lunes, 18 de febrero de 2019

San Simeón, Obispo y Mártir




"Año Litúrgico"
Dom Gueranger



SAN SIMEÓN, OBISPO Y MÁRTIR



PARIENTE Y DISCÍPULO DE CRISTO

Hoy festejamos a un anciano venerable de ciento veinte años, a un obispo y a un mártir; Simeón es el obispo de Jerusalén, sucesor del Apóstol Santiago en aquella sede. Conoció a Cristo y fué su discípulo. Es su pariente según la carne, de la misma familia de David; hijo de Cleofás y de aquella María unida a la madre de Dios con vínculos de sangre tan estrechos que fué llamada su hermana. ¡Cuántos títulos de gloria para este venerable Pontífice, que viene a aumentar el número de los mártires, cuya protección reanima a la Iglesia, en esta parte del año en que nos encontramos! Un discípulo tan contemporáneo a la vida mortal de Cristo, un pastor que ha repetido a los fieles las lecciones recibidas por él de la misma boca del Salvador, no debía unirse con su Maestro, sino con una vida tan noble como la suya. Está abrazado a la Cruz, y con su muerte acaecida el año 106, se acaba el primer período de la Historia cristiana, que se llama "Los tiempos apostólicos". Honremos a este santo que reúne en sí tantos recuerdos y pidámosle que extienda a nosotros esa Paternidad de que se honran los fieles de Jerusalén desde hace tanto tiempo.


VIDA 

La santa Liturgia consagra a su memoria esta corta noticia.

Simeón, hijo de Cleofás, fué ordenado Obispo de Jerusalén, inmediatamente después de Santiago. En el imperio de Trajano fué acusado ante Antíoco, personaje consular, de ser cristiano y pariente de Cristo. En esta época se perseguía a los descendientes de David. Después de haber pasado por numerosos tormentos. Simeón sufrió el mismo suplicio de nuestro Salvador; y todo el mundo se admiró de que un hombre, tan agotado por la edad (tenía ciento veinte años) pudiese soportar con tanto valor y constancia los dolores crueles de la Cruz.


ALABANZA Y SÚPLICA

Recibe el humilde homenaje de la cristiandad, ya que aventajas en grandeza a todos los títulos de los hombres. Tu sangre es la misma que la de Cristo; tu doctrina la recibiste de su boca; tu caridad para con los fieles la encendiste en su corazón y tu muerte no es más que una renovación de la suya. Nosotros no tenemos el honor de llamarnos hermanos de Cristo; pero haz que seamos consecuentes con esta promesa suya. "El que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano, mi hermana, mi madre ..."

No hemos recibido como tú, de boca del Salvador su doctrina vivificadora; pero no la poseemos menos pura por medio de la Santa Tradición, de la que tú eres uno de los primeros eslabones. Obtén que seamos cada vez más dóciles a ella y que se nos perdonen nuestras infracciones. No se nos ha preparado una cruz para clavarnos en ella de pies y manos; pero este mundo está sembrado de pruebas a las que el mismo Señor ha llamado Cruces. Tenemos que arrostrarlas con constancia, si queremos tener parte con Jesús en su gloria. Pide a Dios que le seamos siempre fieles, que nuestro corazón no se rebele nunca contra él, que reparemos las faltas que cometemos tan frecuentemente, cuando 110 queremos cumplir su voluntad.




Sea todo a la mayor gloria de Dios.

sábado, 16 de febrero de 2019

El Tiempo de Septuagésima





"El Año Litúrgico"
Dom Gueranger



CAPÍTULO I

HISTORIA DEL TIEMPO DE SEPTUAGÉSIMA


Su Importancia 

El tiempo de Septuagésima abarca las tres semanas que preceden inmediatamente a la Cuaresma. Constituye una de las principales divisiones del Año Litúrgico, y se desarrolla en tres secciones semanales, de las que la primera se llama propiamente Septuagésima, la segunda Sexagésima y la tercera Quincuagésima.

Es evidente que estos nombres expresan mera relación numérica con la palabra Cuadragésima de la que se deriva la palabra española Cuaresma. Ahora bien, la palabra Cuadragésima señala la serie de cuarenta días que hay que recorrer para llegar a la solemnidad de la Pascua. Las "palabras Quincuagésima, Sexagésima y Septuagésima nos anuncian la misma solemnidad en una lejanía más acentuada; mas no por eso la Pascua deja de ser el gran asunto que empieza a considerar la Santa Madre Iglesia y que ésta propone a sus hijos como fin a que desde luego han de enderezar todos sus deseos y esfuerzos.

Exige, pues, la Pascua como preparación cuarenta días de recogimiento y penitencia; este tiempo es la palanca más potente de que echa mano la Iglesia para remover en el corazón y en el espíritu de los fieles el vivo sentimiento de su vocación. Asunto de capital importancia para ellos es no dejar que este período de gracias transcurra sin provecho en el mejoramiento, en la renovación de toda su vida. Era, por tanto, conveniente disponerlos a este tiempo de salud, ya de suyo una preparación, a fin de que, amortiguándose poco a poco en sus corazones las algazaras mundanales, escuchasen con atención el grave aviso que la misma Iglesia les dará al imponerles la ceniza en la cabeza.


Origen

La historia de la Septuagésima se halla íntimamente ligada con la de Cuaresma. En efecto, en pleno siglo v, la Cuaresma comenzaba el domingo VI antes de Pascua (actual domingo I de Cuaresma), y comprendía los cuarenta días finalizados el Jueves Santo, considerado en la antigüedad cristiana como el primer día del Misterio Pascual. No se ayunaba el domingo; y, por consiguiente, no había, hablando con exactitud, más que 34 días de ayuno efectivo (.36 con el Viernes y Sábado Santo). El deseo de imitar el ayuno del Señor, indujo a algunas almas más fervorosas a comenzarle algunos días antes.


Quincuagésima

Vemos aparecer por primera vez esta observancia completa en el siglo V. San Máximo de Turín, en su Sermón 26 predicado hacia el año 451, la reprueba y advierte que la Cuaresma empieza el domingo de Cuadragésima; pero en el Sermón 36 del año 465 la autoriza, considerándola muy generalizada entre los fieles.

En el siglo VI escribe San Cesáreo de Arlés, en su Regla a las Vírgenes, que se ha de empezar el ayuno una semana antes de la. Cuaresma. Desde entonces, pues, existe la Quincuagésima, al menos en los monasterios. El primer concilio de Orleans, celebrado el año 511, ordena que antes de Pascua observen los fieles la Cuadragésima y no la Quincuagésima, a fin de "mantener, dice el canon 26, la unidad de los usos". Los concilios de Orange, de 511 y 541 respectivamente, censuran el mismo abuso y prohiben ayunar antes de Cuadragésima. Hacia el año 520 señala el autor del Líber Pontificalis la costumbre de anticipar una semana la Cuaresma; mas parece que esta costumbre estaba aún poco extendida.


Sexagésima

Pronto se amplió el período consagrado al ayuno, y una nueva semana vino a sumarse a la Quincuagésima. Hallamos menclonada por primera vez la Sexagésima en la Regla de San Cesáreo para Monjes, antes de 542. El IV concilio de Orleans, en 541, la menciona en son de defensa del ayuno anticipado.

viernes, 15 de febrero de 2019

San Faustino y Santa Jovita, Mártires





SAN FAUSTINO Y SANTA JOVITA, MÁRTIRES


GLORIA DE LOS MÁRTIRES

Son dos hermanos que sufrieron el martirio al principio del siglo segundo de la era cristiana; su memoria, sin embargo de eso, se conserva todavía con honor. La gloria de los conquistadores y de los hombres de Estado pasa rápidamente y pronto se borran sus nombres de la memoria de los pueblos; se pregunta a los sabios si han existido, en qué época, cuáles han sido sus actos. Brescia, la capital de la Cenomania italiana, apenas se acuerda de los hombres que la gobernaron e ilustraron en el siglo II ; pero el recuerdo de estos ciudadanos suyos durará cuanto dure el mundo. Gloriñquémosles en estos días en que sus ejemplos nos hablan con tanta elocuencia de la fidelidad que el cristiano debe a Dios.


VIDA

Faustino y Jovita nacieron en Brescia. Fueron encarcelados en la persecución de Trajano, y se les condujo por todas las ciudades de Italia, principalmente por Milán y Roma, donde sufrieron los más grandes tormentos por la fe cristiana. Finalmente fueron decapitados en Brescia al principio del gobierno de Adriano.

Sus actas son obras de un escribano que vivió mucho tiempo después de su martirio (al fin del siglo VIII y principios del IX) y cuyo objeto era más bien el de edificar a los fieles con piadosas leyendas que el de hacer una obra histórica.


SÚPLICA

¡Mártires de Cristo!, cuando comparamos nuestras pruebas con las vuestras, nuestros combates con los que habéis tenido que sostener vosotros, ¡qué reconocidos debemos estar a Dios que ha mimado tanto nuestra debilidad! Nosotros que estamos tan prestos para violar la ley del Señor, tan tardos para levantarnos de nuestras caídas, tan flacos en la fe y en la caridad, ¿cómo soportaremos los tormentos que os ha sido necesario atravesar para alcanzar el descanso eterno? Pero, con todo eso estamos en camino para el mismo fln a donde vosotros ya habéis llegado. Nos espera también una corona y no pidamos renunciar a ella. Levantad vuestros ánimos ¡santos mártires!; armadnos contra el mundo y contra nuestras malas inclinaciones para que confesemos a Cristo no sólo con nuestra boca, sino también con nuestras obras y nuestros ejemplos y demos testimonio de que somos cristianos.




Sea todo a la mayor gloria de Dios.

jueves, 14 de febrero de 2019

San Valentín, Presbítero y Mártir





SAN VALENTÍN, PRESBÍTERO Y MÁRTIR


La Iglesia honra hoy la memoria de este santo sacerdote de Roma, que padeció el martirio hacia el año 270. Ignoramos la mayoría de las circunstancias de su vida y de sus sufrimientos; apenas si nos quedan algunas noticias. El culto de San Valentín es uno de los más célebres de la Iglesia y debemos mirarle como a uno de nuestros protectores en esta estación litúrgica en que su nombre y sus méritos vienen a unirse a los de tantos otros mártires, para animarnos a buscar a Dios, a costa de todos los sacrificios que nos cueste en ponernos en gracia con él.

Ruega, pues, Santo Mártir, por los fieles que desde hace tantos siglos, conservan todavía tu recuerdo. En el día del juicio nuestros ojos te encontrarán en medio del resplandor de gloria que tus combates te alcanzaron. Obtén con tus oraciones que seamos colocados a la diestra y asociados a tu triunfo.




Sea todo a la mayor gloria de Dios.

martes, 12 de febrero de 2019

Los Siete Santos Fundadores de la Orden de los Servitas de la B.V.M.





LOS SIETE SANTOS FUNDADORES DE LA
ORDEN DE LOS SERVITAS DE LA SANTISIMA VIRGEN


LA PASIÓN Y LA COMPASIÓN

El cielo de la Iglesia se ha ensombrecido, todo nos anuncia ya el día en que el Emmanuel aparecerá en el estado en que le han puesto nuestros crímenes. ¡Belén llama muy pronto al Calvario! Al pie de la Cruz encontraremos a la Madre de la divina gracia; entonces María dará a luz, en medio de lágrimas, a los hermanos del recién nacido, cuyo nacimiento estuvo lleno de encantos. Del mismo modo que hemos gustado sus alegrías, sabremos llorar y sufrir con ella.

Tomemos como modelo a los santos, que celebramos hoy. Su vida se pasó en la contemplación en los dolores de Nuestra Señora; la orden que fundaron tiene por misión propagar el culto de sus dolores. Era aquel tiempo en que San Francisco de Asís acababa de enarbolar el lábaro del divino Crucificado sobre el mundo indiferente. En esta empresa de salvación Jesús, como el Viernes Santo, no se podía mostrar a la tierra sin María. Los Servitas completaron por su parte la obra del Patriarca de los menores; la humanidad desamparada recobró la confianza al meditar en la Pasión de su Hijo y en la compasión de la Madre.

Dos fiestas consagradas a celebrar los dolores de la Santísima Virgen, nos dirán cuál es el lugar que éstos ocupan en la economía de la Redención. Pero ahora unamos nuestra gratitud a la de la Iglesia para con esta piadosa familia de los Servitas; el mundo les debe el haber avanzado en el conocimiento y el amor de la Madre de Dios, hecha también madre nuestra, a costa de unos sufrimientos como los de ningún alumbramiento por doloroso que haya sido.


Vida 

Desde 1183 poseía Florencia una cofradía en honor de Nuestra Señora, destinada a combatir el progreso de la herejía de los cataros. Hacia 1230 esta cofradía admitió siete miembros de la aristocracia. Estando en oración, el 15 de agosto de 1233 tuvieron la misma inspiración de abandonarlo todo para servir mejor a Dios y a nuestra Señora. Se retiraron a la soledad, decididos a no admitir a nadie en su compañía. El milagro de la vid que dió frutos en Cuaresma, les mostró que debían admitir discípulos. Las casas se multiplicaron rápidamente en Italia, Alemania y Francia y Benedicto XI aprobó el instituto en 1304. Dedicados a la contemplación de la Pasión de Cristo y de los sufrimientos de su Madre, los Servitas debían promover el culto de los Dolores de María. 

Después de su jubileo sacerdotal, León XIII, canonizó a los siete Fundadores de Servitas, cuya fiesta se fijó el 12 de febrero.


LA VID DE NUESTRA SEÑORA

Como vosotros habéis hecho de los dolores de María vuestros propios dolores, ella os hace participar de sus alegrías eternas. Con todo eso, aquella vid, cuyos racimos maduraron antes de tiempo, presagiando vuestra fecundidad, exhala todavía sus perfumes en la morada de nuestro destierro. Los ñeles notan con gusto los frutos que produce cada día. O s retiráis a la soledad donde la Reina de los Santos pasó su vida mortal; pero en este siglo en que la gloria de María despeja todos los nublados, no puede haber una sombra que sustraiga por m á s tiempo a los Servitas del fulgor con que resplandece su Augusta Capitana. ¡Que tus beneficios te manifiesten más y más! No ceséis nunca de caldear el corazón de este mundo envejecido en la hoguera en que el vuestro encuentra la fortaleza y el amor que le hace triunfar del mal e inmolarse por Dios. ¡Corazón de María, cuya espada de dolor ha hecho resplandecer las llamas del amor, sed para nosotros modelo, refugio y consuelo, mientras esperamos la hora que pondrá fin a nuestros sufrimientos y nuetras lágrimas!




Sea todo a la mayor gloria de Dios.

lunes, 11 de febrero de 2019

La Aparición de la Inmaculada Virgen María





"Año Litúrgico"
Dom Gueranger


LA APARICIÓN DE LA INMACULADA
VIRGEN MARÍA


EL MENSAJE DE LOURDES

Mi arco iris aparecerá de nuevo por encima de las nubes y me acordaré de mi alianza '. En el oficio del once de febrero del año de 18582, las lecturas litúrgicas recordaban esta promesa a la tierra; y pronto supo el mundo que este mismo día María se había aparecido, más hermosa que aquel signo de esperanza, que en tiempo del diluvio había proyectado su figura gentil.

Era la hora en que se multiplicarían para la Iglesia los indicios precursores de un porvenir que al presente todos conocemos. La humanidad envejecida amenazaba quedar pronto sumergida en diluvio peor que el antiguo.

Soy la Inmaculada Concepción, declaraba la Madre de la divina gracia a la humilde niña elegida para pregonar en estas circunstancias decisivas, su mensaje a los guias del arca de salvación. A las tinieblas que subían del abismo, ella oponía como un faro, el augusto privilegio, que tres años antes, el supremo piloto había proclamado como dogma para gloria suya.

Si, en efecto, como dice San Juan, el discípulo amado, nuestra fe posee aquí abajo la promesa del triunfo '; si, por otra parte, la fe se alimenta de la luz; ¿qué dogma ilumina también como este a todos los demás con un resplandor tan suave suponiéndoles y recordándoles a todos a un mismo tiempo? En la frente de la temida del infierno, es verdaderamente real la corona en que se dan cita todos los diversos resplandores de los cielos, como en el arco triunfador de las tempestades.

Pero, por eso precisamente, era necesario abrir los ojos de los ciegos a estas bellezas, dar ánimos a los corazones angustiados por la audacia de las negaciones del infierno, sacar de su impotencia a tantas inteligencias debilitadas por la educación de las escuelas de nuestros días e incapaces de formular un acto de fe. Al conivocar las multitudes en los lugares de su bendita aparición, la Inmaculada socorría enérgica pero suavemente la debilidad de las almas, curando los cuerpos; y mientras sonreía a la muchedumbre atrayendo a todos así, confirmaba con la autoridad del milagro permanente de su propia palabra la definición proclamada por el Vicario de su Hijo.

Del mismo modo que el Salmista cantaba las obras de Dios que pregonan en toda lengua la gloria de su autor 1; lo mismo que San Pablo tachaba de locura no menos que de impiedad al que no se rendía a su testimonio2: se puede decir de los hombres de nuestro tiempo que no tienen escusa si no se convencen ante las obras de la Santísima Virgen. Ojalá multiplique sus beneficios y tenga compasión de enfermedades todavía peores de almas enfermas que, por vergonzoso temor de llegar a conclusiones importunas, rehusan ver; o los que luchando frente a frente contra la verdad, obligan a su pensamiento acusar de extrañas paradojas, entenebrecen su corazón, como dice el Apóstol, y harían temer que el sentido reprobo que los paganos llevaban como castigo en la carne \ haya obcecado su razón.


LLAMADA A LA PENITENCIA

"¡Oh María concebida sin pecado, ruega por nosotros que recurrimos a ti! Esta es la oración que en el año 1830, nos enseñaste Tú misma ante las amenazas del futuro. En 1846, los dos pastorcitos de la Salette nos recordaban tus exhortaciones y tus lágrimas. "Ruega por los pobres pecadores y por el mundo tan agitado", nos vuelve a repetir de tu parte, hoy, la vidente de las grutas de Massabielle: ¡Penitencia! ¡Penitencia! ¡Penitencia!

¡Virgen bendita queremos obedecerte!, combatir en nosotros y en todo el mundo al único enemigo, el pecado, mal supremo de donde nacen todos los males. ¡Alabanza al Todo Poderoso que se dignó conservarte sin mancilla y rehabilitar en Ti una raza humillada! ¡Alabanza a Ti que, libre de deudas, has saldado las nuestras con la sangre de tu Hijo y con las lágrimas de su Madre, reconciliando a la tierra con el cielo, y aplastando la cabeza de la serpiente '!


ORACIÓN-EXPIACIÓN

¿No es esta desde hace mucho tiempo, desde los tiempos apostólicos, la más frecuente recomendación de la Iglesia, para estos días más o menos inmediatos a la Cuaresma? Madre nuestra del cielo, bendita seas por haber venido tan oportunamente a juntar tu voz a la de nuestra Madre de la tierra. El mundo ya no quería, ni comprendía tampoco el remedio infalible pero indispensable, ofrecido a su miseria por la misericordia y la justicia de Dios. Parecía haber olvidado ya aquel oráculo: Si no hacéis penitencia, pereceréis todos.

¡Oh María, tu bondad nos despertó de nuestro letargo! Al conocer nuestra flaqueza, acompañas de mil suavidades la amarga corrección. Para atraer al hombre a implorar tus beneficios espirituales, le prodigas los naturales. No seremos como aquellos niños que reciben a gusto las caricias maternales pero descuidan las instrucciones y no quieren aceptar las correcciones, que la ternura endulza, para que sean bien recibidas. Sino que por el contrario estaremos dispuestos a rezar y a sufrir contigo y con Jesús. Durante la Santa Cuaresma nos convertiremos y haremos penitencia con tu ayuda.





Sea todo a la mayor gloria de Dios.

domingo, 10 de febrero de 2019

Quinto Domingo después de Epifanía





QUINTO DOMINGO DESPUÉS DE EPIFANÍA


MISA


INTROITO

Adorad a Dios todos sus Angeles: lo oyó, y se alegró Sión: y se gozaron las hijas de Judá. Salmo: El Señor reinó, regocíjese la tierra: alégrense todas las Islas. — V. Gloria al Padre.


ORACIÓN
Suplicárnoste, Señor, custodies, a tu familia con tu continua piedad: para que, pues que sólo se apoya en la esperanza de la gracia celestial, sea siempre defendida con tu protección. Por el Señor.


EPÍSTOLA

Lección de la Epístola del Apóstol San Pablo a los Colosenses. (III, 12-17.)

Hermanos: Revestios, como elegidos de Dios, como santos y amados (suyos), de entrañas de misericordia, de benignidad, de humildad, de modestia y de paciencia, soportándoos mutuamente, y perdonándoos los unos a los otros, si alguien tuviere queja contra otro. Como el Señor os perdonó a vosotros, así debéis hacer vosotros. Mas, sobre todas estas cosas, tened caridad, porque ella es el vínculo de la perfección. Y la paz de Cristo salte gozosá en vuestros corazones, pues por ella habéis sido llamados a formar un solo Cuerpo. Y sed agradecidos. La palabra de Cristo habite copiosa en vosotros con toda sabiduría, enseñándoos y exhortándoos los unos a los otros con salmos, e himnos, y cánticos espirituales, cantando con gracia a Dios en vuestros corazones. Todo cuanto hagáis, de palabra o de obra, hacedlo en el nombre de Nuestro Señor Jesucristo, dando gracias a Dios y al Padre por Nuestro Señor Jesucristo.

Educado en la escuela del Hombre-Dios, que se ha dignado morar en nuestra tierra, el cristiano debe ejercitar la misericordia para con sus hermanos. El mundo, purificado por la presencia del Verbo Humanado, será para nosotros un asilo de paz, si es que sabemos merecer los títulos que nos da el Apóstol de elegidos de Dios, santos y amados suyos. Esta paz debe llenar el corazón del cristiano y hacerle vivir en continua alegría, deseosa de manifestarse en el canto de las alabanzas divinas. Es sobre todo el Domingo, cuando los fieles realizan este deber tan grato a su corazón, uniéndose a la Santa Iglesia con sus salmos y cánticos. Acordémonos también, en la práctica ordinaria de la vida, del consejo que nos da el Apóstol al final de esta Epístola, y pensemos en hacer todos nuestros actos en nombre de Jesucristo, con el fin de ser agradables en todo a nuestro Padre celestial.


GRADUAL

Señor, todas las naciones temerán tu nombre, y todos los reyes de la tierra tu gloria. — V. Porque el Señor ha edificado a Sión: y será visto en su majestad.


ALELUYA

Aleluya, aleluya. — V. El Señor reinó, regocíjese l a
tierra: alégrense todas las Islas. Aleluya.



EVANGELIO

Continuación del santo Evangelio según San Mateo. (XIII, 24-30.)

En aquel tiempo dijo Jesús a las turbas esta parábola: El reino de los cielos es comparable a un hombre que sembró buena semilla en su campo. Mas, cuando dormían sus hombres, vino su enemigo y sembró cizaña encima, en medio del trigo y se fué. Y, cuando creció la semilla y produjo fruto, apareció también la cizaña. Acercándose entonces los siervos al padre de familias, le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿Cómo, pues, tiene cizaña? Y les dijo: El enemigo hizo eso. Y los siervos le dijeron: ¿Quieres que vayamos y la recojamos? Y les dijo: No, no sea que, al recoger la cizaña, arranquéis también el trigo. Dejad que crezcan ambas simientes hasta el tiempo de la siega, y entonces diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos, para quemarla: el trigo, en cambio, congregadlo en mi granero.

El reino de los cielos de que habla aquí el Salvador es su Iglesia militante, la sociedad de los que creen en El. Con todo eso, el campo que con tanto esmero ha cultivado, está plagado de cizaña; las herejías se han infiltrado en él; multiplícanse los escándalos: ¿es esto motivo para dudar de la providencia de quien todo lo conoce, y sin cuyo consentimiento no sucede nada? Lejos de nosotros el creerlo, El mismo Maestro nos previene que debe ocurrir así. El hombre ha recibido libertad para el bien y para el mal; a él le corresponde, pues, usar de ella, y a Dios el dirigir todo a su mayor gloria. Por tanto, aun que crezca la herejía como planta maldita, sabemos que llegará el día en que sea arrancada; en más de una ocasión la veremos también secarse en su mismo tallo, sin esperar ai día en que ha de ser arrancada y arrojada al fuego. ¿Dónde están hoy las herejías que asolaron a la Iglesia en sus primeros tiempos? Lo mismo sucederá con los escándalos que se dan en el seno de la Iglesia. La cizaña es una plaga; pero nos conviene ser probados. No quiere el Padre de familias que se arranque esa hierba parásita, por miedo a dañar al trigo verdadero. ¿Por qué? porque la mezcla de buenos y malos es una prueba útil para los primeros, pues les enseña a no confiar en el hombre sino a elevarse más arriba. ¿Por qué también? porque es tan grande la misericordia del Señor, que a veces, con su gracia, lo que era cizaña se puede convertir en trigo. Tengamos, pues, paciencia; pero ya que sabemos que el enemigo sólo siembra la cizaña mientras duermen los guardianes del campo, roguemos por los pastores, pidiendo para ellos a su divino Jefe, la vigilancia que es la primera garantía de la salud del rebaño, y su cualidad más importante, significada en el nombre que la Iglesia les ha impuesto.


OFERTORIO
La diestra del Señor ejerció su poder: la diestra del Señor me h a exaltado; no moriré, antes viviré, y contaré las obras del Señor.


SECRETA
Ofrecérnoste, Señor, estas hostias de placación, para que perdones compasivo nuestras culpas y dirijas nuestros vacilantes corazones. Por el Señor.


COMUNIÓN
Se admiraban todos de las palabras que salían de la boca de Dios.


POSCOMUNIÓN

Suplicárnoste, oh Dios omnipotente, hagas que percibamos el objeto de aquella salud, cuya garantía acabamos de recibir en estos Misterios. Por el Señor.





Sea todo a la mayor gloria de Dios.

Santa Escolástica, Virgen





"Año Litúrgico"
Dom Gueranger


SANTA ESCOLÁSTICA, VIRGEN
(480-549)


EL MARTIRIO Y LA VIRGINIDAD 

La hermana del Patriarca de los monjes de Occidente viene a alegrarnos hoy con su agradable presencia; la virgen claustrada aparece al lado de la mártir; ambas esposas de Jesús, ambas coronadas, porque ambas han combatido y alcanzado la palma. La una la ha alcanzado en medio de los rudos asaltos del enemigo, en esas horas en que es preciso morir o vencer; la otra ha debido sostener durante toda su vida entera la lucha de cada día, prolongada por decirlo asi hasta el último momentó (  Según una tradición que remonta a San Bertario, Abad de Montecasino, (884), San Benito y Santa Escolástica eran gemelos. Consagrada a Dios desde su infancia, se cree que siguió a su hermano a Subiaco. Después se estableció al pie de Casino en Plumbariola, donde pronto fué rodeada de por una comunidad de vírgenes). Apolonia y Escolástica son hermanas; están unidas eternamente en el corazón de su Esposo común.


HERMANA Y DISCÍPULA DE SAN BENITO

Era necesario que la grande y austera figura de San Benito apareciese suavizada por los rasgos angélicos de esta hermana que la Divina Providencia, con gran sabiduría colocó junto a él, para ser su más fiel cooperadora. La vida de los santos presenta estos contrastes, como si el Señor quisiera darnos a entender que, muy por encima de las regiones de la carne y de la sangre, hay un lugar para las almas que las une, que las hace fecundas, las templa y las perfecciona. Así en la Patria celestial, los ángeles de las diversas jerarquías están unidos por mutuo amor cuyo vínculo es el Señor y gustan eternamente las dulzuras de una tierna fraternidad.

La vida de Santa Escolástica se desliza aquí abajo, sin dejar más huellas de su paso, que el dulce recuerdo de una paloma, que se dirige hacia el cielo vista por San Benito, a quien adelantó algunos días en llegar a la eterna felicidad.

Poco es lo que nos queda de esta esposa del Salvador fuera del relato donde San Gregorio el Grande nos ha contado la piadosa disputa que se suscitó entre el hermano y la hermana tres días antes de ser recibida ésta a las nupcias celestiales. Pero cuantas maravillas nos reveía esta escena incomparable. ¿Quién no comprenderá al instante toda el alma de Escolástica, en la tierna ingenuidad de sus deseos en su tierna y firme confianza en Dios, en la amable felicidad con que triunfa de su hermano, pidiendo su ayuda a Dios mismo?


EL PODER DEL AMOR 

Pero ¿de dónde pudo sacar esa fuerza que la hizo capaz de resistir al deseo de su hermano^ a quien veneraba como su maestro y su oráculo? ¿Quién la advirtió que su oración no era temeraria? y ¿quién podía en aquel momento imaginar algo mejor que la severa fidelidad de San Benito a la Regla que él había dado y que debía mantener con su ejemplo? San Gregorio nos responderá: "No nos extrañemos—dice—que una hermana que desea ver más tiempo a su hermano, haya podido tener en ese momento más poder que él sobre el corazón de Dios; porque según la palabra de San Juan, Dios es amor, y era justo que la que amaba más, fuese más poderosa que la que amó menos."


LA CARIDAD FRATERNA

Santa Escolástica será, pues, en los días en que estamos el apóstol de la caridad fraterna. Ella nos animará al amor de nuestros semejantes, que Dios quiere ver renacer en nosotros a medida que nos acercamos a él. La solemnidad pascual nos convidará a un mismo banquete; y allí nos alimentaremos de la misma víctima de la caridad. Preparemos de antemano nuestro vestido nupcial porque el que nos invita quiere vernos habitar juntos en una misma casa (Salmo, LXV, 2.)


SENCILLEZ DE PALOMA

¡Qué rápido fué tu vuelo, cuando, al abandonar esta tierra de destierro, desplegastes tus alas hacia Dios! La mirada de tu hermano que te persigue unos instantes, pronto te perdió de vista; pero la corte celestial en pleno se regocija con tu entrada. Ya estás ahora en la fuente de aquel amor, que llenaba tu corazón. Calma eternamente tu sed en esta fuente de vida; y que tu apacible blancura se haga cada día más brillante, en la compañía de las demás vírgenes que forman la corte del Cordero.

Pero acuérdate de esta tierra que ha sido para ti como lo es para nosotros, el lugar de prueba donde mereciste tantos honores. Tímida delante de los hombres, sencilla e inocente, ignoraste hasta qué grado "heriste el corazón del Esposo". Trátate con él con la humildad y la confianza de un alma jamás agitada por un remordimiento, y él se rinde a tus deseos con amorosa condescendencia; y Benito cargado de años y de méritos, acostumbrado a ver a la naturaleza obedecer a sus órdenes, es vencida por ti en una lucha en que tu sencillez ve mucho más lejos que su profunda sabiduría.


PODER DEL AMOR 

¿Quién te inspiró ¡oh Escolástica! ese sentir sublime, aquel día, haciéndote parecer más sabia que el gran hombre, elegido por Dios, para ser la regla viva de los perfectos? Fué aquel mismo que había elegido a Benito, como una de las columnas de la religión. Quiso mostrarnos que la caridad pura agrada a sus ojos más que la rigurosa fidelidad a las leyes, que no han sido hechas más que para ayudar a conducir a los hombres al fin que posee ya tu corazón. Benito el amigo de Dios lo comprendió; y en seguida, tomando de nuevo el curso de la conversación celestial se confundieron vuestras almas en la dulzura del amor increado, que acababa de revelarse y glorificarse a sí mismo con tanto esplendor. Pero tú ya estás presta para el cielo; tu amor ya no tiene nada terrestre, te atrae hacia lo alto. Unas horas aún y la voz del Señor te hará oír aquellas palabras del Cantar, que el Espíritu Santo parece haber dictado para ti: "Levántate amada mía, hermosa y ven; paloma mía muéstrame tu rostro; que tu voz resuene en mis oídos, porque tu voz es dulce y tu rostro lleno de atractivos" (Cantar, II, 10.1)


SÚPLICA POR TODOS 

¡No te olvides de nosotros cuando te marches de la tierra! Nuestras almas son llamadas a seguirte, aunque poseen los mismos hechizos que la tuya a los ojos del Salvador. Menos dichosas que la tuya, necesitan purificarse largo tiempo para ser admitidas en la mansión donde contemplarán tu felicidad. Tu oración obligó a las nubes del cielo a enviar su lluvia sobre la tierra; que obtenga para nosotros las lágrimas de la penitencia. Tus delicias fueron las conversaciones sobre la vida eterna; aleja de nosotros las conversaciones fútiles y dañosas; haznos gustar aquellas en que las almas aspiran unirse a Dios. Encontraste el secreto de esa caridad fraterna, cuya ternura misma es un perfume de virtud que agrada al corazón de Dios. Abre nuestros corazones al amor de nuestros hermanos; aparta de nosotros la frialdad y la indiferencia y haz que nos amemos como Dios quiere que nos amemos.


POR LA ORDEN MONÁSTICA

Acuérdate del árbol bajo cuyas ramas se cobijó tu vida. El claustro benedictino te considera, no sólo como la hermana, sino también como a la hija de su augusto patriarca. De lo alto del cielo contempla los restos de ese árbol, antes tan vigoroso y tan fecundo, a cuya sombra las naciones de Occidente se cobijaron durante tantos siglos. Por todas partes el hacha devastadora de la impiedad se lanzó a golpear sus ramas y sus raíces. Sus ruinas se esparcen por doquiera y cubren todo el suelo de Europa. Con todo eso sabemos que debe revivir, que retoñará con nuevas ramas y que el Señor se ha dignado encadenar la suerte de este árbol antiguo a los destinos de la Iglesia. Ruega para que reviva en él la savia primera. Protege con cuidado maternal los débiles retoños que ahora produce, defiéndelos del huracán; bendícelos y hazlos dignos de la confianza que la Iglesia se digna depositar en ellos.




Sea todo a la mayor gloria de Dios.