sábado, 9 de febrero de 2019

San Cirilo de Alejandría, Obispo y Doctor de la Iglesia





"Año Litúrgico"
Dom Gueranger


SAN CIRILO DE ALEJANDRÍA, 
OBISPO Y DOCTOR DE LA IGLESIA


LA ENEMISTAD DE LA MUJER Y DE LA SERPIENTE.

"Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu raza y la suya; ella te aplastará la cabeza y tu morderás su calcañar'". Estas palabras, dichas a la serpiente en los días, en que ahora la Iglesia las recuerda a sus hijos, dominan la historia entera del mundo. La mujer, que por el odio de Satanás cayó la primera, es también levantada la primera en María. En su Inmaculada Concepción, en su parto virginal, en la ofrenda que hizo a Dios del nuevo Adán sobre la montaña del Calvario, la nueva Eva ha mostrado en su antiguo enemigo el poder de su pie victorioso. Por eso el ángel sublevado, constituido desde antiguo en príncipe del mundo por la culpa del hombre (S. Juan, XII, 31.) ha dirigido desde entonces todas las fuerzas de su doble imperio con las legiones infernales y los hijos de las tinieblas, contra la mujer que triunfó de él. María, desde el cielo prosigue la lucha que comenzó sobre la tierra. Reina de los espíritus bienaventurados y de los hijos de la luz, conduce al combate, como un solo ejército, las falanges celestes y los batallones de la Iglesia militante. El triunfo de estos ejércitos fieles es el de su soberana: El aplastamiento continuo de la cabeza del padre de la mentira, por la derrota del error y la exaltación de la verdad revelada, del Hijo de María y del Hijo de Dios.


CIRILO Y ATANASIO

Pero jamás esta exaltación de Verbo Divino apareció más íntimamente ligada al triunfo de su augusta Madre, como en el combate memorable, en el que el Pontífice propuesto en este día a nuestras honras, tuvo una parte tan gloriosa. Cirilo de Alejandría es doctor de la Maternidad divina como su predecesor Atanasio, lo había sido de la consubstancialidad del Verbo. La Encarnación reposa sobre los dos misterios que fueron, en un siglo de distancia, el objeto de su confesión y de sus luchas. Como Hijo de Dios, Cristo debía ser consubstancial al Padre; porque la simplicidad infinita de la esencia divina excluye toda idea de división: negar en Jesús, Verbo divino, la unidad de substancia con su principio, era negar su divinidad. Como hijo de hombre al mismo tiempo que Dios verdadero de Dios verdadero (Símbolo de Nicea) Jesús debía nacer aquí abajo, de una hija de Adán y sin embargo de eso permanecer en su humanidad una misma persona con el Verbo Consubstancial al Padre: negar en Cristo esta unión personal de las dos naturalezas, era negar de nuevo su divinidad; era proclamar a la vez que la Bienaventurada Virgen, venerada hasta entonces como Madre que había engendrado a Dios en la naturaleza que el había tomado para salvarnos, no era sino la madre de un hombre.


ARRIO

Tres siglos de persecución habían tratado en vano de arrancar a la Iglesia la negación de la divinidad de Cristo. A penas acababa de presenciar el mundo el triunfo del Hombre-Dios cuando ya el enemigo explotaba la victoria: aprovechándose del nuevo estado del cristianismo y su seguridad por parte de sus verdugos, se esforzaba por obtener, en lo sucesivo, en el camino de la falsa ciencia, la abjuración de la fe que le había sido rehusada en la arena del martirio. El celo amargo de los herejes para reformar la creencia de la Iglesia, había de servir a la enemistad de la serpiente y concurrir al desenvolvimiento de su raza maldita, lo cual no habían podido hacer los desfallecimientos de los apóstatas. Digno, por su orgullo, de ser, en la edad de la paz, el primero de esos doctores del infierno, Arrio, apareció desde luego llevando la disputa hasta las profundidades de la esencia divina, y rechazando con textos que no comprendía, la consubstancialidad. Al fin de un siglo en que su principal fuerza había sido el apoyo de los poderes de este mundo, el arrianismo caía, no quedando sus raíces, sino en las naciones que, recientemente bautizadas, no habían podido derramar su sangre por la divinidad del Hijo de Dios, En este momento, Satanás suscitó a Nestorio.


NESTORIO 

Poderoso para transformarse en ángel de luz (II Cori., XI, 14) el viejo enemigo, revistió a su apóstol de doble aureola aparente de santidad y de ciencia; el hombre que había de expresar más claramente que ninguno otro el odio de la antigua serpiente contra la mujer y su fruto, llegó a sentarse en la sede episcopal de Constantinopla en medio de los aplausos de todo el Oriente, que se prometía ver renacer en él la elocuencia y virtud de un nuevo Crisóstomo. Mas la alegría de los buenos fué de corta duración. En el mismo año que había presenciado la exaltación del hipócrita obispo, el día de Navidad de 428, Nestorio aprovechándose del inmenso concurso de fieles reunidos para festejar el parto de la VirgenMadre, pronunció desde la silla episcopal esta blasfemia: "María no ha dado a luz a Dios; su hijo no era sino un hombre instrumento de la divinidad."


DEFENSA DE LA FE

A estas palabras un estremecimiento de horror conmovió a las multitudes; intérpretes de la indignación general, el escolástico Eusebio, simple laico, se levantó de en medio de la concurrencia y protestó contra la impiedad. En seguida una protesta más explícita fué dirigida en nombre de los miembros de esta Iglesia desolada y extendida por medio de numerosos ejemplares, declarando anatema al que osase decir: "Uno es el Hijo único del Padre y otro distinto el de la Virgen María." Actitud generosa que fué entonces la salvaguarda de Bizancio y le valió el elogio de los Concilios y de los Papas. Cuando el pastor se muda en lobo, toca desde luego al rebaño el defenderse. Por regla, la doctrina desciende de los obispos al pueblo fiel y los súbditos no deben juzgar a sus jefes en su fe. Más hay en el tesoro de la revelación ciertos puntos esenciales de los que, todo cristiano, por el hecho mismo de llevar tal título, tiene el conocimiento necesario y la obligación de guardarlos. El principio no cambia, ya se trate de ciencia o de conducta, de moral o de dogma. Traiciones semejantes a la de Nestorio, son raras en la Iglesia; pero puede suceder que los pastores permanezcan en silencio, por tal o tal causa, en ciertas circunstancias en que la religión se vería comprometida. Los verdaderos fieles son aquellos hombres, que, en tales ocasiones, sacan de su solo bautismo, la inspiración de una línea de conducta; no los pusilánimes que bajo pretexto engañoso de sumisión a los poderes establecidos, esperan, para correr contra el enemigo u oponerse a sus proyectos, un programa que no es necesario y que no se les debe dar.


ROMA Y ALEJANDRÍA

Sin embargo, la emoción producida por las blasfemias de Nestorio, agitaba a todo el Oriente y llegó en seguida a Alejandría. La sede fundada por Marcos en nombre de Pedro, y honrada con el honor de segunda sede por voluntad del jefe de las Iglesias, estaba entonces ocupada por Cirilo, La concordia entre Atanasio y los Pontífices romanos había vencido en el siglo anterior al arrianismo, y ahora la unión de Alejandría y Roma debía de nuevo aplastar la herejía. Por eso el enemigo instruido por la experiencia, se había adelantado con una previsión infernal; el día en que el futuro defensor de la Madre de Dios, subía sobre la silla de San Atanasio, aquella alianza tan temible para el demonio, no existía ya. Teófilo, el último Patriarca, autor principal de la condenación de S. Juan Crisóstomo en el conciliábulo de Chéne, había rehusado hasta el fin, subscribir la rehabilitación de su víctima por la sede Apostólica, y Roma había tenido que romper con su antigua hija. Cirilo era sobrino de Teófilo; no conocía nada de los vergonzosos móviles de su tío en este triste asunto; acostumbrado desde su niñez a venerar en él a su legítimo superior, así como a su bienhechor y maestro en la ciencia sagrada, Cirilo, una vez hecho patriarca no pensó en cambiar un ápice las decisiones de aquel a quien él miraba como a padre. Alejandría permaneció separada de la Iglesia Romana. Verdaderamente de un modo semejante a la serpiente, cuya baba envenena todo cuanto toca, Satanás había puesto a favor suyo, los más nobles sentimientos, para llevarlos él, a su vez, contra Dios. Pero nuestra Señora amante de los corazones rectos, no abandonó a su caballero. Al fin de algunos años durante los cuales aprendió el joven Patriarca a conocer a los hombres, un santo monje, Isidoro de Pelusa abrió plenamente sus ojos a la luz; Cirilo, convencido no dudó de restablecer en los dípticos sagrados, el nombre de S. Juan Crisóstomo. La trama urdida por el infierno se había desvanecido: Roma encontraba en los bordes del Nilo un nuevo Atanasio, para las nuevas luchas de la fe que iban a surgir en Oriente.


LA FE DE LOS MONJES

Conducido Cirilo por un monje a los senderos de la santa unidad profesó a los solitarios un afecto semejante a aquel con que les había rodeado su ilustre predecesor. Los escogió por confidentes de sus angustias al primer rumor de las impiedades nestorianas. En una carta que se ha hecho célebre, trata sobre todo de alumbrar su fe contra los peligros que amenazan a la Iglesia: "Porque, les dice, los que han abrazado por Cristo una vida tan envidiable, como es la vuestra, deben sobre todo brillar por el fulgor de una fe sin equívoco y sin disminución, y unir a esta fe la virtud; hecho esto, deben poner su mayor cuidado en desenvolver en ellos el conocimiento más perfecto del misterio de Cristo, tendiendo con todas sus fuerzas a adquirir el conocimiento más perfecto de El. Así comprendo yo, dice el santo Doctor, la consecución del varón perfecto de que habla el Apóstol (Eph., IV, 13) la manera de llegar a la medida de Cristo y a su plenitud" (1.a Carta a los monjes)


EL LIBERALISMO

El patriarca de Alejandría no debía contentarse en explayar su alma en aquellos de cuyo asentimiento estaba asegurado de antemano. Por cartas en las que la mansedumbre del Obispo no es inferior más que a la energía y a la amplitud de su exposición doctrinal, Cirilo trató de atraer a Nestorio. Pero el sectario se obstinaba; a falta de argumentos se quejaba de la ingerencia del patriarca. Como siempre en semejantes circunstancias, se hallaron hombres buenos que, sin compartir su error, creyeron que, lo mejor hubiera sido en efecto, no responderle, por temor de irritarle, de aumentar el escándalo, de herir en una palabra la caridad. A estos hombres cuya virtud singular tenía la propiedad de asustarse menos de los herejes, que de la confesión de la fe cristiana, a estos partidarios de la paz, respondía Cirilo: "Pues que, Nestorio se atreve a decir en presencia de la asamblea de los fieles: ¡Anatema a quien nombre a María Madre de Dios!, por boca de sus partidarios, nos anatematiza a nosotros, todos los Obispos del universo, y a los antiguos Padres que en todo tiempo han reconocido y honrado unánimemente a la Madre de Dios. Y no va a estar en nuestro derecho volverle la palabra y de decirle: Si alguno niega, que María es Madre de Dios, sea anatema. Con todo eso, esta palabra, por respeto a él, aún no la he pronunciado" (Carta, VIII o VI)


EL MIEDO

Otros hombres que son también de todos los tiempos, descubrían el verdadero motivo de sus dudas cuando valorando muy elevadamente las ventajas de la concordia y su antigua amistad con Nestorio, recordaban tímidamente el crédito de éste, y el peligro que podía correrse en contradecir a un adversario tan poderoso. A estos respondió Cirilo: ¡Qué no puedo yo aun perdiendo todos mis bienes, satisfacer al Obispo de Constantinopla calmar la amargura de mi hermano! Pues es de la fe, de la que aquí se trata; el escándalo cunde por todas las iglesias, cada uno se informa con este motivo de la nueva doctrina. Si yo, que he recibido de Dios la misión de enseñar, no llevo el remedio a tan grandes males, ¿habría en el día del juicio llamas suficientes para mí? La calumnia y la injuria no me han faltado; todo eso lo olvido: que sólo la fe quede salva; y no permitiré que nadie me aventaje en el amor a Nestorio. Pero si, por causa de algunos, la fe sufre, que no se dude: no perderé mi alma aunque la muerte se cierna sobre mi cabeza. Si el temor del desprecio puede en mi más que el celo de la gloria de Dios, y me hace callar la verdad, con qué cara podré celebrar en presencia del pueblo cristiano a los santos mártires, cuando su elogio, es únicamente el cumplimiento de esta palabra (Eccli., IV, 23): por la verdad, combates hasta la muerte" (Carta, IX (o VII).


LUCHA ENÉRGICA

Cuando al fin la lucha se hizo inevitable, organizó la milicia santa que había de combatir con él, llamando a su lugar a Obispos y monjes, y entonces Cirilo no retiene el entusiasmo sagrado que le anima: "En cuanto a mí, dice a sus clérigos, que residen en la ciudad imperial, sufrir, vivir y morir por la fe de Jesucristo es mi más ardiente deseo. Como está escrito: No daré sueño a mis ojos, ni a mis párpados descanso, ni a mi cabeza reposo"(Salmo, CXXXI, 4-5.), hasta que no haya llevado a cabo el combate necesario para la salvación de todos. Por lo cual, bien penetrado de nuestro pensamiento, obrad virilmente; velad sobre el enemigo, informaos de sus menores movimientos. Desde el primer día os enviaré hombres piadosos y prudentes, obispos y monjes escogidos entre todos; ahora preparo mis cartas como se necesita y conviene. He resuelto trabajar sin tregua y soportar toda clase de tormentos, aún los más terribles por la fe de Cristo, hasta que me toque padecer la muerte que será dulce por tal causa (Carta, X, (o VIII).


SANTA PULQUERIA

Informado por el patriarca de Alejandría de la inquietud de las iglesias, S. Celestino, que ocupaba entonces la sede apostólica, condenó la nueva herejía, y encargó a Cirilo deponer al Obispo de Constantinopla en nombre del Romano Pontífice. Pero las intrigas de Nestorio iban a prolongar la lucha. Én este momento aparece al lado de Cirilo, en el triunfo de la mujer sobre el antiguo enemigo, la figura de una mujer, de una santa que fué durante cuarenta años el terror del infierno, y por dos veces en nombre de la reina del cielo, aplastó la cabeza de la odiosa serpiente. En un siglo de ruinas, Pulquería, con las riendas del imperio a los 15 años, aplastaba con su prudencia en el consejo y su energía en la ejecución las revueltas interiores, mientras que con la sola fuerza de la salmodia divina, junto con sus hermanas vírgenes como ella, contenía a los bárbaros. Cuando Occidente se agitaba en las convulsiones de la última agonía, Oriente encontraba en el genio de su emperatriz la prosperidad de sus más gloriosos días. Viendo a la hija del gran Teodosio que consagraba sus riquezas privadas en multiplicar las iglesias dé la Madre de Dios, Bizancio recibía de ella el culto a María que había de ser su salvaguardia en los días aciagos, y le valió del Señor, Hijo de María, mil años de misericordia y de incomprensible paciencia. Santa Pulquería, llamada por los concilios generales, la guardiana de la fe y baluarte de la unidad, tuvo, según dice S. León la parte principal en todo lo que contra los adversarios de la fe se hizo en su tiempo (Carta, XXXI o XXVII). Dos palmas hay en sus manos, dos coronas en su cabeza, dice este gran Papa; porque la Iglesia le debe la doble victoria sobre la impiedad de Nestorio y de Eutiques, que, dividiéndose el ataque, iban al mismo fln por caminos opuestos, la negación de la Encarnación y del papel desempeñado por la Virgen Madre en la Redención del género humano (Carta, XXXIX o LIX).


VIDA

S. Cirilo, siendo aún joven fué hecho Obispo de Alejandría en el 412. Inflamado del celo por la salvación de las almas, trabajó por guardar pura de todo error la fe de su redil. Con un ardor y una ciencia admirable defendió contra Nestorio el dogma de la Maternidad divina y siendo legado en el concilio de Efeso, (431) confundió y condenó al hereje. Murió en el 434. León XIII le ha declarado doctor de la Iglesia universal.


MATERNIDAD DIVINA E INMACULADA CONCEPCIÓN

¡Oh Santo Pontífice!, los cielos se regocijan y la tierra salta de gozo (Carta, XXXIX o XXXIV) al recuerdo del combate con que la reina del cielo triunfó por tu medio de la antigua serpiente. Oriente te honró siempre como a su luz. Occidente honraba en ti desde ha mucho tiempo al defensor de la Madre de Dios; y he aquí que la solemne mención que consagraba su memoria en los fastos de los santos, no es suficiente hoy a su reconocimiento. Una nueva flor, en efecto, ha aparecido en la corona de María nuestra reina; y esta flor radiante salió del suelo mismo que tú rociaste con tus sudores. Proclamando en nombre de Pedro y de Celestino la Maternidad divina, preparaste a nuestra señora otro triunfo, consecuencia del primero: La Madre de Dios no podía menos de ser Inmaculada. Pío IX, al definirlo no ha hecho sino completar la obra de Celestino y la tuya; por esto las fechas 22 de julio de 431 y 8 de Diciembre de 1854 resplandecen con el mismo fulgor en el cielo así como han derramado sobre la tierra las mismas manifestaciones de alegría y de amor.


DOCTOR DE LA IGLESIA

La Inmaculada embalsama el mundo con sus perfumes, por eso, después de 14 siglos la Iglesia Católica se vuelve hacia ti, oh Cirilo; y juzgando que tu obra está ya acabada, te proclama doctor, no permitiendo que en adelante falte nada a los honores que la tierra te debe. Así, oh pontífice amado del siglo, el culto que se te da, se completa con el de la Madre de Dios; tu glorificación no es otra cosa que una nueva extensión de la gloria de María. Feliz de ti, ya que ningún título más ilustre podía obtener un acercamiento semejante entre la soberana del mundo y su caballero.


PLEGARIA A LA MADRE DE DIOS 

Comprendiendo, pues, que la mejor manera de honrarte, oh Cirilo, es exaltar a Aquella cuya gloria ha liegado a ser la tuya, recogemos los acentos inflamados, que el Espíritu Santo te inspiró para cantar sus grandezas el día siguiente al triunfo de Efeso: "Te saludamos ¡oh María, Madre de Dios! como la joya resplandeciente del universo, lámpara que no se extingue, corona de la virginidad, cetro de la Ortodoxia, templo indestructible y lugar en que se encierra la inmensidad, Madre y Virgen, por quien nos es presentado el bendito de los Evangelios, que viene en nombre del Señor. Salve, oh Virgen cuyo seno virginal y siempre puro, ha llevado al que es infinito, por quien es glorificada la Trinidad, por quien es honrada y adorada la Cruz preciosa en toda la tierra; alegría del cielo, serenidad de los arcángeles y ángeles, que ahuyentas a los demonios, por Ti el tentador es arrojado del cielo mientras que por Ti la criatura caída se levanta hasta los cielos. La locura de los ídolos dominaba al mundo, y tú abriste sus ojos a la verdad; a Ti deben los creyentes el santo bautismo, a Ti el óleo de la alegría; Tú fundas las iglesias en toda la tierra y conduces a las naciones a la penitencia. ¿Qué más diré? Por ti ha brillado el Hijo de Dios como la luz de los que yacían en las tinieblas y en la sombra de la muerte; por Ti los profetas han vaticinado el futuro, los Apóstoles han anunciado la salvación a las naciones; los muertos resucitan y reinan los reyes por la santa Trinidad. ¿Qué hombre podrá jamás celebrar a María, digna de toda alabanza, de una manera conforme a su dignidad?" (4a. Homilía)


SÚPLICA A SAN CIRILO 

Si la dignidad de la Madre de Dios sobrepasa en efecto toda alabanza ¡oh Cirilo! obtén de ella por tanto, que suscite entre nosotros, hombres capaces de celebrar como tú, sus grandezas. Que el poder con que ella se dignó revestirte contra sus enemigos, no falte a los que tienen que sostener en nuestros días la lucha entablada desde el origen del mundo entre la Mujer y la Serpiente. El adversario ha crecido en audacia; nuestro siglo ha ido aún más lejos que Nestorio en la negación de Jesús y más aún que el mismo Juliano, emperador apóstata, contra quien tú defendiste también la divinidad del Hijo de la Virgen-Madre.. ¡Oh tú que diste al error golpes tan terribles!, muestra a los doctores de nuestro tiempo la manera de vencer; que sepan ellos apoyarse como tú sobre Pedro; que no se desinteresen por nada de lo que toca a la Iglesia; que miren siempre como a sus propios enemigos y los únicos enemigos, a los que lo son del reino de Dios. En tus sublimes escritos los pastores aprenderán la verdadera ciencia, la de las Sagradas Escrituras, sin la cual su celo sería inútil. Los cristianos comprenderán en tu escuela que no pueden esperar crecer en la virtud, sin aumentar en fe y sin desarrollar en sí el conocimiento del misterio del Hombre-Dios. En un siglo en que la vaguedad en las nociones basta a tantas almas, repite a todos que "el amor de la fe es quien conduce a la vida '.

Al acercarnos a la santa Cuaresma nos acordamos de estas Cartas Pascuales que cada año en estos mismos días, llevaban por todas partes, con el anuncio de la Solemnidad de las Solemnidades, la exhortación a la penitencia; penetra nuestros corazones con la seriedad de la vida cristiana, excítalos a entrar valientemente en el Santo tiempo, en que deben encontrar la paz con Dios, por medio del triunfo sobre la carne y los sentidos.




Sea todo a la mayor gloria de Dios.

viernes, 8 de febrero de 2019

San Juan de Mata





"Año Litúrgico"
Dom Gueranger


SAN JUAN DE MATA


EL RESCATE DE ESCLAVOS 

No ha mucho celebramos la memoria de S. Pedro Nolasco, llamado por la madre de Dios a fundar una orden destinada a rescatar a los cautivos cristianos del poder de los infieles; hoy, honramos al hombre que fué el primero favorecido con este pensamiento. Con el nombre de la Santísima Trinidad, estableció una sociedad religiosa cuyos miembros no tuvieron otro fin que poner sus fuerzas, sus privaciones, su libertad, su vida al servicio de los pobres esclavos que gemían bajo el yugo de los sarracenos. La Orden de los Trinitarios y la de la Merced, aunque distintas, son hermanas por el fin que se proponen y por la intención que las ha producido sus resultados; en seis siglos de duración han sido la restitución a su familia y a su patria de más de un millón de hombres, a los que al mismo tiempo preservaban del peligro de la apostasía. En Meaux, Francia, fué donde Juan de Mata, ayudado de su fiel cooperador Félix de Valois estableció el centro de su obra. En estos días de preparación para la Cuaresma, en que tenemos necesidad de reavivar en nosotros la llama de la caridad hacia los que sufren, ¿qué mejor admirable ejemplo que Juan de Mata y su Orden? Su existencia no tuvo otra finalidad que el deseo de ir a arrancar de los horrores de la esclavitud a hermanos desconocidos que languidecían en poder de los bárbaros. ¿Hay limosna, por generosa que sea, que no sea eclipsada cuando se la compara con el desprendimiento de estos hombres que se obligan por sus reglas, no sólo a recorrer la cristiandad para recoger los dineros con el fin de dar la libertad a los esclavos, sino aún a tomar a veces ellos mismos los hierros de algunos de estos infortunados, a fin de aumentar el número de rescatados? ¿No es esto imitar, a la letra, tanto cuanto la fragilidad humana lo permite, el ejemplo del Hijo de Dios que bajó a la tierra para ser nuestro Redentor? Animados por tales modelos, entraremos con mayores ánimos aún en las intenciones de la Iglesia que nos recomienda con tanta insistencia las obras de misericordia, como uno de los elementos esenciales de la penitencia cuaresmal.


VIDA

Juan de Mata nació en Provenza en 1160. Fué estudiante en París donde se ordenó de sacerdote. Una visión que tuvo celebrando su primera Misa le dió a conocer que estaba destinado a libertar los cautivos de las manos de los infieles. Retiróse a la soledad con Félix de Valois durante tres años, y después ambos fueron a pedir al Papa la institución de una nueva Orden para redimir a los cautivos. Inocencio tercero aprobó el nuevo instituto el dos de Febrero de 1198. De vuelta a Francia, los fundadores levantaron su primer monasterio en Cerfroide, diócesis de Meaux, donde S. Félix permaneció como superior. S. Juan levantó dos hospicios y rescató numerosos cautivos. Agobiado por las fatigas e inflamado de un grande amor a Dios y al prójimo murió en Roma, el 8 de Enero de 1213.


CARIDAD

¡Oh bienaventurado Juan de Mata!, regocíjate ahora con el fruto de tus sacrificios para con tus hermanos. El Redentor del mundo ve en ti una de sus más fieles imágenes, y se complace en; honrar a los ojos de toda la corte celestial los rasgos de semejanza que tienes con El. A nosotros nos toca seguir en esta tierra tus huellas ya que esperamos llegar un día al mismo término. La caridad fraterna nos conducirá; pues, sabemos que las obras que ella nos inspira, tienen la virtud de arrancar al alma de las garras del pecado. Tú la has comprendido tal como ella radica en el corazón de Dios, que ama nuestras almas más que nuestros cuerpos y que, a pesar de todo, no desdeña en ayudar a las necesidades de esta. Consternado por los peligros que corrían tantas almas expuestas al peligro de la apostasía, acudiste en su ayuda y las hiciste comprender el precio de una religión que suscita tales abnegaciones. Tuviste compasión de sus cuerpos, y tus manos quebraron las cadenas tan penosas. Enséñanos a imitar tales ejemplos.


CELO

Que los peligros a los cuales las almas de nuestros hermanos se hallan expuestos no nos hallen insensibles. Haznos comprender aquella palabra del Apóstol: "Aquel que aparte a un pecador de los peligros de su vida, al mismo tiempo que salva el alma de este, cubre las muchedumbres de sus propios pecados". Concédenos participar también de esa ternura compasiva que nos hará generosos y decididos a aliviar los males que nuestros hermanos sufren en sus cuerpos y que frecuentemente son para ellos causa de blasfemar contra Dios y su Providencia. Fuiste libertador de los hombres, acuérdate en estos días de todos aquellos que por el pecado gimen bajo la cautividad de Satanás, y sobre todo de aquellos que, en la embriaguez de las ilusiones mundanas no sienten el peso de sus cadenas y duermen tranquilamente en su esclavitud. Conviérteles al Señor, su Dios, a fin de que recobren la verdadera libertad. Protege a la Orden que fundaste a fin de que el objeto de su antigua abnegación pueda aún servir a las necesidades de la sociedad cristiana.





Sea todo a la mayor gloria de Dios.

jueves, 7 de febrero de 2019

San Romualdo, Abad




"Año Litúrgico"

Dom Gueranger


SAN ROMUALDO, ABAD


UN HÉROE DE LA PENITENCIA

Festejamos hoy a uno de los héroes de la penitencia: San Romualdo. Es uno de los hijos del gran Patriarca Benito, Padre, después de él, de una larga posteridad. La filiación benedictina se prosigue, directa, hasta el fin de los siglos; pero del tronco de este robusto árbol salen, en línea colateral, cuatro ramas siempre unidas, a las que el Espíritu Santo ha dado vida y fecundidad durante muchos siglos; tales son: La camáldula fundada por Romualdo, Cluny por Odón, Vallumbrosa por Juan Gualbeto y el Cister por Roberto de Molesmes. Hoy día, Romualdo reclama nuestros homenajes; y si los mártires que encontramos en el camino de la expiación Cuaresmal, nos ofrecen una preciosa enseñanza por su desprecio de la vida, los santos penitentes, como el gran abad de Camaldoli, nos dan una lección más práctica aún. "Los que son de Jesucristo, dice el Apóstol, han crucificado su carne con sus vicios y concupiscencias"[1]; ésta es, pues, la condición común de todo cristiano; pero qué gran valor nos infunden estos generosos ascetas, que han santificado los desiertos con las obras de su penitencia, suprimiendo así toda excusa a nuestra tibieza, que se horroriza de las leves satisfacciones que Dios exige, a fin de comunicarnos sus gracias. Aprendamos la lección y ofrezcamos de buena gana al Señor el tributo de nuestro arrepentimiento, con las obras que purifican el alma.


VIDA

Romualdo nació en Ravena en 957. A los 20 años, se retiró durante cuarenta días al monasterio de Classis, con el ñn de expiar un crimen de su padre. Dos apariciones de San Apolinar le decidieron a hacerse monje. Tres años después, se formó, bajo la dirección de un santo anacoreta llamado Marín, en la vida eremítica. En seguida, renovó el fervor religioso agrupando a los ermitaños en monasterios, aunque sin hacerlos cenobitas. Así fué como llegó a hacerse, en Camaldoli, padre de una nueva familia religiosa. Su contemplación, su austeridad, su don de profecías y el de milagros le hicieron célebre en toda la Iglesia. Murió en 1027. Sus discípulos pudieron festejarle cinco años después el Papa Clemente VIII extendió su culto a toda la Iglesia, 1595.


EL PENSAMIENTO DE DIOS

¡Oh amigo de Dios, Romualdo, cuán diferente es nuestra vida de lo que fué la tuya! Nosotros amamos el mundo y sus agitaciones; apenas el pensamiento de Dios cruza por nuestra mente durante el día, y menos aún es El el móvil de nuestras acciones. Sin embargo, cada hora que pasa nos acerca más y más a aquel momento en que nos hallaremos en presencia de Dios, cargados de nuestras obras, así buenas como malas, sin que nada pueda modificar ya la sentencia que nosotros mismos nos hemos preparado. ¡Tú no comprendiste así la vida, oh Romualdo! Viste que un solo pensamiento la debía llenar enteramente, que un solo interés debía preocuparla, y tú caminaste constantemente en presencia de Dios. Para no distraerte de este grande y querido objeto, buscaste el desierto; allí, bajo la regla del Santo Patriarca de los monjes, luchaste contra el demonio y la carne; tus lágrimas lavaron tus pecados, tan leves en comparación de los nuestros; tu corazón regenerado en la penitencia, tomó el vuelo hacia el Salvador de los hombres a quien hubieras deseado ofrecerle hasta tu sangre. Tus méritos son nuestros bienes hoy a causa de esa admirable comunión, que el Señor se ha dignado establecer entre las almas más santas y nosotros pecadores. Ayúdanos, pues, en el período de penitencia que pronto va a comenzar; ¡tenemos tanta necesidad de poner nuestras débiles obras con la plenitud de las tuyas! Desde el fondo de tu soledad, en las sombras de Camaldoli, amabas a los hombres tus hermanos, y jamás se acercaron a ti sin que fuesen cautivados por tu amable y dulce caridad; muéstrales que aún les amas. Acuérdate también de la Orden de los Camaldulenses que fundaste, y haz que sea siempre, para las almas llamadas por Dios a ella, una escalera segura para subir hasta El.




Sea todo a la mayor gloria de Dios.

miércoles, 6 de febrero de 2019

San Tito, Obispo y Confesor




"Año Litúrgico"

Dom Gueranger


SAN TITO, OBISPO Y CONFESOR


UN DISCÍPULO DE SAN PABLO 

Hoy la sagrada liturgia pone ante nuestra consideración un Obispo de la Edad Apostólica, discípulo de S. Pablo; su vida nos es poco conocida; pero el doctor de las gentes le ha hecho inmortal con la epístola que le dirigió. Por donde quiera que la fe de Cristo sea llevada, Tito lo mismo que Timoteo, será conocido de los fieles; y la Iglesia consultará con veneración hasta las consumaciones de los siglos la Epístola dirigida a un simple Obispo de la isla de Creta, pero que fué dictada por el Espíritu Santo, y por lo mismo destinada a formar parte de la Sagrada Escritura que contiene la palabra de Dios. Los consejos y normas de dirección que encierra esta admirable Epistola fueron la regla del Santo Obispo, a quien Pablo profesaba un amor tan tierno. Tito tuvo la gloria de establecer el cristianismo en esta isla, en que el paganismo tenia uno de sus principales centros. Sobrevivió a su maestro, inmolado en Roma, bajo el filo de la espada en el reinado de Nerón; y como San Juan en Efeso, se durmió apaciblemente en el Señor, en edad muy avanzada, rodeado de veneración por parte de la cristiandad que él mismo había fundado. Su vida ha dejado tras sí pocas huellas; pero las que nos quedan referentes a él dan una idea clara de uno de esos hombres de virtud eminente, que Dios escogió al principio, para hacer de ellos los primeros pilares de la Iglesia '.

¡Oh bienaventurado discípulo de San Pablo, la Iglesia ha querido dedicar un día en el año para celebrar tus virtudes e implorar tu intercesión; muéstrate propicio a los fieles que glorifican al Espíritu Santo por los dones que difundió sobre ti! Has cumplido con celo y constancia el cargo pastoral; todos los rasgos que según tu maestro San Pablo, deben formar el carácter de un Obispo, y que él enumera en la carta que te dirigió, se hallan reunidos en tu persona. Acuérdate de la Iglesia militante cuyos primeros pasos sostuviste. Frecuentemente ha sido combatida, pero ha triunfado de todos los obstáculos, y camina hacia adelante convirtiendo las almas y dirigiéndolas hacia su celestial Esposo, hasta el día en que venga a detener el curso de los tiempos para abrir las puertas de la eternidad. Hasta tanto que esta hora haya sonado, contamos, oh Tito, con tu poderosa intercesión; desde lo alto del cielo salva con tu poderosa intercesión a las almas, como lo hiciste en la tierra con tus trabajos pastorales. Pide a Jesús pastores que sean semejantes a ti. Y que en la isla, que un día conquistaste para la verdadera fe, y sobre la que hoy se extienden las sombras de la infidelidad y los estragos del cisma, tremole el estandarte de la cruz; que, por tus méritos, la cristiandad de Oriente se reanime y que aspire a la unidad, única que puede preservarla de una disolución completa.


Notas

1. Una piadosa tradición pretende aíirmar que San Tito fué el Apóstol de los Dálmatas y que murió muy entrado en años, en Creta. Pío I X ordenó que su fiesta fuese celebrada en toda la Iglesia,




Sea todo a la mayor gloria de Dios.

martes, 5 de febrero de 2019

Santa Agueda, Virgen y Mártir





"Año Litúrgico"

Dom Gueranger


SANTA AGUEDA, VIRGEN Y MÁRTIR

La Santa Madre Iglesia propone hoy a nuestra veneración a la virgen siciliana Santa Agueda. Las santas tristezas del ciclo litúrgico en que nos hallamos no han de substraer nada a los homenajes que le son debidos. Cantando sus alabanzas, contemplaremos también sus ejemplos; y ella, desde el cielo, nos mirará sonriente y nos animará a proseguir por el camino único que puede conducirnos a Aquel a quien ella siguió hasta el fin en este mundo y con el que ahora reina eternamente.


VIDA

Agueda nació en Catania o según piensan otros en Palermo. Sabemos por San Metodio de Constatinopla que era de familia cristiana y que para salvaguardar su virginidad tuvo que sufrir muchos ataques y aún el martirio. Sin embargo, hoy día no poseemos ningún documento contemporáneo ni sobre su vida, ni sobre su martirio del que, incluso la fecha, nos es desconocida. Pronto se extendió su culto por causa de la eficacia milagrosa de su velo contra las erupciones del Etna y de allí se propagó a toda la Iglesia. Su nombre fué incluido por San Gregorio Magno en el Canon de la Misa y en el siglo X se compuso un oficio propio en su honor.


SÚPLICA

¡Oh Agueda! ¡Qué bellos son tus laureles! ¡Mas qué largos y crueles fueron los combates en los cuales los obtuviste! Tú has vencido; has salvado intacta la fe y tu virginidad; pero tu sangre ha enrojecido la arena y tus heridas dan testimonio a los ojos de los mismos ángeles, de tu heroico valor en la guarda de fidelidad al Salvador. La Iglesia entera te saluda hoy ¡oh virgen mártir! Sabe ella que la dicha de que hoy gozas entre los bienaventurados no te hace indiferente para con sus necesidades y que tú no la olvidas. Eres nuestra hermana; sé también nuestra madre. Mucho tiempo ha que, dejando las ligaduras de tu cuerpo mortal, después de haberlo santificado con la pureza y el sufrimiento, volaste a la mansión de la eterna paz; pero ¡ay! la guerra entre el espíritu y la carne continúa aquí abajo hasta hoy y continuará siempre. Asiste, pues, a tus hermanos; reanima en sus corazones la llama del fuego sagrado que el mundo y las pasiones tratan de extinguir. En estos días, todo cristiano debe pensar en fortalecerse en las aguas salutíferas de la compunción; aviva en todos el espíritu de temor de Dios, que vele sobre los desvarios de la naturaleza corrompida; el espíritu de penitencia que repare las culpas que por nuestra flaqueza hayamos cometido, y el amor que endulce el yugo, y asegure la perseverancia. Muchas veces, vuestro velo virginal, expuesto ante los torrentes de lava que descendían del Etna, los detuvo en su curso arrasador a la vista de un pueblo entero; opón tú, en este tiempo, la poderosa influencia de tus inocentes oraciones a esta marea corruptora, que cunde ya sobre nosotros y amenaza rebajar nuestras costumbres al nivel de las del paganismo. El tiempo apremia, ¡oh Agueda! socorre a las naciones infectadas con el veneno de una literatura infame; aparta esta copa venenosa de los labios de aquellos que aún no la han gustado; arráncala de las manos de los que en ella han encontrado la muerte. Perdónanos el baldón de ver el triunfo del sensualismo, que se apresura a devorar a Europa y frustra los malignos designios que el infierno tiene concebidos sobre la humanidad.



Sea todo a la mayor gloria de Dios.

lunes, 4 de febrero de 2019

San Andrés Corsino, Obispo y Confesor





"Año Litúrgico"
Dom Gueranger



SAN ANDRÉS CORSINO, OBISPO Y CONFESOR


GLORIA DE LA HUMILDAD

Hoy es un Obispo, quien, por su austera vida y su ardiente celo por la salvación de las almas, nos invita a pensar seriamente en nuestra reconciliación con Dios. Menos conocido que otros muchos santos, debe a Clemente XII, miembro de la familia Corsini, el honor de ser celebrado en la Iglesia Universal. Pero el Pontífice no fué más que el instrumento de la divina Providencia. El santo Obispo de la pequeña ciudad de Fiésole, vivió siempre en la oscuridad, y Dios ha querido glorificarle en toda la Iglesia. Por lo demás, Andrés fué pecador antes de ser santo; su ejemplo nos animará para reconciliarnos sinceramente con Dios.


VIDA

Andrés nació en 1302, en Florencia, de la familia de los Corsini. Su juventud, piadosa al principio, fué algún tiempo desordenada, hasta que en 1318 ingresó en la Orden de los Carmelitas. Siendo doctor en la Universidad de París fué llamado para gobernar su Orden en Toscana. Consagrado Obispo de Fiésole, unió a su solicitud pastoral la misericordia hacia los pobres,, la liberalidad, la asiduidad a la oración, y muchas otras virtudes. Enviado a Bolonia, como Legado, para apaciguar una rebeldía, restableció la paz. Agotado por los trabajos y las penitencias murió el 6 de febrero de 1373. Su cuerpo descansa en Florencia en la iglesia de su Orden.

Escucha, Santo Pontífice, la oración de los pecadores; quieren aprender de ti el camino del retorno a Dios; Tú experimentaste su misericordia; a ti te toca obtenerla para nosotros. Sé propicio al pueblo cristiano, en estos días, en que la gracia de la penitencia se ofrece a todos; por tus oraciones, haz bajar sobre nosotros el espíritu de arrepentimiento. Hemos pecado y pedímos perdón; inclina a nuestro favor el corazón de Dios. Cámbianos de lobos en corderos; fortifícanos contra nuestros enemigos; haznos crecer en la virtud de la humildad, que tanto resplandeció en ti y pide al Señor que la perseverancia corone nuestros esfuerzos, como ha coronado los tuyos para que cantemos contigo, como tú, las misericordias de nuestro común Redentor.




Sea todo a la mayor gloria de Dios.

domingo, 3 de febrero de 2019

San Blas, Obispo y Mártir




"Año Litúrgico"
Dom Gueranger


SAN BLAS, OBISPO Y MÁRTIR


LA ENSEÑANZA DE LOS SANTOS

Pasados cuarenta días después del Nacimiento del Salvador, nos abre la Iglesia la fuente de robustas y serias meditaciones destinadas a prepararnos a la penitencia. Cada fiesta de los Santos debe causarnos la impresión propia para vivir este santo Tiempo. En el período del que acabamos de salir, todos los amigos de Dios que debíamos celebrar, nos parecían radiantes con las alegrías del Nacimiento del Emmanuel; formaban su corte esplendorosa y triunfante. Desde ahora a la Resurrección del Hijo de Dios les consideraremos, sobre todo, en los trabajos de su peregrinación por esta tierra. Lo que nos interesa hoy es ver y estudiar cómo han vencido al mundo y la carne. "Van, dice el Salmista, y arrojan la semilla en el surco regándola con sus lágrimas; pero volverán alegres, cargados con las gavillas que habrán producido sus sudores'". Esperemos que será asi con nosotros al fin de estos días de trabajos, y que Cristo resucitado nos acogerá como a sus miembros vivos y renovados.

En este tiempo que vamos a recorrer, abundan los mártires, y hoy comenzamos por uno de los más célebres.


VIDA

De las Actas de San Blas no se puede saber sino que fué Obispo de Sebaste y mártir al principio del siglo IV. En Oriente, y sobre todo en Armenia, se tiene gran devoción a San Blas, y su culto, introducido muy pronto en Occidente, ha sido siempre muy popular. Por su poder en curar a personas y animales se considera como uno de los Santos Auxiliares. Se le invoca especialmente contra los males de garganta y de muelas. Como se han llamado muchos santos con el nombre de Blas es difícil saber con certeza cuáles son sus reliquias.

¡Oh San Blas! unimos nuestras voces a las alabanzas de todas las Iglesias. En pago de nuestros homenajes dirige tu mirada sobre nosotros, desde el culmen de la gloria en que reinas y miras a los fieles de toda la cristiandad, que se preparan para las santas expiaciones de la penitencia, y desean convertirse al Señor, su Dios, por las lágrimas y el arrepentimiento. Acuérdate de tus propios combates y ayúdanos en la renovación que vamos a emprender. Tú no temiste los tormentos de la muerte, y por ruda que fuese la prueba, la soportaste con valor. Ayúdanos en una situación no menos peligrosa. Nuestros enemigos no son nada en comparación de los que fuiste vencedor; pero son pérfidos; y si no tenemos cuidado pueden derribarnos. Obtenednos el socorro divino, causa de tus triunfos; somos hijos de mártires; que su sangre no degenere en nosotros. Acuérdate también del país regado con tu sangre. La fe estaba vacilante; al fin parece que brillan días mejores. Por tus oraciones, haz volver a Armenia a la Iglesia Católica, y consuela, por la vuelta de sus hermanos, a los fieles que, en medio de tantos peligros, han permanecido ortodoxos.




Sea todo a la mayor gloria de Dios.