompensar esta vida tan angelical, Dios permitió que el ángel de la guarda se le mostrase casi constantemente visible y la regalase con altas revelaciones.

Pero lo que más debe llamar la atención de un modo particular en esta vida, que tanto recuerda a las dos grandes santas Isabel de Hungría y Juana Francisca de Chantal, es la renuncia propia de la sierva de Dios. La inocencia de su vida no la dispensó de estos santos rigores; y el Señor quiso por este ejemplo dado a los fieles, enseñarles a no murmurar de la obligación que tenemos de hacer penitencia; tal vez no sea en nosotros tan austera como lo fué en Santa Francisca; sin embargo, tiene que ser real si queremos acercarnos con confianza al Dios de justicia, que perdona fácilmente al alma arrepentida, pero que, no obstante eso, exige la satisfacción.


VIDA

Santa Francisca nació en Roma en 1384. Por obedecer a sus padres se unió en matrimonio, en 1405, con Lorenzo Ponziani, mas siguió conservando en su estado el género de vida austera que se había propuesto. En 1433 fundó la casa de Oblatas de la congregación del Monte Olívete, bajo la regla de San Benito, donde, una vez muerto su marido, pidió su admisión. Deseó vivamente quedar la última, consagrarse al bien de los enfermos, practicando las mayores mortificaciones. Tenía gran devoción a la Pasión y a la Eucaristía. Tuvo el don de lágrimas, de hacer milagros y el de profecía. Finalmente murió en Roma en 1440 y el Papa Paulo V la inscribió en el catálogo de los santos en 1608. Al lado de las Oblatas, cuya vida y condición son las de un edificante instituto, no podemos por menos de mencionar una obra íntimamente relacionada con los oblatos de la orden de San Benito. Las Siervas de los pobres, fundadas en 1872, en Angers, por Dom Camilo Leduc, monje de Solesmes, reconocen por patrona a Santa Francisca Romana, y por sus cuidados consagrados exclusivamente a los pobres enfermos, hacen revivir de modo admirable la actividad bienhechora de su modelo y protectora.


ALABANZA

Francisca, modelo de todas las virtudes, tú fuiste la gloria de Roma cristiana y el ornato de tu sexo. Fiel a todos tus deberes, no tomaste sino del cielo el motivo de tus virtudes y semejaste a un ángel a los ojos de los hombres admirados de tu virtud. La energía de tu alma humilde y mortificada te colocó por encima de todas las circunstancias. Llena de ternura para aquellos que Dios unió a ti, de calma y de gozo interior en medio de las pruebas, de expansión y de amor hacia toda criatura, mostraste a las claras que Dios llenaba toda tu alma predestinada. Ya en este mundo, no contento el Señor en asegurarte la presencia y conversación de tu santo ángel, descorría con frecuencia en tu favor el velo que esconde a nuestra vista los secretos de la vida eterna. Incluso la naturaleza quebrantaba sus propias leyes en tu favor; te trataba como si ya estuvieses libre de las condiciones de la vida presente.


SÚPLICA

Te glorificamos por estos dones de Dios, ¡oh Francisca! pero apiádate de nosotros que tan lejos estamos todavía del camino derecho por el que tú caminaste. Ayúdanos a ser verdaderos cristianos; reprime en nosotros el amor al mundo y a las vanidades, haz que nos sometamos al yugo de la penitencia; recuérdanos la humildad, fortalécenos en las tentaciones. Tu influencia en el corazón de Dios te otorga el poder de hacer producir racimos en una cepa marchita por las escarchas del invierno; obtén para nosotros que Jesús, la verdadera viña, nos refresque pronto con el vino de su amor exprimido bajo la prensa de la Cruz. Ofrécele tus méritos en nuestro favor. Tú también has sufrido voluntariamente por los pecadores. Ruega por la Roma cristiana; haz que florezca y se afirme la fe, la santidad de las costumbres y la fidelidad a la Iglesia. Vela sobre la gran familia de los fieles; que tus oraciones obtengan su acrecentamiento y renueven en la Iglesia el fervor de sus primeros días.




Sea todo a la mayor gloria de Dios.

viernes, 8 de marzo de 2019

San Veremundo, Abad de Irache





SAN VEREMUNDO,
ABAD DE IRACHE


Nació el primer tercio del siglo XII en Navarra. Arellano y Villa-Tuerta se disputan el honor de haber mecido la cuna de S. Veremundo, educándole con esmero en las máximas cristianas sus piadosos padres. En Santa María de Irache donde era Abad ün tío suyo llamado Ñuño, de reconocida santidad, se recogió en sus años juveniles Veremundo y empezó a recorrer la carrera de la santidad a pasos agigantados hasta llegar a ser dechado de perfección para todos los monjes de la abadía, con inmensa satisfacción de su tío; al morir éste tuvo la inefable dicha de dejar en el monasterio a su santo sobrino previendo que algún día sería el padre y sostén del monasterio, como ocurrió efectivamente por elección unánime de todos los monjes.

Aumentó su escogida grey y en bienes temporales la abadía; se desprendía de su persona cierto aire de santidad que se dejaba ver en todas sus acciones. Libró "maravillosamente de la muerte a una muchedumbre de pobres hambrientos sin más recursos que la oración, sació su hambre sin manjar alguno. Ya de joven, asombró a su tío el Abad Ñuño con un prodigio. Como era muy caritativo, un día llevaba unos panecillos debajo del escapulario y el Abad le preguntó: ¿Qué llevas ahí? Unas astillas para calentar a un pobre, aludiendo, para no pasar por mentiroso, a lo que produce el alimento en el menesteroso; se convirtió el pan en astillas efectivamente por un prodigio extraordinario del que fué testigo el mismo Superior a quien dejó admirado y sorprendido. Era parco, pobrísimo para sí pero siempre espléndido para los pobres y para el culto divino. Era gran devoto de Jesucristo y de su Santísima Madre; a él se debe que en Irache se celebrase con gran solemnidad la fiesta de la Inmaculada el 8 de diciembre y de aquí se extendió a toda Navarra. Gobernó la Abadía durante 20 años y debilitado por los trabajos y mortificaciones más que por la edad murió el 8 de marzo de 1192, y los favores y milagros acabaron por exaltarle en 1583 y 1657 al honor de los altares.




Sea todo a la mayor gloria de Dios.

San Juan de Dios, Confesor





SAN JUAN DE DIOS,
CONFESOR 


LA CARIDAD FRATERNA

El mismo espíritu que habia inspirado a Juan de Mata se apoderó de Juan de Dios y le llevó hasta hacerle el servidor de sus hermanos más abandonados. Los dos se nos muestran como los apóstoles de la caridad fraterna; los dos nos enseñan con sus ejemplos, que de nada sirve que nos enorgullezcamos de amar a Dios si la caridad fraterna no reina en nuestro corazón, según enseña San Juan: Aquel a quien han tocado en suerte los "bienes de este mundo, dice, y que viendo necesitado a su prójimo, le cierra su corazón, ¿cómo va a habitar en él la caridad de Dios?.


CARIDAD Y FILANTROPÍA

Pero aunque no se da el amor de Dios sin el amor al prójimo, si éste no se hace por amor al Creador y Redentor nuestro, no pasará de ser sino un engaño. La filantropía, con cuyo nombre se pretende apartarse del Padre común y no socorrer a sus semejantes sino en nombre de la humanidad, es una ilusión del orgullo, sin ningún resultado. No hay posibilidad, ni duración de unión entre los hombres, si están separados de Dios que ha creado a todos y que quiere atraerlos a todos a El. Servir a la humanidad, como tal, es hacer de ella un Dios; y los resultados han demostrado que los enemigos de la caridad no han sabido remediar las miserias del hombre, en esta vida, mejor que los discípulos de Jesucristo, que sólo en él han puesto los motivos y el entusiasmo para consagrarse a asistir a sus hermanos.


HACERLO TODO POR DIOS

El Santo que honramos hoy fué llamado Juan de Dios a causa de que el santo nombre de Dios no se apartaba nunca de sus labios. Su único móvil al ejecutar sus obras no fué otro que complacer a Dios, prodigando en sus hermanos los afectos que Dios había depositado en su pecho para con ellos. Imitemos este ejemplo; Cristo nos asegura que ha de reputar como hechas a El mismo todas las acciones ejecutadas con el último de nuestros semejantes.

San Juan de Dios junto con San Camilo de Lelis fueron declarados por León XIII en 1886 y por Pío XI en 1930 patronos de los hospitales y de todos los que cuidan de los enfermos.


VIDA

Juan de Dios nació en Montemayor, Portugal, en 1495. Después de haber llevado una vida relajada se convirtió, distribuyó los bienes a los pobres, construyó un hospital en Granada y puso de este modo los cimientos del Instituto de los Hermanos Hospitalarios al servicio de los enfermos. Después de dar ejemplo de las más altas virtudes de mortificación, obediencia, pobreza, celo y contemplación, murió el 8 de marzo besando su crucifijo. La fama de los numerosos milagros obrados por su intercesión hizo que Urbano VIII le beatificase, y le canonizase Alejandro VIII en 1690.


SÚPLICA POR ESTE MUNDO ENFERMO

¡Qué bella, oh Juan de Dios, esa tu vida consagrada a aliviar a tus hermanos! ¡Qué grande es en ti el poder de la caridad! Nacido, como Vicente de Paúl, de la más obscura condición, después de pasados como él, los primeros años con tu empleo de pastor, la caridad que abrasa tu corazón llega hasta hacerte ejecutar obras que traspasan con mucho las influencias y los medios de los poderosos del mundo. Tu recuerdo es agradable a la Iglesia; es agradable también a la humanidad entera puesto que tú la serviste en nombre de Dios, mediante el propio abandono al que no han llegado nunca esos economistas, para quienes el pobre no es una cosa sagrada, puesto que no quieren ver en él, a Dios mismo. Hombre de caridad, abre los ojos a estos ciegos, y dígnate curar a la sociedad de los males que ellos la han causado. Durante mucho tiempo se ha luchado para borrar en el pobre la semejanza de Cristo; pero no es posible, pues él mismo es su autor. Es necesario que lo reconozca el mundo, so pena de fenecer bajo la venganza del pobre que él ha degradado. Tu celo, Juan de Dios, se ejercitó con predilección particular en los enfermos; protéjelos contra una laicización que persigue sus almas hasta en lo asilos preparados para ellos por la caridad cristiana. Ten compasión de las naciones modernas que, bajo pretexto de secularización, han arrojado a Dios, de sus costumbres y de sus instituciones; la sociedad también está enferma y todavía no se da completa cuenta de su mal; asístela, ilumínala y obténla la salud y la vida.

Pero como la sociedad se compone de individuos y como no volverá a Dios sino por medio de la conversión personal de sus miembros, enciende la caridad en los corazones de los cristianos, para que en estos días en que queremos obtener el perdón, nos esforcemos en ser misericordiosos como tú lo fuiste, siguiendo el ejemplo de Aquel que siendo nuestro Dios, fué ofendido por nosotros y sin embargo de eso, se ofreció a sí mismo por nosotros en quienes se ha dignado ver a sus hermanos. Protege también desde lo alto del cielo el Instituto que tú has fundado y al que has dejado en herencia tu espíritu, para que se extienda y pueda difundir por todas partes el buen olor de la caridad.





Sea todo a la mayor gloria de Dios.

jueves, 7 de marzo de 2019

Santo Tomás de Aquino, Doctor de la Iglesia





SANTO TOMÁS DE AQUINO, 
DOCTOR DE LA IGLESIA


GLORIA DE SANTO TOMÁS 

Saludemos hoy a uno de los mayores intérpretes de la verdad divina. La Iglesia le ha dado a luz muchos siglos después del tiempo de los Apóstoles, mucho después Tjue la voz de Ambrosio, de Agustín, de Jerónimo, y Gregorio se hubiese esfumado en el tiempo; pero Santo Tomás ha probado que el seno de la Madre común es siempre fecundo y ésta, rebosando de gozo por haberlo dado a luz, le ha llamado el doctor Angélico. Así, pues, dirijamos nuestros ojos a los coros de los ángeles, que es donde le debemos buscar, porque su noble y pura inteligencia le asocia a los querubines del cielo; así como la ternura de Buenaventura, su émulo y amigo, introduce al discípulo de San Francisco en los coros de los Serafines.

La gloria de Tomás de Aquino es gloria de toda la humanidad, por la mera razón de que es uno de sus más grandes genios; es gloria de la Iglesia, pues sus escritos han expuesto la doctrina con tal clarividencia y precisión nunca alcanzadas por doctor alguno; es en fin, gloria del mismo Cristo, que le felicitó por haber explicado tan dignamente sus misterios. En estos días que deben llevarnos a Dios, la mayor necesidad de nuestra alma es conocerle, así como nuestra mayor desdicha fué no haberle conocido bastante. Pidamos a Santo Tomás esta "luz clara que convierte las almas, esa doctrina que proporciona la sabiduría a los mismos niños, que hace rebosar de alegría los corazones e ilumina los ojos" (Sal., XVIII.). Así podremos ver la vanidad de todo lo que no es Dios, la justicia de sus preceptos, la maldad de nuestros pecados, la bondad infinita que acogerá nuestro arrepentimiento.


Vida

Santo Tomás nació hacia el año 1225 de una familia de la más alta nobleza. En 1243 entró en la orden de Predicadores, fué a París a estudiar bajo la dirección de San Alberto Magno y no tardó en llegar a ser él mismo un buen maestro. Su doctrina y su piedad le valieron una reputación inmensa. Urbano IV le rogó fuese a Roma donde compuso el oficio del Santísimo Sacramento. Cuando se dirigía al concilio de Lyon, en 1274, cayó enfermo en la abadía cisterciense de Fosanova, donde murió el 7 de marzo. Fué canonizado por el Papa Juan XXII en 1323. Pío V le declaró doctor de la Iglesia en 1567, y en 1880 León XIII le proclamó patrón de las escuelas católicas.


EL DOCTOR ANGÉLICO

Gloria a ti lumbrera del mundo; tú has recibido los rayos del sol de justicia y los has esparcido por toda la tierra. Esos tus ojos límpidos han contemplado la verdad y en ti se ha cumplido la palabra que dice: Bienaventurados los puros de corazón, porque ellos verán a Dios (Mt. V, 8.). Vencedor en la lucha contra la carne, ha sido digno de obtener las delicias del espíritu; y el Salvador, admirado por los encantos que encerraba tu alma angelical, ha tenido a gala escogerte para celebrar en la Iglesia el Sacramento de su amor; la ciencia no ha podido absorber en ti el manantial de tu humildad; para buscar la verdad usaste siempre, como arma segura, la oración; y después de tanto trabajo, la única recompensa que anhelabas era poseer a Dios, a quien tanto amaba tu corazón. 

Tu vida mortal fué interrumpida a medio camino, y así, dejaste sin acabar tu mejor obra de doctrina; pero, no obstante eso, brillas todavía como nadie en la Iglesia de Dios. Asístela en los combates contra el error. Ella se alegra de poder apoyarse en tus enseñanzas, pues está convencida de que nadie conoció los secretos de su Esposo tan íntimamente como tú. Fortalece, ilumina la fe de los creyentes en estos tiempos en que las verdades se hallan como obscurecidas entre los hijos de los hombres (Sal., XI.832). Confunde la audacia de esos espíritus vanos que creen saber algo, y que se aprovechan del embotamiento general de las inteligencias para usurpar, en la nulidad de su saber, el papel de doctores. Todo es tinieblas en derredor nuestro; en todas partes reina la confusión; haz que volvamos a esa tu doctrina que por su sencillez es la vida del espíritu y la alegría del corazón.


SÚPLICA

Proteje a la orden de Santo Domingo que se extienda más y más pues es uno de los auxiliares de la Iglesia. La Cuaresma debe ver a los hijos de la Iglesia disponerse a hacer las paces con el Señor su Dios; haznos ver claramente esa soberana santidad ofendida por nuestros pecados; que comprendamos lo deplorable del estado de un alma que ha roto las relaciones con la justicia eterna. Horrorizados a la vista de las manchas que nos cubren, aspiraremos a purificar nuestros corazones en la sangre del Cordero inmaculado, y a reparar nuestras faltas con obras dignas de penitencia.





Sea todo a la mayor gloria de Dios.