domingo, 19 de mayo de 2019

San Pedro Celestino V, Papa y Confesor





SAN PEDRO CELESTINO V,
PAPA Y CONFESOR


LA HUMILDAD DE UN PAPA 

Al lado de León, Doctor ilustre, Jesús resucitado llama en este día al humilde Pedro Celestino, Pontífice Supremo como León, pero apenas elevado a la cátedra apostólica, descendió de ella para volver al desierto. Entre tantos héroes como hay en la serie de los Pontífices romanos, debía encontrarse alguno que representase más especialmente la noble virtud de la humildad; y Pedro Celestino es a quien la gracia divina ha otorgado este honor. Arrancado del remanso de su soledad para ser elevado al trono de San Pedro y tener en sus manos temblorosas las llaves que abren y cierran las puertas del cielo, el santo ermitaño miró en torno a sí; consideró las necesidades del rebaño de Cristo y examinó después su propia debilidad. Agobiado por la responsabilidad que abarca a toda la raza humana, se juzgó incapaz de soportar por más tiempo semejante carga; depuso la tiara e imploró el favor de ocultarse en su querida soledad. De la misma manera, Cristo su Maestro, ocultó su gloria primeramente en la oscuridad de 30 años, más tarde bajo la sangrienta tempestad de su Pasión y bajo las sombras del sepulcro. Los resplandores de la Pascua han disipado completamente estas tinieblas y el vencedor de la muerte se ha manifestado en todo su esplendor. Pero quiere que sus miembros participen de su triunfo y que la gloria con que brillarán eternamente estén como la suya en proporción con sus esfuerzos en humillarse en esta vida mortal. ¿Qué lengua podrá describir la aureola que circunda la frente de Pedro Celestino, en pago de la oscuridad en que buscó el olvido de los hombres con más ardor que otros buscan su estima y admiración? Grande en el trono Pontificio, mayor en el desierto, su grandeza en los cielos sobrepasa todos nuestros pensamientos.


VIDA

Pedro nació en Isernia, en los Abruzzos, en 1210. Muy joven abrazó la vida monástica, después se retiró a la soledad para vivir como ermitaño. No tardaron en presentársele discípulos y fundó una nueva congregación monástica bajo la regla de San Benito. Estando vacante el trono pontificio durante dos años, los cardenales eligieron a Pedro para reemplazar a Nicolás IV. Fué coronado y consagrado el 29 de agosto de 1294 y tomó el nombre de Celestino. Mas pronto aplanado por las responsabilidades de su cargo, dimitió la dignidad suprema y se volvió a su soledad. Murió poco después el 19 de mayo de 1296. Los milagros obrados en su sepulcro manifestaron su santidad y el 5 de marzo de 1313. Clemente V le canonizó en Avignón. Su familia religiosa ha conservado su nombre de Papa y constituye la Congregación de los Celestinos.


ALABANZA 

Oh Celestino, has logrado el objeto de tu ambición y te ha sido concedido descender de las gradas del trono apostólico y volver a entrar en la calma de esta vida oculta que durante tanto tiempo había constituido tus delicias. Gozas de los encantos de la soledad que tanto amaste; ella te es devuelta con todos los tesoros de la contemplación en el secreto del trato íntimo con Dios. Cuando llegue la hora, la cruz, que has preferido a todas las cosas, se levantará luminosa en la puerta de tu celda invitándote a participar en el triunfo pascual de quien descendió del cielo para enseñarte que el que se humilla será ensalzado. Tu nombre, oh Celestino, brillará hasta el último día del mundo en la lista de los Pontífices romanos. Y, tú eres uno de los anillos de esta cadena que une la Iglesia a Jesús, su fundador y su Esposo; pero te está reservada una gloria mayor, la de hacer cortejo al Cristo divino resucitado. La Iglesia, que se inclinó durante algún tiempo ante ti, mientras tenías las llaves de Pedro, después de algunos siglos te tributa y te tributará hasta el último día el homenaje de su culto, porque reconoce en ti uno de los elegidos de Dios, uno de los príncipes de la corte celestial.


PLEGARIA

Oh Celestino, nosotros también estamos llamados a subir donde tú estás para contemplar eternamente como tú el más bello de los hijos de los hombres, al vencedor de la muerte y del infierno. Pero solamente puede conducirnos un camino: el que tú mismo seguiste, el de la humildad. Fortifica en nosotros esta virtud, oh Celestino, y enciende el deseo en nuestros corazones. Sustituye el desprecio de nosotros en lugar de la estima que muy frecuentemente tenemos la desgracia de tributarnos. Danos el desprecio de nosotros mismos. Vuélvenos indiferentes a toda gloria mundana, firmes y alegres en las humillaciones, para que habiendo bebido el agua del torrente", como Jesús, nuestro Maestro, podamos un día "levantar la cabeza'" como él y con él y rodear eternamente el trono de nuestro común Redentor.



Sea todo a la mayor gloria de Dios.

sábado, 18 de mayo de 2019

San Venancio, Mártir





SAN VENANCIO,
MARTIR

El mártir de este día nos traslada a las persecuciones de los emperadores romanos. Su testimonio le dió en Italia; y la devoción que le tributa la población de Camerino, en otro tiempo sometida al poder temporal del Pontífice romano, obtuvo qué su fiesta se celebrase en toda la Iglesia. Acojamos, pues, con alegría a este nuevo campeón del Emmanuel, y felicitémosle por haber sufrido lealmente el combate en estos días del tiempo pascual, tan jubiloso por la victoria que la vida ganó sobre la muerte.


VIDA

Acerca de San Venancio, sólo dos Actas completamente legendarias 2 nos dan algunas noticias. Sus reliquias llevadas a Camerino en el 1259, fueron objeto de un culto tal que Boronio introdujo su nombre el martirologio romano y Clemente X su oficio en el Breviario. Según la leyenda, a la edad de quince años se presentó ante Antíoco para proclamar su fe cristiana, y después de varios tormentos, se le cortó la cabeza.


PLEGARIA

Ruega por nosotros, Santo Mártir, a quien los santos ángeles armaron y ayudaron en la lucha. Como tú nosotros somos soldados de Jesús resucitado y como tú estamos llamados a dar testimonio de su divinidad y sus derechos ante el mundo. Si el mundo no está siempre armado de instrumentos torturadores como en los días de tu lucha, no es menos temible por sus seducciones. También querrá arrebatarnos a nosotros de nuevo la vida, que Jesús ha comunicado a sus miembros: defiéndenos de sus asechanzas. La carne del Cordero que te alimentó en los días de la Pascua, y la energía que se manifestó en ti se debe a la gloria de este celestial manjar. Estamos sentados a la misma mesa, cuida de todos los comensales del festín pascual. Como tú, hemos conocido al Señor en la fracción del pan; alcánzanos el conocimiento de este celestial misterio cuyas primicias recibimos en Belén y que se ha desarrollado ante nuestra vista y en nosotros mismos por los méritos de la Pasión y de la Resurrección de nuestro Emmanuel. Otras maravillas nos esperan; no dejaremos el tiempo pascual sin haber sido iniciados en la plenitud del don divino de la Encarnación. Haz, oh tú santo mártir, que nuestros corazones se abran más y más, y que guarden fielmente los tesoros que los augustos misterios de la Ascensión y de Pentecostés deben derramar en ellos.




Sea todo a la mayor gloria de Dios.

lunes, 13 de mayo de 2019

San Roberto Belarmino, Obispo y Doctor de la Iglesia






SAN ROBERTO BELARMINO, 
OBISPO Y DOCTOR DE LA IGLESIA

"Desde los orígenes de la Iglesia hasta nuestros días, la divina Providencia no ha cesado jamás de suscitar hombres ilustres por su ciencia y santidad, los cuales han conservado e interpretado las verdades de la fe católica y rechazado los ataques con que los herejes amenazaban a estas mismas verdades'". Entre ellos brilla San Roberto Belarmino tan célebre por su enseñanza y sus obras de controversia, por su celo en reforma de la Iglesia, por las virtudes que practicó en grado heroico y de las cuales son acabada imagen sus tratados ascéticos.


La Iglesia en el siglo XVI 

La Iglesia en el siglo XVI atravesaba por una era de prueba. Una parte de Europa se había dejado arrastrar por la rebelión de Lutero. Guerras religiosas cubrían de sangre países que sometidos a la Santa Sede habían gozado, durante muchos siglos, del beneficio de la unidad. La teología católica parecía haber perdido algo de su vitalidad y de su influencia; en la disciplina eclesiástica se habían ido deslizando poco a poco algunos abusos, y Lutero declarando imposible la reforma de la Iglesia por el Papado, creaba una nueva teología so pretexto de devolver a los fieles la libertad de los hijos de Dios.


La Defenza de la Iglesia

Pero Cristo prometió estar con su Iglesia "todos los días hasta el fin de los siglos". Contra los falsos reformadores suscitó una pléyade de santos e ilustres doctores que defendieron la verdad y la santidad menospreciadas, San Roberto Belarmino aparece en primera fila junto con San Pedro Canisio, su hermano de religión en la Compañía de Jesús.


El Teólogo

En la Universidad de Lovaina, (actual Bélgica), situada entre Alemania e Inglaterra protestantes, prosigue la enseñanza tradicional comentando la Suma de Santo Tomás que sabe adaptar con éxito a las necesidades de su época. Sobresale especialmente en la controversia. Recoge los testimonios de los Padres de los Concilios y del derecho de la Iglesia y defiende victoriosamente los dogmas atacados por los innovadores. En 1586 se publicaban por primera vez sus admirables Controversias. "En ellas, dice Pío XI, refuta de una manera decisiva los ataques lanzados por los Centuriadores de Magdeburgo cuyos tiros iban dirigidos a derribar la autoridad de la Iglesia mediante un uso engañoso de pruebas históricas y de testimonios de los Padres." Esta enseñanza provocó tanta alegría entre los católicos como ira en campo adverso, en el que Teodoro de Beza dirá hablando de las Controversias:

"He aquí el libro que nos ha perdido." Muchos herejes, en efecto, encontraron en ellas la luz y volvieron a la verdadera fe; San Francisco de Sales decía que para sus predicaciones en Chablais, durante cinco años no había usado otros libros que la Biblia y las obras del gran Belarmino. 

No le bastaba convencer de error a los herejes; quería además prevenir a los mismos fieles contra su propaganda, y, con ese fin, compuso un Catecismo notable que él mismo enseñaba gustoso a los niños y a las gentes sencillas por muy importantes que fuesen sus ocupaciones. En los últimos años de su vida, escribió algunas notas espirituales, fruto de sus meditaciones y de sus retiros, las cuales forman cinco opúsculos ascéticos y nos revelan la hermosura de su alma. Un siglo antes el humanismo había alejado al hombre de su criador por el paganismo en que había sumido a las almas. Ciertas doctrinas de la teología protestante tendían a acentuar esta separación dando una idea falsa de la justicia divina y afirmando la teoría desesperante de la predestinación al infierno. Como su amigo, San Francisco de Sales, San Roberto se dedicó en dar a conocer la ternura de Dios. El amor es la base de su espiritualidad, nos inspira la confianza en ese Dios que es el Dios de la alegría y de la bondad, que llama al pecador a penitencia y desea infinitamente más que nosotros nuestra salvación. Hace a la virtud amable y fácil, persuadiéndonos que la santidad consiste sencillamente en el cumplimiento de la voluntad divina, en el deber de estado y en el abandono filial. En tiempo en que dominaba el sombrío pesimismo de Calvino, y en que los católicos mismos, por necesidad de reforma, se sentían inclinados a una mayor austeridad de vida—lo cual permitirá al jansenismo desenvolverse rapidísimamente—, tuvo el valor de hacerse el apóstol de la bondad de Dios ya que tantos otros realzaban su justicia.


El Santo

Se ha dicho con razón que San Roberto Belarmino recibió de Dios la triple vocación de enseñar a los ñeles, alimentar la piedad de las almas fervorosas y confundir a los herejes. Se comprende que San Francisco de Sales le haya tenido por maestro y que Benedicto XV le haya propuesto como modelo de los que propagan y defienden la religión católica. 

San Roberto fué verdaderamente modelo en los diferentes cargos que ocupó durante su larga carrera; simple religioso o provincial, profesor o director de conciencia, arzobispo o cardenal de Curia. Fué quien guió por los caminos de la santidad a San Luis Gonzaga: fué el consejero preferido por muchos Papas. Como arzobispo, se mostró escrupuloso observador de los decretos del Concilio de Trento; era fiel a la residencia, celoso de la predicación, de una caridad inagotable para con los pobres, cuidadoso en la formación de los jóvenes sacerdotes, en la dignidad del clero y hermosura del culto divino. Su austeridad de vida no se desmintió nunca. Incluso cuando fué elegido cardenal se atuvo a su resolución de no cambiar nada en el género de vida que llevaba en la Compañía de Jesús. Consagraba diariamente varias horas a la oración, ayunaba tres días por semana y hasta en los honores observó un método de vida muy modesto. No trató nunca de enriquecer a su familia y sólo tras muchas instancias se logró de él que ayudara a sus padres pobres. Sentía muy humildemente de sí mismo y era de una admirable sencillez de alma. Ponía todo su cuidado en no empañar con la más ligera falta la inocencia bau-
tismal. Amaba, en ñn, con amor filial, tierno y fuerte a la Santísima Virgen.

Todas sus virtudes brillaron con espléndido fulgor durante su última enfermedad. El Papa
Gregorio XV y numerosos cardenales, temerosos ante el pensamiento de que un tal apoyo iba a faltar a la Iglesia acudieron a visitarle. Cuando murió, Roma entera le hizo magníficos funerales y con voz unánime le canonizó. Su cuerpo colocado en la iglesia de San Ignacio, junto a la tumba de San Luis Gonzaga, como lo había deseado él en vida, ha permanecido hasta nuestros días rodeado de la veneración de los fieles.


Vida

San Roberto Belarmino, sobrino del Papa Marcelo II, nació en Montepulciano, cerca de Florencia, en 1542. Desde su juventud, mostró gran piedad y vivo deseo de apostolado. Ingresó a los 18 años en la Compañía de Jesús e hizo sus estudios en Roma, Florencia, Mondovi, Padua y Lovaina, donde fué ordenado de sacerdote y nombrado para una cátedra de teología. Pronto se le consideró como uno de los mejores teólogos de la cristiandad, y el Papa Gregorio XIII le llamó a Roma para confiarle los cursos de Controversias en el Colegio romano donde llegó a tener hasta 2.000 estudiantes. Después de haber sido nombrado provincial de Napóles, fué de nuevo llamado a Roma por Clemente VIII, quien le nombró consultor del Santo Oficio y después Cardenal. Consagrado obispo, se trasladó en 1602 al arzobispado de Capua, administrándole durante tres años, al cabo de los cuales renunció y volvió a Roma donde permaneció hasta su muerte, acaecida en 1629. Fué beatificado y canonizado por Pío XI que le nombró Doctor de la Iglesia. 



Plegaria
"Como lámpara ardiente puesta sobre el candelero para alumbrar a cuantos hay en la casa, iluminaste a los católicos y a aquellos que se perdían lejos de la Iglesia; como estrella en firmamento, con los rayos de tu ciencia tan vasta como profunda y con el esplendor de tus talentos trajiste a los hombres de buena voluntad la verdad a la que serviste siempre y por encima de todo. Primer apologista de tu tiempo y aún de tiempos posteriores te ganaste, por tu vigorosa defensa del dogma católico la admiración y la atención de todos los verdaderos servidores de Cristo'". Ruega por nosotros que aprobamos los honores que Roma te ha tributado.
Las necesidades de nuestra época son muy semejantes a los de la tuya: el amor de novedades seduce también a muchas almas y el racionalismo, hijo del protestantismo ha hecho disminuir las verdades entre nosotros. Apoya nuestra oración que pide a Dios en la colecta de la Misa un amor mayor de la verdad y el retorno de los descarriados a la unidad de la Iglesia.
Pastor celoso, obtén para la Iglesia sacerdotes y obispos que "abrasados como tú por el fuego de la caridad se gasten sin cesar por el bien de las almas y cuyos consejos y ejemplos les hagan correr con el corazón dilatado por el camino de los preceptos divinos'".
Enseña también a todos los fieles a estimar por encima de todo las verdades católicas del catecismo. Que este librito, por la perfección del cual tanto trabajaste, nos dé no sólo la ciencia necesaria para la salvación, sino que además nos introduzca en el camino de la perfección, siguiendo las huellas de ese humilde hermano converso, el Venerable Mariano de Rocca Casale, que supo beber su maravillosa sabiduría en su regla franciscana y en este tu pequeño manual, 
Enséñanos sobre todo la práctica de los dos primeros mandamientos en los cuales se resume toda la ley. El amor de Dios dominó toda tu vida y la dió su armonía y grandeza. Ojalá conservemos siempre como tú, fija la mirada de nuestro corazón en Jesús crucificado y no veamos sino a El en la persona de nuestros hermanos. Inspíranos también los sentimientos de ternura que tú tenías para con la Virgen Inmaculada cuyo honor defendiste contra los herejes.





Sea todo a la Mayor Gloria de Dios

miércoles, 8 de mayo de 2019

Solemnidad de San José





SOLEMNIDAD DE SAN JOSÉ,
Esposo de la Bienaventurada Virgen María
Patrono de la Iglesia Universal


Hoy se suspende la serie de misterios del Tiempo pascual; otro objeto atrae por un momento nuestra atención. La Santa Iglesia nos incita a consagrar la jornada al culto del Esposo de María, del Padre nutricio del Hijo de Dios, Patrón de la Iglesia universal. El 19 de marzo le hemos rendido nuestro homenaje anual; pero se trata de erigir para la piedad del pueblo cristiano un monumento de reconocimiento a San José, socorro y apoyo de todos los que le invocan con confianza.


HISTORIA DEL CULTO HACIA SAN JOSÉ 

La devoción a S. José estaba reservada para estos últimos tiempos. Su culto, fundado en el Evangelio mismo, no debía desarrollarse en los primeros siglos de la Iglesia; no porque los fieles, considerando el papel de San José en la economía del misterio de la Encarnación, estuviesen coartados de algún modo en los honores que hubieran querido rendirle; sino que la divina Providencia tenía sus razones misteriosas para retardar el momento en que la Liturgia debía prescribir cada año los homenajes públicos debidos al Esposo de María. El Oriente precedió al Occidente, así como ocurrió otras veces, en el culto especial de San José; pero en el siglo xv, la Iglesia latina le habla adoptado todo entero, y desde entonces no ha cesado de progresar en las almas católicas. Las grandezas de S. José han sido expuestas el 19 de Marzo; el fin de la presente fiesta no es el volver sobre este inagotable asunto. Tiene su motivo especial de institución que es necesario dar a conocer.

La bondad de Dios y la fidelidad de nuestro Redentor a sus promesas se unen siempre más estrechamente de siglo en siglo, para proteger en este mundo la chispa de vida sobrenatural que debe conservar él hasta el último día. En este fin misericordioso, una sucesión ininterrumpida de auxilios viene a caldear, por decirlo así, cada generación, y a traerle un nuevo motivo de confianza en la divina Redención. A partir del siglo XIII, en que comenzó a hacerse sentir el enfriamiento del mundo, como nos lo atestigua la misma Iglesia, ("Frigescente mundo"—Oración de la fiesta de los Estigmas de S. Francisco), cada época ha visto abrirse una nueva fuente de gracias.

Apareció primero la ñesta del Santísimo Sacramento, cuyo desarrollo ha producido sucesivamente la Procesión solemne, las Exposiciones, las Bendiciones, las Cuarenta Horas. A ella siguió la devoción al santo Nombre de Jesús, cuyo apóstol principal fué San. Bernardino de Sena y la del "Vía Crucis" o "Calvario", que produjo tantos frutos de compunción en las almas. El siglo XVI vió renacer la comunión frecuente, por la influencia principal de S. Ignacio de Loyola y de su Compañía. En el xvn fué promulgado el culto del Sagrado Corazón de Jesús, que se estableció en el siglo siguiente. En el XIX, la devoción a la Santísima Virgen tomó un incremento y una importancia que son las características sobrenaturales de nuestro tiempo. Ha sido restablecida la devoción al santo Rosario, y al Santo Escapulario, que nos legaron las edades precedentes; las peregrinaciones a los santuarios de la Madre de Dios, suspendidas por los prejuicios jansenistas y racionalistas, han vuelto a resurgir; la Archicofradía del Sagrado Corazón de María ha extendido sus afiliaciones por el mundo entero; numerosos prodigios han venido a recompensar la fe rejuvenecida; en fin, para terminar: el triunfo de la Inmaculada Concepción, preparado y esperado en los siglos menos favorables.

Pero la devoción a María no podía desarrollarse sin el culto ferviente de San José. María y José se hallan tan íntimamente unidos en el misterio de la Encarnación, ia una como Madre del Hijo de Dios, el otro como guardián del honor de la Virgen y Padre nutricio del Niño-Dios, que no se les puede aislar el uno del otro. Una veneración particular a S. José ha sido pues la consecuencia del desarrollo de la piedad hacia la Virgen Santísima.


TÍTULOS DE SAN JOSÉ A NUESTRA DEVOCIÓN

Pero la devoción al Esposo de María no es solamente un justo tributo que rendimos a sus prerrogativas; es también para nosotros la fuente de un nuevo socorro tan extenso como poderoso, habiendo sido puesto entre las manos de San José por el mismo Hijo de Dios. Escuchad el lenguaje inspirado de la Iglesia en la Liturgia: ¡"Oh José, honra de los habitantes del cielo, esperanza de nuestra vida aquí abajo, el "sostén de este mundo"! (Himno de Laudes de la Solemnidad de S. José. "Caelitum, Joseph, decus atque nostrae"... etc.)

¡Qué poder en un hombre! Pero buscad también un hombre que haya tenido con el Hijo de Dios sobre la tierra relaciones tan íntimas como José. Jesús se dignó estarle sumiso aquí abajo; en el cielo, tiene empeño en glorificar a aquel de quien quiso depender, y a quien confió su niñez y el honor de su Madre. El poder de S. José es pues ilimitado; y la Santa Iglesia nos invita hoy a recurrir con una confianza absoluta a este Protector omnipotente. En medio de las terribles agitaciones de las cuales es el mundo víctima, invóquenlo los fieles con fe y serán protegidos. En todas las necesidades de alma y cuerpo, en todas las pruebas y crisis que el cristiano deba atravesar, así en el orden temporal como en el orden espiritual, que recurra a S. José y su confianza no se verá defraudada. El Rey de Egipto decía a sus pueblos hambrientos: "Id a José." (Gén., XLI, 55); el Rey del cielo nos hace la misma invitación; y el fiel custodio de María tiene más crédito ante él que el hijo de Jacob, intendente de los graneros de Menfis, lo tuvo ante el Faraón.

La revelación de este nuevo refugio preparado para los últimos tiempos ha sido, desde luego, comunicada, según la costumbre que Dios guarda de ordinario, a las almas privilegiadas a las cuales estaba ella confiada como un germen precioso: así fué para la institución de la fiesta del Santísimo Sacramento, para la del Sagrado Corazón de Jesús, y para otras más. En el siglo XVI, Santa Teresa cuyos escritos estaban llamados a extenderse por el mundo entero, recibió en un grado superior comunicaciones divinas a este propósito, y consignó sus sentimientos y sus deseos en su vida escrita por ella misma.


SANTA TERESA Y SAN JOSÉ

He aquí como se expresa Santa Teresa: "Tomé por abogado y señor al glorioso San José y encomendeme mucho a él. Vi claro que así de esta necesidad, como de otras mayores de honra y pérdida de alma, este padre y señor mío me sacó con más bien que yo le sabía pedir. No me acuerdo, hasta ahora, haberle suplicado cosa que la haya dejado de hacer. Es cosa que espanta las grandes mercedes que me ha hecho Dios por medio de este bienaventurado santo, de los peligros que me ha librado, así de cuerpo como de alma: que a otros santos parece les dió el señor gracias para socorrer una necesidad; a este glorioso santo tengo experiencia que socorre en todas, y que quiere el Señor darnos a entender que así como le fué sujeto en la tierra, que como tenía nombre de padre siendo ayo, le podía mandar, así en el cielo hace cuanto le pide. Esto han visto otras algunas personas, a quien yo decía se encomendase a él, también por experiencia; y aun hay muchas que le son devotas de nuevo experimentando esta verdad." (Vida. cap. VI.)

Para responder a numerosos deseos y a la devoción del pueblo cristiano, el 10 de Septiembre de 1847, Pío IX extendió a la Iglesia universal la fiesta del Patrocinio de S. José que había sido concedido a la Orden de los Carmelitas y a algunas Iglesias particulares. Más tarde, Pío X debía elevar esta fiesta al rango de las mayores solemnidades dotándola de una Octava.

Pongamos pues nuestra confianza en el poder del augusto Padre del pueblo cristiano, José, sobre quien han sido acumuladas tantas grandezas para que las repartiese entre nosotros, en una medida más abundante que los otros santos, las influencias del misterio de la Encarnación del mal ha sido, después de María, el principal ministro sobre la tierra.


MISA

En esta fiesta dedicada a S. José como protector de los fieles, la Santa Iglesia, por el Introito, nos hace cantar las palabras en las cuales David expresa la confianza que ha puesto en la Protección del Señor. San José es el ministro de esta protección divina, y Dios nos la promete, si nos dirigimos a su incomparable servidor.


INTROITO
El Señor es nuestro ayudador y nuestro protector: en El se alegrará nuestro corazón, y confiaremos en su santo nombre, aleluya, aleluya. — Salmo: Tü, que riges a Israel, atiende: tú, que guías a José como a una oveja. Y. Gloria al Padre.

En la Colecta, la Iglesia revela la elección que Dios quiso hacer de S. José para Esposo de María, y nos enseña que esta elección tuvo por efecto asegurarnos en él a un Protector, que responderá siempre a nuestros homenajes por su intercesión todopoderosa.


COLECTA
Oh Dios, que, con inefable providencia, te dignaste elegir a San J'osé para Esposo de tu Santísima Madre: haz, te suplicamos, que al que veneramos en la tierra como Protector, merezcamos tenerle por intercesor en los cielos. Tú, que vives.


EPÍSTOLA
Lección del libro del Génesis.
José es un retoño pujante, un retoño que crece al pie de las aguas, cuyas ramas se extienden por el muro. Y se irritaron contra él, y le injuriaron y le asaetearon los arqueros. Pero su arco permaneció firme, y los lazos de sus manos y pies fueron desatados por el poder del fuerte Jacob: de allí salió el pastor, la piedra de Israel. El Dios de tu padre será tu ayudador, y el Omnipotente te bendecirá con bendiciones del cielo de arriba, con bendiciones del abismo de abajo, con bendiciones de los pechos y del vientre de la madre. Las bendiciones de tu padre serán aumentadas con las bendiciones de sus padres: hasta que venga el Deseado de las colinas eternas, estarán sobre la cabeza de José y sobre la frente del Nazareno entre sus hermanos.


LOS DOS JOSÉS

Esta magnífica profecía de Jacob moribundo, y que revela a su hijo José la suerte gloriosa que le espera a él y a sus hijos, viene a propósito en este día para recordarnos las relaciones que notado San. Bernardo ha elocuentemente entre los dos Josés. Las tan señalamos el 19 de marzo, y el lector pudo convencerse de que el primer José fué el tipo del segundo.

El viejo Patriarca, después de haber profetizado el destino de sus diez primeros hijos, se detiene con complacencia en el hijo de Raquel. Después de haber alabado su belleza, recuerda las persecuciones a que estuvo expuesto por parte de sus hermanos, y las vías maravillosas por las cuales le libró Dios de sus manos, y le condujo al poder. Después Jacob muestra a ese hijo de su ternura glorificado y convertido en el tipo del segundo José.

¿Quién ha merecido más que el Esposo de María, el Protector de los fieles, ser llamado "Pastor de un pueblo y fuerza de Israel"? Todos nosotros somos su familia: él vela por nosotros con amor; y en nuestras tribulaciones, podemos apoyar en él nuestra confianza como sobre una roca inexpugnable. L a herencia de S. José es la Iglesia, que las aguas del Bautismo riegan sin cesar y la hacen fecunda; allí ejerce su poder bienhechor sobre los que confían en él. Jacob promete al primer José inmensas bendiciones, cuyo efecto durará hasta el día en que el Salvador prometido "descienda de las colinas de la eternidad". Entonces comenzará el ministerio del segundo José, ministerio de socorro y de protección, que durará hasta el segundo advenimiento del Hijo de Dios. En fin, si el primer José es presentado en la profecía como Nazareno, es decir, consagrado a Dios y santo en medio de sus hermanos, el segundo cumplirá el oráculo más literalmente aún; pues no solamente su santidad aventajará a la del hijo de Jacob, sino que su morada será Nazaret. Allí habitará con María, allí vendrá a la vuelta de Egipto, allí acabará su santa carrera; en ñn por haber habitado allí con él, su hijo adoptivo, Jesús, Verbo eterno, "será llamado Nazareno". (S. Matth., I I , 23.)

En el primer Verso aleluyático se oye la voz de S. José. Invita a los fieles a recurrir a él, y les promete una ayuda pronta. En el segundo, la Iglesia pide para sus hijos que se apresuren a imitar la pureza del Esposo de María, al mismo tiempo que implora para ellos su Patrocinio.


ALELUYA
Aleluya, aleluya. J. En cualquier tribulación, en que clamaren a mí, les oiré, y seré siempre su protector. Aleluya. J. Haznos correr, oh José, una vida inofensiva: y esté siempre defendida por tu patrocinio. Aleluya.


EVANGELIO
Continuación del santo Evangelio según San Lucas. En aquel tiempo sucedió que, cuando se bautizaba todo el pueblo, se bautizó también Jesús: y, orando El, se abrió el cielo: y descendió sobre El el Espíritu Santo en forma de paloma: y dijo una voz del cielo: Tú eres mi Hijo amado, en ti me he complacido yo. Y el mismo Jesús comenzaba a tener como unos treinta años, y se le creía hijo de José.


JESÚS, "HIJO DE JOSÉ"

 ¡Jesús considerado como hijo de José"! Así, el amor ñlial de Jesús para con su Madre y las consideraciones debidas al honor de la más pura de las vírgenes, llevaron al Hijo de Dios, hasta aceptar durante treinta años, el nombre y la apariencia de hijo de José. José se ha oído llamar padre por el Verbo increado cuyo Padre es eterno; recibió de un hombre mortal los cuidados de la infancia y los alimentos en sus primeros años. José fué el jefe de la sagrada familia de Nazaret, y Jesús reconoció su autoridad. La economía misteriosa de la Encarnación exigía esas asombrosas relaciones entre el creador y la creatura. Pero si el Hijo de Dios sentado a la diestra de su Padre ha retenido a la naturaleza humana indisolublemente unida a su persona divina, no por eso se ha despojado de los sentimientos que profesó aquí abajo hacia los otros dos miembros de la familia de Nazaret. Hacia María su Madre en el orden de la humanidad, su ternura filial y sus atenciones no han hecho más que aumentar; pero no podemos dudar que el afecto y la deferencia que tuvo para con su padre adoptivo estén también presentes eternamente en el corazón del Hombre-Dios. Ningún mortal tuvo con Jesús relaciones tan íntimas y tan familiares. José, por sus cuidados paternales para con el hijo de María, ha hecho sentir reconocimiento al Hijo del Eterno; es justo pensar que honores particulares y un crédito superior en el cielo han pagado este reconocimiento. Tal es la creencia de la Iglesia, tal es la confianza de las almas piadosas, tal es el motivo de la institución de la solemnidad hoy.

En el Ofertorio, formado con palabras del salmo CXLVII, Jerusalén, es decir, la Iglesia, es felicitada por el cuidado que Dios ha tomado de ella, defendiéndola contra sus enemigos con fuertes murallas. La protección de S. José es una de las más invencibles.


OFERTORIO
Alaba, Jerusalén, al Señor: porque afirmó los quicios de tus puertas, bendijo a tus hijos en ti, aleluya, aleluya.

En la Secreta, la Iglesia implora para sus hijos la gracia de imitar el desprendimiento del carpintero de Nazaret.


SECRETA
Ayudados por el patrocinio del Esposo de tu Santísima Madre, imploramos, Señor, tu clemencia: para que hagas que nuestros corazones desprecien todo lo terreno y te amen a ti, verdadero Dios, con perfecta caridad. Tú, que vives y reinas...

La Iglesia suspende hoy el Prefacio del Tiempo pascual y lo reemplaza por la fórmula de acción de gracias que emplea en las misas de San José.


PREFACIO
Es verdaderamente digno y justo, equitativo y saludable que, siempre y en todas partes, te demos gracias a ti, Señor santo, Padre omnipotente, eterno Dios: Y el que te alabemos, bendigamos y ensalcemos con las debidas alabanzas en la fiesta de San José. El cual, por ser un varón justo, fué dado por ti como Esposo a la Virgen Madre de Dios: y, como un servidor fiel y prudente, fué constituido sobre tu Familia: para que guardara con paternal cuidado a tu Unigénito, nuestro Señor Jesucristo, concebido por obra del Espíritu Santo. Por quien alaban a tu Majestad los Angeles, la adoran las Dominaciones, la temen las Potestades; los cielos, y las Virtudes de los cielos, y los santos Serafines, la celebran con igual exultación. Con los cuales te pedimos admitas también nuestras voces, diciendo con humilde confesión:
¡Santo! ¡Santo! ¡Santo!

La Antífona de la Comunión es el paso de San Mateo en el cual el Evangelista inscribe el título glorioso de nuestro gran Protector: "José, esposo de María", y el título más glorioso aún de María, "de la cual nació Jesús".


COMUNIÓN
Y Jacob engendró a José, marido de María, de la cual nació Jesús, que se llama el Cristo, aleluya, aleluya.

La Santa Iglesia pide en la Poscomunión que San José, nuestro protector durante la vida presente intervenga también en el interés de nuestra dicha eterna.


POSCOMUNIÓN
Alimentados en la fuente del divino don, suplicárnoste, Señor, Dios nuestro, que, así como nos haces alegrarnos de la protección de San José, así también, por sus méritos e intercesión, nos hagas partícipes de su celeste gloria. Por el Señor.


PLEGARIA 

Padre y protector de los fieles, glorioso José, bendecimos a nuestra madre la Santa Iglesia que, en este declinar del mundo, nos ha enseñado a esperar en ti. Largos siglos han corrido sin que fuesen manifestadas tus grandezas; pero no dejabas por eso de ser en el cielo uno de los intercesores más poderosos del género humano. Jefe de la sagrada familia de quien todo un Dios es miembro, prosigue tu ministerio paternal para con nosotros. Tu acción escondida se notaba en la salvación de los pueblos y de los particulares: pero la tierra experimentaba tus beneficios, sin haber instituido aún, para agradecerlos, las honras que hoy te ofrece. El conocimiento más claro de tus grandezas y de tu poder, la proclamación de tu Patrocinio y de tu Protección en todas nuestras necesidades, estaban reservadas a estos tiempos calamitosos en que el estado de un mundo desesperado pide los socorros que no fueron revelados a las edades precedentes. Venimos, pues, a tus pies, ¡oh José! a fin de rendir homenaje a tu poderosa intercesión que no conoce límites, y a tu bondad que abraza a todos los hermanos de Jesús en una misma adopción.

Sabemos, oh María, que te es agradable ver honrar al Esposo a quien amaste con ternura incomparable. Acoges con un favor particular nuestras demandas, cuando te son presentadas por sus manos. Los lazos formados por el cielo en Nazaret subsistirán eternamente entre ti y José; y el amor sin límites que tienes a tu Hijo divino estrecha aún el afecto que tu corazón tan amante conserva siempre para aquel que fué al mismo tiempo el nutricio de Jesús y el custodio de tu virginidad. Oh José, también nosotros somos los hijos de tu esposa María; toma en tu brazos a todos estos nuevos hijos, sonríe a esta numerosa familia y dígnate aceptar nuestras instancias, que alienta la Santa Iglesia, y que suben hacia ti más apremiantes que nunca.

Tú eres "el sostén del mundo, columen mundi", uno de los apoyos sobre los que reposa; pues el Señor, en vista de tus méritos y por deferencia a tu oración, le sufre y le conserva a pesar de las iniquidades que le manchan. Tu ayuda es grande, oh José, en estos tiempos "en que los santos faltan, en que las verdades han venido a menos" (Ps., XI, 1.) es preciso poseer el peso de tus méritos, para que el platillo de la divina balanza no se incline del lado de la justicia. Dígnate oh Protector universal, no abandonar esta empresa; la Iglesia te lo suplica hoy. El suelo minado por la libertad desenfrenada del error y del mal, está, en cada instante, a punto de abrirse bajo sus pies; no descanses un instante, y apresúrate a prepararle con tu intervención paternal, una situación más tranquila.

Ninguna de nuestras necesidades es extraña a tu conocimiento ni a tu poder; los mínimos entre los hijos de la Iglesia tienen derecho a recurrir a ti día y noche, seguros de encontrar en ti la acogida de un padre tierno y compasivo. ¡No lo olvidaremos, oh José! En todas las necesidades de nuestras almas, nos dirigiremos a ti. Te pediremos nos ayudes en la adquisición de las virtudes de que Dios quiere que nuestra alma esté adornada, en los combates que hemos de sostener contra nuestro enemigo, en los sacrificios a que estamos tan frecuentemente llamados a hacer. Haznos dignos de ser llamados hijos tuyos, ¡oh Padre de los fieles! Pero tu poder soberano no sólo se ejerce en interés de la vida futura, la experiencia de cada día nos muestra cuán poderoso es tu crédito para obtenernos la protección celestial aun en las cosas temporales, cuando nuestros deseos no son contrarios a los designios de Dios. Nos atrevemos, pues, a poner en tus manos todos nuestros intereses de este mundo, nuestras esperanzas, nuestros deseos y nuestros temores. Te fué confiado el cuidado de la casa de Nazaret; dígnate ser el consejo y el socorro de todos los que ponen en tus manos sus negocios temporales.

Augusto jefe de la sagrada Familia, la familia cristiana está puesta bajo tu especial protección; vela por ella en nuestros desgraciados tiempos. Responde favorablemente a aquellos y a aquellas que se dirigen a ti, en los momentos solemnes para ellos, en que se trata de escoger una ayuda con la que atraviesen esta vida y preparen el viaje para otra mejor. Mantén entre los esposos la dignidad y el respeto mutuo que son la salvaguardia del honor conyugal; obténles la fecundidad, prenda de las bendiciones celestiales. Que tus clientes, oh José, tengan horror a esos cálculos infames que manchan lo que tiene de más santo, atraen la maldición divina sobre las razas y amenazan a la sociedad con una ruina moral y material a la vez. Disipa esos prejuicios tan vergonzosos como culpables, haz que sea de nuevo honrada la santa continencia de la cual las esposas cristianas deben siempre conservar la estima, y a la cual están obligados a rendir homenaje frecuente, so pena de semejar a esos paganos de que habla el Apóstol, "que no siguen más que sus apetitos, porque ignoran a Dios". (I Thess,. IV, 5.)

Otra plegaria todavía, ¡oh glorioso José! Hay en nuestra vida un momento supremo, momento que decide todo para la eternidad: es el de nuestra muerte. Nos sentimos, sin embargo, inclinados a mirarle con menos inquietud cuando nos acordamos que la bondad divina le ha hecho uno de los principales objetos de tu soberano poder. Has sido investido del oficio misericordioso de facilitar al cristiano que recurre a ti el paso del tiempo a la eternidad. A ti, oh José, debemos dirigirnos para conseguir una buena muerte.

Esta prerogativa te era debida, a ti cuya dichosa muerte, entre los brazos de Jesús y María, causó la admiración del cielo y fué uno de los más sublimes espectáculos que ha ofrecido la tierra. Sé, pues, nuestra ayuda, oh José, en este solemne y último instante de nuestra vida terrestre. Confiamos en María, a quien suplicamos cada día nos sea propicia en la hora de nuestra muerte; pero sabemos que María se complace de la confianza que ponemos en ti, y que donde tú estás, ella se digna estar también.

Fortificados con la esperanza en tu paternal bondad, oh José, esperaremos con tranquilidad esta hora decisiva; pues sabemos que si somos fieles en recomendártela, tu ayuda nos está asegurada.





Sea todo a la Mayor Gloria de Dios