domingo, 14 de agosto de 2022

Décimo Domingo después de Pentecostés

 




DÉCIMO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS



RUINA DEL CULTO ANTIGUO

La ruina de Jerusalén ha clausurado el ciclo profético en su parte consagrada a las instituciones y a la historia del tiempo de los símbolos. El altar del verdadero Dios, fijado por Salomón en el monte Moria, era para el mundo antiguo el título auténtico de la verdadera religión. Aún después de la promulgación del nuevo Testamento, la existencia permanente de este altar, reconocido antes por el Altísimo como el sólo legítimo, podía, hasta cierto punto, disculpar a los partidarios retrasados del antiguo orden de cosas. Después de su destrucción definitiva, no hay excusa alguna; hasta los más ciegos se ven obligados a reconocer la abrogación completa de una religión, reducida por el Señor a la imposibilidad de ofrecer nunca jamás los sacrificios que constituían su esencia. 

Las atenciones que la delicadeza de la Iglesia guardaba hasta ahora con la sinagoga que expiraba, ya no tienen razón de ser. Con plena libertad irá a las naciones para someter con el poder del Espíritu Santo, sus indómitos instintos, para unificarlas en Jesucristo, y ponerlas por medio de la fe en la posesión sustancial, aunque no visible todavía, de las eternas realidades que anunciaba la ley de las figuras.


EL NUEVO CULTO

El Sacrificio nuevo, que no es sino el de la Cruz y el de la eternidad, aparece cada vez más como el centro único en donde su vida se afirma en Dios con Cristo su Esposo, y de donde surge la actividad que desarrolla para convertir y santificar a los hombres de las sucesivas generaciones. La Iglesia, cada vez más fecunda, permanece estabilizada más que nunca en la vida de unión, de donde la viene esta admirable fecundidad.


LAS ENSEÑANZAS DE LA LITURGIA

No hemos, pues, de admirarnos si la Liturgia, que es la expresión de la vida íntima de la Iglesia, refleja ahora mejor que nunca esta estabilidad de la unión divina. En la serie de semanas que se van a seguir, desaparece toda gradación en las fórmulas preparatorias del Sacrificio. Entre las mismas lecturas del Oficio de la noche, a partir del mes de Agosto, los libros históricos han cedido o van a ceder su lugar a las enseñanzas de la divina Sabiduría, que pronto irán seguidas de los libros de Job, Tobías, Judit, Ester, sin otra unión entre ellos que la santidad en precepto o en obra. Ni se advierte, como hasta aquí, la conexión entre las lecturas y la composición de las Misas del Tiempo después de Pentecostés. 

Por tanto, nos limitaremos en adelante a comentar la Epístola y el Evangelio de cada Domingo, confiando como la Iglesia, al Espíritu divino el cuidado de hacer nacer y desarrollarse en cada uno como le plazca la doctrina de formas tan variadas que ella sembrará de acuerdo con él. Este comentario resalta en la Epístola del día. 

El gran suceso que debía señalar el cumplimiento de las profecías derribando las fronteras judías, acaba de afirmar de una manera admirable la universalidad del reino del Espíritu santificador; en efecto, desde el glorioso día de Pentecostés ha conquistado la tierra; y la Iglesia, sin inquietarse en adelante por seguir un orden lógico en las enseñanzas de su Liturgia, se propone confiar menos en un método cualquiera para reformar las almas, que en la virtud conjunta del Sacrificio y de la palabra santa, puesta divinamente en movimiento por la espontaneidad del Espíritu de amor. 

Este Domingo puede ser el segundo de la serie dominical que en otros tiempos tenía su punto de partida en la fiesta de San Lorenzo, y llevaba su nombre (Post Sancti Laurentii), de la solemnidad del gran diácono mártir. Llámasele por otro nombre el Domingo de la humildad o del Fariseo y del Publicarlo, por el Evangelio del día. Los griegos lo cuentan por el décimo de San Mateo; leen en él el episodio del Lunático, sacado del Capítulo XVII de este Evangelista.



MISA

La confianza humilde y suplicante que la Iglesia pone en el socorro de su Esposo, la preservará siempre de las bajezas a que ha descendido la envidia perseguidora y el orgullo de la sinagoga. Exhorta a sus hijos a imitarla en sus solicitudes, y no cesa de hacer subir hacia el cielo los suspiros de su oración.


INTROITO

Cuando clamé al Señor, escuchó mi voz, y me libró de los que me perseguían: y los humilló el que es antes de los siglos, y permanece para siempre: deposita tu pensamiento en el Señor, V. El te sustentará. — Salmo: Escucha, oh Dios, mi oración, y no despreciéis mi súplica: atiéndeme, y oyéme. V. Gloria al Padre. 


Siempre con la emoción de la justicia admirable ejercida contra el pueblo judío, la Madre común recuerda a Dios que las maravillas de la misericordia y de la gracia muestran aun más su omnipotencia; en la Colecta pide una efusión abundante de esta gracia sobre el pueblo cristiano. Mas ¡qué grandeza la suya! ¡de qué sublimidad dió muestras la actitud de la Iglesia, antiguamente sobre todo, por estar más cerca de los acontecimientos, cuando, en respuesta al relato que le hizo su Esposo de la venganza tan terrible que, como nunca, ejerció la justa cólera de su Padre, ella, verdadera Esposa y Madre, se atreve a comenzar por estas palabras: Deus qui omnipotentíam tuarn PARCENDO MÁXIME ET MISERANDO manif estas!


COLECTA

Oh Dios, que manifiestas tu omnipotencia, sobre todo perdonando y teniendo piedad: multiplica sobre nosotros tu misericordia; para que, corriendo hacia tus promesas, nos hagas participes de los bienes celestiales. Por nuestro Señor.


EPÍSTOLA

Lección de la Epístola del Ap. S. Pablo a los Corintios. (1.* XII, 2-11). 

Hermanos: Sabéis que, cuando erais gentiles, ibais, como erais llevados, a los ídolos. Por tanto, os hago saber que nadie, que habla inspirado de Dios, maldice de Jesús. Y nadie puede decir: Señor, Jesús, si no es en el Espíritu Santo. Hay ciertamente diversidad de gracias, pero el Espíritu es uno mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero un solo Señor. Y hay diversidad de operaciones, pero uno mismo es el Dios que obra todo en todos. Y a cada uno se le da la manifestación del Espíritu para utilidad (de los demás). A uno se le da por el Espíritu la palabra de la sabiduría: y a otro, la palabra de la ciencia, según el mismo Espíritu: a otro, la fe en el mismo Espíritu: a otro, la gracia de sanar en un solo Espíritu: a otro, la realización de milagros; a otro, la profecía; a otro, la discreción de espíritus; a otro, el don de lenguas; a otro, la interpretación de palabras. Pero todas estas cosas las obra un solo e idéntico Espíritu, repartiéndolas en cada cual según quiere.


VIRTUDES Y CARISMAS

“Los Capítulos XII, XIII y XIV de la primera Epístola a los Corintios, tratan del uso de los dones del Espíritu Santo. La Iglesia y las almas que la componen, son animadas por el Espíritu de Dios; mas la influencia del Espíritu de Dios se ejerce a la vez con miras a nuestra santificación personal y a la edificación del prójimo. Por esto existen los dones del Espíritu Santo, que son el coronamiento de las virtudes, los cuales constituyen en el alma un tesoro de flexibilidad, de docilidad interior al impulso del Espíritu de Dios, en vista de la oración, del pensamiento y de la obra, cuando oración, pensamiento y obra se elevan por encima de la capacidad humana. Mas también existen dones espirituales, que son en nosotros los frutos de una actividad superior a la nuestra, y que directamente se ordenan a la edificación del prójimo. La efusión de estos últimos, los dones carismáticos, fué abundante en los comienzos de la Iglesia, porque la Iglesia no tenía historia; actualmente es menos frecuente, porque la historia y la actividad de la Iglesia la aventajan con mucho. Estos dones espirituales constituían así la dote exterior de la Iglesia hasta el día que no la necesitase; y servían de señal a los más distraídos, de que el Espíritu del Señor estaba en ella y guiaba sus miembros. 

“En la Secunda Secundae, cuestión CLXXI, el Doctor Angélico habla de estas gracias gratis datae, y distingue: las que esclarecen la inteligencia, a las que da el nombre genérico de profecía; las que tienen por objeto la palabra y comunicación de la verdad, como el don de lenguas; y, por fin, las que se refieren a la obra, las cuales designa con término común: de don de milagros. Estos carismas son diversos, mas todos proceden de una misma fuente y de un mismo Espíritu; los ministerios son distintos, pero, con todo eso, no existe más que un solo Señor; las funciones son diferentes, mas, sin embargo de eso, no hay sino un solo Dios, que lo hace todo en cada uno de nosotros; y cada uno recibe de un mismo centro, su energía sobrenatural especial para la edificación común. 

“Sigúese a continuación la enumeración de los dones espirituales: a uno da el Espíritu de Dios, mirando la utilidad interna y externa de la Iglesia, el poder de hablar sabiamente y de exponer los misterios más ocultos de Dios y de sus obras; a otro el poder o la facultad de demostrar la ciencia y de enseñar la doctrina, pero según el mismo Espíritu. Un tercero recibirá, más siempre del mismo Espíritu, esa fe vigorosa que produce los milagros y traslada las montañas; y consistirá para algunos, siempre en el mismo Espíritu, en curaciones milagrosas, prodigios, profecías, discernimiento de espíritus, don de lenguas y su interpretación, en una palabra, todos los dones carismáticos. Cualquiera que sea el número, proceden de un solo y mismo Espíritu, que reparte a cada cual lo que le place”. 

Como conclusión práctica, citaremos estas palabras que resumen la doctrina del Apóstol: Estimad en sí mismos todos estos dones como obra del Espíritu Santo, que con ellos enriquece el cuerpo social de modo tan diverso; no despreciéis ninguno; mas, cuando os encontréis con ellos, estimad como mejores¿ aquellos que más sirven para la edificación de la Iglesia y de las almas.

En fin, y sobre todo, prestemos atención a lo que a continuación nos dice San Pablo: “¡Os mostraré un camino aún más excelente!’ Aunque hablase todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, aunque tuviese el don de profecía y conociese todos los misterios y todas las ciencias, aunque tuviese tal fe que trasladase los montes; si no tuviera caridad, no serla ni me serviría de nada. La profecía desaparecerá, cesarán las lenguas, la ciencia se desvanecerá ante la luz; la caridad en cambio no desaparecerá, pues es la más excelente de ellas”. 

En el Gradual, la Iglesia menciona de nuevo la confianza de Esposa que tiene en la ayuda de su Dios; fortalecida con el amor que la profesa y que la dirige a través de los caminos de la equidad, no tiene miedo alguno a sus juicios. El Versículo exalta la gloria del Esposo en Sión; mas aquí, y desde ahora para siempre, no se trata sino de la verdadera Sión, de la nueva Jerusalén.


GRADUAL

Guárdame, Señor, como la pupila del ojo: protégeme bajo la sombra de tus alas. J. Salga de tu boca mi juicio: vean tus ojos la equidad. 
Aleluya, aleluya. X’. A Ti, oh Dios, conviene el himno en Sión: y a Ti se harán votos en Jerusalén. Aleluya.


EVANGELIO

Continuación del santo Evangelio según S. Lucas. (XVIII, 9-14). 

En aquel tiempo, dijo Jesús a unos que se creían justos, y despreciaban a los demás, esta parábola: Dos hombres subieron al templo, a orar: uno fariseo, y el otro publicano. El fariseo, de pie, oraba para sí de este modo: Oh Dios, te doy gracias, porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros: ni tampoco como este publicano. Ayuno dos veces a la semana; doy los diezmos de todo lo que poseo. Y el publicano, estando lejos, no quería ni levantar los ojos al cielo: sino que golpeaba su pecho, diciendo: Oh Dios, ten misericordia de mí, que soy un pecador. Yo os digo: Este es el que volvió a su casa justificado, en vez del otro: porque, todo el que se ensalza, será humillado: y, todo el que se humilla, será ensalzado.


JUDÍOS Y GENTILES

El Venerable Beda, en su comentario sobre este pasaje de San Lucas, explica el misterio de este modo: “El Fariseo, representa al pueblo judío, que, ufano de la ley, ensalza sus méritos; el publicano representa al pueblo gentil, que, alejado de Dios, confiesa sus pecados. El orgullo del primero hace que sea humillado; el otro, levantado por sus gemidos, merece ser alabado. Por esto se halla escrito en otro lugar de estos dos pueblos, como de todo humilde y de todo soberbio: “La exaltación del corazón precede a la ruina, y la humillación del hombre a su gloriosa exaltación“. 

No podría, pues, elegirse en el sagrado Evangelio una enseñanza que conviniere mejor que ésta después del relato de la ruina de Jerusalén. Los fieles de la Iglesia que la vieron, en sus primeros días, humillada en Sión ante la arrogancia de la sinagoga, comprenden ahora estas palabras del Sabio: Más vale ser humillado con los humildes, que tomar parte en el reparto de los despojos con los soberbios. Según otra expresión de la lengua del judío, aquella lengua que difamaba al publicano y condenaba al gentil, se convirtió en su boca como en una vara de orgullo que le ha castigado a su vez atrayendo sobre él la ruina. Mas la gentilidad, adorando la justicia vengadora del Señor y ensalzando sus bondades, debe evitar tomar el camino por el que se ha extraviado el pueblo infortunado, cuyo puesto ocupa ella. La culpa de Israel ha originado la salvación de las naciones, dice San Pablo, pero su orgullo sería causa de su perdición; y, mientras a Israel le aseguran sus profecías un retorno a la gracia, al fin de los tiempos, nada promete a las naciones vueltas a los crímenes después de su bautismo, una nueva llamada de la misericordia. Si ahora el poder de la eterna Sabiduría hace que los gentiles produzcan frutos de gloria y honor no por eso se olviden de su anterior esterilidad; entonces la humildad, que sólo puede conservarlos, como poco ha, atrajo sobre ellos las miradas del Altísimo, les será cosa fácil, y a la vez comprenderán la benevolencia de que, a pesar de sus pecados, debe ser rodeado el pueblo antiguo.


LA HUMILDAD

La humildad, que produce en nosotros saludable temor, es una virtud que coloca al hombre en su verdadero lugar, en su propia estima, ya con relación a Dios, ya con relación a sus semejantes. Se basa en el conocimiento íntimo, causado por la gracia en nuestro corazón, de que Dios lo es todo en el hombre, y de la vacuidad de nuestra naturaleza, puesta por el pecado por debajo de la nada. La sola razón basta para dar a quien reflexione un instante, la convicción de la nada de toda criatura; mas en forma de conclusión puramente teórica, esta convicción no constituye la humildad, pues se impone al demonio en el infierno, y el despecho que le inspira, es el elemento más activo que excita la rabia de este príncipe de los orgullosos. No menos que la fe, que nos revela lo que es Dios en el orden del fin sobrenatural, la humildad, que nos enseña lo que somos en presencia de Dios, tampoco procede de la pura razón ni reside en sola la inteligencia; para que sea una virtud verdadera, debe recibir su luz de lo alto y mover nuestras voluntades en el Espíritu Santo. A la vez que hace penetrar en nuestras almas la noción de su pequeñez, el Espíritu divino las inclina suavemente a aceptarla, al amor de esta verdad, que la sola razón estaría tentada de considerar como algo importuno. 

Meditemos estos pensamientos; de este modo comprenderemos mejor cómo los mayores santos han sido aquí abajo los más humildes de los hombres, puesto que sucede lo mismo en el cielo, ya que la luz en los elegidos crece en proporción a su gloria. Junto al trono de su divino Hijo, como en Nazaret, Nuestra Señora es la más humilde de las criaturas, puesto que es la más iluminada y comprende mejor que los querubines y serafines, la grandeza de Dios y la nada de la criatura. 

La humildad es la que da a la Iglesia la confianza de que da pruebas en el Ofertorio. Esta virtud, en efecto, hace sentir al hombre su debilidad, a la vez que le muestra el poder de Dios, que tan presto está siempre a salvar a los que le invocan.


OFERTORIO

A Ti, Señor, elevo mi alma: en Ti confío, Dios mío, no sea yo avergonzado: ni se burlen de mi mis enemigos: porque, todos los que esperan en Ti, no serán confundidos. 

 

La Misa es a la vez el sumo honor que puede rendirse a la divina Majestad, y el remedio supremo de nuestras miserias. Esto es lo que expresa la Secreta.


SECRETA

Acepta, Señor, estos sacrificios a Ti dedicados, los cuales hiciste que fueran ofrecidos de tal modo en honor de tu nombre, que sirviesen al mismo tiempo de remedio nuestro. Por nuestro Señor. 

 

La Antífona de la Comunión canta la oblación pura, justa, que ha reemplazado a las víctimas de la ley mosaica en el altar del Señor.


COMUNIÓN

Aceptarás, Señor, sobre tu altar el sacrificio de justicia, las oblaciones, y los holocaustos. 


La incesante reparación que hallamos para nuestras miserias en el augusto Sacramento, seria de poco provecho si la divina bondad no nos prestase continuamente su ayuda con las gracias actuales, que conservan y acrecientan sin fin los tesoros del alma. Pidamos en la poscomunión este socorro que nos es tan necesario.


POSCOMUNIÓN

Suplicárnoste, Señor, Dios nuestro, no prives benigno de tus auxilios a los que no cesas de reparar con tus divinos sacramentos. Por nuestro Señor.

martes, 9 de agosto de 2022

San Juan María Vianney

 



SAN JUAN MARÍA VIANNEY, 
CONFESOR



LA POPULARIDAD DE LOS SANTOS

"Es un hecho que la Iglesia, después que ha pronunciado con previo, largo y minucioso conocimiento de causa, que tal o cual de sus hijos practicó en grado heroico las virtudes del Evangelio y que Dios le ha recompensado con el privilegio auténtico de hacer milagros, cuando inmediatamente es invocado, amado, aclamado, por desconocido que haya sido antes a las naciones extranjeras, y a pesar de sus esfuerzos por ocultarse a los demás e ignorarse así mismo.

"Aunque no haya sido más que un humilde cura de una parroquia de 200 almas, como fué la de Ars, a pesar de eso, los católicos del universo saben su nombre y quieren saber los detalles de su biografía. Si juzgamos a los santos con miras humanas, sería necesario declararles como los más astutos de todos los demás hombres, ya que ellos se dirigen, como por instinto, hacia esa celebridad mundial que muchos envidian sin poder nunca obtener.

"Nada, fuera de este aspecto, es atractivo en el espectáculo de su vida. Porque, ¡qué variedad en sus caminos y en sus métodos! ¡Qué diversidad, por no decir que contraste de caracteres y de obras! Unos permanecen extraños al mundo y solitarios; éstos, desbordantes de iniciativa, dejan sobre una sociedad, sobre un país o sobre su época la impronta de su acción; aquellos caminan en medio de tinieblas y a través de continuos matorrales de espinas que les hacen sangrar, mientras que otros muchos saltan por encima de los obstáculos y se ciernen en medio de la luz más brillante.

"Se ha creído mucho tiempo en la monotonía de los Santos. Mas en nuestros días van adquiriendo fama por todas partes. Escritores de valía han notado que la interesante ascensión de un genio es inferior a la emoción más fuerte de ver a un cristiano ascender hacia la perfección'".


UN CURA DE ALDEA

¿Qué encontramos hoy en el Calendario Litúrgico? Un cura de aldea: un pobre cura tan poco dotado intelectualmente que aún sus superiores dudaron permitirle ascender a las Ordenes. Le negaron por mucho tiempo el oficio de confesar y después le enviaron a una parroquia de las más, pequeñas y de las más pobres de la Diócesis de Lyon: de aspecto tan enclenque y de aire tan campesino que sus feligreses, que no eran exigentes, no se mostraron muy contentos; de memoria tan rebelde, que le eran necesarias siete u ocho horas de esfuerzos para aprenderse sus sermones; de una pobreza tan extrema que no tenia más que una sotana raída, un sombrero viejo, zapatos burdos claveteados, y que por toda herencia no pudo dejar a su parroquia más que su cuerpo extenuado por los ayunos, las disciplinas y el Cilicio.


LA CONVERSIÓN DE UNA PARROQUIA

sin embargo de eso, este pobre sacerdote haría que pronto se hablara de él. Al enviarle a Ars, el Vicario General le dijo: "No hay mucho amor de Dios en esa parroquia. Implántale tú, si puedes." Nunca fué observada mejor una consigna. Mas esto no sucedió sin sufrimientos, y más tarde el santo cura dirá: "Si yo hubiese sabido lo que debía sufrir aquí, hubiera muerto repentinamente." No perdonó nada para alcanzar de Dios la conversión de su parroquia. Se levantaba a la una o a las dos de la mañana, y pasaba una gran parte del día ante el Santísimo Sacramento; todas las tardes se daba disciplina hasta derramar sangre; jamás usaba de calefacción; su caridad le llevaba hacia todas las miserias de las almas a él confiadas, hacia los enfermos a quien el reconfortaba y salvaba.

Sus feligreses debieron pronto reconocer los méritos del cura que la Providencia les había enviado. Cuando le vieron transfigurado en el altar en que celebraba el Santo Sacrificio, cuando oyeron sus sermones muy sencillos, pero ardientes de amor de Dios y más todavía sus catequesis que ilustraba tanto a los grandes como a los más pequeños, cuando se dieron cuenta de las mortificaciones, que se imponía por ellos, cuando oyeron al demonio perseguirle, su estima aumentó y no tardaron en proclamar su santidad.


CONVERSIÓN DE LAS MULTITUDES

Su fama se extendió pronto por doquier y pronto las muchedumbres se agolpaban para ver a aquel cura que leía en las almas, predecía el futuro, curaba a los enfermos y tranquilizaba a las conciencias dándolas la luz y el perdón de parte de Dios. Mientras que en la otra extremidad de la diócesis de Belley, en otra aldea llamada Ferney, se veía a algunos admiradores esforzarse por sostener el prestigio de Voltaire, las muchedumbres cansadas ya de tanta duda, corrían hacia un humilde sacerdote, hacia una pobre aldea, hasta entonces desconocida, y allí comenzaban de nuevo a creer, esperar y amar. Dios realizaba una vez más la palabra del Apóstol San Pablo: "confundía con la necedad de la cruz la sabiduría de los sabios" 1 . Durante muchos años hubo un afluir de gente hacia Ars, comparable al que, en la Edad Media, conducía a las muchedumbres hacia los santuarios más renombrados.

Fácilmente se puede imaginar uno la fatiga, el martirio que causaría al santo sacerdote una
tal afluencia, las 17 horas pasadas cada día en el confesonario, el ayuno y las maceraciones. Hasta la tarde del 29 de Julio de 1859 continuó su ministerio sobrehumano. Por fin se vió obligado a quedarse en cama para no levantarse más. Los peregrinos forzaron la entrada de su habitación, y él, con valor heroico, prodigó sus bendiciones, sus consejos y sus absoluciones. Finalmente, en la mañana del 4 de Agosto se durmió en dulce paz, obedeciendo alegre al Señor que le llamaba para la recompensa.


VIDA

S. Juan María-Vianney nació en Dardilly, cerca de Lyon, el 8 de Mayo de 1786. Muy joven todavía aprovechaba del trabajo de los campos o de la guarda de las ovejas para pasar largas horas en el recogimiento y la oración. Gustaba reunir junto a sí a los niños de su edad y les enseñaba a amar a Dios y a rezar el rosario. Deseando ser sacerdote, fué conducido al cura de Ecully para que le enseñara el latín. Mas como encontraba grandes dificultades en el estudio, marchó en peregrinación a pedir a S. Francisco Regis, en Louvesc, la gracia de aprender lo suficiente para ser sacerdote. En efecto, se ordenó presbítero en 1815 y fué nombrado vicario de Ecully. Permaneció allí unos tres años viviendo en medio de una gran austeridad. Luego fué nombrado párroco de Ars donde encontró a unos vecinos poco cristianos a los que pronto convirtió, tanto por su caridad y penitencias heroicas, como por su predicación. El demonio envidioso de un tal resultado, le persiguió de mil maneras. Pronto acudieron de todas partes a su confesonario muchedumbres de gentes que venían a buscar junto a él la luz de la gracia de la conversión. Acabado por las fatigas murió el 4 de Agosto de 1859 a la edad de 73 años. San Pío X le beatificó en 1905 y le nombró patrono de todos los sacerdotes de Francia que tienen el cuidado de las almas y Pío X I le canonizó el 31 de Mayo de 1925.


LA CRUZ

Pasaron ya los primeros años de tu ministerio de los que decías: "Esperaba de un momento a otro ser suspendido y condenado a terminar mis días en las prisiones. En aquel tiempo se olvidaban de comentar el Evangelio en los púlpitos y se predicaba sobre el pobre cura de Ars. ¡Oh, cuánta cruz debía yo sobrellevar!... ¡Me abrumaba tanto que casi no lo podía soportar! Comencé a pedir el amor de las cruces; entonces fui feliz."

Para ti ha terminado ya el trabajo; mas desde el seno de tu reposo escucha a los obreros de la salvación implorar tu patrocinio; sosténles en tu misión cada día más ingrata, más llena de amarguras. A aquellos a quienes la paciencia amenaza doblegarse ante la persecución y las calumnias, repíteles las palabras que tu decías a uno de tus predecesores: "Amigo mío, haz como yo. Me enfadaría si Dios fuese ofendido; más por otra parte, me alegro en el Señor de todo aquello que él permite se diga contra mí, porque las condenaciones del mundo son bendiciones de Dios. Las contradiciones nos colocan al pie de las cruces y las cruces a la puerta del cielo. ¿Acaso el que huye de la cruz, no huye de Aquel que quiso ser clavado en ella y morir por nosotros? ¡Qué la cruz haga perder la paz! Es ella la que ha dado la paz al mundo, y la que debe llevarla a nuestros corazones."


LA SANTIDAD

Elevado a la Silla apóstolica en el día aniversario de tu entrada en la gloria, San Pío X que te insertó en el código de los Bienaventurados, escogió precisamente ese mismo día 4 de Agosto para dirigir al clero católico la exhortación solemne (1) que inspiraban a su corazón de Pontífice nuestros tiempos malvados y repletos de peligros. Ayuda con tus súplicas ante el pie del trono del Señor las recomendaciones que el sucesor de Pedro sacaba de vuestro ejemplo, cuando decía a los sacerdotes: "Sola la santidad puede hacer de nosotros lo que exige nuestra divina vocación, a saber, hombres crucificados al mundo y en los cuales esté crucificado el mismo mundo', que no miran hacia el cielo más que en lo que Ies concierne, y no perdonan esfuerzos para llevar a los demás." Hombres de Dios (2) ¿es necesario que se muestren únicamente aquellos que son la luz del mundo (3) la sal de la tierra (4) los embajadores (5) de Aquel que se digna llamarles sus amigos (6) que les hace dispensadores de sus dones? 7 No serán ellos fuente de santidad como tienen que serlo para los demás, si en primer lugar no son ellos mismos santos en el secreto de la faz del Señor; en la medida en que ellos se den a Dios, Dios se dará por su medio al pueblo.

¡Oh Juan María! Ojalá puedan decirse a sí mismos y decir a los demás contigo: "Fuera de Dios, no hay nada que sea sólido. La vida pasa; la fortuna se derrumba; la salud se destruye, la reputación es atacada. Nosotros caminamos como el viento. El paraíso, el infierno y el purgatorio tienen un gusto anticipado desde esta vida. El paraíso reside en el corazón de los perfectos que están muy unidos con nuestro Señor; el infierno está en el de los impíos; y el purgatorio en las almas que no están muertas a ellas mismas. El hombre ha sido creado para el amor: por eso está tan dispuesto para amar; por otra parte es tan grande que nada puede contenerle sobre la tierra. No está contento más que cuando se dirige hacia el cielo."




Sea todo a la mayor gloria de Dios.

domingo, 7 de agosto de 2022

Noveno Domingo después de Pentecostés

 


NOVENO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS


LAS DESDICHAS DE JERUSALÉN

El llanto de las desdichas de Jerusalén forma en Occidente el objeto del Evangelio de hoy; desde hace mucho tiempo ha dado su nombre, entre los Latinos, al Domingo nono después de Pentecostés. 

Es fácil encontrar aun hoy día en la Liturgia, huellas de la preocupación de la Iglesia naciente por el próximo cumplimiento de las profecías contra la ciudad ingrata, que fué objeto de las primeras predilecciones del Señor. Ha llegado por fin el término impuesto por la misericordia a la justicia divina. Al hablar Jesucristo del derrumbamiento de Sión y del templo, había predicho que la generación que oía sus palabras no pasaría sin que ocurriese todo lo que anunciaba. Casi cuarenta años concedidos a Judea para desviar la cólera del cielo, no han conseguido sino afirmar en su obstinación renegada al pueblo deicida. Como torrente largo tiempo contenido que rompe sus diques, la venganza se abalanza sobre el antiguo Israel; el año 70 vió ejecutar la sentencia que él mismo se había firmado, al gritar cuando entregó a los gentiles a su Rey y a su Dios: ¡Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos! 


MISA 

Israel se había hecho enemigo de la Iglesia; Dios, como había anunciado, le castiga y dispersa sus restos. La Iglesia toma ocasión de la ejecución de los juicios del Señor, para poner de manifiesto la humilde confianza que deposita en la ayuda de su Esposo. 


INTROITO 

He aquí que Dios me ayuda, y el Señor es el defensor de mi vida: torna los males contra mis enemigos, y dispérsalos con tu poder, señor, protector mío. — Salmo: Oh Dios, sálvame en tu nombre: y líbrame con tu poder. V. Gloria al Padre. 

 

Los judíos gritan al cielo y los oídos del Señor quedan cerrados a sus súplicas, porque no han sabido pedir lo que agrada al Señor. La Iglesia pide, en la Colecta, que no ocurra así con sus hijos. 


COLECTA

Abre, Señor, los oídos de tu misericordia a las preces de los que Te suplican: y, para que puedas satisfacer los deseos de los que Te ruegan, haz que Te pidan lo que a Ti Te es grato. Por nuestro Señor. 


EPÍSTOLA

Lección de la Epístola del Ap. S. Pablo a los Corintios. (1.* X, 6-13). 

Hermanos: No deseéis cosas malas, como las desearon los Hebreos en el desierto. Ni adoréis los ídolos, como algunos de ellos, según está escrito: “Sentóse el pueblo a comer y a beber, y luego se levantaron a retozar.” Ni forniquemos como algunos de ellos fornicaron, y murieron 23.000 en un día. Ni tentemos a Cristo, como hicieron algunos de ellos, y perecieron mordidos de las serpientes. Ni murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y fueron muertos por el Ángel exterminador. Todas estas cosas que les acontecían eran figuras de lo venidero, y están escritas para escarmiento de nosotros, que hemos venido al fin de los siglos. Y así, el que piensa estar firme cuide, no caiga. Que no os vengan sino tentaciones humanas fácilmente superables. Pero fiel es Dios, que no permitirá seáis tentados sobre vuestras fuerzas, antes hará que saquéis provecho de la misma tentación, para que podáis perseverar en el bien. 


UNA LECCIÓN PROFÉTICA

“Todos los judíos— dice San Pablo—han sido honrados con las finezas de Dios. Nada les ha faltado. Sin embargo de eso, la benevolencia del Señor se ha alejado definitivamente de ellos. Es que el amor de Dios nos crea una responsabilidad ante él, y sus beneficios no aprovechan sino a los que, habiéndolos recibido con humildad, los hacen valer mediante la fidelidad absoluta de su vida. Que no diga nadie que todo esto es un viejo cuento que no toca más que a los Judíos. No; en la persona del pueblo judío recibimos nosotros una lección profética: se nos advierte que nos apartemos de la grosera codicia que los perdió y que nos perdería también a nosotros mismos… El pueblo judío ha hecho, y casi siempre a costa suya, experiencias que han de servir al mundo entero. Todos los acontecimientos de su historia han sucedido, se han escrito, y han llegado hasta nosotros como una lección destinada en el pensamiento de Dios, a esclarecernos a nosotros, los que íbamos a venir al cabo de los siglos, los que pertenecemos a la nueva alianza, la última, la eterna. 

“Vemos por esto cómo se puede caer, aun después de haber recogido beneficios de Dios. Así pues, lejos de nosotros toda presunción y toda falsa seguridad. Puede ser que sobrevengan pruebas más pesadas que las que hemos soportado hasta ahora y que Dios ha medido conforme a nuestra debilidad. Sin duda ninguna que el Señor, que es fiel, no ha de permitir nunca que la prueba sobrepase por completo nuestras fuerzas: a medida que crezca la tentación, dará Dios la fuerza sobrenatural para resistir; pero no es en nosotros en quien debemos confiar, y este aumento de fuerza no nos vendrá sino de El”. 

El Gradual, expresión ardiente de alabanza al Señor Dios nuestro, viene a dar refrigerio a nuestras almas fatigadas por el espectáculo de ingratitudes del pueblo judío y de los castigos que merecieron. Aun en los días más tristes, no falta la alabanza en la Iglesia, pues no hay ningún acontecimiento aquí abajo que pueda hacer olvidar a la Esposa los esplendores del Esposo o impedirla que exalte sus magnificencias. En el Verso hay rasgos de súplica y angustia: 


GRADUAL 

Señor, Señor nuestro: ¡cuán admirable es tu nombre en toda la tierra! V. Porque tu magnificencia se ha elevado sobre los cielos. 

Aleluya, aleluya. V. Sálvame de mis enemigos, Dios mío: y líbrame de los que se levantan contra mí. Aleluya. 


EVANGELIO

Continuación del santo Evangelio según S. Lucas. (XIX, 41-46). 

En aquel tiempo, al acercarse Jesús a Jerusalén, cuando vió la ciudad, lloró sobre ella, diciendo: ¡Oh, si conocieses tú también, al menos en este tu día, lo que sería tu paz! Pero ahora está escondido a tus ojos. Porque vendrán días sobre ti: y te rodearán tus enemigos de trincheras, y te asediarán: y te apretarán por todas partes: y te prosternarán por tierra a ti, y a los hijos que están en ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra: por no haber conocido el tiempo de tu visitación. Y, entrando en el templo, comenzó a expulsar a los que vendían y compraban en él, diciéndoles: Escrito está: Mi casa es casa de oración. Pero vosotros la habéis hecho cueva de ladrones. Y estaba enseñando todos los días en el templo. 


LAS LÁGRIMAS DE JESÚS

El pasaje que se acaba de leer en el Santo Evangelio, se refiere al día de la entrada triunfante del Salvador en Jerusalén. El triunfo que Dios Padre preparaba a su Cristo antes de los días de su Pasión, no era desgraciadamente, pronto se vió, el reconocimiento del Hombre-Dios por la sinagoga. Ni la dulzura de este rey que venía a la hija de Sión montado en una asna, ni su severidad misericordiosa contra los que profanaban el templo, ni sus últimas enseñanzas en la casa de su Padre, podrían abrir aquellos ojos obstinadamente cerrados a la luz de la salvación y de la paz. Los mismos lloros del Hijo del Hombre no podían, pues, alejar la venganza divina: fué necesario que llegase por fin el turno a la justicia. 

Conviene que contemplemos por unos instantes las lágrimas de Jesús. “El Señor volvió su mirada a la gran ciudad, hacia la mole del Templo, y una tristeza infinita embargó su alma… Lloró sobre su patria; fueron verdaderos sollozos, y las palabras que pronunció tenían, en efecto, un acento como entrecortado, en que se descubría la violencia de la emoción. No perdamos nunca de vista que el Señor ha pertenecido a nuestra humanidad. Amaba a Jerusalén como judío, como Hijo del Hombre, como Hijo de Dios. Jerusalén era el corazón de Israel y de todo el mundo religioso, la ciudad que Dios se había escogido. Habría podido llegar a ser la capital del mundo mesiánico destinado a abrazar a todas las naciones. En el pasado, nunca le faltaron las advertencias y los castigos saludables: y, durante tres años, el Señor mismo ¡la había iluminado tan abundantemente! Hasta en el Calvario, y más allá, por el ministerio de sus Apóstoles, debía tender los brazos a su pueblo. Pero todo sería inútil, y por fin, sería necesario que interviniese la justicia. Y nosotros podemos leer en el historiador Josefo (libros V y VI de la Guerra de los Judíos) con qué rigurosa exactitud se realizó la profecía del Señor, concerniente al castigo de Jerusalén, que es la más impresionante lección de la Historia”.

La Iglesia en el Ofertorio, se felicita por sus hijos del cuidado que emplean, por la gracia del Esposo, en observar los mandamientos del Señor. Su obediencia es lo que hace que los juicios de Dios, tan terribles para la Sinagoga, no sean para ella sino gozo y dulzura. 


OFERTORIO 

Las justicias del Señor son rectas, y alegran los corazones, y sus juicios son más dulces que la miel y el panal: por eso tu siervo los observa.

La Secreta implora de Dios, para los hijos de la Iglesia, la gracia de asistir dignamente al Sacrificio, que cada vez renueva realmente la obra de salvación de todos.



SECRETA 

Suplicárnoste, Señor, hagas que frecuentemos dignamente estos Misterios: porque, cada vez que se celebra la conmemoración de esta hostia, se renueva la obra de nuestra redención. Por nuestro Señor.

 

La Antífona de la Comunión formula el misterio de la unión divina realizada en el Sacramento.


COMUNIÓN 

El que come mi carne, y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él, dice el Señor.
 
La santificación de los individuos y la unidad del cuerpo social son dos frutos de los santos Misterios. La Iglesia los pide a Dios en la Poscomunión.


POSCOMUNIÓN 

Suplicárnoste, Señor, hagas que la comunión de tu Sacramento nos consiga la pureza y la unidad. Por nuestro Señor.


sábado, 6 de agosto de 2022

La Transfiguración de Nuestro Señor

 





LA TRANSFIGURACIÓN DE NUESTRO SEÑOR


Propone hoy la Santa Madre Iglesia a nuestra consideración un asunto de capital importancia para el tiempo en que estamos. La lección que el Salvador dió un día a tres de sus Apóstoles, nos la aplica a nosotros en este segundo Domingo de la Santa Cuaresma. Esforcémonos por estar más atentos que estuvieron los tres discípulos del Evangelio de hoy cuando su maestro se dignó preferirles a los demás para honrarlos con favor tan señalado. 

LA CONDESCENDENCIA DE JESÚS

Preparábase Jesús a pasar de Galilea a Judea para ir a Jerusalén donde debía hallarse en la fiesta de la Pascua. Era esta la última Pascua que iba a comenzar con la inmolación del cordero figurativo y acabarse con el sacrificio del Cordero de Dios que borra los pecados del mundo. Jesús no debía ser ya desconocido a sus discípulos. Sus obras habían dado testimonio de él a los ojos de los mismos extraños; su palabra de tan calificada autoridad, su bondad tan atractiva, su paciencia en sufrir la grosería de los hombres que se había escogido por compañeros; todo debió contribuir a unírseles a él hasta la muerte. Habían oído a Pedro, uno de ellos, declarar por inspiración divina que era Jesús el Cristo, el Hijo de Dios vivo ( Mat., XVI, 16); la prueba, sin embargo, que se les venía encima iba a ser tan espantosa, dada su flaqueza, que Jesús quiso antes de someterles a ella procurarles un último socorro para armarles contra la tentación.

EL ESCÁNDALO DE LA CRUZ

No sólo para la Sinagoga, desgraciadamente, iba a ser la Cruz motivo de escándalo ( I Cor., I, 23.); Jesús en la última Cena decía delante de sus apóstoles reunidos en torno suyo: "Todos os escandalizaréis esta noche por mi causa" (Mat., XXVI, 31). ¡Qué prueba cruel para hombres carnales como ellos el verle arrastrado y cargado de cadenas por mano de soldados, conducido de un tribunal a otro, sin pensar en defenderse; el ver salir adelante aquella conspiración de pontífices y fariseos tan frecuentemente confundidos por la cordura de Jesús y el brillo de sus milagros; ver al pueblo que poco antes gritaba Hosanna, reclamar apasionadamente su muerte; verle finalmente expirar en patíbulo infame entre dos ladrones y servir de trofeo a los odios reconcentrados de sus enemigos! 

¿No se desalentarán a la vista de tantas humillaciones y sufrimientos esos hombres que desde hace tres años siguen sus pasos? ¿Se acordarán de cuanto han visto y oído? ¿El pavor y cobardía no paralizarán sus almas el día en que se cumplan las profecías que les hizo sobre su persona? Jesús, no obstante quiere ensayar un último esfuérzo en tres de ellos que le son especialmente queridos: Pedro, a quien ha hecho fundamento de su futura Iglesia, Santiago, el hijo del trueno, que será el primer mártir en el colegio apostólico, y Juan su hermano, que es llamado el discípulo amado. Jesús quiere tomarlos aparte y mostrarles por unos instantes el esplendor de la gloria que oculta a los ojos de los mortales hasta el día de la manifestación. 

LA TRANSFIGURACIÓN

Deja, pues, a los otros discípulos en la llanura cerca de Nazareth, y se dirige con los tres escogidos hacia una alta montaña llamada Tabor, que se encadena a las estribaciones del Líbano de que el salmista nos dice que debía exultar al nombre del Señor ( Ps., LXXXVIII, 13.). Apenas llega Jesús a la cima de esta montaña, de repente desaparece su mortal aspecto a los ojos maravillados de los tres Apóstoles; su cara resplandece como el sol, sus vestidos brillan con la blancura deslumbrante de la nieve. Dos personajes inesperados están allí ante los Apóstoles y conversan con su Maestro sobre los sufrimientos que le esperan en Jerusalén. Son Moisés, el legislador, coronado de rayos y Elías el profeta arrebatado en un carro de fuego, sin pasar por la muerte. Estos dos grandes potentados de la religión mosaica—la Ley y la Profecía—se inclinan humildemente delante de Jesús de Nazareth. 

Y no sólo los ojos de los tres apóstoles son iluminados del resplandor que rodea a su Maestro y sale de Él, sino que sus corazones se ven sobrecogidos de vivo sentimiento de felicidad que les encadena a la tierra. Pedro no quiere ya bajar de la montaña; con Jesús, con Moisés y Elías quiere sentar allí sus reales. Y para que nada faltara a esta escena en que las grandezas de la humanidad de Jesús se manifiestan a los apóstoles, el testimonio del Padre celestial sale de una nube luminosa que acaba de cubrir la cima del Tabor, y oyen proclamar a Dios que Jesús es su hijo eterno. 

Este instante de gloria para el Hijo del hombre duró poco; su misión de sufrimientos y humillaciones le llamaba a Jerusalén. Retiró, pues, dentro de sí ese resplandor sobrenatural; y cuando volvió en sí a los apóstoles a quienes la voz del Padre había dejado como anonadados, ya no vieron más que a su Maestro. La nube luminosa desde la que había resonado la palabra de Dios se había desvanecido. Moisés y Elías habían desaparecido. ¿Recordarán siquiera lo que vieron y oyeron esos hombres honrados con tan insigne favor? ¿Quedará en adelante impresa en su memoria la divinidad de Jesús? Cuando llegue la hora de la prueba, ¿no desconfiarán, por ventura, de su divina misión? ¿No se escandalizarán de su humillación voluntaria? Los relatos evangélicos que siguen nos contestarán.

LA AGONÍA DE GETSEMANÍ

Poco tiempo después, habiendo celebrado con ellos su última Cena, guía Jesús a sus discípulos a otra montaña, la de los Olivos al este de Jerusalén; deja a la entrada de un jardín a la mayoría de ellos, y tomando consigo a Pedro, Santiago y Juan se adentra en aquel lugar solitario; "triste está mi alma hasta la muerte, les dice, quedaos aquí, velad conmigo un poco ( Mat., XXVI, 38.)". Y se aleja a cierta distancia para rogar a su Padre. Sabemos qué inmenso dolor oprimía entonces el corazón del Redentor. Cuando vuelve hacia sus tres discípulos la agonía ha pasado por él; un sudor de sangre ha empapado sus vestiduras. En medio de crisis tan atroz ¿velan al menos entonces ardorosos en espera del instante en que han de sacrificarse por él? No; se han dormido; sus ojos se han vuelto abrumados de sueño. Dentro de poco todos huirán, y Pedro el más animoso jurará que no le conoce. 

LECCIÓN DE FE

Más tarde los tres apóstoles testigos de la Resurrección de su Maestro retractaron su conducta con sincero arrepentimiento y reconocieron la previsora bondad con que el Salvador quiso armarles contra la tentación, haciéndose ver de ellos en su gloria tan poco tiempo antes de su Pasión. Por lo que a nosotros cristianos atañe, no aguardemos a abandonarle y traicionarle para reconocer su grandeza y divinidad. Estamos en puertas del aniversario de su sacrificio; nosotros también le vamos a ver humillado por sus enemigos y aplastado bajo el brazo de Dios. No desfallezca nuestra fe ante ese espectáculo; el oráculo de David que nos le representa semejante a un gusano al que se pisotea ( Sal., XXI, 7.); la profecía de Isaías que nos le describe como un leproso, como el último de los hombres, el varón de dolores (Isaías, LUI, 4.), todo esto se va a cumplir a la letra. Acordémonos entonces de los resplandores del Tabor, de los homenajes de Moisés y Elías, de la nube luminosa, de la voz del Padre. Cuanto más Jesús va a anonadarse a nuestra vista más debemos ensalzarle con nuestras aclamaciones, diciendo con las milicias angélicas, con los veinte y cuatro ancianos que San Juan, uno de los testigos del Tabor, oyó en el cielo: "Digno es el Cordero que ha sido inmolado, de recibir el poder y la divinidad, la sabiduría y la fortaleza, el honor, la gloria y la bendición" (Apoc., V, 12.). 





jueves, 4 de agosto de 2022

Santo Domingo de Guzmán, Confesor





SANTO DOMINGO DE GUZMÁN,
CONFESOR


LA OBRA DE LA SABIDURÍA

"La fuente de la Sabiduría, el Verbo del Padre nuestro Señor Jesucristo, cuya naturaleza es bondad, cuya obra es misericordia, no abandona nunca a través de los siglos, la viña que sacó de Egipto; socorre con modos nuevos a la inestabilidad de las almas, y obra prodigios que aviven la fe vacilante. Así, pues, cuando declinaba el dia, y aumentaba el mal enfriando la caridad, y el rayo de la justiciar estaba a punto de estallar, el Padre de familias quiso reunir a los obreros de la hora undécima, aptos para el trabajo, con el fin de destrozar la maleza que amenazaba destruir su viña, y al mismo tiempo coger en el lazo la funesta invasión de zorras que maquinaban su devastación; entonces organizó los batallones de los Predicadores y Frailes Menores con sus caudillos armados para la batalla.


DOMINGO Y FRANCISCO

En esta expedición del Dios de los ejércitos, Domingo fué el corcel de su gloria, lanzando intrépido, con el fuego de la fe, el relincho de la divina predicación Nosotros veremos la parte que tuvo en el combate Francisco, el compañero que le dió el cielo y que apareció como el estandarte viviente del Cristo en cruz, en medio de una sociedad en que la triple concupiscencia daba mano al error para abrir una brecha en el mismísimo cristianismo.


LA POBREZA

Domingo, como Francisco, encontrando por todas partes unidas la avaricia y la herejía, que serán de ahora en adelante la Bula “Fons Sapientlae” de Gregorio IX, con motivo de la canonización de Santo Domingo. principal fuerza de los falsos predicadores, prescribió a los suyos la más absoluta renuncia de los bienes de este mundo y se hizo él también mendigo por Cristo. Habían pasado los tiempos en que los pueblos, reconociendo todas las consecuencias de la Encarnación, constituían en el Hombre-Dios el más extenso dominio territorial que jamás existió, al mismo tiempo que colocaban a su Vicario a la cabeza de los reyes. Después de haber intentado inútilmente humillar a la Esposa sometiendo el Sacerdocio al Imperio, los descendientes indignos de los cristianos de otros tiempos, reprochaban a la Iglesia la posesión de aquellos bienes de los cuales ella no era más que la depositaría en nombre del Señor; había sonado para la Paloma del Cantar santo, la hora de comenzar, por el abandono de la tierra, su ascensión hacia los cielos.


LA CIENCIA

Mas si los dos príncipes de la lucha memorable que contuvo un tiempo los progresos del enemigo, se encontraron en la acogida que tributaron a la santa pobreza, ésta siguió siendo de un modo especial la “Dama” del Patriarca de Asís. Domingo, que como él no tenia más ideal que el honor de Dios y la salvación de las almas, heredó más directamente la ciencia.

“En la luz, dijo Dios a Santa Catalina de Sena, ha fundamentado su base el Padre de los Predicadores, de la luz ha hecho su finalidad, su arma de combate; tomó para sí.el oficio del Verbo, mi hijo, sembrando mi palabra, disipando las tinieblas, alumbrando la tierra; María, por la cual yo le presenté al mundo, hizo de él el extirpador de los herejes”. Por eso, la Orden llamada a ser el principal apoyo del Pontífice Supremo en la persecución de las falsas doctrinas debía, si se puede hacer verdadera esta expresión, más que su patriarca: El primero de los tribunales de la Santa Iglesia, la Inquisición Romana, el Santo Oficio, investido del Oficio del Verbo con la espada de dos filos para convertir o castigar, no tuvo instrumento más fiel y seguro.


EL LIBERALISMO

Al igual que Catalina de Sena, el autor ilustre de la Divina Comedia no sospechó que había de llegar un tiempo, en que el primer título de la familia dominicana para el amor agradecido de los pueblos sería puesto en duda en cierta escuela apologética, y en ella, rechazado como un insulto o disimulado como un estorbo. Nuestro tiempo pone su gloria en un liberalismo que ha comenzado a hacer sus pruebas multiplicando las ruinas y no descansa filosóficamente, más que en la extraña confusión de la ciencia con la libertad. No hacía falta más que esta debilidad intelectual para no comprender que, en una sociedad en que la fe es la base de las instituciones, así como el principio de la Salvación universal, no hay crimen mayor que el destruir el fundamento sobre el cual descansa, juntamente con el interés social, el bien más precioso de los particulares. Ni el ideal de la justicia, ni menos el de la libertad consiste en abandonar a merced del mal o del malvado al débil que no puede defenderse por si mismo. La época de la caballería hizo de esta verdad su axioma y constituyó su gloria; los hermanos de Pedro Mártir consagraron su vida a proteger contra las sorpresas del “fuerte armado'” y al contagio que se arrastra por la noche la seguridad de los hijos de Dios: esta fué la honra “del ejército que Domingo condujo por un camino; por donde se adelanta y no se yerra”.


LA PROTECCIÓN DE MARÍA

¿Qué mejores caballeros que estos atletas de la fe, al hacer su promesa sagrada bajo forma de juramento de fidelidad y al escoger como Dama a aquella que, poderosa como un ejército, extermina ella sola las herejías en todo el universo? Al escudo de la verdad y a la espada de la palabra aquella que guarda en Sión las armaduras de los fuertes añadía para sus abnegados servidores el Rosario, señal la más especial de su propia milicia; les señalaba el hábito de su elección como compete al verdadero jefe de la Guerra y les ungía con sus manos para la lucha en la persona del Bienaventurado Reginaldo. Ella vigilaba así mismo su reclutamiento, sacando de entre la juventud escogida de las universidades las almas más puras, las más abnegadas, las más nobles inteligencias; París, la capital de la teología, Bolonia, el centro de la jurisprudencia y del derecho, veían a maestros, escolares, discípulos de toda clase de ciencia perseguidos y ganados por la dulce soberana en medio de incidentes que eran más del cielo que de la tierra.

¡Cuánta gracia en estos orígenes en que la serenidad virginal de Domingo parecía rodear a todos sus hijos! Sin duda que en este Orden de la luz se verificaba la verdad de la palabra evangélica. “Felices los corazones puros porque verán a Dios”. Ojos alumbrados por el cielo veían representadas en figuras de lirios las fundaciones de los Predicadores; por eso María, por quien nos ha venido el esplendor de la luz eterna, se hacía su celestial maestra y de la ciencia les conducía a la Sabiduría amiga de los corazones limpios. Ella bajaba en compañía de Cecilia y Catalina para bendecir su reposo nocturno, y les cubría con su manto junto al trono del Señor. ¿Cómo pues admirarse de la trasparencia que después de Domingo y durante los generalatos de Jordán de Sajonia, Raimundo de Peñafort, Juan el Teutónico, Humberto Romano, continua reinando en esas “Vidas de los Frailes” y en esas “Vidas de las Monjas” de las cuales unas plumas encantadoras nos han transmitido relatos de una exquisita frescura?


LAS MONJAS

Discreta lección, al mismo tiempo que ayuda poderosa para los Frailes: en la familia dominicana, dedicada por entero al Apostolado, las monjas nacieron diez años antes, como para indicar que, en la Iglesia de Dios, la acción no puede ser fecunda si no está precedida y acompañada de la contemplación, que la merece la bendición y demás gracias. Nuestra Señora de Prouille, al pie de los Pirineos, no fué ella sola el principio de toda la Orden; a su sombra protectora los primeros compañeros de Domingo hicieron, juntamente con él, la elección de su Regla y se repartieron el mundo marchando de allí a fundar San Román de Tolosa, luego Santiago de París, S. Nicolás de Bolonia, S. Sixto y Santa Sabina en la Ciudad Eterna.


LA TERCERA ORDEN

Hacia la misma época la institución de la Milicia de Jesucristo colocaba bajo la dirección de los Predicadores a seglares que, ante la herejía militante, se comprometían a defender por todos los medios posibles los bienes de la Iglesia y su libertad; cuando los sectarios depusieron las armas, dejando por un tiempo la paz del mundo, la asociación no desapareció: condujo la lucha al terreno espiritual y cambió su nombre en el de Tercera Orden de los Frailes y Monjas de la Penitencia de Santo Domingo.


Vida

Domingo nació hacia el año 1170 en Caleruega, no lejos de Burgos, en España. Fué a estudiar a Palencia donde sobresalió por su ardor en el trabajo y su gran caridad para con los pobres. El Obispo de Osma le agregó a su Capítulo; permaneció allí nueve años, siendo modelo de regularidad en la asistencia al Oficio y en la piedad. Habiendo ido a Roma juntamente con su Obispo, comenzó en 1206 bajo la dirección de un legado pontificio, a predicar en el Mediodía de Francia para convertir a los herejes albigenses. Fijó su residencia en Prouille y desde allí evangelizó toda la comarca. En Tolosa estableció un convento de monjas cuya oración y penitencia sostendrían a su apostolado y cuya enseñanza había de formar a las jóvenes pobres de la nobleza y las protegería de la infección de la herejía. Domingo comprendió pronto que él solo no era suficiente ante el campo que se le ofrecía.

Con varios compañeros se estableció en una casa de Tolosa y comenzaron juntos a llevar la vida religiosa. Después partió para Roma donde se iba a celebrar el Concilio de Letrán y pidió al Papa Inocencio III la autorización para fundar la Orden de los Predicadores. Volvió a Tolosa en 1216 para hacer la elección de una Regla de vida, y se dirigió nuevamente a Roma donde Honorio III, sucesor de Inocencio, la aprobó. Desde entonces las casas de los Predicadores se multiplicaron al mismo tiempo que los Milagros obrados por el Santo. Consumido por la fiebre y las fatigas sin nombre que se imponía murió el 6 de Agosto de 1221 a la edad de 51 años. Fué canonizado por su amigo el Papa Gregorio IX en el año 1234.


LA FUENTE DE TODO APOSTOLADO

Tu ejemplo nos muestra, oh Domingo, que sólo son poderosos ante Dios aquellos que se entregan a él sin buscar ninguna otra cosa y dan a los demás solo de su plenitud. Desdeñando todo pasatiempo y ciencia en la que no se descubriese la eterna Sabiduría, nos dicen tus historiadores, que de ella sola se prendó tu juventud; toda conversación y toda ciencia donde no se mostrase la eterna Sabiduría, nos dicen tus historiadores, que solamente se alimentó de ésta tu espíritu en tu adolescencia; que se anticipa a los que la desean te inundó desde los primeros años con la luz y las dulzuras pregustadas de la patria. De la sabiduría destilaba sobre ti la serenidad radiante que sobrecogía a tus contemporáneos y que no perturbó nunca suceso alguno. En una paz de cielo bebías a chorros el agua del pozo sin fondo que salta a la vida eterna; pero ai mismo tiempo que, en el hondón de tu alma te abrevaba el amor de la sabiduría, aparecía una fecundidad maravillosa en esa fontana de Dios y sus regatos, que se hicieron tuyos, salieron fuera y las plazas públicas beneficiaban las ondas de tu sobreabundancia.

Diste acogida a la Sabiduría y ella te exaltó, no contenta con adornar tu frente con los rayos de la estrella misteriosa, ella te dió la gloria de los patriarcas y multiplicó por medio de las de tus hijos, tus años y tus obras. No cesaste de ser en ellos uno de los más poderosos apoyos de la Iglesia. La ciencia ha hecho que su nombre sea ilustre entre los pueblos y por su causa su juventud fué honrada entre los ancianos; que sea siempre para ellos, como lo fué para sus mayores, el fruto de la Sabiduría y el camino que a ella les conduce; que se alimente en la oración que tanta parte ha tenido en tu santa Orden, que más que ninguna otra se acerca en este respecto a las antiguas órdenes monásticas. Alabar, bendecir y predicar, será hasta el fin de su divisa amada, siendo en ellos el apostolado, según la palabra del Salmo, la efusion desbordante del recuerdo de las dulzuras gustadas en el trato con Dios. Así fortalecida en Sión, bendita en su gloriosa labor de propagadora y guardadora de la fe, tu noble descendencia merecerá oír por siempre de la boca de Nuestra Señora este estímulo que está por encima de toda alabanza: “Fortiter, fortiter, viri fortes! ¡Animo, ánimo, hombres valientes”!

martes, 2 de agosto de 2022

San Alfonso María de Ligorio, Obispo, Confesor y Doctor



SAN ALFONSO MARÍA LIGORIO,
Obispo, Confesor y Doctor de la Iglesia


A San Alfonso de Ligorio se dirige hoy el homenaje universal del mundo. Grande por sus obras y su doctrina, a él se aplica directamente el oráculo del Espíritu Santo. “Los que enseñaron la justicia a muchos, brillarán como las estrellas en la eternidad sin fin”.


EL JANSENISMO

Cuando vino a este mundo el jansenismo quiso quitar al Padre, que está en los cielos, su misericordia y su bondad; triunfaba en la dirección práctica de las almas, aún en aquellos mismos que desechaban las teorías de Calvino. Só capa de reacción contra una escuela imaginaria de relajamiento, denunciando a bombo y platillos algunas proposiciones ciertamente condenables de hombres aislados, los nuevos fariseos se presentaron como los celosos de la ley. Dando proporciones excesivas al precepto, exagerando el castigo, cargaban las conciencias con aquellos pesos que el Hombre-Dios había reprochado a sus antecesores de aplastar las espaldas humanas. Mas el grito de alarma lanzado por ellos, en nombre de la moral en peligro, no dejó de engañar a los sencillos y terminó por descarriar a los buenos. Gracias a la ostentación de austeridad de sus seguidores, el jansenismo, hábil, por lo demás, en ocultar sus dogmas, llegó pronto, según su programa, a imponerse a la Iglesia en contra de la misma Iglesia; algunos inconscientes aliados suyos les entregaban en la ciudad santa las fuentes de la misma salvación. Muy pronto en muchos lugares, las llaves sagradas, no tuvieron otro uso que abrir el infierno; la mesa sagrada, preparade para sostener y desarrollar en todos la vida, no se hizo accesible más que a los perfectos; y estos no eran juzgados tales sino en la medida en que, por un cambio extraño de las palabras del Apóstol, sometieron el espíritu de adopción de hijos al espíritu de servidumbre y de temor; en cuanto a los fieles que no podían levantarse a la altura del nuevo ascetismo, no encontrando en el tribunal de la penitencia más que a exactores y verdugos en lugar de padres y médicos, no hallaban delante de ellos más que la desesperación y la indiferencia. Eso no obstante, por doquier leguleyos y parlamentarios prestaban copiosa ayuda a los reformadores, sin preocuparse de la ola de incredulidad odiosa que se iba levantando en su derredor y sin ver la tempestad que promovían estos nublados.


SAN ALFONSO

¿Quién sería pues el que, en el callejón tenebroso, donde los doctores, entonces en boga, habían conducido a los espíritus más firmes, encontraría la llave de la Sabiduría? Mas la Sabiduría guardaba entre sus tesoros, formulas de nuevas costumbres. Lo mismo que en otros tiempos a cada dogma atacado había suscitado nuevos defensores; en frente a una herejía que, a pesar de las pretensiones especulativas de sus principios no tuvo más que en ellos una importancia duradera, levantó a Alfonso de Ligorio como el enderezador de la fe, entonces torcida, y al Doctor por excelencia de la moral cristiana. Alejado por igual de un rigorismo fatal y de una condescendencia perniciosa, supo volver a las justicias del Señor, hablando como el Salmo, su rectitud al mismo tiempo que su don de alegrar los corazones, a sus mandamientos la luminosa claridad que les hace justificarse por ellos mismos, a sus oráculos la pureza que arrastra las almas y conduce fielmente a los pequeños y a los sencillos desde los principios de la Sabiduría hasta sus cumbres.

No fué sólo en el terreno de la casuística donde San Alfonso llegó con su Teología Moral a quitar el virus que amenazaba infectar toda la vida cristiana. Mientras que, por otra parte, su valiente pluma no dejaba sin respuesta a ninguno de los ataques de aquel tiempo contra la verdad revelada, sus obras ascéticas y místicas, volvían a la piedad a las fuentes tradicionales de la frecuentación de los Sacramentos, del amor del Señor y de su divina Madre. La Sagrada Congregación de Ritos, que tuvo que examiner sus obras y declaró que no encontraba en ellas nada que fuera digno de censura dividió en 40 títulos diferentes sus numerosos libros. Sin embargo de eso, Alfonso no se resolvió hasta muy tarde a comunicar al público los bienes de que su alma estaba inundada. Su primera obra, que fué el libro de oro de Las Visitas al Santísimo Sacramento y ala Virgen, no apareció hasta que hubo cumplido los 50 años de edad. Y Dios que prolongó su existencia más allá de los límites ordinarios, no le libró ni la doble carga del episcopado y el gobierno de la congregación que él había fundado, ni las más penosas enfermedades, ni los sufrimientos morales más dolorosos todavía.


VIDA

Alfonso María de Ligorio nació de padres nobles en Napóles el 27 de Septiembre de 1696. Su juventud fué piadosa, estudiosa y caritativa. A los 17 años era ya doctor en Derecho Civil y Canónico, y poco después comenzaba una brillante carrera de abogado. Mas, ni sus escritos, ni las instancias de su padre que quiso casarle, le impidieron dejar el mundo: ante el altar de Nuestra Señora hizo voto de recibir las Ordenes. Ordenado de Sacerdote en 1726 se dedicó a la predicación. En 1729 una epidemia le permitió entregarse al cuidado de los enfermos en Napóles. Poco después se retiró a Santa María de los Montes con unos compañeros y con ellos se preparó a la evangelización de aquellas campiñas. En 1732 estableció la congregación del Santísimo Redentor que le había de ocasionar numerosas dificultades y persecuciones; más bien pronto las vocaciones afluyeron y el Instituto se difundió rápidamente. En 1762 era nombrado Obispo de Santa Agueda de los Godos, cerca de Nápoles. Al punto emprendió la visita de su diócesis, predicando en todas las parroquias y tratando de reformar al clero. Al mismo tiempo continuaba dirigiendo su Instituto y el de religiosas que había fundado para server de ayuda, con su oración contemplativa, a sus hijos misioneros. En 1775 renunció al episcopado para Volver a sus hijos. Muy pronto se produjo una escisión en el Instituto de los Redentoristas y S. Alfonso fué excluido de su familia religiosa. La prueba fué grande, más él no perdió el valor y aún predijo que la unidad se llevaría a cabo después de su muerte. A sus enfermedades físicas vinieron a unirse crisis de escrúpulos y diversas tentaciones; mas en medio de todo esto su amor hacia Dios no cesaba de crecer. Por fin murió el 1 de Agosto de 1787 a la hora del Angelus. Gregorio XVI le inscribió en el catálogo de los Santos en 1839 y Pío IX le declaró Doctor de la Iglesia.


LA MISIÓN DE LOS DOCTORES

Mucho antes de que tú nacieses, oh Alfonso, un gran papa, había dicho que el papel de los Doctores es “iluminar a la Iglesia, adornarla con virtudes, y formar sus costumbres; por ellos, añadía, brilla ella en medio de las tinieblas como el lucero; su palabra fecundada de lo alto resuelve los enigmas de las Escrituras, desata las dificultades, alumbra las oscuridades, interpreta lo que está dudoso; sus obras profundas, enaltecidas por la elocuencia del discurso, son otras tantas perlas preciosas que ennoblecen la casa de Dios al mismo tiempo que la hacen brillar”: Así se expresaba en el siglo XIII Bonifacio VIII cuando elevó al rito doble las fiestas de los Apóstoles, Evangelistas y los cuatro Doctores entonces reconocidos como tales, Gregorio Papa, Agustín, Ambrosio, Jerónimo. ¿Mas no encontramos en esto, impresionante como una profecía y fiel como un retrato, la descripción de aquello que tú ibas a ser?


EL EJEMPLO DE UN SANTO

Gloria sea a ti, que en nuestro tiempo de decadencia renuevas la juventud de la Iglesia, a ti en quien aquí abajo se abrazan una vez más la justicia y la paz al encontrarse con la misericordia y la verdad. Tú diste sin reservas tu tiempo y fuerzas para obtener un tal resultado. “El amor de Dios no está nunca ocioso, decía S. Gregorio; si existe tiene que hacer cosas grandes; si rehúsa obrar, entonces no es amor”. ¡Oh qué felicidad la tuya en el cumplimiento del voto temible que habrás hecho de no tener ni siquiera un instante de descanso! Cuando se te presentaron intolerables dolores que hubieran podido justificar, si no exigir, el descanso, se te vió apretando contra la frente con una mano el mármol que parecía disminuir un poco tus dolores y con la otra escribiendo tus obras tan preciosas.

¡Pero mayor fué todavía el ejemplo que Dios quiso dar al mundo cuando permitió que, agotado por los años, la traición de uno de tus hijos atrayese sobre ti la desgracia de aquella Sede Apostólica, por la cual se había consumido tu vida y que, en cambio, te apartaba, como indigno, del Instituto que tú habías fundado! Entonces tuvo licencia el infierno para unir sus golpes a aquellos que venían del cielo; y tú, el Doctor de la paz, conociste asaltos espantosos contra la fe y la santa esperanza. Así se iba coronando tu obra en la debilidad más ponderosa que todo; así mereciste a las almas tentadas el apoyo de la virtud de Cristo. Pero habiéndote vuelto niño por la obediencia, estuviste a la vez más cerca del reino de los cielos y del pesebre cantado por ti con acentos tan dulces; y la virtud que el Hombre-Dios sentía salir de Sí durante su vida mortal, fluía de ti con una tal abundancia sobre los niños enfermos, presentados por sus madres para que les bendijeses, que ella les curaba a todos.


PLEGARIA POR LOS REDENTORISTAS

Terminadas ya las lágrimas y los trabajos, vela de un modo especial y para siempre por nosotros. Conserva los frutos de tus trabajos en pro de la Iglesia. La familia religiosa que te debe la existencia todavía no ha degenerado, mas de una vez en las persecuciones, el enemigo la ha honrado con especiales manifestaciones de su odio; ahora también se ha visto pasar la aureola de los bienaventurados del padre a los hijos; ¡ojalá ellos puedan guardar eternamente con todo cariño estas nobles tradiciones! Que el Padre soberano que en el bautismo nos ha hecho a todos dignos por igual de tener una parte en la suerte de los santos en la luz, nos conduzca con felicidad, por medio de tus ejemplos y doctrinas tras nuestro Redentor al reino de aquel Hijo de tu Amor.

domingo, 31 de julio de 2022

Octavo Domingo después de Pentecostés

 




OCTAVO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS


EL OFICIO

Este Domingo era llamado en la Edad Media, el sexto y último Domingo después del natalicio de los Apóstoles, o fiesta de San Pedro, en los años en que la Pascua alcanzaba su último límite en Abril. Por el contrario, cuando la Pascua seguía inmediatamente al equinocio de primavera, era el primero de la serie dominical llamada de ese modo. 

Hemos visto que por razón de este mismo movimiento tan variable, transmitido a toda la última parte del ciclo litúrgico por la fecha de la Pascua, esta semana podía ser ya la segunda de la lectura de los libros Sapienciales, aunque con más frecuencia se deba continuar aún en ella la de los libros de los Reyes. En este último caso, lo que hoy llama la atención de la Santa Iglesia, es el antiguo templo levantado por Salomón para gloria de Dios; y. entonces los cantos de la Misa, como veremos, están en perfecta armonía con las lecturas del Oficio de la noche 


MISA

El Introito recuerda la gloria del antiguo templo y del monte santo. Pero mayor aún es la majestad de la Iglesia que, en este momento, lleva el Nombre y la alabanza del Altísimo hasta los confines de la tierra, mucho mejor de lo que lo había hecho aquel templo que era su figura. 


INTROITO

Hemos recibido, oh Dios tu misericordia en medio de tu templo: como tu nombre, oh Dios, así tu alabanza llega hasta el fin de la tierra, tu diestra está llena de justicia. — Salmo: Grande es el Señor, y muy laudable: en la ciudad de nuestro Dios, en su santo monte. V. Gloria al Padre.

 

De nosotros mismos somos incapaces, no sólo de toda obra buena, sino que ni siquiera se puede producir en nosotros un solo pensamiento del bien sobrenatural sin ayuda de la gracia. Pues bien, el medio más seguro para obtener una ayuda tan necesaria, es reconocer humildemente ante Dios, la necesidad absoluta que tenemos de El, como lo hace la Iglesia en la Colecta. 


COLECTA

Suplicárnoste, Señor, nos concedas propicio el espíritu de pensar y hacer siempre lo que es recto: para que, los que no podemos existir sin ti, podamos vivir conforme a ti. Por nuestro Señor, 


EPÍSTOLA

Lección de la Epístola del Ap. S. Pablo a los Romanos. (VIII, 12-17). 


Hermanos: No somos deudores de la carne, para que vivamos según la carne. Porque, si viviereis según la carne, moriréis: mas, si mortificareis con el espíritu las obras de la carne, viviréis. Porque, todos los que son movidos por el Espíritu de Dios, son hijos de Dios. Porque no habéis recibido el espíritu de servidumbre, para que viváis todavía en el temor, sino que recibisteis el espíritu de adopción de hijos, con el cual clamamos: ¡Abba! ¡Padre! Porque el mismo Espíritu da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios. Y, si somos hijos, somos también herederos: herederos ciertamente de Dios, y coherederos de Cristo.